miércoles, 1 de julio de 2026

Harry Belevan. Prosas. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2025. T. I y II

 


Harry Belevan. Prosas. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2025. T. I y II

              En un panorama literario sobrepoblado de ofertas (todos publican libros, de toda temática, mayormente en editoriales independientes o autoedición, en Lima y en regiones; desde niños a jóvenes, adultos; con mucha o nula formación literaria, o aspiraciones artísticas), los libros realmente imprescindibles corren el riesgo de perderse entre esta bruma de publicaciones que sobrepasa a cualquier lector. Todos demandan lectores, atención, un tiempo, en suma, reconocimiento (¿o fama? ¿o ventas?). Y si pensamos que el mercado se interesa siempre por la novedad, lo último (o penúltimo, según Basadre), nuestros autores clásicos pueden pasar a un segundo plano.

              Esperemos que este no sea el caso de Harry Belevan (Lima, 1945), quien desde hace cincuenta años viene publicando libros claves dentro de la narrativa fantástica, y es referente obligado para las generaciones posteriores de los años 80 y siguientes, no solo en el ámbito local, sino latinoamericano y global. La Universidad Ricardo Palma ha tenido la excelente iniciativa de reunir toda su obra. Lo hizo anteriormente en 2022 con sus ensayos y crónicas titulado Textos (en dos volúmenes), y ahora vuelve a entregarnos Prosas, impreso en diciembre de 2025, pero que aún no ha sido presentado oficialmente en lo que va del año.

              Prosas no es solo una reunión de su obra narrativa o de ficción, sino, una selección del propio Belevan de lo ya publicado en medio siglo. Es decir, el autor decide elegir aquellas prosas con las que aún se identifica, y por lo tanto, le atribuye un peso singular al revisar su propia producción. Así, Prosas, no es solo una reunión, sino, un ejercicio de curaduría del propio autor. El primer tomo incluye los relatos breves, agrupados en secciones que retitulan sus clásicos: “Un incidente fatal y otros cuentos” agrupa textos originales de Escuchando tras la puerta y Fuegos artificiales, más alguno nuevo; “El retrato de Dora Gris y otros cuentos de bolsillo”, sus piezas cercanas al cuento breve y la minificción; “Sucedió en navidad y otros cuentos juveniles” parte de El titiritero que pasó al olvido; y cierra con dos piezas teatrales: Una diversión nocturna y nada más, y ¿Hoy es 8 o 9? El volumen dos incluye su novela Una muerte sin medida retitulada como Instrucciones para un asesinato (una historia que alude a la toma de la Embajada de Japón por parte del grupo terrorista del MRTA, y que entremezcla erotismo, política y ficción), y el clásico metatextual La piedra en el agua. También viene acompañado de un acertado prólogo de José Güich, otro referente clave de la generación inmediata, y un epílogo del propio Belevan, que esperamos no sea el cierre o reflexión final del maestro, sino la puerta que permite entrever una nueva producción suya.

Sin duda, la obra de Belevan amerita mayores estudios. Por ahora me detendré en lo nuevo, o relativamente reciente de sus “prosas”. “Un incidente fatal” es un cuento de tipo cortazariano que narra el encuentro fortuito con una mujer desconocida, quien despierta el interés erótico en el personaje. Lo singular es la presencia de la misteriosa mujer adherida a una prenda, cuyo olor no puede dejar de olvidar y se convierte en algo obsesivo, al punto de llevar al personaje central a un rito erótico mortal. Es decir, es el objeto (la prenda) la que contiene a esa presencia femenina subyugante. El aparente suicidio (el hombre ha quedado estrangulado por la prenda) viene a confirmar esa ambigüedad de lo fantástico en la que se mueve el autor en esta sección. Pero, lo más importante está en la insistencia ficcional del sentido del olfato, del olor, tan desprestigiado en relación a la vista o el oído, sentidos mucho más racionales o cerebrales. Hay más instinto en el cuento de lo que se muestra, que conecta con otro tipo de fantasías, menos exploradas en sus primeros libros, como lo popular.

Así, en “Sucedió en navidad” el ambiente festivo, con la recurrente imagen del regalo se trastoca en milagro, cuando un grupo de niños de un barrio popular reciben regalos del propio Papa Noel. Si bien el relato es tierno y se ajusta a las convenciones de este tipo de narraciones, el uso de la jerga callejera infantil permite atisbar un registro poco explorado por Belevan en sus primeras entregas. Y demás está decir, que en la propia figura de Papa Noel hay también cierta ambigüedad, dado que no hay certeza absoluta de su existencia real. En “Diagnóstico reservado” nuevamente el lenguaje es el centro, dado que cuenta la historia de un rígido profesor de medicina, de jerga muy especializada, que en sus clases se considera superior a los futuros médicos, exigiéndoles la terminología usada por él, y no sus equivalentes (que también son otra jerga). El giro se produce cuando inexplicablemente el profesor comienza a reducirse de tamaño (al modo de El hombre menguante de Matheson), descubriendo que al final, su jerga no servía para nada, ni para explicar su situación, ni para ofrecer un diagnóstico acertado, de allí el título del cuento. Pero más allá de la situación fantástica, Belevan pone en discusión el propio lenguaje como generador de lo fantástico, cuando el interlocutor apenas puede entrever el significado de las palabras, volviéndolas más oscuras, o crípticas, para explicar acaso situaciones que podrían ser referidas con términos más sencillo o de uso común. Es decir, el lenguaje en sí mismo ya tiene una potencia de fantasticidad.

En cuanto a las piezas teatrales, asistimos a un registro policial, ya explorado en La piedra en el agua. Es el caso de Una diversión nocturna y nada más, en el que un misterio criminal da pie para la irrupción de lo popular y del humor (otro aspecto que si bien no es nuevo en Belevan, se enfatiza aún más). La confusión de escenarios y situaciones da pie a una pieza claramente barroca, que recoge la situación de enredos y la ambigüedad entre realidad e ilusión (confusa). Los diversos puntos de vista del aparente crimen que se busca aclarar remiten también tanto al clásico Rashomon (1950) de Akira Kurosawa, como a Ghost Story (1981) de John Irvin, basada en el libro de Peter Straub, aunque esta última es narrada en clave de terror. En cuanto a ¿Hoy es 8 o 9? , es clara su filiación con el teatro del absurdo, lo metatextual, la clara conciencia de lo teatral, en el que el lenguaje en sí es el centro de la trama (en el que las palabras son deconstruidas), así como su ambigüedad, que hace regresar a Belevan por los caminos de lo fantástico.

              Prosas es una reunión antológica imprescindible para los lectores de literatura, que en Lima cada vez son menos, y que reúne las prosas de uno de nuestros autores más contemporáneos, en el que el lenguaje, el ingenio, los juegos de palabras, resultan más vitales que nunca.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 17 de junio de 2026

Gonzalo del Rosario. Restos humanos. Lima: Maquinaciones, 2026. 103 p.

 


Gonzalo del Rosario. Restos humanos. Lima: Maquinaciones, 2026. 103 p.

              Gonzalo del Rosario (Trujillo, 1986) pertenece a lo que en otro trabajo denomino como los “hijos de la cultura globalizada”, nacidos aproximadamente entre 1981 y 1992 (Honores 2024). Otro modo de abordar esta misma producción es en relación a la narrativa weird, en el que los géneros están tan mezclados, y ya no hay posibilidad de establecer un discurso fantástico “puro” o clásico, sino, al contrario, atraviesa otros registros como lo extraño, lo raro y lo insólito. En ese horizonte Del Rosario inscribe sus ficciones -que pueden ser incómodos al tratar ciertos temas, como la sexualidad- desde el humor o la violencia. Es una narrativa posmoderna mezclando la literatura con la cultura popular y de masas, y en este libro en particular destacan los personajes sicalípticos, las escenas sexuales, lo grotesco, la violencia escatológica y los mundos distópicos en colapso, en algunos casos, en la línea de la narrativa Z.

              Sobre el tema de la violencia, Del Rosario no inventa nada que no esté ocurriendo, lamentablemente, en la realidad. Acaso la discusión podría ser si representarla es moral o no, y esto nos llevaría a debatir otros temas como la libertad en la creación artística, ahora puesta en discusión con la reciente creación del “Colegio de Artistas”. Nadie es artista porque tenga un título de artista y menos aún porque un gremio de unos pocos políticos de turno lo decidan o no.

              Para entender la propuesta detengámonos en dos textos. En “Zombie love” un casting de películas para adultos nos descubre a Angélica, una estudiante de arte quien decide ingresar a este negocio. Pero lo extraño no es necesariamente el ingreso a este mundo semi clandestino, sino el marco futurista: la pandemia zombi que ha creado “nuevas” oportunidades, como los encuentros entre humanos y zombis. Si bien este elemento es ya anómalo, el narrador introduce un giro adicional: Angélica se enamora del zombi Fido, estrella del negocio, y decide infectarse para vivir eternamente con él, es decir, lo sexual se convierte acá en una animalización sin fin (o infinita) que degrada lo humano, y que solo se justifica porque Angélica se aliena a ese punto de buscar solo el goce y el placer, que incluso ni siquiera es humano. Es una máquina. El cuento es grotesco y critica el exceso de la sexualidad que se impone desde la publicidad, el cine y la vida misma. De otro lado, como subtexto, discute el estatuto de arte de los productos de serie B o Z, es decir, ¿Puede también ser arte este tipo de cine, que se aleja de los paradigmas de la belleza clásica?

              En “La rica Vicky la robot”, el narrador hace alusión a personajes de populares series de TV de los años 80 y 90 transmitidas en Lima. El texto se inscribe desde un marco posthumanista, por ello, se discute la naturaleza de los robots, utilizados como objetos y que carecen de los derechos. Las leyes a favor que se emiten para reconocerlos como humanos son ambiguas desde la perspectiva del narrador, dado que puede leerse como hechos absurdos (tratar a un robot como humano). Así, puede interpretarse como una reacción de rechazo a este tipo de acciones de defensa, antes que un alegato en favor de.

              El libro es atravesado por pandemias y visiones apocalípticas de un mundo en colapso permanente. Si bien es pesimista (el último relato “Todos vamos a desparecer” habla de una invasión alienígena, y que ningún arte humano, por más noble que sea, impedirá los sucesos contenidos en el propio título), hay que leerlo desde una clave humorística, para poder sobrevivir a sus efectos.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 15 de junio de 2026

Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 


Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 

              Luis Freire Sarria (Lima, 1945) es uno de los escritores fantásticos más importantes de la segunda mitad del pasado siglo y del siglo XXI, junto a otras figuras emblemáticas como Harry Belevan, Carlos Calderón Fajardo y José B. Adolph. El estilo freiriano mezcla un humor corrosivo, transgresor (y acaso iconoclasta) que puede ser tanto político como nonsense, que produce textos que huyen del canon realista y del registro mimético al uso. Es por ello que varios de sus libros escapan a las posibles taxonomías de los taxidermistas y críticos disecadores de la literatura viva. Con gran acierto, Maquinaciones de José Donayre publica este nuevo libro de Freire (dejo constancia que Freire tiene en sus archivos varios otros libros raros que esperan el favor de los editores) titulado El abominable hombre de los desagües, titulo que alude a esa figura popular del “yeti”, también conocido como “el abominable hombre de las nieves”. Pero si el yeti es un animal mítico que vive en las blancas cordilleras del Himalaya y el Tibet, el monstruo de Freire es mucho más urbano y realista, alejado de esa fría blancura, y rodeado del calor de los desechos humanos que corren clandestinos tras el asfalto urbano.

El libro se divide en dos secciones: “Primeras monstruosidades” y “Segundas monstruosidades”. Figuras del imaginario popular, como el pistaco (“Se comienza por la mantequilla”) o un gato crítico de novedades literarias (“Burdel bonsái”) se dan cita en esta sección, es decir, monstruosidades populares y otras que se las inventa el propio Freire para pleno disfrute de sus lectores. En esa línea quisiera comentar “Hombre lobo, hombre coyote, hombre”, en el que aparece una versión latinoamericana del hombre lobo, degradado por las carencias propias de la región y convertido justamente en eso: en un hombre coyote que confiesa su condición sobrenatural a un académico (el “doctor Honores”, en el cuento), en una referencia paródica, quien descree en la posibilidad real de la existencia de seres sobrenaturales como el mencionado ser.

Otro relato en el que Freire pone toda su sensibilidad literaria es “Una obra de arte”, en la que se discute acerca de la belleza en el arte contemporáneo. Es una pieza magistral al tratar la naturaleza y estatus de lo bello desde coordenadas del absurdo y el vacío en el que se ha convertido ese juego llamado arte. Por cierto, también Alejandro Neyra ha tratado el tema en “Attaché”, desde el personaje del curador estafador. No es casual la preocupación de Freire por la belleza, que es finalmente a lo que aspira el verdadero artista.

“Mi Borges inflable” es otro cuento descabellado sobre la idolatría excesiva de un miembro de la academia sueca por Borges, al punto que guarda entre sus objetos preciados a su Borges personal en forma de muñeco inflable, casi como un secreto prohibido para todos sus conocidos, y con el que realiza actos mentales de corte erótico, prohibidos por el sentido común y la razón cartesiana.

En la segunda sección, estas monstruosidades continuaran desfilando por sus páginas, como jarjachas, momias, o un Frankenstein mendigo, es decir, tradiciones locales y globales. “Nocturno del descabezado” es uno de los más inquietantes, porque también Freire se las ingenia para orientar los textos no solo hacia el humor, sino hacia el terror psicológico. Lo mismo ocurre con “El maniquí rabioso”, otra genialidad de Freire que se apropia de los elementos del paisaje urbano para generar una situación fantástica. O también “El wetiko, ninfómano del amor”, en el que esta figura sobrenatural aparece para desenamorar. Aunque el wetiko es una especie de virus mental para los indígenas americanos, al wetiko de Freire “lo atraen las baladas melosas, los poemas baratos, las frases dulzonas que escucha mientras se desliza por las calles anochecidas, porque sabe que alumbran a los enamorados” (102).

              En este nuevo libro de Freire se unen ejes como lo urbano, las escenas de pobreza, y el horror, todo bajo la estructura del bestiario, del que Freire ha venido trabajando en otras publicaciones. Son cuentos breves de gran factura técnica, y muy alejados de las actuales escrituras de best seller que predomina en el panorama comercial literario. En suma, es literatura en su mejor expresión, y, sin duda, uno de los mejores libros de este año 2026.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 9 de junio de 2026

Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

 


Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

              Con más de quince libros publicados, Alejandro Neyra (Lima, 1974) es uno de los actuales referentes de la narrativa fantástica peruana. Diplomático de carrera, Neyra estudió también Literatura en San Marcos. Cultura peruana es un conjunto de relatos en los que Neyra, a partir de su experiencia como Ministro de cultura, en tres oportunidades, ficciona situaciones como buscando la esencia de lo nacional, es decir, lo que nos hace peruanos. Y uno de esos ejes es la propia cultura.

              A nivel estructural, la mayoría de cuentos de inscriben en ciertas constantes: el espacio suele ser ajeno a la capital, es decir, transcurre en zonas alejadas de la urbe. De otro lado, está la presencia de un observador (en este caso, un funcionario ligado al ministerio o el ministro mismo) de hechos y eventos que pueden filiarse a lo fantástico. El marco es la reciente pandemia global del Covid-19. También un impronta entre la crónica y el testimonio (ficticio), que en los textos se grafica por diversos subtítulos, como unidades temáticas. Finalmente, la constante autorreferencialidad al Perú es uno de los rasgos más claros del libro. Neyra utiliza el humor y la ironía para tratar estas “crónicas-testimoniales” con visos fantásticos.

              Así, el viaje de los funcionarios del gobierno a una zona de la selva ve envuelta en conflicto da pie para deslizar la presencia del chullachaqui (“El asesorcillo valiente (o la tierra prometida”); las ruinas de Sechín conectan con el pasado lovecraftniano (“Guerreros”); otro funcionario que logra ocupar el espacio simbólico del inca (“Inca por (un día) una vida”), con ciertos aires cortazarianos; o referencias a la película El secreto de los incas, en los que se diluye los límites entre ficción y realidad (“El secreto de los incas”) son algunos casos de lo afirmado líneas atrás.

              “Caliagnosia” es un caso aparte. Se trata de un cuento de ciencia ficción utópica en el que un descubrimiento casual al filmar una película (una especie de “cuarto oscuro”) permite a quien transita por ese espacio no distinguir la belleza física del otro, y por lo tanto, la posibilidad de eliminar la discriminación racial, étnica o física. Si bien el racismo y la discriminación han disminuido sustancialmente en este siglo, con respeto a lo que fue el siglo XX, aún sigue siendo un tema transversal a la sociedad peruana. Otro texto notable es “Attaché”. Acerca de la impostura en el arte contemporáneo peruano que desmitifica muchas de sus premisas y estatus.

              Neyra continúa así en Cultura peruana su búsqueda sobre la peruanidad y lo peruano, ejercicio que no resulta simple, sino al contrario, problemático y a la vez, necesario.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


sábado, 16 de mayo de 2026

Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

 


Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

Romina Paredes (Lima, 1987) estudió Traducción en la Universidad Ricardo Palma y una especialización en su campo en Barcelona. Monstruos es su segundo libro. El libro contiene once relatos y viñetas de extensión breve, muchos siguen una numeración en su estructura.

Así como en los últimos años hubo un “boom” de la autoficción y el conflicto con el padre, acá la entidad narradora reitera una crisis similar: el conflicto con la madre. Ello deriva en una baja autopercepción en los personajes femeninos sobre sí mismas. El entorno familiar es disfuncional. El padre es un alcohólico fumador, ausente del núcleo familiar, la madre es una figura tiránica, y la hija, una víctima, que consigue refugio en su mascota. Esta estructura se repite en varios de los cuentos como una constante. Incluso en las propias maneras del decir. En “El más blanco”, un cuento revestido de racismo, la mascota que no se adecúa al entrenamiento era, según la narradora del relato “un fracaso como yo. Una decepción en su árbol genealógico de campeones”. O “No tener hijos si sabes que te van a salir fallados. Odié ser madre desde que tu cabeza salió durante el parto” (20), le dice la madre a la hija-víctima. La frases resultan impostadas, incluso si provienen de las clases altas a las que pertenecen los personajes (se paga mil dólares por el cachorro). Por ello, resulta poco creíble que la hija haga una pollada para pagar los gastos de operación de la madre, ya que se menciona que la madre tiene una empresa de construcción (19). La aproximación al mundo popular es cuanto menos, dudoso.

Esta impronta se mantiene en otros relatos. En “Cuéntame algo bonito” un personaje afirma que su madre “Me quiso ahogar cuando nací porque no tenía plata. Ojalá me hubiera matado” (55). En “El matrimonio”, el personaje infantil sostiene que su abuela “nos hacía sentir como si nuestra existencia fuera un error en la matriz” (65). En “Hija del diablo” los recuerdos de infancia surgen en plena sustentación de tesis: “La respiración de mi madre en la habitación como la de un animal a punto de devorar a su presa” “Tú no eres mi hija […] Estás endemoniada” (99). O se trata de un mismo personaje monotemático o la escritura, en este caso, podría ser también catártica, para sanar heridas. Otros textos hablan sobre la violencia hacia la mujer e incluso intentan ser una alegoría sobre un estado de cosas (como ocurre en “Margarita”).

Quizás el único cuento que sale de esa aureola presentada como trágica sea “El matrimonio”, un cuento acerca de una familia (madre y dos hijas) no reconocida de un diputado nacional, de los deseos de matrimonio de la madre, el matriarcado de la abuela y los berrinches de las hijas durante la ceremonia. Esa premisa nos recuerda a los cuentos ribeyrianos. Aunque a diferencia de los cuentos de La palabra del mudo, no concluye en fracaso, es decir, sí se produce la unión, el cuento ofrece varias imágenes humorísticas y costumbristas de cierta mentalidad aspiracional o arribista, de la Lima del siglo XXI.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 23 de marzo de 2026

Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 


Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 

Sin duda, Vivir abajo (2018) es una novela más ambiciosa y mejor lograda que su opera prima El anticuario (2010) de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966). En su página oficial solo aparece una solitaria y breve entrevista (parafraseada) de Ernesto Carlin, como única prueba del interés de la crítica cultural local (la de Félix Reátegui se publica en México y la de Enrique Prochazka en Colombia). La historia se centra en la biografía de George, un ciudadano norteamericano aparentemente con doble ocupación: cineasta de vanguardia y espía cazador de nazis. La novela se divide en cuatro secciones. Las secciones I y IV (La piedra de la locura; Las reparaciones) tratan esta línea central desde un presente; mientras que las II y III (La salud de Mr. Richards; Puentes frágilmente construidos) reconstruyen la vida del personaje antes de los acontecimientos criminales ocurridos en Lima a inicios de los años 90, y ofrece una mirada a algunas dictaduras latinoamericanas de los 60.

La mirada del narrador es cercana a la de un viajero europeo del siglo XIX, alguien que mira con distancia la propia ciudad de Lima, con excepción de Miraflores como su locus central. Por ello, su aproximación a la compleja realidad del centro de Lima de los 90 (y sobre todo de lo popular) es superficial, aunque no es lo medular de la narración, solo el inicio de la trama. Por momentos, las referencias a la violencia terrorista es lejana, quizás porque comercialmente (sobre todo, pensando en un mercado internacional) no sea conveniente lo mimético; más bien, esa violencia engendrada por ideas radicales del pensamiento de izquierda se conecta con otras formas de violencia extrema (fascismo, nazismo) remanentes que aun sobreviven en América Latina (quizás ello explique eso de “Vivir abajo", como signo de una condición de los países del tercer mundo, en el que estos discursos aún perviven). George es la ficción, un justiciero, más allá que tenga que romper las reglas jurídicas, al torturar y asesinar a otros extorturadores y asesinos.

La novela tiene también una estructura claramente barroca, en el que no solo aparecen referencias explícitas al cine, sino ideas. Argumentos de películas de avantgarde; lo mismo ocurre con las novelas e historias que se sintetizan en pocas líneas. Esta estructura le permite al autor un discurrir discursivo, por momentos excesivo o disperso (porque puede ocurrir potencialmente todo y nada a la vez), pero que también ofrece algunas páginas brillantes. En este juego barroco los límites entre lo real y la ficción se difuminan.

A su modo, es una novela moral porque los pecados de los padres son heredados por sus hijos (en este caso, terminar por ejercer el mismo oficio). De otro, los hombres más cultos son los más criminales (George como cineasta de avantgarde, o el propio exnazi quien fungó de profesor de Historia del arte). Vivir abajo es una novela ambiciosa que moderniza el abordaje a las novelas de dictadores tradicional, insertando citas culturales del cine, la literatura y del arte, en donde pesa más la estructura y el artificio, que la historia real a secas.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Lenin Heredia Mimbela. Nada nos une. Lima: Buen puerto, 2025. 284 p.

 


Lenin Heredia Mimbela. Nada nos une. Lima: Buen puerto, 2025. 284 p.

          Lenin Heredia Mimbela (Piura, 1987) estudió literatura en la UNMSM, tiene una maestría en escritura creativa y cursa el doctorado en literatura en la misma universidad. Publicó el libro de cuentos La vida inevitable (2014) y la novela Morir en mi ley (2021), con la que Nada nos une tiene conexiones.

          La novela se aleja parcialmente del realismo mainstream (el conflicto entre padre e hijos, contados desde el punto de vista del hijo), para trasladar la crisis hacia el punto de vista de los padres (en este caso la madre de la protagonista), quien trata de buscar la causa de la muerte de su hija. Hay pues un carácter trágico de los hechos ya que se rompe la ley natural de vida: son los hijos los que entierran a sus padres, y no al revés. Quizás haya alguna conexión griega con Deméter quien busca a su hija Perséfone raptada por Hades.

Hasta cierto punto es una novela de costumbres, entendida como aquella que refiere una realidad sin llegar a la metáfora. El lenguaje es propio del best seller, con frases cortas y estilo directo (el autor se las arregla para dar diversos puntos de vista, pero con el mismo estilo). Puede leerse como una novela sobre una adolescente y su trágico final.

La historia no se cuenta modo lineal, ya que desde el principio ocurre el crimen y luego se van develando pistas sobre la razón. Y aquí la novela se envuelve en cierta trama política que va in crescendo, sobre todo en sus últimas páginas.

Sobre el título, bastante rupturista, llama la atención. ¿Se refiere a los afectos, es decir, a la llegada fatal de la muerte o a la imposibilidad de los hijos de amar -en la actualidad- a sus padres? ¿O que cada quien está cada vez más fragmentado en múltiples universos?¿O es más una ruptura de tipo generacional? Es decir, una generación consumida por la tecnología (que se refiere por breves momentos en la novela) que abre un abismo inevitable, con otro tipo de valores propios, como los de la denominada “Generación Z”.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos