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jueves, 12 de febrero de 2026

José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 


José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 

En la garganta del diablo es el nuevo libro de José Donayre (1966). Por momentos, es un libro blasfemo, descreído e iconoclasta; en otros, se ajusta al relato de horror gótico, en el que el pasado es siempre amenazante; asimismo, el tono de leyenda sirve para envolver la verosimilitud de sus narraciones, ubicando sus acciones en un tiempo anterior al presente, en espacios lejanos no urbanos (en su mayoría), como la sierra, o incluso en la Europa de siglos atrás. Todo ello provoca un conjunto de textos eclécticos. También llama la atención sus cierres, que tienden hacia el final abierto y sin moraleja (a diferencia de los cuentos tradicionales). En los cuentos de Donayre el mal es gratuito, no hay razón que justifique su presencia: simplemente existe como existe el mundo desde hace siglos. También hay una recurrencia espacial por el subsuelo, lo que está debajo (muy gótico, por cierto), por lo cavernoso. Hay momentos de estética grotesca que remite a lo corporal y lo físico, pero que no se sobreexpone, sino que sugiere e inquieta.

Pero también hay cuentos urbanos, que no desentonan del conjunto, sino que extienden ese horror ancestral, eso imposible sin explicación, pero que inevitablemente ocurre. Son los casos de “La otra mano”, “La lengua de las sombras” (sobre un cuadro de Tilsa Tsuchiya, “Tristán e Isolda”), o el que da cierre al libro, “La garganta del diablo”, relatos en los que el lector, ya advertido desde el prólogo, sabe que va a ocurrir algo anómalo, aunque no sabe cómo. Así, si bien la tradición del gótico que va desde Clemente Palma a Stephen King, queda referida, el autor se las ingenia para incluir hálitos borgianos, como en “Entre los muros del tiempo”.

También hay otro eje temático que atraviesa varias narraciones: los hijos-monstruos. En el cine, el miedo a la deformidad física como producto del uso de píldoras  anticonceptivas viene alegorizada desde El bebé de Rosmery  (1968) de Polanski (aunque esta se inserta de modo explícito en lo demoníaco), y muchas otras narraciones que vinieron después (desde Eraserhead de Lynch a Alien de Scott, o The brood de Cronenberg), miedo que luego se extiende hacia la sobrepoblación (demasiados humanos en la tierra acabaran con todos los recursos), pero ¿cómo entender socialmente este nuevo miedo de hijos-monstruos en el s. XXI? Hoy, las nuevas generaciones son más asexuadas, furry, con identidades fluidas, asumen identidades de “cosas”, “objetos”. Entonces, este miedo donayreano no parece ser miedo al simple embarazo de la mujer de nacimiento (a estas alturas hay que aclararlo), sino a “aquello” que vendrá después: “cosas”, “objetos”, “furries” encarnados, ya vivos, o los "therians". El presente es ya horrible y amorfo, y el futuro será mucho peor. Están avisados.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 28 de enero de 2026

Yasser Zola. Cuerpos ajenos. Lima: Dendro, 2025. 85 p.

 


Yasser Zola. Cuerpos ajenos. Lima: Dendro, 2025. 85 p.

Esta es la ópera prima de Yasser Zola (Chiclayo, 1982) que se inserta dentro de la temática LGBTIQ+. Además de la orientación homoerótica de los cuentos, la figura del padre es recurrente, así como el hecho, en los personajes, de deshacerse de ciertos recuerdos, es decir, están marcados por su pasado. Algunos textos son de estirpe fantásticos, en donde lo sexual transita por formas de lo monstruoso como ocurre en “La boca”, o motivos clásicos con el espejo. El cuento “Fisuras” alude a la crisis de identidad y fragmentación del individuo. En otros hay cierto aire cortazariano como en “Marca”, en donde un tatuaje cobra vida para cobrarse venganza. En “Ruido” una voz grabada desde el más allá muta en la propia grabación como un fantasma sonoro que retorna. Quizás estos sean los más estimulantes desde el punto de vista técnico. A la vez, el narrador recae en ciertos clisés, como reducir la vida del sujeto homoerótico a la búsqueda de placer sexual con extraños. No niego que esto pueda ser un motivo real fáctico, pero reiterar esta búsqueda de los personajes en los textos afecta su desarrollo ficcional. Por momentos, la escritura busca sanar heridas, por ello, Cuerpos ajenos puede considerarse también como catártica.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 23 de enero de 2026

Alexis Iparraguirre. El fuego de las multitudes. Lima: Emecé, 2016.

 

Alexis Iparraguirre. El fuego de las multitudes. Lima: Emecé, 2016.

              Uno de los escritores peruanos más importantes de la nueva generación que emerge en el nuevo siglo es Alexis Iparraguirre (Lima, 1974). Con su primer libro El inventario de las naves ganó el Premio Nacional de la PUCP en 2005, y se convirtió en un clásico contemporáneo inmediato, con varias otras ediciones. Casi diez años después, en 2016 publicó su segundo libro de cuentos El fuego de las multitudes, menos experimental, más sobrio y con mayor densidad filosófica. La calidad del libro es indiscutible, pero, a pesar de contar con algunos comentarios críticos favorables de la época, diera la impresión que quedó opacado con su primer libro. El fuego de las multitudes incluye cuatro textos: “Albedo”, “No es fábula”, “Demonio atómico”, y “Punto ciego”. El autor declara en entrevista y propone su visión sobre dos de sus cuentos:

En el primer cuento, «Albedo» sobre todo, tiene un fuerte vínculo con la contemplación de la belleza y cierta forma de apropiación erótica inconmensurable. Es un vínculo entre las personas y no una ruptura. Hay algo de clave para iniciados en la locura. No creo que sea algo neo romántico puesto que no hay pretensión espiritual o unitaria. Hay una figuración más materialista, neo vanguardista, pero no creo que romántica. De eso seguro […] «Punto ciego» es la historia de dos antropólogos que trabajaron en Comisiones de la Verdad, de las que adquieren solvencia como investigadores y como políticos, una experiencia que los lanza a un desafío mayor en esa distopía: enfrentar por circunstancias inesperadas a la Corporación del Clima, un conglomerado que ha transformado el clima planetario en función de controlar el calentamiento global. Me interesó más la ironía antes que el tema de la memoria […] (Rimachi, 2016)

En una segunda entrevista, el autor resume los cuatro textos del siguiente modo:

Son fundamentalmente cuentos fantásticos, y tienen que ver con personas que viven una vida muy cotidiana y que de pronto son desplazados a una zona de profundo reto cuando aparece un hecho imposible en sus vidas. Por ejemplo, un capitán de la Marina debe desplazarse a la Antártida en busca de una situación que para él es un misterio. También hay un profesor de poesía cuyos alumnos se suicidan al leer determinados poemas. Un físico que baila salsa en un garito del centro de una ciudad que se parece mucho a Lima. Y finalmente, una burócrata internacional que tiene sobre sus hombros el peso de todo el mundo, el día en que los Estados y las multitudes salen a protestar a las calles (Silva, 2016).

Javier Ágreda (2016) sostiene sobre los 2 primeros cuentos que se trata de “personajes cuya obsesión los lleva hasta la locura y la muerte”, en otras palabras, son “personajes que enfrentan sus problemas (la soledad, la muerte) a través de la racionalidad y la erudición (literaria o física), aunque solo encuentren soluciones simbólicas”.

Julio Meza (2016) sostiene sobre los dos primeros relatos que “los personajes trabajan en ambientes jerarquizados y sus labores implican el uso de una racionalidad obsesiva  […][que] se ven envueltos en circunstancias constituidas por una violencia delirante. Son historias en donde se desconfía de la racionalidad moderna, esa misma que se encuentra en el centro del sistema económico dominante […]”.

Para Salvador Luis Raggio (2016) se trata de “un libro evidentemente concebido para debatir acerca de la independencia intelectual y afectiva, la hegemonía de la Autoridad y el apparatus tecnopolítico que en nuestro mundo disciplina conductas y opiniones […] se apoya en un imaginario que mezcla ciencia y distopía con preocupaciones como el ansia eterna de amor y la ruina de la estabilidad mental”. Añade que:

Desde la primera página del conjunto experimentamos la funcionalidad de oposiciones que hacen una distinción entre principios de autoridad (representados siempre como entes monolíticos) y medios de evasión (de carácter corrosivo y expresión acuosa) […] Iparraguirre elige el cuestionamiento filosófico sobre la intensidad del efecto formal. Son, en realidad, textos mucho más densos, no precisamente en lo que respecta al lenguaje (donde el autor demuestra que con el paso del tiempo ha aprendido a economizar), sino en lo que se refiere al análisis de la condición de la existencia. Lo que impulsa El fuego de las multitudes es, justamente, el pensamiento y el afán de abrir espacios de insubordinación, donde la originalidad (la libertad) reemplaza al lugar común (el sometimiento).

“Albedo” es una historia de amor con ecos a clásicos como Frankenstein de Mary Shelley, a Poe o Lovecraft, por el escenario polar y la obsesión por el blanco (recordemos que en un autor modernista como José Antonio Román da un giro y convierte lo blanco en algo morboso y enfermizo). Es un relato existencial que se pregunta acerca de la naturaleza del amor, sobre su esencia, o en otros términos ¿qué es?

“No es fábula” representa casi de modo muy mimético el mundo del profesor universitario, con toda la hipocresía que circula en sus pasillos, un mundo cerrado lleno de argollas o prebendas, y también de soberbios en el fondo de sí mismos. El personaje es un modelo que bebe de la Dead Poets Society (1989) con efectos fatales en sus estudiantes.

“Demonio atómico” es el más juguetón dado que mezcla dos contradictorios (la música salsa y la física nuclear), que no tienen nada en común. Parece una estética materialista (agudizar las contradicciones y fuerzas en una realidad social, que Biffi ha llevado al extremo).

“Punto ciego” es una nouvelle que se pregunta, en el fondo, por la verdad, ¿qué es? que los personajes trabajen en Comisiones de la verdad a nivel internacional es meramente coyuntural, dado que en el fondo están siempre al servicio de un Estado quienes pagan por sus “servicios”. En una de las entrevistas Iparraguirre sostiene que el proyecto inicial era abordar empleos que fueran innecesarios en el s. XXI (por ejemplo, el marino aventurero de “Albedo”, el profesor de letras en “No es fábula”, etc.), pero que luego mutó. Me quedo con esta posibilidad latente, pues estos profesionales de las ciencias sociales trabajan contando cadáveres. El gran problema es: en ese mundo futuro ¿seguirá habiendo una demanda por estas “comisiones”? Porque si ese es el futuro que nos espera entonces lo distópico no es el futuro porvenir, sino pasado y presente. Un bucle: no hay futuro.

En un país cuyo ideal de cultura es ser imitador vocal de “Yo soy” (Yo me parezco a); o presumir de haber estado muy cerca del nobel MVLL, creyendo que el verdadero talento se contagia por los poros, es necesario resistirse a ello y poseer un grado de originalidad o de disidencia real, como es el caso de Iparraguirre. Diez nuevos años después ¿vendrá ya su tercer libro?

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

Bibliografía

Agreda, Julio (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://agreda.blogspot.com/2016/10/el-fuego-de-las-multitudes.html

Meza, Julio (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://elroommate.com/2016/09/19/julio-martin-meza-resena-un-libro-de-cuentos-de-alexis-iparraguirre-peru/

[Raggio], Salvador Luis (2016). El fuego de las multitudes [reseña]. En: https://www.panoptista.com/el-fuego-de-las-multitudes-de-alexis-iparraguirre/

Rimachi, Gabriel (2016). “Alexis Iparraguirre y El fuego de las multitudes”. En: https://circulodelectores.pe/alexis-iparraguirre-fuego-multitudes-2/

Silva, José (2016). “Alexis Iparraguirre habla sobre "El fuego de las multitudes"”. En: https://elcomercio.pe/luces/libros/alexis-iparraguirre-habla-fuego-multitudes-237569-noticia/


martes, 30 de diciembre de 2025

Etelvina Q. Aranda. Anécdotas del viento. Lima: Speedwagon, 2025. 78 p.


 

Etelvina Q. Aranda. Anécdotas del viento. Lima: Speedwagon, 2025. 78 p.

              Etelvina Q. Aranda (Ancash, 1997) estudió Comunicación audiovisual en medios digitales. Anécdotas del viento es su opera prima. Es un conjunto de cuentos con elementos románticos, modernistas (como ocurre en “Annaon”), más próximos a una fantasía atemporal o lejana. En muchas narraciones el amor es el leit motiv, un amor idealizado que se une con una dimensión mítica. Esto provoca en sus cuentos amores imposibles. Pero también hay una madurez en la reflexión sobre este sentimiento, tal como ocurre en “Kilómetros”, es decir, no asume ese sentimiento en su candidez, sino en su complejidad. Los cuentos se inclinan más hacia las ensoñaciones, lo alegórico. La influencia de Poe es clara, así como la narración oral y el tono por momentos del cuento maravilloso.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Samuel Guillermo. El último viaje de la medianoche. Huánuco: Condorpasa, 2025. 71 p.

 


Samuel Guillermo. El último viaje de la medianoche. Huánuco: Condorpasa, 2025. 71 p.

              Samuel Guillermo Callupe (Cerro de Pasco, 1992) estudió Lengua y Literatura en la Universidad Hermilio Valdizán de Huánuco, y ha publicado los libros Caricias bajo la luna y Cuentos sobre apariciones y seres extraordinarios. El elemento sobrenatural aparece en este conjunto de cuentos titulado El último viaje de la medianoche. En “La curva del diablo”, el personaje central se ve envuelto en una apuesta con el diablo, pero tras vencerle regresa a la vida dándose con la sorpresa final que han pasado cinco años desde su desaparición en su accidente. En “Los hijos del caracara” un ser mítico (con forma de ave) se enamora de una bella muchacha, la engaña y cuando da a luz, los hijos tienen la forma animal del padre quien se los lleva. Las tradiciones populares de la región se dan cita en estos cuentos que han sido reelaborados. En este último relato es claro que el caracara alegoriza a esa figura masculina traicionera, sobre la cual toda joven bella solo puede sospechar y desconfiar; además de establecer los códigos de no transgredir las normas ni reglas de la comunidad (el sexo está prohibido).

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 29 de diciembre de 2025

Alfredo Freyre. El libro de Marte. Lima: Maquinaciones, 2025. 157 p.

 


Alfredo Freyre. El libro de Marte. Lima: Maquinaciones, 2025. 157 p.

              Alfredo Freyre (1962) es Ingeniero industrial por la PUCP, publicó Trece relatos imposibles (2024). El libro de Marte es una reedición corregida de El libro perdido, publicada en 2015. Esta novela es una historia de amor, mejor dicho, del primer amor adolescente. Es por ello que está lleno de nostalgia por ese paraíso perdido. Asimismo, la relación se va contando sobre la base de referentes del comic norteamericano y la literatura de CF pulp tanto clásica como moderna -de E. Rice Burroughs a Bradbury. El personaje central, como todo adolescente, es soñador y vive un amor imaginario con una joven que por circunstancias inicia su despertar sexual con el hermano del protagonista. La historia se ubica durante la segunda etapa de la dictadura militar (1975-1980), y primeros años del gobierno de Belaúnde (1980-1985), aunque las referencias políticas son mínimas, salvo lo referido a la censura en la importación de comics por considerarlos como instrumentos de alienación y penetración cultural yanqui. El espacio es básicamente El Olivar de San Isidro y Miraflores, que en realidad es también “otro” mundo, una realidad alejada de las clases medias y populares.

La biblioteca familiar se convierte en un espacio de fuga y de felicidad pasajera compartido con la chica de quien el personaje está enamorado, pero es tímido e inseguro para expresarle sus sentimientos. Luego de la ruptura amical ambos se distancian, pasan los años, y en la adultez, ella se convierte en modelo de revistas para adultos. Aunque él tiene ya una relación formal con una joven que quiere llegar virgen al matrimonio (se enfatiza esto en la novela como un valor social compartido de los 80) los sentimientos hacia el antiguo amor vuelven. Hay un reencuentro íntimo y luego la tragedia: ella muere en un accidente de tránsito. Luego vendrá la culpa y el duelo.

La escena final resulta emotiva: la madre de la joven fallecida le invita a llevarse algunos libros (amor compartido por ambos, lo que dio pie a su amistad inicial) y encuentra uno de los libros de la biblioteca del abuelo, que se había incendiado, y que ella había tomado prestado sin devolvérselo. Es decir, ese libro perdido (El libro de Marte) lo transporta nuevamente a esa amistad, a ese amor que no pudo concretarse, pero deja también la esperanza de volverse a reencontrar en otro plano de realidad, más allá de la muerte. El descubrimiento de El libro de Marte tiene esa expectativa similar a la provocada en la escena final de Cinema Paradiso (1988) de Tornatore: ese objeto bien amado que se creía perdido y olvidado.

             

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Jeremy Torres-Montero. El lugar de donde la nieve no se va. Lima: Speedwagon. 2025. 38 p.

 


Jeremy Torres-Montero. El lugar de donde la nieve no se va. Lima: Speedwagon. 2025. 38 p.

 

Jeremy Torres-Montero (Lima, 1987) inició su trayectoria narrativa con El camino de los Aegeti (2010), influenciado por el anime, el manga y la cultura pop, referentes novedosos dentro del panorama local de inicios de esa década. Luego fue ampliando ese universo en otros libros, y fundar el sello Speedwagon Media Works, que a la fecha bordea ya los 150 títulos publicados.

El lugar de donde la nieve no se ve, es un libro de seis relatos en donde el lector aprecia la madurez narrativa del autor. El cuento que da título al libro es un relato apocalíptico en la línea de Mad Max, con sobrevivientes que buscan algún tipo de esperanza, una luz que les permita mantenerse con vida frente a ese presente devastado por la guerra. Creo que ese relato podría servir de punto de partida para una novela breve, por la potencia de sus imágenes. En el relato final, “Ella” se narra la relación entre un hombre y una mujer imaginaria creada por la propia fantasía masculina, pero luego esta cobra vida material junto al hombre ave, un misterioso ser proveniente de otro plano de realidad. La mujer imaginaria se opondrá a que el personaje tenga una relación real y terminará por asesinarla. El final deja un sinsabor porque la mujer imaginaria, luego de treinta años, terminará por unirse en matrimonio con el personaje central. El texto puede leerse en la línea de García Márquez (esos amores imposibles que al final terminan juntos como El amor en los tiempos del cólera), o también lo imposible de la situación amorosa: ninguna mujer es perfecta salvo la imaginada que no existe.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


José Vadillo Vila. Mostros. Lima: Maquinaciones, 2024. 76 p.

 

José Vadillo Vila. Mostros. Lima: Maquinaciones, 2024. 76 p.

              José Vadillo Vila (Lima, 1977) es periodista, cantautor y gestor cultural. Mostros recoge una serie de textos publicados en otras antologías. En la nota del autor titulada “Aquí no hay cuentos”, Vadillo demuestra su conciencia por el oficio narrativo. Expresa sus ideas sobre la escritura creativa como un “campo minado” que provoca cicatrices y heridas, y en las que “la mayoría de veces, fracasas” (9). Es decir, ningún narrador logra exactamente lo que quiere narrar (el qué y el cómo), es un oficio condenado a la frustración, dado que se sabe de antemano que no conseguirá la perfección anhelada. Si bien puede parecer algo exagerado se asemeja bastante al verso vallejiano de “Quiero escribir, pero me sale espuma […]”.

              En otro momento, dice Vadillo que para otros escribir puede ser también un acto masoquista e inútil (porque se pierde dinero, en ese tiempo de escritura que podría dedicarlo a actividades mucho más rentables). Hay mucho de verdad en la idea, pero no podemos dejar de señalar que la escritura se asemeja también a una experiencia de lo sagrado, un modo de perpetuarse en el tiempo, y no tanto la fama o la fortuna (que pueden ser también objetivos legítimos en muchos autores). Para el autor ficcionalizar es “jugar” y “sobre todo, dudar” (9). Esto último nos lleva a la inseguridad e inestabilidad de todas las certezas sobre la realidad o lo real. Añade también la necesidad de reescritura y tachado, quizás una operación de corrección ausente en muchos autores que se inician en el oficio.

              Mostros incluye siete cuentos de corte fantástico. “Una luz (de) hojalata sobre la candela” es un cuento reflexivo sobre la condición del objeto artístico y su naturaleza, en el que lo performático (la agencia del artista, y la representación de la realidad) discute tanto lo real como el lugar del propio arte. Un cuento realmente notable. También aparecerán otros tipos de “mostros”, como fantasmas o aparecidos. Esta figura poco tratada en la narrativa contemporánea local, quizás por lo artificial o la complejidad que supone hacerla creíble y verosímil en un entorno altamente tecnologizado, encuentra en Vadillo un modelo a seguir. Pero ¿Apareció Vadillo en algún recuento del año 2024? “Extraño… muy extraño” como diría en su sección la periodista Zizi Ghenea.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


domingo, 28 de diciembre de 2025

Antonio Gazís. Sociedad nocturna. Lima: Maquinaciones, 2025. 116 p.

 


Antonio Gazís. Sociedad nocturna. Lima: Maquinaciones, 2025. 116 p.

 

              Antonio Gazís (Callao, 1984) estudió Psicología en la PUCP y Literatura Hispanoamericana en Loyola University Chicago. Con varios libros publicados, finalista, y ganador del Premio Barco de Vapor en 2018, Sociedad nocturna es un conjunto de relatos que juega con el humor, el absurdo y la fantasía. Explora las ambiciones humanas desde un plano psicológico y alegórico. Por ejemplo, “La caspa” trata sobre el arribismo como modo de ascenso social, y el ambiente burocrático. “Voracidad” trata sobre la infidelidad. Una víbora se instala en una casa y termina por devorar a la mujer. Es un relato alegórico, en el que la amante se hace amiga de la esposa y finalmente la absorbe y deglute como víbora que es. “Globos” trata acerca del distanciamiento en la pareja cuando ella sale embarazada, es decir, cuando chocan los deseos y fantasía femeninos de ser madre, con los del padre, que termina por alejarlos (felicidad para la mujer y soledad para el hombre). “Poco después” nos cuenta un extraño ritual que tienen dos amantes (el frotarse las frentes) que hacia el final de la narración uno ingresa en la mente del otro, en una fusión inverosímil, fantástica. Se trata de una fusión de los amantes en el plano mental, en el que uno termina siendo propiedad del otro (o de la mujer, mejor dicho, según el cuento, él ya no piensa por sí mismo, sino desde el lado de ella). El valor del libro radica en el componente alegórico que no solo se queda en la simple anécdota fantástica que podría pasar por superficial, sino que explora cuestiones más graves de lo que parecen, aunque siempre con humor. “La música para después” es otro relato alegórico acerca de todas esas cosas que se van postergando para un futuro, y que se dejan de hacer porque no se vive el presente. “El hijo del árbol” es el cuento más extenso acerca de un grupo de personajes que viven situaciones insólitas y fantásticas. Podrían pasar como una terapia de grupo, pero lo alegórico los desborda.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Alfredo Freyre. Trece relatos imposibles. Lima: Maquinaciones, 2024. 77 p.

 


Alfredo Freyre. Trece relatos imposibles. Lima: Maquinaciones, 2024. 77 p.

              Alfredo Freyre (Lima, 1962) estudió Ingeniería Industrial en la PUCP y llevó diversos talleres de escritura creativa. Se declara también como fanático del comic, la ciencia ficción y el rock. Trece relatos imposibles se inscribe en la ciencia ficción tradicional o pulp, cercana parcialmente al trabajo de Daniel Salvo, y sobre todo a Alfredo Dammert. Así, en este libro desfilan monstruos clásicos como vampiros, fantasmas, y el fenómeno ovni. Asimismo, las leyendas urbanas (la muerte de Paul McCartney, o la muerte de Lennon en una sugerente ucronía, hermanada con la notable novela Karma instantáneo para John Lennon de Arturo Delgado Galimberti). Pero hay también humor y sobre todo nostalgia de ese mundo pasado cercano de los años 60 y 70 del siglo pasado que el autor conoció de primera mano. “Historias fantásticas” trata sobre cómo la fantasía del presente se hace realidad en el futuro (no sin cierto aire distópico); también hay un cuento de humor lovecraftniano con guiños eróticos. Las influencias son Bradbury, Lovecraft, y acaso algo de Clemente Palma.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Victoria Vargas. Esotéricos registros. Lima: Maquinaciones, 2024. 126 p.

 



Victoria Vargas. Esotéricos registros. Lima: Maquinaciones, 2024. 126 p.

              Esotéricos registros es el tercer libro de cuentos de Victoria Vargas (Arequipa, 1996), en el que se aprecia la madurez y la complejidad lograda por la autora, con temas muy alejados de las actuales agendas feministas-woke-queer y más preocupada por ofrecer buena literatura, cosa que logra con creces. Este es un libro que roza lo fantástico para jugar o rozar diversos géneros, como lo maravilloso, la ciencia ficción, y lo fantástico propiamente. Quizás el término que mejor exprese esta fórmula es la narrativa “weird”, es decir, sus cuentos son raros, ficciones extrañas no solo en su propio universo que la autora ha creado, sino en relación con el tipo de narraciones fantásticas que se ofrecen dentro del mercado local, más pegadas hacia un fantástico clásico. Es decir, más que fantástico a secas sea “weird”. Otro punto que destaca es lo que en escritura creativa se denomina “worldbuilding” (o construcción de mundos), ya que en el libro se aprecia la complejidad de ese otro mundo que funciona con sus propias reglas y leyes y al que solo algunos humanos acceden.

              Los doce cuentos que integran el conjunto inician con un registro breve de ese archivo del otro mundo en el que se informa acerca de casos “raros” para nosotros, pero que quizá sean cotidianos en el otro lado. Estos “epígrafes” o paratextos funcionan como disparadores ficcionales de lo que se narrará, aunque hay datos escondidos que no se revelan, y que se insertan dentro de una tradición en el que lo textual, los libros apócrifos -al modo borgeano- son característicos de un paradigma posmoderno; pero aluden también a los “expedientes X”; y en clave realista, al historial médico de un caso “clínico”.

              A lo largo de los 12 cuentos hay rasgos permanentes o comunes, por ejemplo, la presencia de personajes solitarios, de gran imaginación, impedidos en alcanzar su objeto de deseo. También destaca la presencia de la figura del “doppelganger” (o doble) que pueblan las narraciones. Recordemos que la figura del doble pone en tensión y crisis la existencia del propio sujeto. En los cuentos de Vargas el doble se ha modernizado, ya que supone entrecruzar mundos o están mediados por la tecnología. Otro elemento transversal es el libro como objeto, que cumple diversas funciones, desde objeto mágico hasta ser una suerte de portal a otros mundos. Finalmente, el componente maravilloso que enmarca las narraciones, dado que se incide más en la singularidad de esos otros mundos, antes que el terrestre.

              Me centraré en seis narraciones y realizaré una “hermenéutica social” de los mismos. El que abre el libro es “Existencia dimensionales” y trata acerca no solo de seres interdimensionales, sino de la insatisfacción de la realidad experimentada por el personaje central, una insatisfacción que le hace pensar que ha nacido en una dimensión equivocada, y que cuando entra en diálogo con este otro ser (por comodidad llamaremos diálogo, aunque tiene también su complejidad) acepta la propuesta de intercambiar realidades. Entonces la gran pregunta no es tanto cómo es esa otra realidad, sino ¿porqué un personaje humano dejaría esta dimensión para ingresar a otra, desconocida? (en Ghostbusters: Frozen Empire, del 2024, uno de los personajes femeninos, hastiada del mundo quiere experimentar cómo es la vida de un fantasma, pero ¿puede la depresión o la aventura infinita llevar a alguien a ponerse en ese lugar?). Es decir, hay una naturalización de lo fantástico (de lo anómalo, de lo irreal), no hay miedo en la protagonista, ese otro mundo se acepta sin dudas, entonces el registro y tono del cuento es más del tipo maravilloso antes que fantástico. Similar situación también la provocaba Kafka en la Metamorfosis, cuando Samsa no se sorprende de verse transformado en insecto, al igual que su familia que acepta el hecho con naturalidad, aunque a todas luces, es un hecho que transgrede las leyes y regularidades de este, y por lo tanto, constituye un fantástico moderno. En el cuento de Vargas ocurre un efecto similar, simplemente se acepta ese otro mundo como posible y natural. Entonces el malestar que provoca no es necesariamente la presencia del ser interdimensional, sino el preguntarse qué lleva a una persona a abandonar este mundo terrestre. Esta es una pregunta que no se resuelve, pero es claro que hay un grado de insatisfacción del personaje. Incluso en el hecho tangible de intercambiar cuerpos, no es solo la metamorfosis anunciada, sino el deseo de convertirse en otra cosa, en otra persona, tener otra vida, así sea en otra dimensión. Hay un nivel de insatisfacción psicológico-ideológico y también físico-corporal, una no-identificación con lo que se es, en suma, un rechazo.

              “Ladrona de vidas” trata acerca de otro ser interdimensional que adquiere la forma de un libro volador. Se trata de un ser mágico cuyas letras impresas son su “alimento”, y por lo tanto, el ejercicio de la lectura hace de todo lector un “ladrón de vidas”, tal como el título del cuento. Pero esto se da en el plano simbólico-alegórico. Acá encontramos a otro personaje insatisfecho que trabaja en una librería mientras concluye sus estudios universitarios, pero que no quiere “sentar cabeza”, como se dice popularmente, sino que quiere seguir en la inestabilidad característica de la vida juvenil. Los libros son un refugio a la vida rutinaria, y sobre todo “recuerdos” e “imágenes” de alguien más, y quizás allí anide lo más humano a la vez que lo más excepcional en cuanto al libro como objeto maravilloso al permitir vivir otras vidas ajenas a la nuestra.

              “Favor y obediencia” trata de otros seres interdimensionales cuya música (de resonancias celtas) esclaviza a los humanos. Se produce un intercambio que no es todo justo: para los que ejecutan es el alimento que necesitan, para los humanos es puro placer y goce. Más allá del aspecto ritual o religioso, se trate en el fondo de lo que el arte en general puede suponer para sus consumidores: placer y goce por un lado, pero sustento material para sus “creadores”, que acá se le da un matiz religioso, pero que en el mundo real se traduciría en papel moneda.

              Otros dos cuentos se alinean dentro de la ciencia ficción. “Móecenco” trata acerca de una misteriosa app (aplicación) de celular que solo permite la comunicación mediante el envío de fotos. La tecnología está incorporada a la vida social y parece ser el único modo de “conocer” a otra persona. Quizás el mensaje sea que es tan fácil mentir por redes, que es frecuente la incomunicación, o que estamos viviendo una vida vacía sin darnos cuenta, ya que el auténtico contacto humano ha pasado a un tercer o cuarto plano: ya no es importante.

              “Autonomía virtual” es otro cuento de ciencia ficción en el que un ser humano va dejando su propia vida para ser reemplazado progresivamente por un avatar virtual. Por un lado, se trata del “doppelganger”, y de otro, la amenaza de lo virtual hacia lo humano, muy en la línea de la serie inglesa Black Mirror. Ambos cuentos recogen el miedo y la ansiedad frente a lo tecnológico en el que el ser humano se disuelve.

              “Esotéricos registros”, es el cuento que cierra el libro y que al igual que el primero, se trata de un personaje femenino que va a reemplazar a un ser interdimensional en su trabajo de tipo bucrocrático. Al final, se cumple el deseo de la humana: ser bibliotecaria, es decir, una burócrata de ese otro mundo. Al igual que el primer relato se trata de una fantasía de un personaje insatisfecho de la realidad terrestre y mundana que aspira a otra cosa que este mundo no puede ofrecerle. Los libros y registros son pues un refugio a un estado de cosas del mundo real que el personaje se niega a aceptar. De otro, la madurez significa también la repetición cotidiana (así sea en otro mundo). En cuanto a sus valores o ideología son ajenos a este, ya que el cuento se cierra con la imagen del personaje embriagada de emoción de su actual puesto y de la protección que realizará de los “registros”, es decir, en el mundo terrestre ya no queda nada que defender o proteger. Es una imagen pesimista.

              En entrevistas, la autora ha expresado su inclinación al ciclo de películas de Harry Potter, el cine de Guillermo del Toro, y al drama fantástico Más allá de los sueños (What dreams may come, 1998) de Vincent Ward, a los que podemos agregar por afinidad The Adjustment Bureau (Los agentes del destino, 2011) de George Nolfi, R.I.P.D (R.I.P.D. Policía del más allá, 2013) de Robert Schwentke, o incluso Constantine (2005) de Francis Lawrence. Los portales interdimensionales se volvieron -en el siglo XXI- un recurso frecuente de la fantasía y han recibido diversos tratamientos tanto en películas y series. En cuanto a la literatura, además de Poe, destaca a Carlos Ruiz Zafón con La sombra del viento (2001), que trata acerca de un misterioso autor de libros, en el que entremezcla lo real con lo imaginario.

              Un aspecto adicional que han captado los lectores de Esotéricos registros es que estos cuentos “pueden ocurrir en cualquier parte del mundo”, lo que potencia su carácter global. Personalmente no lo considero necesariamente un mérito o un demérito el no anclar las historias en un espacio reconocible como peruano, pero sí agradezco que en “Ladrona de vidas” se mencione a la vampira Sarah Ellen (71), porque ese mito local tiene una historia, el lector la reconoce y se identifica; así como estas historias solo podrían haber sido escritas por Victoria Vargas y no por otra autora proveniente de Bután (en el Asia del sur), Omán (en el medio oriente), o Madagascar (en el África oriental): decir lo contrario no es real.

              Estamos frente a una de las voces más singulares de la narrativa fantástica  peruana contemporánea, que ha conseguido con Esotéricos registros, un libro posiblemente clásico, de gran imaginación, bien escrito y altamente recomendable.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 19 de diciembre de 2025

Carlos Esquivel Roca. El bar de las almas perdidas. Lima: Maquinaciones, 2025. 393 p.

 


Carlos Esquivel Roca. El bar de las almas perdidas. Lima: Maquinaciones, 2025. 393 p.

              Esta es la opera prima de Carlos Esquivel Roca (Lima, 1981). Quisiera empezar felicitando al autor por haber culminado este su primer proyecto novelístico. Son muchas más las personas que piensan y hablan sobre la novela que escribirán en el futuro, con amigos en cafés y bares, que aquellos pocos que realmente lo consiguen. Es un camino largo (lleno de trabajo y esfuerzo) y probablemente el autor, si elige los códigos y convenciones del realismo, vea (o crea ver) parte de su propia historia de vida “reflejada” en la novela.

Esto nos lleva al segundo punto: la autonomía de la ficción. No tengo el gusto de conocer al autor, su vida pasada, desde su infancia, adolescencia, juventud o adultez -en realidad de ninguno-, así que no interesa si lo que se cuenta “es” o no la vida real acontecida del autor, sino su capacidad de subyugar, de convencer, de ser verosímil. Creo que Mario Vargas Llosa es el mejor ejemplo, partió de sus propias experiencias para ficcionalizarlas, distorsionarlas, o expandirlas, creando un universo autónomo e independiente de la vida real que pudo tener. Incluso El pez en el agua, su libro de memorias, que se supone mucho más real, sigue siendo ficción, quizás mucho más que sus propias novelas.

Hecha esta breve distinción quisiera comentar algunos puntos de El bar de las almas perdidas. Esta novela (cuyo título recuerda al clásico noir de 1947 El callejón de las almas perdidas) cuenta dos historias. La primera es la de un peruano migrante marginal en Italia; la segunda, es la historia del mismo peruano aspirante a convertirse en escritor. Dividida en 34 capítulos, la novela puede considerarse como una novela de aprendizaje, en la que el protagonista envuelto en cierta mística del escritor maldito, aspira a conseguir escribir un libro. Nunca se explica el porqué de esta motivación, es algo mucho más intuitivo, una necesidad cuasi visceral y acaso experiencia sagrada. Puede ser un deseo oculto o solo una fantasía humana.

Si bien el personaje central vive al inicio en la mendicidad y luego, por la fortuna, sobrevive regentando un bar a donde llegan los seres más abyectos de la sociedad, como criminales, mafiosos, prostitutas, transexuales, etc., es decir, una serie de personajes marginales que viven fuera de la ley. Este espacio sirve no solo como punto de encuentro y desfogue del hampa romano y sudaca asentado en esa ciudad, sino como locus en donde el protagonista se nutre de historias criminales, muchas de contenido sexual o de violencia extrema o gráfica, que se presentan luego ficcionalizadas en primera persona como experiencias personales del protagonista. Hay una femme fatale que lleva al protagonista a la decadencia moral y crisis existencial, y un brujo que escribe el destino del protagonista. De alguna manera, la presencia del brujo articula la novela, pero es más un personaje figurante. Por ello, la novela es predominantemente mimética, que usa por momentos códigos del “realismo sucio” bukowskiano; y por otro, hay varias reflexiones sobre el proceso creativo. A inicios de los dosmiles hubo en Lima cierta distinción y lucha entre los escritores vitalistas (encarnados en Bukowski y Oswaldo Reynoso) y los metaliterarios (Borges, Cortázar y compañía). 25 años después, en esta novela -de algún modo- convergen ambas posiciones sin conflicto.

Durante los capítulos 1 al 27 el lector asiste a ver las vicisitudes del protagonista. Y es que como sello de toda novela, al lector no le interesa las cosas buenas que puede tener un personaje o su camino hacia el éxito, es decir, el lector se identifica más con el sufrimiento, el dolor, el padecimiento, en suma, con el drama (pensemos en las canciones de amor: todas o casi todas hablan del desamor, de la soledad, de la traición y del engaño; y más bien muy pocas del amor pleno y feliz). Probablemente pocas personas encontrarían interesante a un personaje que le va todo bien en la vida y lo consigue todo en su camino al éxito; al contrario, llama más la atención aquellos que sufren, que logran el efecto de empatía en algún tipo de nivel emocional.

En la novela se intercalan cuentos eróticos que son parte del libro de ficción que escribe el personaje y corrige otro, su aparente mejor amigo. Pero, personalmente, creo que a partir del capítulo 28 es cuando empieza la verdadera historia, el verdadero conflicto, porque, todo ese proyecto de ficción le es robado por quien cree que es su mejor amigo, quien, además, mantiene una relación con su musa, la femme fatale antes mencionada. La intensidad en ese último tramo es pareja y sostenida hacia un único punto: la venganza.

En cuanto a la construcción de personajes, es claro que el protagonista tiene un complejo de subordinación frente a la mujer. Es decir, las mujeres de su vida resultan mucho más dominantes, son una figura de autoridad, desde la dueña del bar, o Andrea, y varias otras. Hasta cierto punto sus mujeres son también sádicas que le ordenan lo que debe de hacer para satisfacerlas. De allí se explique el gusto del personaje central por las mujeres mayores o con mayor “experiencia”.

En cuanto a la poética, por momentos es irónico o posmoderno. Luego de una paliza el personaje recala con un grupo de vagabundos, y se le acerca un fotógrafo. Dice el narrador:

“El tipo me vio hecho una mierda y le pareció una toma de impacto. Llevaba un poco de sangre fresca en el cuello y un polo amarrado a la cabeza, fumando a esa hora [de madrugada] rodeado de vagabundos y borrachos, significaba arte para él. Me dio gracia” (125). Así, la vida miserable se convierte en material artístico. Pero conociendo mejor los antecedentes reales diríamos que vivir como mendigo en Europa es más una elección, una decisión (de allí que sí se cumpla la sentencia que “el pobre es pobre porque quiere”). Entonces, depende de quién mire o de cómo se capte esa realidad. Lo importante de la literatura son las imágenes que produce.

En otro momento refiriéndose al acto escritural dice el narrador: “Siento que necesito sufrir mucho para lograrlo” (195). Y es que su poética es un realismo que busca o aspira a representar un grado de humanidad basado no en la alegría o el goce sino en el dolor. Es una mirada acaso muy peruana o latinoamericana: la vida es solo dolor. Más adelante, sobre el reescribir la propia existencia concluye que “Inventar a partir de lo vivido me resultaría mejor” (284). Luego de ello decide dejarse llevar: “[…] lo único que me quedaba era escribir sobre mí, aunque con la impronta de desfigurar la realidad […] (286). Acá “lo vivido” es también una experiencia muy subjetiva, difícil de comprobar, que solo gracias al “pacto de ficción” se acepta como real.

En el último tramo llega a tener la claridad de su proyecto narrativo: “El dolor, solo el dolor más brutal te hace fuerte y solo los fuertes escriben historia con tinta humana, con pasos y golpes, con fracasos y decepciones. Un escritor no se hace en un escritorio, un escritor sangra en la tierra y arriesga la vida para lograr la historia más alta. Esa era mi verdad detrás de esta novela” (366). Esta es la poética de Esquivel Roca, y a la vez es también una clara hipérbole dado que la mejor historia literaria también podría ser la del peor bandido de toda la humanidad.

El lector puede leer entre líneas una historia de vida, una historia personal. Muchos dicen que todas las historias son historias de amor. Esta también lo es, aunque la traición esté de por medio. Es el recuerdo de un amor sin futuro, decadente, un amor tóxico y violento que sale de las convenciones y normas tradicionales. Quizás como sostiene Marco García Falcón, el personaje central de la novela, alter-ego de Carlos Esquivel, “intenta comprenderse a través de la escritura”. En ese caso, la escritura es también catarsis y liberación.

Como se suele decir en los talleres de escritura: no hay vida aburrida, sino mal contada. El bar de las almas perdidas es una historia de autoconocimiento y de aprendizaje, de caída y de redención, no importa qué tan real o fiel sea a la realidad, porque, a veces, la realidad es también una simulación, y la vida, una ficción.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 18 de noviembre de 2025

Salvador Luis. Tercer cofrecillo. Lima: Casatomada, 2025. 203 p.

 

Salvador Luis. Tercer cofrecillo. Lima: Casatomada, 2025. 203 p.

Con esta tercera entrega, Salvador Luis Raggio Miranda (Lima, 1978), cierra (esperemos que no) el ciclo de narraciones breves y raras, de notable factura titulada como “cofrecillos”, nombre de impronta arabesca que propone revisar los tesoros literarios más exquisitos de su pluma. Es, como se señala en la contra, una obra en prosa, lo que lleva al lector a cierta dimensión subjetiva y lírica de mirar la realidad a partir de personajes introspectivos, cuya forma narrativa está marcada por el fragmento posmoderno.

La primera parte titulada “Una absurda y obscura potencia” incluye una serie de formas asociadas al cuento en el que irrumpen cuerpos torturados por experimentos científicos, las fantasías de un serial-killer, la materialidad corporal, una casa que es a su vez una especie de videojuego mortal, personajes suicidas, o el policial paródico que rinde homenaje a El túnel de Sábato. Tanto en este último (“Algo acerca de un edificio de apartamentos”) como en la casa videojuego (“Inmortal Heroine 12”), la casa cobra una función especial, que nos remite sobre todo a “La casa” del genial Adolph, en el que un individuo se va disolviendo lentamente en la nada como en una pesadilla kafkiana. En los dos cuentos de Salvador, la casa es un agente mortal, sea tanto en su materialidad física como en su simulación de la vida. También es posible asociarlo con “La casa abandonada” de Levrero (que a su vez dialoga con el clásico “Casa tomada” de Cortázar), el otro gran raro latinoamericano junto a Adolph de la literatura de los años 60 y 70.

La segunda y tercera sección son dos nouvelles. “Roderick en la niebla” es una narración delirante acerca del multiverso, de un personaje de nombre poeiano, con múltiples intertextualidades al cine y a la cultura de masas. El narrador es también una suerte de demiurgo lyncheano.

En “A quien oiga esta voz” se habla de una guerra extraña y absurda cuyo escenario puede ser parte de The Twilight Zone como de 2001 de Kubrick. Demás está decir que este cuento tiene conexiones con “Los pilotos del templo de piedra” (Stone Temple Pilots, en inglés) del siempre genial José Güich, quizás porque parte de los mismos referentes culturales.

A estas alturas, decir que Salvador Luis es raro o “weird” creo que resulta insuficiente, busquemos un mejor adjetivo que dé cuenta de lo raro y lo espeluznante de sus narraciones, de sus personajes solitarios, de los juegos de palabras, y de esa mezcla tan singular entre Borges y Lynch.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 14 de noviembre de 2025

Jorge Casilla. El viajero onírico. Lima: Colmena, 2025. 151 p.

 


Jorge Casilla. El viajero onírico. Lima: Colmena, 2025. 151 p.

              Esta nueva entrega literaria de Jorge Casilla (Lima, 1982) es su libro más personal, en el que, a través de intertextualidades, rinde tributo explícito a sus héroes literarios, destacándose con claridad tres tradiciones: la hispana, la clásica occidental y la norteamericana. Si comparamos este libro con la actual producción del cuento fantástico veremos que se aleja de los tropos dominantes. Casilla parte de un concepto: la literatura es una suerte de “doppelgänger” de la realidad, por ello, en sus cuentos, los personajes de ficción se materializan y cobran vida propia. En ese punto es tanto borgiano como pirandelliano.  También se trata de cuentos metatextuales en el que se reflexiona sobre la creación, la crítica literaria y las amistades literarias.

Asimismo, hay también espacio para la impronta policial clásica, veta poco explorada por los cuentistas contemporáneos, y pone más atención a los diálogos que son los que finalmente permiten que la acción avance hacia la resolución. En otros parece haberse infiltrado ciertos pasajes de su experiencia como profesor de literatura que aparece en uno de los cuentos, un profesor “burócrata”, más interesado en interpretar y definir un verso oscuro que en la vida misma, que pasa y se desvanece frente a sus ojos y vida solitaria (“Soneto XXIII de Garcilaso”); o en estas amistades literarias que se trastocan en resentimiento y envidia, y que pesar de eso, no dejan de mantener cierta admiración hacia el otro, en una relación amical toxica de amor-odio, sobre la base de un autor que no es sino Miguel Gutiérrez ficcionalizado (“El furor de las horas”).

Por momentos los cuentos son glosas, variaciones o pasajes olvidados de sus héroes de ficción. Ficcionar en sí mismo sobre la literatura parece ser un mal negocio, dado que algunos cuentos del libro solo pueden ser disfrutados con mayor plenitud si el lector conoce los referentes, y algunos, más allá de su estatus de clásicos están bastante alejados del lector contemporáneo promedio (sobre todo los de referencia hispana), quien está más acostumbrado a la espectacularidad del cine blockbuster, al lenguaje de best seller o simplemente a historias personales de vida, y visión maniquea. Casilla sale de esa zona de confort e intenta unir los referentes de la cultura literaria clásica con la visión posmoderna.

“Historia de un vagabundo”, dedicado a otro maestro, José Güich, trata sobre el arte original y de los imitadores e impostores. Es una estupenda reflexión sobre lo que significa hacer arte el día de hoy.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 10 de noviembre de 2025

Raúl Quiroz. Oniros. Lima: Maquinaciones, 2025. 189 p.

 


Raúl Quiroz. Oniros. Lima: Maquinaciones, 2025. 189 p.

 

Raúl Quiroz (Lima, 1973) confirma con este libro (su segundo de cuentos, además de dos novelas fantásticas de tema licántropo) no solo su talento como narrador, sino además el excelente momento que vive la narrativa fantástica criolla. Acá nos encontramos con diversas situaciones raras que rozan los límites de la realidad. Oniros es un conjunto de relatos en el que se conjuga el pasado, la memoria, y el recuerdo. Hay personajes que bordean los quince años, en punto de inflexión existencial hacia la adultez, que no encajan del todo en ese futuro natural y cotidiano por venir.

También hay cuentos que proponen una CF existencial apoyado no solo en el punto de vista subjetivo, sino en el propio lenguaje. Es decir, lo lírico, lo poético sirve no solo para “extrañar” ese mismo mundo representado. Quiroz es un lector de poesía, y esa es una gran ventaja a la hora de ficcionalizar, dado que grosso modo, adquiere mayor sustancia y polisemia, muy diferente a la escritura de best seller (con mucha acción, poca reflexión, y un lenguaje bastante plano, casi sin metáforas). Frente a este lenguaje mainstream, la escritura de Quiroz resulta por momentos, ir a la contra de ciertas convenciones.

Por momentos hay en los cuentos “amistades” evanescentes que parecen diluirse en el tiempo. Sus monstruos personales parecen haber salido de un sueño. Por ello, muchas escenas adquieren una dimensión de ensueño. Pero también hay cierta ambientación gótica a través de secretos ocultos y una escenografía abandonada, alejada de la racionalidad urbana.

“El último vuelo” es un ejemplo de la estructura cortazariana de “Axolotl” (o de muchos otros), con ese giro de tuerca, al modo de The Twilight Zone. En este caso, un soldado que participa en una guerra termina por ocupar otro tipo de condición animal, que también remite a “El caballero Carmelo” de Valdelomar.

“Más allá del barranco” es un cuento lovecraftniano de gran factura, con ciertos ecos religiosos. Quiroz estudió filosofía en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, y algunas sensaciones e ideas aparecen en este, y en algún pasaje de otros textos.

En cuanto a la historia del Perú contemporáneo hay alusiones tanto al conflicto con el Ecuador de 1995 (“El último vuelo”) como a la violencia terrorista de los años 80. Sobre este periodo, es lugar común la idea de víctimas exclusivamente por manos de militares (así ha sido representada en gran parte en el cine peruano y en su literatura). Quiroz recoge también esta idea, pero creo que se hace necesario hacer una revisión de esta media verdad. Salvo este microscópico pormenor, y como sostiene José Güich en la contratapa, Raúl Quiroz con Oniros “consolida su militancia en franjas nunca más paralelas o alternativas, sino absolutamente centrales en la literatura peruana de la actualidad”

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 5 de agosto de 2025

Pablo Alberto Torres Villavicencio. El último planeta. Cuentos de fantasía y ciencia ficción. Lima: Ornitorrinco, 2025. 102 p.

 

Pablo Alberto Torres Villavicencio. El último planeta. Cuentos de fantasía y ciencia ficción. Lima: Ornitorrinco, 2025. 102 p.

Pablo Torres (Chimbote, 1974), docente de Lengua y Literatura, ofrece su primer libro en solitario, editado primero en 2024, en Chimbote. Es un conjunto de cuentos breves en el que converge tanto la fantasía como la ficción especulativa, influenciados por la CF clásica de Asimov, Bradbury. La portada tiene también esa construcción que apela a los space opera de los años 50. Los primeros cuentos tienen al doble y a los fantasmas como los principales motivos. En el caso de los fantasmas se trata de descubrir que al final están siendo contados desde el otro lado, es decir, desde el más allá, un recurso frecuente en la literatura contemporánea. Así ocurre en “Súplicas” y “Billy”, una especie de western.

“Locura” es una ucronía en el que los indígenas del siglo XVI vencen a los invasores españoles, mediante recursos ligados a lo mágico. En un contexto en el que hay una clara hispanofilia, que recuerdan posiciones ya anacrónicas de Riva Agüero de inicios del siglo XX, esta ruptura sería una solución imaginaria y compensación de un trauma real, y acaso un modo de liberarse del pasado.

“Arrepentimiento” es un claro juego de viajes temporales que recuerdan a Back to the future (1985), pero con mayor problematización, ya que muestra que la hipotética invención de la máquina del tiempo produce una realidad alterada, en la que todos (de tener la opción) cambian su vida, insatisfechos de su realidad, lo que provoca nuevas alteraciones en todo el orbe, en el que las personas aparecen y desparecen de las vidas privadas, según el deseo de cada quien.

“El homínido” es otro cuento ucrónico, al estilo adolphiano, que inserta un futuro dentro de la historia bíblica ya conocida. “Buscando” es, sin duda, el mejor cuento del conjunto y el más extenso. Trata sobre un futuro en el que ya no hay rastros humanos, pero un androide tiene como misión de hallar al último humano, y se enfrenta a otras inteligencias que tienen la misión contraria, o mejor dicho, tienen “conciencia” de que no existe humanidad viva. Es un cuento altamente filosófico que pregunta al lector sobre la humanidad, en ese futuro distópico.

En conjunto, se trata de un buen primer libro de cuentos, escritos de manera clásica. Los textos más breves puedan considerarse como viñetas, como escenas de un cuento mayor. El autor podría decidir ampliar esos mundos y el lector quedará más que agradecido.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 7 de marzo de 2025

Miguel Ángel Vallejo Sameshima. Ángel de la guarda. Lima: Acuedi, 2024. 207 p.

 

Miguel Ángel Vallejo Sameshima. Ángel de la guarda. Lima: Acuedi, 2024. 207 p.

              Miguel Ángel Vallejo Sameshima (1983) parte del registro mimético realista para su novela criminal Ángel de la guarda. La premisa se aleja del policial lúdico de El círculo de los escritores asesinos (2012) de Diego Trelles (comentado en este blog) o La velocidad del pánico (2018) de Stuart Flores, que parten de la idea de un crítico literario asesinado por resentidos aspirantes a escritores; para acentuar la fotografía de estos tiempos marcados por el sicariato, el secuestro, la extorsión, la corrupción de funcionarios públicos o de la fuerza policial, en medio del ejercicio de la prostitución. Vallejo Sameshima se “alimenta” de los crímenes reales, de un estado de cosas permanente con la intención de ofrecer un “fresco” de la ciudad, en el que el lector llega a percibir ese “olor”, no solo la pólvora, sino la gastronomía local ampliamente admirada dentro y fuera del país.

La novela de Vallejo Sameshima se inscribe dentro de la novela criminal o novela negra, antes que del policial clásico, porque muestra la decadencia moral y crisis social en la que estamos sumergidos, antes que una investigación per se. Y puede enmarcarse dentro del denominado neopolicial latinoamericano, aunque sin la figura del periodista (como reemplazo “natural” de la figura del detective privado, inexistente en nuestra tradición; o del policía, a quien se le atribuye grandes dosis de corrupción, y por lo tanto, sería cuasi inverosímil como personaje), cuyo prestigio y credibilidad están venidas a menos luego del reciente escándalo del financiamiento del USAID.

              Como en muchos autores contemporáneos, el autor está marcado por el cine. Y no es casual que si bien la novela sea muy visual en sus escenas, también es claro que Vallejo Sameshima es heredero del cine de Tarantino, Scorsese (el de Taxi Driver), o Brian de Palma, por citar a los más obvios. En cuanto a la narrativa la novela es heredera de la violencia de Los Inocentes de Oswaldo Reynoso o el Matacabros de Sergio Galarza, pero adaptados, modernizados al presente milenio, mucho más agresivo. La novela incluye epígrafes que también dan pistas al lector: Lima es parecida al Infierno de Dante, los ecos del terrorismo de la Edad Oscura (1980-2000) se extienden al s. XXI. La novela es un intento “documental” de aludir a un tipo de violencia de época al modo vargasllosiano, y la imaginación del narrador compite con la violencia real, tal como ocurre en La conciencia del límite último, policial metaliterario atípico de Carlos Calderón Fajardo.

              La figura de este cuasi joven justiciero en bicicleta, que actúa solo, tiene conexiones con la figura de Batman. Pero a diferencia del personaje creado por Bob Kane, sus motivaciones no quedan del todo claras, es decir, no se sabe si hay algún nivel de resentimiento, si es alguien con la noción de superhombre nietzscheano, un justiciero moralista, o de si es tan inmoral como aquellos contra los que lucha y asesina. Esa ambigüedad no se resuelve del todo. Y es aquí en donde sirve la comparación: si en las novelas mencionadas anteriormente el personaje del aspirante a escritor se vuelve asesino porque no recibió una crítica favorable o mayor atención, acá hay una preocupación -digamos- mucho más social y real; ya que el justiciero moralista quiere acabar con la corrupción extendida en todos los niveles, y que heredamos desde la colonia (y que los “políticos” han sido incapaces de hacerlo). Podríamos agregar que este justiciero anónimo -en la línea del ciclo de películas de Charles Bronson- es más funcional para la novela, y que el verdadero protagonista es el ingeniero Vargas (apodado “doctor”) y la propia corrupción normalizada.

              Este ingeniero corrupto sigue permanente los asesinatos, ya que es claro que pronto el joven justiciero llegará hasta él. Sobre su biografía hay un punto de inflexión cuando deja el amor juvenil de Teresa (por presión de la familia de ella), la joven idealista que sueña con cambiar al país gracias al “socialismo”, alejándose, y uniéndose finalmente con Estela, con mayor ambición económica. Se desprende que esta unión es a la larga negativa ya que provocará cierta crisis familiar irreversible, a la vez que el nivel de corrupción irá in crescendo conforme se posicione laboralmente. Esta solución puede ser determinista, ya que el personaje de Vargas no tiene elección ni voluntad para decidir no ser corrupto, o en todo caso, que no hay forma de ascender socialmente sino es a través de la corrupción; o simplemente reafirma la sentencia popular: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

              La novela incorpora también titulares reales con la intención de contrastar que lo que se narra en la ficción no está alejado de la realidad. En un momento el personaje se pregunta: “Y pensar que un diario tituló que había sido un crimen pasional, inventando basura impunemente. ¿Qué más es el periodismo sino ficción que los inocentes asumen como verdad?” (144, énfasis nuestro). Si las noticias (por más que parezcan exageraciones) son ficción, entonces ¿qué es la ficción? ¿la realidad? Las fronteras se han difuminado.

              Volviendo a las motivaciones del anónimo joven justiciero podemos decir que hay un impulso tanático de ver morir la corrupción real, que es una respuesta imaginaria a este caos y estado de cosas. Si bien se afirma que en momentos de crisis surgen los superhéroes, el justiciero sigue siendo más una figura imaginaria. La posibilidad que ocurra en la realidad es nula. Los superhéroes son válvulas de escape a la crisis social, compensaciones imaginarias.

              Otro aspecto destacado es el tratamiento literario del lenguaje popular, de la replana, de la jerga local, que es otro acierto de la novela. No encontraremos acá eufemismos como “desvivir” o “ultimar” para referirse al asesinato, o banda de ciudadanos “extranjeros” (pare evitar dar referencia a un país en concreto y evitar la xenofobia, y ser “políticamente correctos”), como suele ocurrir en la TV y medios digitales o redes. El lenguaje es más directo y verosímil. El desafío final que presenta Ángel de la guarda al lector es acerca de cómo debe leerse ¿cómo ficción o cómo realidad?

              De crímenes imaginados (Trelles, Flores) pasamos a crímenes con sustrato real, o que se aproximan a la cosa real (Vallejo Sameshima), que no deja de tener ciertas resonancias a la década de los años 90 (como también ocurre con Augusto Effio y la representación de la corrupción política). Ángel de la guarda se suma a una serie narrativa que tiene también otros matices, como el policial fantástico (José Güich; Ricardo Virhuez), el policial clásico con Lenin Solano o la narcoliteratura de Charlie Becerra. Se trata de una tradición popular en auge en el siglo XXI y que representan -en el plano ficcional- parte de la violencia ya “naturalizada” por los grandes medios de comunicación.

              Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos