lunes, 15 de junio de 2026

Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 


Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 

              Luis Freire Sarria (Lima, 1945) es uno de los escritores fantásticos más importantes de la segunda mitad del pasado siglo y del siglo XXI, junto a otras figuras emblemáticas como Harry Belevan, Carlos Calderón Fajardo y José B. Adolph. El estilo freiriano mezcla un humor corrosivo, transgresor (y acaso iconoclasta) que puede ser tanto político como nonsense, que produce textos que huyen del canon realista y del registro mimético al uso. Es por ello que varios de sus libros escapan a las posibles taxonomías de los taxidermistas y críticos disecadores de la literatura viva. Con gran acierto, Maquinaciones de José Donayre publica este nuevo libro de Freire (dejo constancia que Freire tiene en sus archivos varios otros libros raros que esperan el favor de los editores) titulado El abominable hombre de los desagües, titulo que alude a esa figura popular del “yeti”, también conocido como “el abominable hombre de las nieves”. Pero si el yeti es un animal mítico que vive en las blancas cordilleras del Himalaya y el Tibet, el monstruo de Freire es mucho más urbano y realista, alejado de esa fría blancura, y rodeado del calor de los desechos humanos que corren clandestinos tras el asfalto urbano.

El libro se divide en dos secciones: “Primeras monstruosidades” y “Segundas monstruosidades”. Figuras del imaginario popular, como el pistaco (“Se comienza por la mantequilla”) o un gato crítico de novedades literarias (“Burdel bonsái”) se dan cita en esta sección, es decir, monstruosidades populares y otras que se las inventa el propio Freire para pleno disfrute de sus lectores. En esa línea quisiera comentar “Hombre lobo, hombre coyote, hombre”, en el que aparece una versión latinoamericana del hombre lobo, degradado por las carencias propias de la región y convertido justamente en eso: en un hombre coyote que confiesa su condición sobrenatural a un académico (el “doctor Honores”, en el cuento), en una referencia paródica, quien descree en la posibilidad real de la existencia de seres sobrenaturales como el mencionado ser.

Otro relato en el que Freire pone toda su sensibilidad literaria es “Una obra de arte”, en la que se discute acerca de la belleza en el arte contemporáneo. Es una pieza magistral al tratar la naturaleza y estatus de lo bello desde coordenadas del absurdo y el vacío en el que se ha convertido ese juego llamado arte. Por cierto, también Alejandro Neyra ha tratado el tema en “Attaché”, desde el personaje del curador estafador. No es casual la preocupación de Freire por la belleza, que es finalmente a lo que aspira el verdadero artista.

“Mi Borges inflable” es otro cuento descabellado sobre la idolatría excesiva de un miembro de la academia sueca por Borges, al punto que guarda entre sus objetos preciados a su Borges personal en forma de muñeco inflable, casi como un secreto prohibido para todos sus conocidos, y con el que realiza actos mentales de corte erótico, prohibidos por el sentido común y la razón cartesiana.

En la segunda sección, estas monstruosidades continuaran desfilando por sus páginas, como jarjachas, momias, o un Frankenstein mendigo, es decir, tradiciones locales y globales. “Nocturno del descabezado” es uno de los más inquietantes, porque también Freire se las ingenia para orientar los textos no solo hacia el humor, sino hacia el terror psicológico. Lo mismo ocurre con “El maniquí rabioso”, otra genialidad de Freire que se apropia de los elementos del paisaje urbano para generar una situación fantástica. O también “El wetiko, ninfómano del amor”, en el que esta figura sobrenatural aparece para desenamorar. Aunque el wetiko es una especie de virus mental para los indígenas americanos, al wetiko de Freire “lo atraen las baladas melosas, los poemas baratos, las frases dulzonas que escucha mientras se desliza por las calles anochecidas, porque sabe que alumbran a los enamorados” (102).

              En este nuevo libro de Freire se unen ejes como lo urbano, las escenas de pobreza, y el horror, todo bajo la estructura del bestiario, del que Freire ha venido trabajando en otras publicaciones. Son cuentos breves de gran factura técnica, y muy alejados de las actuales escrituras de best seller que predomina en el panorama comercial literario. En suma, es literatura en su mejor expresión, y, sin duda, uno de los mejores libros de este año 2026.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 9 de junio de 2026

Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

 


Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

              Con más de quince libros publicados, Alejandro Neyra (Lima, 1974) es uno de los actuales referentes de la narrativa fantástica peruana. Diplomático de carrera, Neyra estudió también Literatura en San Marcos. Cultura peruana es un conjunto de relatos en los que Neyra, a partir de su experiencia como Ministro de cultura, en tres oportunidades, ficciona situaciones como buscando la esencia de lo nacional, es decir, lo que nos hace peruanos. Y uno de esos ejes es la propia cultura.

              A nivel estructural, la mayoría de cuentos de inscriben en ciertas constantes: el espacio suele ser ajeno a la capital, es decir, transcurre en zonas alejadas de la urbe. De otro lado, está la presencia de un observador (en este caso, un funcionario ligado al ministerio o el ministro mismo) de hechos y eventos que pueden filiarse a lo fantástico. El marco es la reciente pandemia global del Covid-19. También un impronta entre la crónica y el testimonio (ficticio), que en los textos se grafica por diversos subtítulos, como unidades temáticas. Finalmente, la constante autorreferencialidad al Perú es uno de los rasgos más claros del libro. Neyra utiliza el humor y la ironía para tratar estas “crónicas-testimoniales” con visos fantásticos.

              Así, el viaje de los funcionarios del gobierno a una zona de la selva ve envuelta en conflicto da pie para deslizar la presencia del chullachaqui (“El asesorcillo valiente (o la tierra prometida”); las ruinas de Sechín conectan con el pasado lovecraftniano (“Guerreros”); otro funcionario que logra ocupar el espacio simbólico del inca (“Inca por (un día) una vida”), con ciertos aires cortazarianos; o referencias a la película El secreto de los incas, en los que se diluye los límites entre ficción y realidad (“El secreto de los incas”) son algunos casos de lo afirmado líneas atrás.

              “Caliagnosia” es un caso aparte. Se trata de un cuento de ciencia ficción utópica en el que un descubrimiento casual al filmar una película (una especie de “cuarto oscuro”) permite a quien transita por ese espacio no distinguir la belleza física del otro, y por lo tanto, la posibilidad de eliminar la discriminación racial, étnica o física. Si bien el racismo y la discriminación han disminuido sustancialmente en este siglo, con respeto a lo que fue el siglo XX, aún sigue siendo un tema transversal a la sociedad peruana. Otro texto notable es “Attaché”. Acerca de la impostura en el arte contemporáneo peruano que desmitifica muchas de sus premisas y estatus.

              Neyra continúa así en Cultura peruana su búsqueda sobre la peruanidad y lo peruano, ejercicio que no resulta simple, sino al contrario, problemático y a la vez, necesario.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


sábado, 16 de mayo de 2026

Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

 


Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

Romina Paredes (Lima, 1987) estudió Traducción en la Universidad Ricardo Palma y una especialización en su campo en Barcelona. Monstruos es su segundo libro. El libro contiene once relatos y viñetas de extensión breve, muchos siguen una numeración en su estructura.

Así como en los últimos años hubo un “boom” de la autoficción y el conflicto con el padre, acá la entidad narradora reitera una crisis similar: el conflicto con la madre. Ello deriva en una baja autopercepción en los personajes femeninos sobre sí mismas. El entorno familiar es disfuncional. El padre es un alcohólico fumador, ausente del núcleo familiar, la madre es una figura tiránica, y la hija, una víctima, que consigue refugio en su mascota. Esta estructura se repite en varios de los cuentos como una constante. Incluso en las propias maneras del decir. En “El más blanco”, un cuento revestido de racismo, la mascota que no se adecúa al entrenamiento era, según la narradora del relato “un fracaso como yo. Una decepción en su árbol genealógico de campeones”. O “No tener hijos si sabes que te van a salir fallados. Odié ser madre desde que tu cabeza salió durante el parto” (20), le dice la madre a la hija-víctima. La frases resultan impostadas, incluso si provienen de las clases altas a las que pertenecen los personajes (se paga mil dólares por el cachorro). Por ello, resulta poco creíble que la hija haga una pollada para pagar los gastos de operación de la madre, ya que se menciona que la madre tiene una empresa de construcción (19). La aproximación al mundo popular es cuanto menos, dudoso.

Esta impronta se mantiene en otros relatos. En “Cuéntame algo bonito” un personaje afirma que su madre “Me quiso ahogar cuando nací porque no tenía plata. Ojalá me hubiera matado” (55). En “El matrimonio”, el personaje infantil sostiene que su abuela “nos hacía sentir como si nuestra existencia fuera un error en la matriz” (65). En “Hija del diablo” los recuerdos de infancia surgen en plena sustentación de tesis: “La respiración de mi madre en la habitación como la de un animal a punto de devorar a su presa” “Tú no eres mi hija […] Estás endemoniada” (99). O se trata de un mismo personaje monotemático o la escritura, en este caso, podría ser también catártica, para sanar heridas. Otros textos hablan sobre la violencia hacia la mujer e incluso intentan ser una alegoría sobre un estado de cosas (como ocurre en “Margarita”).

Quizás el único cuento que sale de esa aureola presentada como trágica sea “El matrimonio”, un cuento acerca de una familia (madre y dos hijas) no reconocida de un diputado nacional, de los deseos de matrimonio de la madre, el matriarcado de la abuela y los berrinches de las hijas durante la ceremonia. Esa premisa nos recuerda a los cuentos ribeyrianos. Aunque a diferencia de los cuentos de La palabra del mudo, no concluye en fracaso, es decir, sí se produce la unión, el cuento ofrece varias imágenes humorísticas y costumbristas de cierta mentalidad aspiracional o arribista, de la Lima del siglo XXI.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 23 de marzo de 2026

Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 


Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 

Sin duda, Vivir abajo (2018) es una novela más ambiciosa y mejor lograda que su opera prima El anticuario (2010) de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966). En su página oficial solo aparece una solitaria y breve entrevista (parafraseada) de Ernesto Carlin, como única prueba del interés de la crítica cultural local (la de Félix Reátegui se publica en México y la de Enrique Prochazka en Colombia). La historia se centra en la biografía de George, un ciudadano norteamericano aparentemente con doble ocupación: cineasta de vanguardia y espía cazador de nazis. La novela se divide en cuatro secciones. Las secciones I y IV (La piedra de la locura; Las reparaciones) tratan esta línea central desde un presente; mientras que las II y III (La salud de Mr. Richards; Puentes frágilmente construidos) reconstruyen la vida del personaje antes de los acontecimientos criminales ocurridos en Lima a inicios de los años 90, y ofrece una mirada a algunas dictaduras latinoamericanas de los 60.

La mirada del narrador es cercana a la de un viajero europeo del siglo XIX, alguien que mira con distancia la propia ciudad de Lima, con excepción de Miraflores como su locus central. Por ello, su aproximación a la compleja realidad del centro de Lima de los 90 (y sobre todo de lo popular) es superficial, aunque no es lo medular de la narración, solo el inicio de la trama. Por momentos, las referencias a la violencia terrorista es lejana, quizás porque comercialmente (sobre todo, pensando en un mercado internacional) no sea conveniente lo mimético; más bien, esa violencia engendrada por ideas radicales del pensamiento de izquierda se conecta con otras formas de violencia extrema (fascismo, nazismo) remanentes que aun sobreviven en América Latina (quizás ello explique eso de “Vivir abajo", como signo de una condición de los países del tercer mundo, en el que estos discursos aún perviven). George es la ficción, un justiciero, más allá que tenga que romper las reglas jurídicas, al torturar y asesinar a otros extorturadores y asesinos.

La novela tiene también una estructura claramente barroca, en el que no solo aparecen referencias explícitas al cine, sino ideas. Argumentos de películas de avantgarde; lo mismo ocurre con las novelas e historias que se sintetizan en pocas líneas. Esta estructura le permite al autor un discurrir discursivo, por momentos excesivo o disperso (porque puede ocurrir potencialmente todo y nada a la vez), pero que también ofrece algunas páginas brillantes. En este juego barroco los límites entre lo real y la ficción se difuminan.

A su modo, es una novela moral porque los pecados de los padres son heredados por sus hijos (en este caso, terminar por ejercer el mismo oficio). De otro, los hombres más cultos son los más criminales (George como cineasta de avantgarde, o el propio exnazi quien fungó de profesor de Historia del arte). Vivir abajo es una novela ambiciosa que moderniza el abordaje a las novelas de dictadores tradicional, insertando citas culturales del cine, la literatura y del arte, en donde pesa más la estructura y el artificio, que la historia real a secas.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Lenin Heredia Mimbela. Nada nos une. Lima: Buen puerto, 2025. 284 p.

 


Lenin Heredia Mimbela. Nada nos une. Lima: Buen puerto, 2025. 284 p.

          Lenin Heredia Mimbela (Piura, 1987) estudió literatura en la UNMSM, tiene una maestría en escritura creativa y cursa el doctorado en literatura en la misma universidad. Publicó el libro de cuentos La vida inevitable (2014) y la novela Morir en mi ley (2021), con la que Nada nos une tiene conexiones.

          La novela se aleja parcialmente del realismo mainstream (el conflicto entre padre e hijos, contados desde el punto de vista del hijo), para trasladar la crisis hacia el punto de vista de los padres (en este caso la madre de la protagonista), quien trata de buscar la causa de la muerte de su hija. Hay pues un carácter trágico de los hechos ya que se rompe la ley natural de vida: son los hijos los que entierran a sus padres, y no al revés. Quizás haya alguna conexión griega con Deméter quien busca a su hija Perséfone raptada por Hades.

Hasta cierto punto es una novela de costumbres, entendida como aquella que refiere una realidad sin llegar a la metáfora. El lenguaje es propio del best seller, con frases cortas y estilo directo (el autor se las arregla para dar diversos puntos de vista, pero con el mismo estilo). Puede leerse como una novela sobre una adolescente y su trágico final.

La historia no se cuenta modo lineal, ya que desde el principio ocurre el crimen y luego se van develando pistas sobre la razón. Y aquí la novela se envuelve en cierta trama política que va in crescendo, sobre todo en sus últimas páginas.

Sobre el título, bastante rupturista, llama la atención. ¿Se refiere a los afectos, es decir, a la llegada fatal de la muerte o a la imposibilidad de los hijos de amar -en la actualidad- a sus padres? ¿O que cada quien está cada vez más fragmentado en múltiples universos?¿O es más una ruptura de tipo generacional? Es decir, una generación consumida por la tecnología (que se refiere por breves momentos en la novela) que abre un abismo inevitable, con otro tipo de valores propios, como los de la denominada “Generación Z”.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


domingo, 22 de marzo de 2026

Gabriel Rimachi Sialer. Todos los muertos de mi felicidad. Lima: Summa, 2026. 102 p.

 


Gabriel Rimachi Sialer. Todos los muertos de mi felicidad. Lima: Summa, 2026. 102 p.

Gabriel Rimachi Sialer (Lima, 1974) estudió arqueología en la UNMSM, además de ejercer el periodismo. Como escritor de ficción tiene diversas publicaciones iniciadas con Despertares nocturnos (2000). También ha sido antologador (junto a Carlos Sotomayor) de 17 fantásticos cuentos peruanos en dos volúmenes (2008; 2012) y actualmente administra la página literaria Círculo de lectores.

Todos los muertos de mi felicidad es un conjunto de cuentos en el que predomina el realismo urbano (por momentos sucio) heredero de los narradores del 50 (Congrains, Ribeyro, Vargas Llosa, sobre todo este último). Su estilo destaca por el uso de frases cortas, referencias al cine y lo metatextual. Hay tres ejes centrales que ambientan sus narraciones: a) la corrupción y la pobreza de personajes pertenecientes a sectores populares; b) personajes de tipo universitario que fracasan en sus expectativas de “ascenso social”; c) el periodismo.

Así, destaco dos cuentos en esta línea. “Ciudad solitaria” narra la crisis que sufre una joven pareja de estudiantes frente a la decisión de abortar y el acto en sí. El carácter melodramático de la situación no es solo moral, sino existencial. El cuento parece ser una respuesta a todas las “aborteras” feministas, ya que logra gracias al detalle, representar la imagen de un ser vivo a quien se le está asesinando. Estos detalles resultan grotescos (y muy vividos), por lo que puede ser considerado un cuento antifeminista o antiwoke. Otro cuento es “Manual del ingresante”, en el que un ilegal extranjero consigue un trabajo precario, en que está expuesto a condiciones laborales pésimas y maltrato, por lo que al final la ciudad “se lo traga” (de ahí la referencia a la enorme mandíbula de la ciudad o el monstruo de mil cabezas, de los narradores del 50). Se produce un choque entre las expectativas del “migrante” y su desilusión.

Pero también hay espacio para narraciones que se alejan del realismo mimético convencional, como “Ofelia” (un canibalismo que podría ser “Z”) y “Paraísos artificiales”, más cercano a la CF contemporánea que involucra cómo la IA domina y controla los afectos humanos, con amenazas en la línea futurista de la serie Black Mirror.

Rimachi Sialer demuestra no solo oficio, sino una preocupación por temas alejados del realismo convencional mainstream (el divorcio, la muerte de la mascota familiar, el conflicto con el padre).

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 20 de febrero de 2026

Crisis de representación

 


Crisis de representación

              Es claro que la lista de escritores invitados a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires del 2026 genera más dudas que certezas. En realidad, ninguna lista va a calmar las aguas, siempre va a faltar alguien o sobrar muchos. Y con todos los criterios que maneja el comité “técnico”, al final, no terminan por representar a nadie. Nací en Lima, así que me tomé la molestia de ver quiénes (me) representan, según los criterios de selección, según el orden alfabético (los datos están sintetizados):

 

-Katya Adaui, según se indica en su página, es escritora y vive en Buenos Aires.

-Lizbeth Alvarado Campos de Gozzer, es profesora de la PUCP y dirige la editorial feminista Gafas Moradas

-Elizabeth Campos Sanchez, en Linkedln se presenta: “Soy una mujer con discapacidad visual por mi condición de albinismo, comprometida en hacer incidencia por la promoción y defensa de los derechos de las personas con discapacidad […]”

-Renato Cisneros, periodista de la Universidad de Lima, colaborador de El comercio

-Alonso Cueto, estudió Literatura en la PUCP, colaborador de El comercio

-Karina Gisela de la Vega Sarmiento, educadora, estudió en el Pedagógico de Monterrico

-Rafael Dumett, estudió Lingüística y en el TUC en la PUCP

-Jeremías Gamboa, periodista de la Universidad de Lima

-Ricardo González Vigil, crítico literario, estudió Literatura en la PUCP

-María Belen Milla, poeta, estudió literatura en la PUCP

-Romina Paredes, estudió Traducción e interpretación en la Universidad Ricardo Palma

-Eddy Ramos Ludeña, periodista, estudió comunicación en la Universidad Jaime Bausate y Mesa

-Jessica Rodríguez López, educadora, estudió en el Pedagógico de Monterrico

-Gustavo Rodríguez, estudió en el Instituto Peruano de Publicidad

-Margarita Saona, estudió literatura en la PUCP

-Celeste Viale, dramaturga, y profesora de la PUCP

-Ana María Vidal Carrasco, abogada, estudió Derecho en la PUCP

-Alfredo Villar, estudió literatura en la PUCP

-Ricardo Virhuez, estudió Derecho en la UNMSM

-Issa Watanabe, ilustradora, estudió Letras en la PUCP

-José Carlos Yrigoyen, periodista, estudió Derecho y Comunicación en la Universidad de Lima

-Carlos Yushimito, estudió literatura en la UNMSM

-Joseph Zárate, estudió comunicación en la UNMSM

 

Son 23 personas + 1 acompañante con discapacidad = 24, que viene a representar el 40% de la totalidad inicial (60 personas).

De esos 23, hay 10 que estudiaron en la PUCP, 3 en la U de Lima, 3 en la UNMSM, 2 en el Pedagógico de Monterrico (¿De qué universidad vienes?). Es claro el desbalance, sobre todo porque el único Premio Nobel de Literatura del país proviene de la UNMSM, fundada en 1551, no de instituciones privadas.

De esos 23, 6 estudiaron Comunicación, 6 Literatura (es curiosa la impresión que deja los que van en su condición de periodistas, provenientes de instituciones nacionales, que irán probablemente a “denunciar” los abusos cometidos en regímenes anteriores, o la “corrupción”; mientras que los que provienen de las particulares concentrarán su discurso más en el “arte”)

La muestra de Lima es bastante irregular, porque hay figuras discutibles, sobre todo las que están en relación con el “activismo” político, la supuesta “calidad” literaria de algunos, o “trayectoria” de otros que bien podrían ser reemplazados, salvo quizás Cueto (si va a dar testimonio sobre su amistad con MVLL), González Vigil (si va a hablar del canon literario peruano anterior a 1980, de acuerdo) o Yushimito, que conforman solo el 5%. Desconozco los criterios del comité “técnico” del MINCUL, pero la presencia de autores que publican en editoriales independientes de Lima, es también nula (o casi) ¿En qué editorial publicas?, resuena. Y también ¿De qué linaje vienes?, porque en este Perú tan colonial aún, el apellido pesa más por sobre el genuino talento.


Adenda

Contrafáctica comparte los criterios del MINCUL que se sintetizan en:

a) trayectoria (se habla de experiencia, pero no se dice de cuánto. ¿Tres años? ¿5? ¿más del 10? ¿20? ¿o más? Sin esos indicadores es gaseoso).

-reconocimiento e impacto (según el estadio profesional) [¿?] [¿quién o cómo se mide el “impacto”?]

b) diversidad territorial (para nacidos en regiones que viviendo en Lima mantienen vínculos con territorios distintos a Lima) [¿se cumple a rajatabla?]

c) diversidad étnica y lingüística

d) representación equilibrada por género

e) inclusión y accesibilidad

f) diversidad de géneros

g) conexión con el ecosistema del libro y la lectura y/o cultura argentina

-a través de vínculos temáticos o estéticos, por ejemplo, las vanguardias, el cuento fantástico, dice el documento, pero ¿quiénes son nuestros vanguardistas de la muestra? ¿cuáles los que producen literatura fantástica? No hay nadie en el grupo.

-conexiones históricas o biográficas […]

El documento es mucho más extenso, pero es claro que el punto “g” es el que nadie ha prestado la atención debida y se ha borrado de la selección, de lo contrario deberían de estar por mérito propio y según sus propias bases del MINCUL, José Güich Rodríguez (1963) y Christian Briceño (1984), ambos producen narrativa fantástica de polendas y estudiaron en Argentina. Es decir, más claro y redondo que eso no puede ser. Pero ya se sabe cómo funciona la argolla.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos