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jueves, 12 de febrero de 2026

José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 


José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 

En la garganta del diablo es el nuevo libro de José Donayre (1966). Por momentos, es un libro blasfemo, descreído e iconoclasta; en otros, se ajusta al relato de horror gótico, en el que el pasado es siempre amenazante; asimismo, el tono de leyenda sirve para envolver la verosimilitud de sus narraciones, ubicando sus acciones en un tiempo anterior al presente, en espacios lejanos no urbanos (en su mayoría), como la sierra, o incluso en la Europa de siglos atrás. Todo ello provoca un conjunto de textos eclécticos. También llama la atención sus cierres, que tienden hacia el final abierto y sin moraleja (a diferencia de los cuentos tradicionales). En los cuentos de Donayre el mal es gratuito, no hay razón que justifique su presencia: simplemente existe como existe el mundo desde hace siglos. También hay una recurrencia espacial por el subsuelo, lo que está debajo (muy gótico, por cierto), por lo cavernoso. Hay momentos de estética grotesca que remite a lo corporal y lo físico, pero que no se sobreexpone, sino que sugiere e inquieta.

Pero también hay cuentos urbanos, que no desentonan del conjunto, sino que extienden ese horror ancestral, eso imposible sin explicación, pero que inevitablemente ocurre. Son los casos de “La otra mano”, “La lengua de las sombras” (sobre un cuadro de Tilsa Tsuchiya, “Tristán e Isolda”), o el que da cierre al libro, “La garganta del diablo”, relatos en los que el lector, ya advertido desde el prólogo, sabe que va a ocurrir algo anómalo, aunque no sabe cómo. Así, si bien la tradición del gótico que va desde Clemente Palma a Stephen King, queda referida, el autor se las ingenia para incluir hálitos borgianos, como en “Entre los muros del tiempo”.

También hay otro eje temático que atraviesa varias narraciones: los hijos-monstruos. En el cine, el miedo a la deformidad física como producto del uso de píldoras  anticonceptivas viene alegorizada desde El bebé de Rosmery  (1968) de Polanski (aunque esta se inserta de modo explícito en lo demoníaco), y muchas otras narraciones que vinieron después (desde Eraserhead de Lynch a Alien de Scott, o The brood de Cronenberg), miedo que luego se extiende hacia la sobrepoblación (demasiados humanos en la tierra acabaran con todos los recursos), pero ¿cómo entender socialmente este nuevo miedo de hijos-monstruos en el s. XXI? Hoy, las nuevas generaciones son más asexuadas, furry, con identidades fluidas, asumen identidades de “cosas”, “objetos”. Entonces, este miedo donayreano no parece ser miedo al simple embarazo de la mujer de nacimiento (a estas alturas hay que aclararlo), sino a “aquello” que vendrá después: “cosas”, “objetos”, “furries” encarnados, ya vivos, o los "therians". El presente es ya horrible y amorfo, y el futuro será mucho peor. Están avisados.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 28 de enero de 2026

Yasser Zola. Cuerpos ajenos. Lima: Dendro, 2025. 85 p.

 


Yasser Zola. Cuerpos ajenos. Lima: Dendro, 2025. 85 p.

Esta es la ópera prima de Yasser Zola (Chiclayo, 1982) que se inserta dentro de la temática LGBTIQ+. Además de la orientación homoerótica de los cuentos, la figura del padre es recurrente, así como el hecho, en los personajes, de deshacerse de ciertos recuerdos, es decir, están marcados por su pasado. Algunos textos son de estirpe fantásticos, en donde lo sexual transita por formas de lo monstruoso como ocurre en “La boca”, o motivos clásicos con el espejo. El cuento “Fisuras” alude a la crisis de identidad y fragmentación del individuo. En otros hay cierto aire cortazariano como en “Marca”, en donde un tatuaje cobra vida para cobrarse venganza. En “Ruido” una voz grabada desde el más allá muta en la propia grabación como un fantasma sonoro que retorna. Quizás estos sean los más estimulantes desde el punto de vista técnico. A la vez, el narrador recae en ciertos clisés, como reducir la vida del sujeto homoerótico a la búsqueda de placer sexual con extraños. No niego que esto pueda ser un motivo real fáctico, pero reiterar esta búsqueda de los personajes en los textos afecta su desarrollo ficcional. Por momentos, la escritura busca sanar heridas, por ello, Cuerpos ajenos puede considerarse también como catártica.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 23 de enero de 2026

Alexis Iparraguirre. El fuego de las multitudes. Lima: Emecé, 2016.

 

Alexis Iparraguirre. El fuego de las multitudes. Lima: Emecé, 2016.

              Uno de los escritores peruanos más importantes de la nueva generación que emerge en el nuevo siglo es Alexis Iparraguirre (Lima, 1974). Con su primer libro El inventario de las naves ganó el Premio Nacional de la PUCP en 2005, y se convirtió en un clásico contemporáneo inmediato, con varias otras ediciones. Casi diez años después, en 2016 publicó su segundo libro de cuentos El fuego de las multitudes, menos experimental, más sobrio y con mayor densidad filosófica. La calidad del libro es indiscutible, pero, a pesar de contar con algunos comentarios críticos favorables de la época, diera la impresión que quedó opacado con su primer libro. El fuego de las multitudes incluye cuatro textos: “Albedo”, “No es fábula”, “Demonio atómico”, y “Punto ciego”. El autor declara en entrevista y propone su visión sobre dos de sus cuentos:

En el primer cuento, «Albedo» sobre todo, tiene un fuerte vínculo con la contemplación de la belleza y cierta forma de apropiación erótica inconmensurable. Es un vínculo entre las personas y no una ruptura. Hay algo de clave para iniciados en la locura. No creo que sea algo neo romántico puesto que no hay pretensión espiritual o unitaria. Hay una figuración más materialista, neo vanguardista, pero no creo que romántica. De eso seguro […] «Punto ciego» es la historia de dos antropólogos que trabajaron en Comisiones de la Verdad, de las que adquieren solvencia como investigadores y como políticos, una experiencia que los lanza a un desafío mayor en esa distopía: enfrentar por circunstancias inesperadas a la Corporación del Clima, un conglomerado que ha transformado el clima planetario en función de controlar el calentamiento global. Me interesó más la ironía antes que el tema de la memoria […] (Rimachi, 2016)

En una segunda entrevista, el autor resume los cuatro textos del siguiente modo:

Son fundamentalmente cuentos fantásticos, y tienen que ver con personas que viven una vida muy cotidiana y que de pronto son desplazados a una zona de profundo reto cuando aparece un hecho imposible en sus vidas. Por ejemplo, un capitán de la Marina debe desplazarse a la Antártida en busca de una situación que para él es un misterio. También hay un profesor de poesía cuyos alumnos se suicidan al leer determinados poemas. Un físico que baila salsa en un garito del centro de una ciudad que se parece mucho a Lima. Y finalmente, una burócrata internacional que tiene sobre sus hombros el peso de todo el mundo, el día en que los Estados y las multitudes salen a protestar a las calles (Silva, 2016).

Javier Ágreda (2016) sostiene sobre los 2 primeros cuentos que se trata de “personajes cuya obsesión los lleva hasta la locura y la muerte”, en otras palabras, son “personajes que enfrentan sus problemas (la soledad, la muerte) a través de la racionalidad y la erudición (literaria o física), aunque solo encuentren soluciones simbólicas”.

Julio Meza (2016) sostiene sobre los dos primeros relatos que “los personajes trabajan en ambientes jerarquizados y sus labores implican el uso de una racionalidad obsesiva  […][que] se ven envueltos en circunstancias constituidas por una violencia delirante. Son historias en donde se desconfía de la racionalidad moderna, esa misma que se encuentra en el centro del sistema económico dominante […]”.

Para Salvador Luis Raggio (2016) se trata de “un libro evidentemente concebido para debatir acerca de la independencia intelectual y afectiva, la hegemonía de la Autoridad y el apparatus tecnopolítico que en nuestro mundo disciplina conductas y opiniones […] se apoya en un imaginario que mezcla ciencia y distopía con preocupaciones como el ansia eterna de amor y la ruina de la estabilidad mental”. Añade que:

Desde la primera página del conjunto experimentamos la funcionalidad de oposiciones que hacen una distinción entre principios de autoridad (representados siempre como entes monolíticos) y medios de evasión (de carácter corrosivo y expresión acuosa) […] Iparraguirre elige el cuestionamiento filosófico sobre la intensidad del efecto formal. Son, en realidad, textos mucho más densos, no precisamente en lo que respecta al lenguaje (donde el autor demuestra que con el paso del tiempo ha aprendido a economizar), sino en lo que se refiere al análisis de la condición de la existencia. Lo que impulsa El fuego de las multitudes es, justamente, el pensamiento y el afán de abrir espacios de insubordinación, donde la originalidad (la libertad) reemplaza al lugar común (el sometimiento).

“Albedo” es una historia de amor con ecos a clásicos como Frankenstein de Mary Shelley, a Poe o Lovecraft, por el escenario polar y la obsesión por el blanco (recordemos que en un autor modernista como José Antonio Román da un giro y convierte lo blanco en algo morboso y enfermizo). Es un relato existencial que se pregunta acerca de la naturaleza del amor, sobre su esencia, o en otros términos ¿qué es?

“No es fábula” representa casi de modo muy mimético el mundo del profesor universitario, con toda la hipocresía que circula en sus pasillos, un mundo cerrado lleno de argollas o prebendas, y también de soberbios en el fondo de sí mismos. El personaje es un modelo que bebe de la Dead Poets Society (1989) con efectos fatales en sus estudiantes.

“Demonio atómico” es el más juguetón dado que mezcla dos contradictorios (la música salsa y la física nuclear), que no tienen nada en común. Parece una estética materialista (agudizar las contradicciones y fuerzas en una realidad social, que Biffi ha llevado al extremo).

“Punto ciego” es una nouvelle que se pregunta, en el fondo, por la verdad, ¿qué es? que los personajes trabajen en Comisiones de la verdad a nivel internacional es meramente coyuntural, dado que en el fondo están siempre al servicio de un Estado quienes pagan por sus “servicios”. En una de las entrevistas Iparraguirre sostiene que el proyecto inicial era abordar empleos que fueran innecesarios en el s. XXI (por ejemplo, el marino aventurero de “Albedo”, el profesor de letras en “No es fábula”, etc.), pero que luego mutó. Me quedo con esta posibilidad latente, pues estos profesionales de las ciencias sociales trabajan contando cadáveres. El gran problema es: en ese mundo futuro ¿seguirá habiendo una demanda por estas “comisiones”? Porque si ese es el futuro que nos espera entonces lo distópico no es el futuro porvenir, sino pasado y presente. Un bucle: no hay futuro.

En un país cuyo ideal de cultura es ser imitador vocal de “Yo soy” (Yo me parezco a); o presumir de haber estado muy cerca del nobel MVLL, creyendo que el verdadero talento se contagia por los poros, es necesario resistirse a ello y poseer un grado de originalidad o de disidencia real, como es el caso de Iparraguirre. Diez nuevos años después ¿vendrá ya su tercer libro?

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

Bibliografía

Agreda, Julio (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://agreda.blogspot.com/2016/10/el-fuego-de-las-multitudes.html

Meza, Julio (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://elroommate.com/2016/09/19/julio-martin-meza-resena-un-libro-de-cuentos-de-alexis-iparraguirre-peru/

[Raggio], Salvador Luis (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://www.panoptista.com/el-fuego-de-las-multitudes-de-alexis-iparraguirre/

Rimachi, Gabriel (2016). “Alexis Iparraguirre y El fuego de las multitudes”. En: https://circulodelectores.pe/alexis-iparraguirre-fuego-multitudes-2/

Silva, José (2016). “Alexis Iparraguirre habla sobre "El fuego de las multitudes"”. En: https://elcomercio.pe/luces/libros/alexis-iparraguirre-habla-fuego-multitudes-237569-noticia/


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Inventario inicial (Lecturas del 2025)

 


Inventario inicial (Lecturas del 2025)

Hace quince años, el 31 de enero del año 2010 se inauguró este blog. Hasta el 2016 hice recuentos anuales, pero me di cuenta que dar cuenta de toda la producción narrativa peruana (con énfasis en lo fantástico y afines) de un solo año era una labor titánica e imposible: no se puede leer todo lo editado. Las razones son múltiples, no solo materiales (agenciarse del texto), sino del tiempo de lectura y escritura (cuando no es una actividad central, sino residual al trabajo). Además, la producción estaba en auge y en estos casi diez años se han seguido publicando con bastante profusión, más aún la emergencia de nuevas editoriales independientes. Una sola persona no puede leer toda la producción anual, menos aún, en sus diversos géneros y registros, locales y extranjeros. Sería absurdo e inverosímil.

Los actuales balances del año son siempre parciales (y subjetivos, está más que claro), pero ¿Qué pasa cuando solo se le da cabida a la producción de las transnacionales? ¿Qué ocurre con el “ecosistema” del libro, o con el libro independiente, o con los autores regionales? Es claro que la cabida a las transnacionales, grosso modo, ocupa casi un 90% del espacio en los medios periodísticos canónicos. Aunque tampoco es definitorio en el aumento de ventas o la masividad de un título, funciona más para el ego del propio autor, sobre todo si la crítica es buena.

Los lectores más pasivos han delegado la labor de dar méritos o deméritos a los críticos (independientemente de si estudiaron o no literatura, como se polemizó por allí hace poco: basta con saber leer y ponerse serio, fruncir el ceño, dicen). Pero aún con la democratización de otros espacios, como los añejos blogs, y actualmente los booktubers, tiktokeros e instagrameros, el panorama parece no haber cambiado demasiado, al menos en el imaginario de los que sobre todo, consumen literatura “seria”.

¿Ese 90% de cobertura responde más a los gustos propios de los responsables de las secciones correspondientes o de las líneas editoriales que vienen desde instancias superiores a la propia sección? Es casi seguro que sea más lo segundo. Son empresas privadas que se rigen por sus propios criterios, no tendrían porqué dar cuenta a los lectores de sus razones, pero el lector debería de informarse un poco más de este problema de distribución, circulación y consumo.

En cuanto al nombre de “balance”, si bien este proviene más del campo contable que muestra el patrimonio, habría que aclarar que este “balance” no es total sino parcial, es decir, será siempre incompleto. Hay una herencia de Luis Alberto Sánchez en el uso del nombre, cuando tituló a uno de sus trabajos Balance y liquidación del 900, publicado en Chile por la editorial Ercilla en 1940. Más terrible sería hoy usar el término “Proceso” (como juicio acusador) como lo hizo Mariátegui en 1928 siguiendo el ámbito del Derecho. Para no salirnos del espíritu contable prefiero optar por el de Inventario inicial, entendiendo que es solo una parte de la totalidad y que no es definitoria del 100% del patrimonio literario actual, porque simplemente es difícil de contabilizar. Además, “inventario” tiene raíces con el verbo “inventar”, mucho más cercano a la ficción, a la imaginación y lo lúdico.

Dado que no hay reglas para hacer los balances (la general es que sean publicaciones del año 2025), las secciones que se ofrecen acá se restringen a narrativa peruana (cuento y novela), enfatizando la producción fantástica -aunque tampoco será a rajatabla-. Se diferencian tres secciones centrales: a) rescates (desde reediciones o lectura de libros publicados antes del 2025); b) operas primas (nuevos autores); c) la propia producción sensu sticto del 2025; y d) libros de interés destacados en otros balances, pendientes de lectura (con referencia a los publicados por José Carlos Yrigoyen en El Comercio, Gabriel Ruiz-Ortega en La República, “El vicio impune de leer” de Jorge Moreno Matos; y el reciente post en redes de Ricardo Ayllón). Salvo el punto d, todas (o casi todas) ya han sido comentadas en otros post del blog, o están ya en camino.

 

a) Rescates y reediciones

Si hubiera realmente una industria editorial hace buen tiempo tanto Atrapados en el bosque (Altazor, 2017) de César Sánchez Torrealva como Necrópolis (Altazor, 2015) de Daniel Collazos serían best sellers, al menos en Lima. Ambos libros muy bien escritos que usan la cultura de masas de modo inteligente, con referencias a Stephen King al noir, con gran solvencia y que generan interés en el lector.

En 2024 se publicaron libros notables leídos durante el 2025 como Esotéricos registros (Maquinaciones, 2024) que se inserta en la narrativa weird; libros con elementos fantásticos como Mostros (Maquinaciones, 2024) de José Vadillo, y la maestría en el relato breve de Sarko Medina Hinojosa en Alasitas (Arequipa: Aletheya, 2024). También destacan las novelas Ángel de la guarda (ACUEDI, 2024) de Miguel Ángel Vallejo Sameshima, de cuño realista sobre la violencia urbana; y Somnifobia (Revuelta, 2024) de Mauricio R. Ganoza, con un juego entre lo real y lo onírico.

2025 fue también año de reediciones de clásicos como Año sabático (Maquinaciones, 2025) de José Güich, La fabulosa máquina del sueño (Luca Pacioli Presenta, 2025) de José Donayre, y Para tenerlos bajo llave (Pandemonium, 2025) de Carlos Carrillo. Los libros de Güich y Donayre se reeditaron a propósito de los 25 años de su publicación, mientras que el de Carrillo, cumplía los 30. Todos estos fueron sus opera primas, Güich y Donayre dentro de los códigos de la ciencia ficción y Carrillo, dentro del gótico urbano y el horror, y mantienen la potencia y superan el paso del tiempo, convertidos en clásicos de culto.

 

b) Operas primas

En el campo de la ciencia ficción y fantasía destaca Diego Alexander Alvarado Pacheco, con El regreso de los cinco. Cuentos sobre realidades virtuales, IA y ciborgs (Trotamundos, 2025), Pablo Alberto Torres Villavicencio. El último planeta. Cuentos de fantasía y ciencia ficción (Ornitorrinco, 2025) y Etelvina Q. Aranda con Anécdotas del viento (Speedwagon, 2025). En la ficción realista, Sofía Nación con Dos tazas de café y una pizca de amor (Huánuco: Condorpasa, 2025), con ese toque de melodrama, y Carlos Esquivel Roca con El bar de las almas perdidas (Maquinaciones, 2025), mezcla de fantasía urbana y tono confesional.

 

 

c) 2025

Samuel Guillermo. El último viaje de la medianoche. Huánuco: Condorpasa, 2025

Antony Llanos. Avernia. Travesía por el mar de tormentas y tridentes. Lima: gato viejo, 2025

Hans Rothgiesser. Multiservicios Peralta y La mecedora de la noche. Elige tu propio terror. Lima: MilDLab, 2025

Jeremy Torres-Montero. El lugar de donde la nieve no se va. Lima: Speedwagon, 2025

Poldark Mego (comp.). Futura. Muestra de cuentos de ciencia ficción amazónica. Lima: Torre de papel, 2025

Frank Torres. El plan siniestro. Huánuco: Rocinante, 2025.

Alexis Iparraguirre (ed.). Nada Humano sobrevive aquí. Antología de cuentos peruanos bajo la sombra de H. P. Lovecraft. Lima: Academia antártica, 2025

Alfredo Freyre. El libro de Marte. Lima: Maquinaciones, 2025

Jorge Casilla. El viajero onírico. Lima: Colmena, 2025

J. J. Maldonado. E-mails con Roberto Bolaño. Lima: Seix Barral, 2025

Raúl Quiroz. Oniros. Lima: Maquinaciones, 2025

Antonio Gazís. Sociedad nocturna. Lima: Maquinaciones, 2025

Franco Salcedo. Breve historia de la física. Lima: Luca Pacioli Presenta, 2025

Salvador Luis. Tercer cofrecillo. Lima: Casatomada, 2025

Dany Salvatierra. Criaturas virales. Lima: Random House, 2025

Daniel Salvo. Sangre para los dioses. Lima: Pandemónium, 2025

 

d) Otros libros de interés

Cultura Peruana de Alejandro Neyra, Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura de Gianni Biffi, El vuelo de tu mirada (cuentos fantásticos) narrativa femenina amazónica, antología de Melissa Mendieta, Cuerpos ajenos de Yasser Zola, Ente de Daniel Collazos, Preludio a los delirios de un joven pianista sin cabeza de Stuart Flores, Última salida de Palomino de Diego Lazarte, Cantan al hablar de Zoila Vega, El viajero y el Aleph de Iván Meza Vélez, Tierra de canes de Carlos Enrique Freyre, El arca negra de Nicolás Mendiola, El hallazgo de Jorge Ramos Cabezas, El verdugo de los indefensos de Carlos Rengifo, El secreto de la tumba de Henry Zapata, La otra vida de Enrique Tamay, La nave fantasma. Relatos de terror para coneros de Brandon Valle Espina, Minimosca de Gustavo Faverón.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 30 de diciembre de 2025

Etelvina Q. Aranda. Anécdotas del viento. Lima: Speedwagon, 2025. 78 p.


 

Etelvina Q. Aranda. Anécdotas del viento. Lima: Speedwagon, 2025. 78 p.

              Etelvina Q. Aranda (Ancash, 1997) estudió Comunicación audiovisual en medios digitales. Anécdotas del viento es su opera prima. Es un conjunto de cuentos con elementos románticos, modernistas (como ocurre en “Annaon”), más próximos a una fantasía atemporal o lejana. En muchas narraciones el amor es el leit motiv, un amor idealizado que se une con una dimensión mítica. Esto provoca en sus cuentos amores imposibles. Pero también hay una madurez en la reflexión sobre este sentimiento, tal como ocurre en “Kilómetros”, es decir, no asume ese sentimiento en su candidez, sino en su complejidad. Los cuentos se inclinan más hacia las ensoñaciones, lo alegórico. La influencia de Poe es clara, así como la narración oral y el tono por momentos del cuento maravilloso.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Samuel Guillermo. El último viaje de la medianoche. Huánuco: Condorpasa, 2025. 71 p.

 


Samuel Guillermo. El último viaje de la medianoche. Huánuco: Condorpasa, 2025. 71 p.

              Samuel Guillermo Callupe (Cerro de Pasco, 1992) estudió Lengua y Literatura en la Universidad Hermilio Valdizán de Huánuco, y ha publicado los libros Caricias bajo la luna y Cuentos sobre apariciones y seres extraordinarios. El elemento sobrenatural aparece en este conjunto de cuentos titulado El último viaje de la medianoche. En “La curva del diablo”, el personaje central se ve envuelto en una apuesta con el diablo, pero tras vencerle regresa a la vida dándose con la sorpresa final que han pasado cinco años desde su desaparición en su accidente. En “Los hijos del caracara” un ser mítico (con forma de ave) se enamora de una bella muchacha, la engaña y cuando da a luz, los hijos tienen la forma animal del padre quien se los lleva. Las tradiciones populares de la región se dan cita en estos cuentos que han sido reelaborados. En este último relato es claro que el caracara alegoriza a esa figura masculina traicionera, sobre la cual toda joven bella solo puede sospechar y desconfiar; además de establecer los códigos de no transgredir las normas ni reglas de la comunidad (el sexo está prohibido).

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Victoria Vargas. Esotéricos registros. Lima: Maquinaciones, 2024. 126 p.

 



Victoria Vargas. Esotéricos registros. Lima: Maquinaciones, 2024. 126 p.

              Esotéricos registros es el tercer libro de cuentos de Victoria Vargas (Arequipa, 1996), en el que se aprecia la madurez y la complejidad lograda por la autora, con temas muy alejados de las actuales agendas feministas-woke-queer y más preocupada por ofrecer buena literatura, cosa que logra con creces. Este es un libro que roza lo fantástico para jugar o rozar diversos géneros, como lo maravilloso, la ciencia ficción, y lo fantástico propiamente. Quizás el término que mejor exprese esta fórmula es la narrativa “weird”, es decir, sus cuentos son raros, ficciones extrañas no solo en su propio universo que la autora ha creado, sino en relación con el tipo de narraciones fantásticas que se ofrecen dentro del mercado local, más pegadas hacia un fantástico clásico. Es decir, más que fantástico a secas sea “weird”. Otro punto que destaca es lo que en escritura creativa se denomina “worldbuilding” (o construcción de mundos), ya que en el libro se aprecia la complejidad de ese otro mundo que funciona con sus propias reglas y leyes y al que solo algunos humanos acceden.

              Los doce cuentos que integran el conjunto inician con un registro breve de ese archivo del otro mundo en el que se informa acerca de casos “raros” para nosotros, pero que quizá sean cotidianos en el otro lado. Estos “epígrafes” o paratextos funcionan como disparadores ficcionales de lo que se narrará, aunque hay datos escondidos que no se revelan, y que se insertan dentro de una tradición en el que lo textual, los libros apócrifos -al modo borgeano- son característicos de un paradigma posmoderno; pero aluden también a los “expedientes X”; y en clave realista, al historial médico de un caso “clínico”.

              A lo largo de los 12 cuentos hay rasgos permanentes o comunes, por ejemplo, la presencia de personajes solitarios, de gran imaginación, impedidos en alcanzar su objeto de deseo. También destaca la presencia de la figura del “doppelganger” (o doble) que pueblan las narraciones. Recordemos que la figura del doble pone en tensión y crisis la existencia del propio sujeto. En los cuentos de Vargas el doble se ha modernizado, ya que supone entrecruzar mundos o están mediados por la tecnología. Otro elemento transversal es el libro como objeto, que cumple diversas funciones, desde objeto mágico hasta ser una suerte de portal a otros mundos. Finalmente, el componente maravilloso que enmarca las narraciones, dado que se incide más en la singularidad de esos otros mundos, antes que el terrestre.

              Me centraré en seis narraciones y realizaré una “hermenéutica social” de los mismos. El que abre el libro es “Existencia dimensionales” y trata acerca no solo de seres interdimensionales, sino de la insatisfacción de la realidad experimentada por el personaje central, una insatisfacción que le hace pensar que ha nacido en una dimensión equivocada, y que cuando entra en diálogo con este otro ser (por comodidad llamaremos diálogo, aunque tiene también su complejidad) acepta la propuesta de intercambiar realidades. Entonces la gran pregunta no es tanto cómo es esa otra realidad, sino ¿porqué un personaje humano dejaría esta dimensión para ingresar a otra, desconocida? (en Ghostbusters: Frozen Empire, del 2024, uno de los personajes femeninos, hastiada del mundo quiere experimentar cómo es la vida de un fantasma, pero ¿puede la depresión o la aventura infinita llevar a alguien a ponerse en ese lugar?). Es decir, hay una naturalización de lo fantástico (de lo anómalo, de lo irreal), no hay miedo en la protagonista, ese otro mundo se acepta sin dudas, entonces el registro y tono del cuento es más del tipo maravilloso antes que fantástico. Similar situación también la provocaba Kafka en la Metamorfosis, cuando Samsa no se sorprende de verse transformado en insecto, al igual que su familia que acepta el hecho con naturalidad, aunque a todas luces, es un hecho que transgrede las leyes y regularidades de este, y por lo tanto, constituye un fantástico moderno. En el cuento de Vargas ocurre un efecto similar, simplemente se acepta ese otro mundo como posible y natural. Entonces el malestar que provoca no es necesariamente la presencia del ser interdimensional, sino el preguntarse qué lleva a una persona a abandonar este mundo terrestre. Esta es una pregunta que no se resuelve, pero es claro que hay un grado de insatisfacción del personaje. Incluso en el hecho tangible de intercambiar cuerpos, no es solo la metamorfosis anunciada, sino el deseo de convertirse en otra cosa, en otra persona, tener otra vida, así sea en otra dimensión. Hay un nivel de insatisfacción psicológico-ideológico y también físico-corporal, una no-identificación con lo que se es, en suma, un rechazo.

              “Ladrona de vidas” trata acerca de otro ser interdimensional que adquiere la forma de un libro volador. Se trata de un ser mágico cuyas letras impresas son su “alimento”, y por lo tanto, el ejercicio de la lectura hace de todo lector un “ladrón de vidas”, tal como el título del cuento. Pero esto se da en el plano simbólico-alegórico. Acá encontramos a otro personaje insatisfecho que trabaja en una librería mientras concluye sus estudios universitarios, pero que no quiere “sentar cabeza”, como se dice popularmente, sino que quiere seguir en la inestabilidad característica de la vida juvenil. Los libros son un refugio a la vida rutinaria, y sobre todo “recuerdos” e “imágenes” de alguien más, y quizás allí anide lo más humano a la vez que lo más excepcional en cuanto al libro como objeto maravilloso al permitir vivir otras vidas ajenas a la nuestra.

              “Favor y obediencia” trata de otros seres interdimensionales cuya música (de resonancias celtas) esclaviza a los humanos. Se produce un intercambio que no es todo justo: para los que ejecutan es el alimento que necesitan, para los humanos es puro placer y goce. Más allá del aspecto ritual o religioso, se trate en el fondo de lo que el arte en general puede suponer para sus consumidores: placer y goce por un lado, pero sustento material para sus “creadores”, que acá se le da un matiz religioso, pero que en el mundo real se traduciría en papel moneda.

              Otros dos cuentos se alinean dentro de la ciencia ficción. “Móecenco” trata acerca de una misteriosa app (aplicación) de celular que solo permite la comunicación mediante el envío de fotos. La tecnología está incorporada a la vida social y parece ser el único modo de “conocer” a otra persona. Quizás el mensaje sea que es tan fácil mentir por redes, que es frecuente la incomunicación, o que estamos viviendo una vida vacía sin darnos cuenta, ya que el auténtico contacto humano ha pasado a un tercer o cuarto plano: ya no es importante.

              “Autonomía virtual” es otro cuento de ciencia ficción en el que un ser humano va dejando su propia vida para ser reemplazado progresivamente por un avatar virtual. Por un lado, se trata del “doppelganger”, y de otro, la amenaza de lo virtual hacia lo humano, muy en la línea de la serie inglesa Black Mirror. Ambos cuentos recogen el miedo y la ansiedad frente a lo tecnológico en el que el ser humano se disuelve.

              “Esotéricos registros”, es el cuento que cierra el libro y que al igual que el primero, se trata de un personaje femenino que va a reemplazar a un ser interdimensional en su trabajo de tipo bucrocrático. Al final, se cumple el deseo de la humana: ser bibliotecaria, es decir, una burócrata de ese otro mundo. Al igual que el primer relato se trata de una fantasía de un personaje insatisfecho de la realidad terrestre y mundana que aspira a otra cosa que este mundo no puede ofrecerle. Los libros y registros son pues un refugio a un estado de cosas del mundo real que el personaje se niega a aceptar. De otro, la madurez significa también la repetición cotidiana (así sea en otro mundo). En cuanto a sus valores o ideología son ajenos a este, ya que el cuento se cierra con la imagen del personaje embriagada de emoción de su actual puesto y de la protección que realizará de los “registros”, es decir, en el mundo terrestre ya no queda nada que defender o proteger. Es una imagen pesimista.

              En entrevistas, la autora ha expresado su inclinación al ciclo de películas de Harry Potter, el cine de Guillermo del Toro, y al drama fantástico Más allá de los sueños (What dreams may come, 1998) de Vincent Ward, a los que podemos agregar por afinidad The Adjustment Bureau (Los agentes del destino, 2011) de George Nolfi, R.I.P.D (R.I.P.D. Policía del más allá, 2013) de Robert Schwentke, o incluso Constantine (2005) de Francis Lawrence. Los portales interdimensionales se volvieron -en el siglo XXI- un recurso frecuente de la fantasía y han recibido diversos tratamientos tanto en películas y series. En cuanto a la literatura, además de Poe, destaca a Carlos Ruiz Zafón con La sombra del viento (2001), que trata acerca de un misterioso autor de libros, en el que entremezcla lo real con lo imaginario.

              Un aspecto adicional que han captado los lectores de Esotéricos registros es que estos cuentos “pueden ocurrir en cualquier parte del mundo”, lo que potencia su carácter global. Personalmente no lo considero necesariamente un mérito o un demérito el no anclar las historias en un espacio reconocible como peruano, pero sí agradezco que en “Ladrona de vidas” se mencione a la vampira Sarah Ellen (71), porque ese mito local tiene una historia, el lector la reconoce y se identifica; así como estas historias solo podrían haber sido escritas por Victoria Vargas y no por otra autora proveniente de Bután (en el Asia del sur), Omán (en el medio oriente), o Madagascar (en el África oriental): decir lo contrario no es real.

              Estamos frente a una de las voces más singulares de la narrativa fantástica  peruana contemporánea, que ha conseguido con Esotéricos registros, un libro posiblemente clásico, de gran imaginación, bien escrito y altamente recomendable.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 18 de noviembre de 2025

Salvador Luis. Tercer cofrecillo. Lima: Casatomada, 2025. 203 p.

 

Salvador Luis. Tercer cofrecillo. Lima: Casatomada, 2025. 203 p.

Con esta tercera entrega, Salvador Luis Raggio Miranda (Lima, 1978), cierra (esperemos que no) el ciclo de narraciones breves y raras, de notable factura titulada como “cofrecillos”, nombre de impronta arabesca que propone revisar los tesoros literarios más exquisitos de su pluma. Es, como se señala en la contra, una obra en prosa, lo que lleva al lector a cierta dimensión subjetiva y lírica de mirar la realidad a partir de personajes introspectivos, cuya forma narrativa está marcada por el fragmento posmoderno.

La primera parte titulada “Una absurda y obscura potencia” incluye una serie de formas asociadas al cuento en el que irrumpen cuerpos torturados por experimentos científicos, las fantasías de un serial-killer, la materialidad corporal, una casa que es a su vez una especie de videojuego mortal, personajes suicidas, o el policial paródico que rinde homenaje a El túnel de Sábato. Tanto en este último (“Algo acerca de un edificio de apartamentos”) como en la casa videojuego (“Inmortal Heroine 12”), la casa cobra una función especial, que nos remite sobre todo a “La casa” del genial Adolph, en el que un individuo se va disolviendo lentamente en la nada como en una pesadilla kafkiana. En los dos cuentos de Salvador, la casa es un agente mortal, sea tanto en su materialidad física como en su simulación de la vida. También es posible asociarlo con “La casa abandonada” de Levrero (que a su vez dialoga con el clásico “Casa tomada” de Cortázar), el otro gran raro latinoamericano junto a Adolph de la literatura de los años 60 y 70.

La segunda y tercera sección son dos nouvelles. “Roderick en la niebla” es una narración delirante acerca del multiverso, de un personaje de nombre poeiano, con múltiples intertextualidades al cine y a la cultura de masas. El narrador es también una suerte de demiurgo lyncheano.

En “A quien oiga esta voz” se habla de una guerra extraña y absurda cuyo escenario puede ser parte de The Twilight Zone como de 2001 de Kubrick. Demás está decir que este cuento tiene conexiones con “Los pilotos del templo de piedra” (Stone Temple Pilots, en inglés) del siempre genial José Güich, quizás porque parte de los mismos referentes culturales.

A estas alturas, decir que Salvador Luis es raro o “weird” creo que resulta insuficiente, busquemos un mejor adjetivo que dé cuenta de lo raro y lo espeluznante de sus narraciones, de sus personajes solitarios, de los juegos de palabras, y de esa mezcla tan singular entre Borges y Lynch.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 10 de noviembre de 2025

Raúl Quiroz. Oniros. Lima: Maquinaciones, 2025. 189 p.

 


Raúl Quiroz. Oniros. Lima: Maquinaciones, 2025. 189 p.

 

Raúl Quiroz (Lima, 1973) confirma con este libro (su segundo de cuentos, además de dos novelas fantásticas de tema licántropo) no solo su talento como narrador, sino además el excelente momento que vive la narrativa fantástica criolla. Acá nos encontramos con diversas situaciones raras que rozan los límites de la realidad. Oniros es un conjunto de relatos en el que se conjuga el pasado, la memoria, y el recuerdo. Hay personajes que bordean los quince años, en punto de inflexión existencial hacia la adultez, que no encajan del todo en ese futuro natural y cotidiano por venir.

También hay cuentos que proponen una CF existencial apoyado no solo en el punto de vista subjetivo, sino en el propio lenguaje. Es decir, lo lírico, lo poético sirve no solo para “extrañar” ese mismo mundo representado. Quiroz es un lector de poesía, y esa es una gran ventaja a la hora de ficcionalizar, dado que grosso modo, adquiere mayor sustancia y polisemia, muy diferente a la escritura de best seller (con mucha acción, poca reflexión, y un lenguaje bastante plano, casi sin metáforas). Frente a este lenguaje mainstream, la escritura de Quiroz resulta por momentos, ir a la contra de ciertas convenciones.

Por momentos hay en los cuentos “amistades” evanescentes que parecen diluirse en el tiempo. Sus monstruos personales parecen haber salido de un sueño. Por ello, muchas escenas adquieren una dimensión de ensueño. Pero también hay cierta ambientación gótica a través de secretos ocultos y una escenografía abandonada, alejada de la racionalidad urbana.

“El último vuelo” es un ejemplo de la estructura cortazariana de “Axolotl” (o de muchos otros), con ese giro de tuerca, al modo de The Twilight Zone. En este caso, un soldado que participa en una guerra termina por ocupar otro tipo de condición animal, que también remite a “El caballero Carmelo” de Valdelomar.

“Más allá del barranco” es un cuento lovecraftniano de gran factura, con ciertos ecos religiosos. Quiroz estudió filosofía en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, y algunas sensaciones e ideas aparecen en este, y en algún pasaje de otros textos.

En cuanto a la historia del Perú contemporáneo hay alusiones tanto al conflicto con el Ecuador de 1995 (“El último vuelo”) como a la violencia terrorista de los años 80. Sobre este periodo, es lugar común la idea de víctimas exclusivamente por manos de militares (así ha sido representada en gran parte en el cine peruano y en su literatura). Quiroz recoge también esta idea, pero creo que se hace necesario hacer una revisión de esta media verdad. Salvo este microscópico pormenor, y como sostiene José Güich en la contratapa, Raúl Quiroz con Oniros “consolida su militancia en franjas nunca más paralelas o alternativas, sino absolutamente centrales en la literatura peruana de la actualidad”

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


sábado, 8 de noviembre de 2025

Alexis Iparraguirre (ed.). Nada Humano sobrevive aquí. Antología de cuentos peruanos bajo la sombra de H. P. Lovecraft. Lima: Academia antártica, 2025. 299 p.

 


Alexis Iparraguirre (ed.). Nada Humano sobrevive aquí. Antología de cuentos peruanos bajo la sombra de H. P. Lovecraft. Lima: Academia antártica, 2025. 299 p.

 

El escritor y crítico cultural Alexis Iparraguirre (Lima, 1974) ha tenido la iniciativa de diseñar una antología peruana contemporánea de impronta lovecraftniana, que ofrece una variedad de matices y sobre todo, de la apropiación del universo lovecraftniano en un marco peruano. Lovecraft (H.P.L.) fue durante mucho tiempo un autor marginal dentro del canon fantástico que fue creciendo tras su muerte, y hoy en el siglo XXI goza de una popularidad merecida. Iparraguirre escribe un excelente prólogo al conjunto de cuentos que merece detenernos.

Previamente debemos recordar que en la Lima de los años 80 y 90, la dificultad por conseguir material lovecraftniano impreso era una labor difícil. Muy pocos o  escasos ejemplares nuevos disponible en librerías – a altos precios- y muy eventuales en los de segunda mano. Leer a Lovecraft era una tarea casi imposible para los pocos interesados (internet en Lima empezó a masificarse hacia 1998, y era también un servicio caro, al igual que las fotocopias). A pesar de esta dificultad, hay autores locales quienes leyeron a Lovecraft en los lejanos años 70 como José B. Adolph, quien incluso escribe un texto en clave paródica y seria, imitando el estilo del maestro de Providence titulado “El Necronomicón y el Perú” (1977).  Durante los años 80 es innegable la influencia en algunos textos de Fernando Iwasaki, y sobre todo en dos autores que escriben sus textos entre fines de los 80 e inicios de los 90: Lucio Colonna-Preti y Carlos Carrillo. Todos estos antecedentes entran en diálogo con una idea que propone y reitera Iparraguirre en su prólogo: es la generación de autores de los 90 los que resignifican el legado de H.P.L.

En los años 90 se fijó la idea de una nueva narrativa ligada al realismo urbano con personajes jóvenes y marginales (con influencias desde Ray Loriga, Easton Ellis y Bukowski; y la obra de Oswaldo Reynoso), que desplazaba al “desencanto” de los años 80 y la violencia terrorista como tema central, además de la progresiva despolitización posmoderna. Si bien esto es parcialmente cierto, otros autores con vinculaciones con lo fantástico de autores de los 80 como Carlos Herrera, Enrique Prochazka, Leyla Bartet o Pilar Dughi vienen a contradecir esta verdad. En el fondo, el problema de la crítica literaria (cada vez más escasa en los “grandes” medios) ha sido atender exclusivamente al discurso realista (sea por comodidad, por tradición, por ser “canon”, o dificultad para aproximarse a otras realidades ficcionales y registros), y actualmente es la de enfatizar, sobre todo, la producción de las transnacionales.

En otro trabajo he nombrado a esta generación como “Los hijos del terror”, nacidos aproximadamente entre 1969 y 1981, quienes experimentaron la violencia de los 80 y 90 durante su infancia y adolescencia (cfr. Honores 2024). Y debemos de agregar que esta generación publica de modo cuasi tardío solo a inicios del siglo XXI. Añadimos que si comparamos grosso modo el rasgo de los narradores de los años 80 en clave fantástica (José Güich, Daniel Salvo, Carlos Carrillo, y por momentos el propio José Donayre) se insertan en un modo de narrar más clásico; mientras que la mayor experimentación (tanto en temas como en la forma y el estilo), se da en autores de los años 90 como en los casos del propio Iparraguirre, Lucho Zúñiga, Salvador Luis, Alejandro Neyra, y en generaciones posteriores, como Christian Briceño, Mariangela Ugarelli o Victoria Vargas Peraltilla. Ni la narración clásica es mejor que la experimental o viceversa, pero se trata de un fenómeno, de un giro que el día de hoy es mucho más visible en la narrativa peruana contemporánea del s. XXI.

Por el lado realista, el escritor Francisco León nominó en un breve post a la actual literatura mainstream como “realismo anémico” (6 de noviembre, vía facebook), un adjetivo bastante gráfico acerca de la baja calidad de sus producciones, no porque el realismo como discurso esté muerto en sí mismo (diría que el lector promedio conecta mucho mejor y más fácil con este registro), sino porque varios de sus herederos generacionales mediáticos no pudieron ofrecer nada realmente novedoso (o menos aún distanciarse significativamente de uno de los maestros como Vargas Llosa), salvo excepciones, como Martín Roldán y su excelente Generación cochebomba, quien por cierto, nace en 1970.

Volviendo al prólogo de Iparraguirre, el autor deja constancia que ya no se trata de imitar el estilo o aludir directamente a los dioses primordiales creados por H.P.L., sino el de la apropiación y el adaptarlo a la realidad latinoamericana, con otro tipo de problemas, por ello, esta narrativa se vuelve “espejo de fracturas muy reales: el caos urbano, la fragilidad estructural, la inestabilidad cotidiana” (10). Es decir, la originalidad de estos cuentos antologados no radica en el parecido a H.P.L., sino al contrario, en su alejamiento del modelo. Esto puede parecer una paradoja dado que el lector que espera un “homenaje” a H.P.L. verá frustrados sus deseos. Incluso, en algunos textos, la referencia o conexión con el universo lovecraftniano es casi mínima. Por ello, este horror cósmico, “ya no proviene de otras galaxias: se infiltra en el aire contaminado, de una ciudad fragmentada” (11). Asimismo, Iparraguirre pone como punto clave la emergencia de nuevas editoriales independientes -tales como Altazor, El Gato Descalzo, Grafos y Maquinaciones, Cthulhu, Aeternum, Pandemonium, Torre de papel o Speed Wagon Media Works- que han diversificado y visibilizado esta oferta, permitiendo así “su transformación estética y simbólica” (12).

En conjunto, la antología Nada humano sobrevive aquí es bastante pareja, aunque siempre hay cuentos y autores que destacan mucho más que otros. Curiosamente, si bien el universo de H.P.L. puede malearse y resignificar los nuevos debates y agendas sociales o políticas contemporáneas, hay varios relatos que presentan lo ominoso lovecraftiano en relación a la función de la maternidad (el proceso de embarazo, el cambio corporal, el nuevo hijo), lo que  acentúa la orientación feminista del conjunto, que ha disuelto la idea de familia tradicional, rechazando indirectamente sus valores, o generando cierta aversión a la idea de una nueva criatura dentro de un grupo social, justamente por las connotaciones “negativas” que supone hoy ser madre en estos tiempos: una monstruosidad. 50 años atrás el cine de terror de fines de los 60 y 70 con Rosemary´s baby (1968) de Roman Polansky, Its’ alive (1974) de Larry Cohen, Eraserhead (1977) de David Lynch o The brood (1979) de David Cronenberg, recogían otro tipo de miedos y ansiedades como, por ejemplo, hacia la píldora del día siguiente (y los posibles efectos de malformaciones en los fetos), o el problema de la sobrepoblación. Los tiempos han cambiado, y si bien los miedos parecen ser los mismos, las significaciones son otras.

Quisiera destacar los trabajos de Anibal Mayurí (Francisco Marro), quien con humor y fina ironía se burla de cierto imaginario actual “progre”, la narración con guiños homoeróticos de Sophia Gómez Cardeña; Christian Briceño y Yelinna Pulliti en relación a la maternidad lovecraftniana. También Claudia Salazar, Romina Paredes y Jorge Casilla, en relación a lo onírico y cierta clave del policial. O Bruno Cueva quien ofrece una mirada diferente, apoyado en la tecnología, sobre el ciclo H.P.L., y desde el humor.

Sin duda, Nada humano sobrevive aquí viene a confirmar, en conjunto, una verdad radical: el cambio de sensibilidad, y el giro que se ha producido desde la narrativa fantástica al abordaje de la realidad peruana local, siempre tan ominosa, primordial y tentacular.

El libro se completa con un estudio médico sobre H.P.L. a cargo de Carlos Vera Scamarone y diversas entradas sobre su influencia en la literatura y el cine que resulta un atractivo bonus para los nuevos y viejos lectores del maestro de Providence.

 

Referencias

León, Francisco (2025)

https://www.facebook.com/francisco.leon.811297/posts/pfbid02mwXM3X7gnQ4R4m7YVRzLEzQj1PMJsJoCG6SyjSchXie44VS4XKCyVZCoHp85BQm7l

Honores, E. (2024). “Bicentenarios: entre celebraciones y crisis (1980-2021). En: Fantasías nacionales. Lima: Vida múltiple [en línea]

Honores, E. (2025). “Breve historia de la física”. https://eltonhonores.blogspot.com/2025/11/franco-salcedo-breve-historia-de-la.html

 

Elton Honores

Universidad Nacional mayor de San Marcos


miércoles, 2 de octubre de 2024

Lessy Galván García (Selección y prólogo). Yawar. Cuentos sobre vampiros latinoamericanos. Lima: Carnivale, 2024. 145 p.



Lessy Galván García (Selección y prólogo). Yawar. Cuentos sobre vampiros latinoamericanos. Lima: Carnivale, 2024. 145 p.

 

              Lessy Galván García (Lima, 1996) es comunicadora y gestora cultural. Dirige Tenebris. En esta ocasión presenta una selección de textos sobre vampiros latinoamericanos, que surge de una convocatoria abierta que realizó para luego establecer una selección. Participan quince autores, peruanos y de otros países, sobre todo de Centroamérica. En un principio queda claro la labor de promoción de Galván en la escritura de cuentos de esta temática, otra cosa muy diferente es la calidad de textos, independientemente que puedan resultar buenos, regulares o malos para el lector.

          Otro tema que resalta en el título es el membrete de “latinoamericano”, porque, ¿qué los hace poseer esta condición? ¿bastará con ambientar las historias en entornos andino-rurales para que ser considerados como tal? ¿O hay algo que escapa o excede esta idea y que no se restringe a la ambientación? No intento responder ahora a estas preguntas, pero señalo su problemática.

          Como rasgos generales quisiera establecer algunas características en común: a) uso de la primera persona, rasgo que permite en principio una mayor identificación ya que el tono parece ser testimonial y más cercano al lector; b) una estela romántica o religiosa de la figura del vampiro; c) el vampiro como un monstruo, más físico que moral. Frente al actual “terrorismo urbano” que los actuales políticos discuten bien resguardados desde sus cómodas oficinas, la figura vampírica resulta siendo más un artificio que una figura realmente aterradora.

          Del conjunto quisiera destacar el trabajo de Mariangela Ugarelli por esa divagación entre lírica y cercana a la letanía que propone una nueva forma del monstruo; y el texto de Daniel Salvo, que quizás por ser más heredero de Ricardo Palma, Bryce o Ribeyro su cuento respira más vida. Aprovecha el uso de un tipo popular para ofrecer un texto más que entretenido -que dialoga con la tradición de Stoker- y que no se olvida del comentario político.

          En una futura reedición será oportuno agregar las notas biográficas de los autores, ya que pueden orientar mejor sobre los proyectos literarios de cada uno de los seleccionados.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos