miércoles, 2 de marzo de 2022

J. J. Maldonado. El amor es un perro que ruge desde los abismos. Lima: Emecé, 2021. 238 p.

 


J. J. Maldonado. El amor es un perro que ruge desde los abismos. Lima: Emecé, 2021. 238 p.

               El amor es un perro que ruge desde los abismos es una novela escrita por J. J. Maldonado (Lima, 1990), periodista, quien ha publicado anteriormente otros libros de narrativa. Esta novela -de título bukowskiano- se centra en el personaje juvenil de “Diosito” en un “Callao imaginario”, de ambiente urbano marginal, es por ello que con claridad aparecen dos referentes inevitables: Los inocentes (1960) de Oswaldo Reynoso y Al final de la calle (1993) de Óscar Malca, pero ambientados en la época actual, con cabinas de internet, la presencia de extranjeros malandros, la violencia e inseguridad ciudadana, prostitución, drogas, etc. Si en la novela pionera de Reynoso la collera celebraba las aventuras del ladronzuelo conocido como “El príncipe”, mientras juegan al taco, se debaten entre amores imaginarios de chicas de barrio decentes y prostitutas, o iban “a comprar el pan”; en Maldonado hay una radicalización propia de los tiempos actuales: consumen droga, se dedican al robo al paso (o planean dar un gran golpe), asisten a prostíbulos (en este punto los ritos de la sexualidad se mantienen casi inamovibles; aunque la masturbación pública en Reynoso era un castigo humillante, acá es expresión del exhibicionismo insano). En cuanto a la novela de Malca, tienen en común con la de Maldonado el futuro inmediato del joven marginal desempleado, sin experiencia laboral, consumidor de drogas. El rock subterráneo de Malca es desplazado por el rap callejero, la cultura skater y ciclista. Es decir, hay bases en común y también matices diferentes. Este universo juvenil de Maldonado está determinado por la marca de objetos, prendas de vestir, las modas juveniles del primer mundo que se replican en el cuarto mundo, en el que la apariencia es más importante que el ser, y en el que aún pervive lo racial como un modo de clasificar al otro.

               Ahora bien, la novela narra una serie de eventos relacionados con el personaje central que resultan reiterativos (drogas, vicios, sexuales, fantasías adolescentes). En algún momento el personaje sostiene sobre otro que “Nadie en su sano juicio podía enfatizar algo con tanta insistencia a menos que fuera una absoluta mentira” (110). Esta frase puede aplicarse también al primer arco de la novela. El conflicto central aparece solo cuando “Diosito” cree que será padre (tiene como pareja a Romana, la líder de una banda de chicas, las Heathers, pero luego se develará que es una mentira de ella para sacarle dinero a sus diversos amantes). A partir de este segundo arco es que hay una motivación del personaje para lograr un mejor trabajo, dejar las andanzas de la pandilla, etc., en suma, madurar (o volverse adulto). Este miedo o crisis de la paternidad conecta con la denominada “autoficción peruana” (conflicto con el padre o ser padre), aunque puesta no en personajes de clases altas limeñas sino urbano-populares (es falso pues que solo “Los ricos también lloran”). En el último arco se incluye la develación de la mentira (no será padre) y se suma un nuevo motivo: liberar a una chica -de nombre Selva- que está siendo objeto de tráfico y explotación de mujeres (demás está decir, que no solo le salva, sino que se va con ella en una imagen que remite a la icónica E.T. de Spielberg). El final de la novela tiene la ambientación similar a Attack The Block (2011), con la diferencia que en vez de una invasión alienígena, se trata de matones de la red de tráfico de mujeres que intentarán recuperar a “Selva”.

               Pero la novela es realista y usa con frecuencia un registro grotesco -a partir de la hipérbole- que resulta ascéptico y frío, porque no provoca humor ni tampoco asco (aunque claro, esto depende de los “nervios de acero” o sensibilidad del lector), pero están puestos en la novela con esa función que en mejor de los casos se cumple a medias. Desde descripciones sexuales, más ligadas a parafilias, pasando a fantasías corporales. Lo más destacado en este punto es integrar referencias del anime japonés a la novela, no solo como citas sino como versiones alternas justificadas por su propio trabajo como diseñador para una empresa de animes porno piratas, que luego se devela como de explotación sexual real.

               Dentro del grupo hay un personaje menor en protagonismo dentro de la banda Big Boy, de apodo “Smiley”, pero muy sugerente, que ingresa a la Facultad de Letras de San Marcos. De él se dice que: “Constantemente renegaba de su suerte en la literatura y solía decir que todo en esa élite cultural era pura porquería. Una vez me confesó que los poetas eran una sarta de cerdos vendidos al sistema, que existía una mafia dentro de las editoriales transnacionales para elegir caras bonitas, que los novelistas llegaban al éxito gracias a sus padrinos en los medios de comunicación, que solo los blanquitos y pitucos tenían voz para publicar sus poemarios y mierditas, y que los sanmarquinos como él estaban vedados en el universo literario peruano por cholos, feos y misios” (47). El componente clasista y racista de la industria cultural oficial limeña salta a la luz, además del necesario padrinazgo.

               También está el proyecto del “Gran Poema” de “Diosito” (escribir un verso en billetes de diez soles que tendrán una mayor circulación que los propios libros,  que se acerca a la poesía conceptual; y que remite parcialmente a la acción romántica en Serendipity) que es plagiado por poetas de clases altas, “con versos epidérmicos y mediocres. Estoy seguro que se trata de algún poetastro pituco que se percató del esquema de tu proyecto y que ahora se le ocurrió hacerlo en un billete de más valor […] un hijo de puta con plata, un blanquito de mierda, un huevón que, por pura posería, se la quiere pegar de intercultural y progre. Es uno de esos y ya lo tengo más o menos fichado. Y si tú y yo no hacemos algo pronto, el cabrón estará saliendo en reportajes de televisión, periódicos y ferias de libros como el poeta revolucionario del momento. Nada me sorprendería de ese ambiente que es prácticamente la comparsa orgiástica de nuestras letras nacionales […]” (139-140). Vemos que el “No es plagio, es copia” se ha normalizado; y de otro, el espectáculo necesario para la promoción y venta del autor que desplaza incluso al texto.

               Los elementos metaliterarios y la incorporación del anime japonés son los elementos más valiosos de una novela, que si bien tiene antecedentes en la narrativa peruana, está influenciada por la cultura norteamericana y la globalización.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

sábado, 27 de noviembre de 2021

Salvador Luis. Amanecerá. Columbia [EE.UU.], Elektrik Generatión, 2021. 77 p.

 

Salvador Luis. Amanecerá. Columbia [EE.UU.], Elektrik Generatión, 2021. 77 p.

               Salvador Luis (Lima, 1978) es un narrador peruano radicado en EE.UU. Estudió cine y literatura y su producción incorpora elementos de la cultura de masas. Amanecerá es una novela de ciencia ficción, pero posee un impulso vanguardista en tres niveles: en el lenguaje, es decir, usa una adjetivación atípica o extraña a los cánones regulares que provoca por momentos extrañamiento, pero que el narrador tiene la experticia de hacerlos naturales; en la historia en sí, ya que si bien parece una historia de CF convencional (el mad doctor) se permite las digresiones y subjetividades del personaje central (el hijo del mad doctor) frente a hechos más que insólitos; y en la estructura, ya que en la segunda parte se simula visualmente la carga de un archivo de un computador que lleva al lector a una cinta hipotética con una selección antológica inexistente de heavy metal ochentero y finalmente la palabra “Amanecerá”, que puede suponer un bucle temporal infinito o el ingreso a esa microucronía de la que se habla en la novela.

               En cuanto a la historia hay elementos minimalistas en juego: un mad doctor (o científico loco) interesado con acabar con la democracia norteamericana con su Proyecto de Solución Final de la Cuestión Humana; la voz del personaje central, un niño de 11 años producido por inseminación artificial, nacido en 1975 llamado Ethan, que vive en el Planetólogo (una especie de laboratorio gigante a escala natural), al cuidado de una mujer. Conforme avanza la trama se agregan datos como el que Adora Goliath se convierta en Presidenta de los EE.UU en 1987, lo que convierte a la  novela en una ucronía.

               El elemento clave de la novela es este invento que permite la microucronía (la duplicación del planeta tierra y sus habitantes, con la particularidad que los originales ignoran que han sido duplicados), que hace que el mad doctor domine a los dobles como marionetas. Adicionalmente se incorporan elementos pop como videojuegos, el heavy metal y series animadas japonesas, que sirven al personaje como motivos de comparación con la realidad que está viviendo (doble ironía porque desde el inicio se presentan estas memorias de alguien que ya está muerto, entonces, ¿cuál es el lugar de enunciación?).

               Como vemos, Amanecerá es una novela atípica dentro del canon contemporáneo peruano y expresa la carga imaginativa desbordante y delirante del autor, sin que pierda coherencia en ese universo que construye, con sus propias reglas, un artefacto autónomo, pero como la buena literatura, un reverso de nuestro mundo.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

miércoles, 27 de octubre de 2021

Víctor M. Lozada Andrade. Discerpo. Lima: Animal de invierno, 2021. 138 p.

 

ctor M. Lozada Andrade. Discerpo. Lima: Animal de invierno, 2021. 138 p.

 

               En esta segunda novela de Víctor M. Lozada Andrade (Arequipa, 1983) se plantea un escenario distópico provocado por un extraño virus que ataca los procesos psicológicos e impide la formación de sentimientos y emociones. Una de las distopías claves acerca de la anulación de los sentimientos es 1984 de Orwell, cuyo Ministerio del Amor solo tolera el amor hacia el Gran Hermano y al Partido, pero no entre sus miembros. Si bien la novela de Lozada se orienta más hacia la exploración de las implicancias filosóficas y humanas de la pérdida de las emociones (que sería aquello que nos haría humanos, a diferencia de las máquinas), hay dos películas con las que dialoga la novela: Equals (2015) y The purge (2013).

               En el caso de Equals, película distópica que presenta una sociedad en la cual los sentimientos han sido controlados y eliminados por la medicina para hacer de la sociedad mucho más productiva y eficiente, y en la que la expresión de emociones es tratada como el rebrote de una enfermedad del pasado que debe de controlarse, es claro que Discerpo podría leerse como una lejana precuela de Equals. En cuanto a The purge, la exacerbación de la violencia urbana y el descontrol por parte de grupos ultra-agresivos tiene conexiones con la parte final de la novela de Lozada. Estas conexiones pueden ser casuales, pero en el horizonte de lo contemporáneo, el cine en una referencia casi inevitable.

               Sobre la novela en sí, lo más interesante no es tanto el paralelo entre ese mundo representado distópico y su parecido con la realidad del covid 19, sino su intento por explorar el lado más humano a partir de los supuestos efectos del virus “discerpo”. En una primera parte la línea narrativa trata de reflexionar acerca de la finalidad, objetivo, o sentido de la vida en los humanos (de la que carecen los que padecen “discerpo”, que se asemejan a las personas con depresión y sin sentido positivo de la vida). Pero cuando trata -por momentos- de vincularlo a la filosofía oriental como solución alterna, es cuando se pierde la densidad psicológica y el conflicto.

               Dado que el personaje ya está infectado al inicio de la novela -y todo lo que está en medio no es más que un recuento de ese pasado reciente-, la voz narrativa construida por Lozada cuenta la historia sin afectos o sentimientos. Esto hace que la novela pueda entenderse como fría y ascéptica y hasta muy racional. Discerpo recoge otros elementos ya codificados de las distopías como los prejuicios contra los que padecen el virus, el aislamiento por parte del gobierno (al modo de guetos), y la ola de violencia urbana, y cuyo Estado es incapaz de poner orden. Pero más terrible que perder los afectos amorosos sería la perdida de la misericordia o compasión frente al otro doliente.

               En el cine las historias distópicas se centran en sujetos individuales que tratan de sobrevivir y de enfrentarse a la amenaza, pero nunca hay planes colectivos ni la lucha por la aparición de un nuevo orden social (más justo y solidario). El capitalismo – a través del imaginario del cine distópico- nos impide ver más allá. Discerpo se inserta en esta última línea, distópica y pesimista. Sobrevivir o morir: esa es la cuestión.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

martes, 19 de octubre de 2021

Miguel Sánchez Flores. Secta Pancho Fierro. Lima: Planeta, 2017. 166 p.

 

Miguel Sánchez Flores. Secta Pancho Fierro. Lima: Planeta, 2017. 166 p.

 

               Con Secta Pancho Fierro, Miguel Sánchez Flores (La Plata, 1979) obtuvo el VIII Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro. En 2016 publicó el libro de relatos Ciudades vencidas y en 2020 fue editor de Mitologías velasquistas. Con formación en periodismo, estudios de Literatura y una maestría en Historia del Arte en la PUCP, el autor propone en la novela una premisa sugerente: hay en el campo de la Historia del arte peruano una secta: “Empresarios, políticos, artistas, coleccionistas. Su principal función es escribir una historia del arte peruano elitista y excluyente. Les disgusta el arte popular, la artesanía y se alaban solo entre ellos. Basta mirar los pocos espacios culturales en diarios y revistas para darte cuenta que siempre son los mismos […]” (52).

               A partir de esta idea, el autor propone un juego al lector: hay una secta (no dice “mafia” que inclinaría las acciones hacia lo criminal, ni “argolla” ligada más al “compadrazgo” del que hablaba Luchting en los años 60 para referirse a la narrativa del boom latinoamericano), es decir, una comunidad cerrada y de tintes conservadores. Esta secta excluye toda forma de arte que no se ajusta a sus propios cánones de belleza o de artisticidad. Esto nos lleva a preguntar ¿Hasta qué punto la “argolla” cultural es un delito establecido en la ley? Curiosamente no son los licenciados con formación en Historia del arte (demás está decir que la única escuela en el nivel de pregrado y doctorado que existe en el Perú se encuentra en San Marcos), sino como dice el narrador “Empresarios, políticos, artistas, coleccionistas”, es decir, gente más vinculada al mercado del arte, a otras disciplinas, y a las clases dominantes, los que se encargan de escribir esta historia. Asimismo, la canonización se da a través de los medios de prensa, antes que por las investigaciones universitarias de circulación restringida.

               Es claro que la idea de una “secta” (“argolla” o “mafia”) no es nueva dentro del campo cultural limeño, pero Sánchez Flores es el primero en darle una forma ficcional. Si bien el tema puede ser muy marginal (en el sentido de que la cultura en general es como se dice popularmente “la última rueda del coche”, cuya problemática a nadie le importa, salvo a los que están inmersos en ella, que son la minoría del país), el autor logra crear -bajo los códigos de la novela policial- un texto de interés para el lector ajeno.

               La idea de la secta está diseminada a lo largo de la novela, pero la línea narrativa central se concentra en las diversas aventuras amorosas del narrador-personaje, matizadas con las pesquisas sobre las estampas apócrifas de Pancho Fierro. Esta búsqueda tiene por momentos, ecos lejanos a La última puerta (1999) de Roman Polanski y The Pledge (2001) de Sean Penn, aunque es claro que la referencia directa sea también El código Da Vinci (2003) de Dan Brown, pero sin insistir en la parte iconográfica. Así, la figura de este artista es más un pretexto, ya que el misterio no se devela con claridad. O mejor dicho, hay un juego entre realidad y ficción que propone el narrador por el cual, la premisa inicial (la existencia de la secta en sí) sería más una fantasía del personaje, antes que una realidad tangible, y en las últimas líneas, otra vez ambigua. Como dice el narrador: “Durante esa época me arrepentí de haber llevado la maestría de Historia del Arte, sobre todo en la Católica donde también había estudiado el pregrado en literatura y además enseñaba. No solo me hastiaba la educación marcadamente formalista sino además lo cerrado y egoísta de la institución artística peruana. Cada vez que, por culpa de las clases, visitaba la inauguración de una muestra sufría con los disfuerzos de los asistentes y de los artistas. Desde la sensación del fastidio, se me ocurrió la idea de una secta tan asesina como secreta […]” (152).

               Secta Pancho Fierro es una novela que entretiene, pero también invita a reflexionar sobre estos temas marginales de la cultura. Si la “secta” es real y existe, quedan solo dos caminos posibles: o me uno a ellos y a sus ideas (y paso por el “rito de iniciación”) o construyo un contradiscurso coherente. Usted, lector culto, decide.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos