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jueves, 12 de febrero de 2026

José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 


José Donayre. En la garganta del diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.

 

En la garganta del diablo es el nuevo libro de José Donayre (1966). Por momentos, es un libro blasfemo, descreído e iconoclasta; en otros, se ajusta al relato de horror gótico, en el que el pasado es siempre amenazante; asimismo, el tono de leyenda sirve para envolver la verosimilitud de sus narraciones, ubicando sus acciones en un tiempo anterior al presente, en espacios lejanos no urbanos (en su mayoría), como la sierra, o incluso en la Europa de siglos atrás. Todo ello provoca un conjunto de textos eclécticos. También llama la atención sus cierres, que tienden hacia el final abierto y sin moraleja (a diferencia de los cuentos tradicionales). En los cuentos de Donayre el mal es gratuito, no hay razón que justifique su presencia: simplemente existe como existe el mundo desde hace siglos. También hay una recurrencia espacial por el subsuelo, lo que está debajo (muy gótico, por cierto), por lo cavernoso. Hay momentos de estética grotesca que remite a lo corporal y lo físico, pero que no se sobreexpone, sino que sugiere e inquieta.

Pero también hay cuentos urbanos, que no desentonan del conjunto, sino que extienden ese horror ancestral, eso imposible sin explicación, pero que inevitablemente ocurre. Son los casos de “La otra mano”, “La lengua de las sombras” (sobre un cuadro de Tilsa Tsuchiya, “Tristán e Isolda”), o el que da cierre al libro, “La garganta del diablo”, relatos en los que el lector, ya advertido desde el prólogo, sabe que va a ocurrir algo anómalo, aunque no sabe cómo. Así, si bien la tradición del gótico que va desde Clemente Palma a Stephen King, queda referida, el autor se las ingenia para incluir hálitos borgianos, como en “Entre los muros del tiempo”.

También hay otro eje temático que atraviesa varias narraciones: los hijos-monstruos. En el cine, el miedo a la deformidad física como producto del uso de píldoras  anticonceptivas viene alegorizada desde El bebé de Rosmery  (1968) de Polanski (aunque esta se inserta de modo explícito en lo demoníaco), y muchas otras narraciones que vinieron después (desde Eraserhead de Lynch a Alien de Scott, o The brood de Cronenberg), miedo que luego se extiende hacia la sobrepoblación (demasiados humanos en la tierra acabaran con todos los recursos), pero ¿cómo entender socialmente este nuevo miedo de hijos-monstruos en el s. XXI? Hoy, las nuevas generaciones son más asexuadas, furry, con identidades fluidas, asumen identidades de “cosas”, “objetos”. Entonces, este miedo donayreano no parece ser miedo al simple embarazo de la mujer de nacimiento (a estas alturas hay que aclararlo), sino a “aquello” que vendrá después: “cosas”, “objetos”, “furries” encarnados, ya vivos, o los "therians". El presente es ya horrible y amorfo, y el futuro será mucho peor. Están avisados.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 7 de enero de 2026

Ultraviolentos. Antología del cuento sádico en el Perú. Lima: Altazor, 2014. 419 p.

 


Ultraviolentos. Antología del cuento sádico en el Perú. Lima: Altazor, 2014. 419 p.

            Además de notable escritor de su generación, José Donayre (Lima, 1966) es también editor y agente cultural. Como editor viene realizando una serie de muestras narrativas. Una de ellas es Ultraviolentos, que en conjunto es uno de los mejores libros antológicos temáticos editados en el s. XXI.  Y el más arriesgado. El propio editor declaraba sobre el libro: “El ser humano todavía es un ser intolerante. Este libro es simplemente una evidencia estética de que el mundo sigue siendo un lugar difícil” (Prado, 2015). O también: “Si uno lee las crónicas sobre el Perú, va a encontrar páginas de violencia, ultraviolencia y sadismo, obviamente con fines políticos. Se podría decir que el Perú se funda sobre textos muy sanguinarios. Yo creo que somos herederos de esa cultura de lo sádico, lo violento y que está en nuestro imaginario” (Palacios, 2015). Y Fernando Honorio (2015) escribía sobre la antología que: “Cada uno de los relatos explora el lado más oscuro e insano del ser humano, pero, a la vez, el más real. No se trata de una apología a la violencia sino de una mirada reflexiva sobre la naturaleza humana dentro de un contexto hostil como el que se vive en el Perú”.

              En América Latina, el término se popularizó gracias al clásico de 1985 “Uno, dos, ultraviolento” del grupo punk Los violadores, que también estaba inspirado en La naranja mecánica de Kubrick, basada en la novela homónima de Anthony Burgess de 1962, quien crea el término original de la “ultraviolencia”, entendida como acciones de agresión física sin finalidad o remordimiento, en un escenario distópico.

En el prólogo de Donayre define la ultraviolencia no como respuesta inmediata (un momento de ira o de furia pasajera), sino más bien como un “deseo empozado de maltratar, violentar, vejar y eliminar, entra otras maniobras que buscan ejercer el poder de manera desbordante, con una dinámica en la que no vale el respeto por el otro ni, mucho menos, la misericordia, el perdón, la solidaridad o la empatía” (13). Es decir, sin ninguna señal de humanidad. En el Perú, se ejerce el poder de muchas formas arbitrarias, y no solamente mediante la coacción física, o la amenaza. Se humilla y se maltrata de muchas formas, como el cobrar una pensión miserable luego de haber aportado por muchos años, o que te programen una cita médica en el seguro social para dos o tres meses después. Eso también es ultraviolento. Y nos hemos acostumbrado a que eso es lo normal: la corrupción, la argolla.

Uno de los principales rasgos del psicópata es que no respeta las reglas ni las leyes. Al contrario, ejercer la violencia (en sus diversos grados y matices) les provoca placer. Ahora bien, hay diversos ejemplos de psicopatías. Desde los que hacen rugir sus motos maniobrándolas sobre una sola rueda, o subiéndose por las aceras, pasándose el alto de las luces del semáforo; o los taxicholos que incorporan monstruosos parlantes para ir ensordeciendo a todo el que se les cruza. Estos son los más “inofensivos” dentro de la fauna urbana (los más “elegantes” serían los de saco y corbata como los políticos, los que dan un golpe de Estado anunciando la disolución de las instituciones, y luego niegan los hechos; los estafadores, los falsos, los hipócritas, etc. etc.). En Perú, el uso del término “pendejo” se define como aquel que abusa de los otros, el más “vivo” y aprovechador (a diferencia del uso en México que es todo lo contrario). Entonces, estos personajes sádicos de la muestra han sido adaptados al entorno local, convirtiéndose en una mezcla de “psicópatas pendejos peruvianos” (PPP).

Ahora bien, comprendiendo las múltiples posibilidades ficcionales de tratar a este tipo de personajes llama la atención la restricción de los autores a concentrarse en algunos pocos motivos. Estos son: a) la agresión física sexual, en donde obviamente el cuerpo es el locus de la violencia; b) el canibalismo grotesco; o c) la tortura sádica, casi siempre en entornos urbanos, algunos en clave noir, criminal o del hampa. Es decir, “ultraviolencia”, en sentido literal, el ir “más allá” de la violencia es la agresión sexual. O al menos es lo primero que grosso modo se imaginan los autores. La violencia verbal no sería ya ultraviolencia (como podría entenderse hoy en plena decadencia de lo woke). Tampoco la ultraviolencia está asociada a la guerra, a las dictaduras socialistas, a incursiones militares, a escenarios tipo Auschwitz o fosas comunes; o a guerras planetarias entre civilizaciones, o narrativa zombi (esto último más en clave de CF, aunque sí hay una minoría que transita por acá).

Lo otro es el registro. A nivel general hay una paradoja en el hecho de usar códigos de la literatura para representar la ultraviolencia. Es decir, esta es obscena por naturaleza y representarla supone no solo un desafío técnico literario, sino también moral. Y dentro de la antología están aquellos que la ultraviolencia es un pretexto, dado que escriben estupenda literatura (como Carlos Calderón Fajardo, Antonio Gazís, Raúl Quiroz Andía, Cesar Sánchez Torrealba, Rodolfo Ybarra); otros que, además, logran captar esa esencia ultraviolenta del prólogo (como Víctor Coral, o Harol Gastelú). Y también los hay aquellos que, adicionalmente, se decantan por lo fantástico y la CF (como Jorge Montoya, Jorge Ureta, o Miguel Ángel Vallejo Sameshima). El texto de Ureta es weird y distópico acerca de un futuro enrarecido, semejante a The running man (1982) de King; el de Vallejo Sameshima, una distopía zombi; y el de Montoya, de estirpe lovecraftniano con sus ruinas y sus accesos a la locura.

La ultraviolencia es un escenario inestable, maleable, que no solo se reduce a los PPP, asesinos en serie o criminales. Puede extenderse mucho más, representar la ultraviolencia en la política; o desde escenarios y paisajes fantásticos. Tal como progresa actualmente el mundo, estos textos de Ultraviolentos pueden leerse también como anticipaciones del futuro porvenir, o de un presente ya en ruinas.

 

Referencias

Honorio, F. (2015). Ultraviolentos [reseña] Espinela 3: 58.

Palacios, M.  (2015) “FIL 2015: José Donayre presenta ‘Ultraviolentos’, una antología del cuento sádico en el Perú”. https://peru21.pe/cultura/fil-2015-jose-donayre-presenta-ultraviolentos-antologia-cuento-sadico-peru-190023-noticia/

Prado, M. (2015). “Hoy: Presentación de 'Ultraviolentos. Antología del Cuento Sádico en el Perú”. https://redaccion.lamula.pe/2015/07/21/hoy-presentacion-de-ultraviolentos-antologia-del-cuento-sadico-en-el-peru/manuelangeloprado/

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 4 de marzo de 2025

José Donayre (curador). XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe. Lima: Maquinaciones, 2024. 139 p.

 

José Donayre (curador). XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe. Lima: Maquinaciones, 2024. 139 p.

              Edgar Allan Poe (1809-1849) es uno de los autores más importantes de la literatura global. Su estilo y tropos han sido imitados hasta la saciedad tanto en las artes literarias como en el cine, lo que no solo confirma su sitial inamovible como modelo dentro de géneros como el terror, el horror y el gótico. Un libro que invita a reescribir los textos clásicos de Poe es, en principio, una empresa afortunada e infalible. Este es el caso de XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe, bajo la curaduría de José Donayre (1966). Como sostiene en el prólogo, la idea es no solo la traducción a Poe, sino que esta obra sea “interpretada, transformada, reescrita, replanteada, intervenida, traicionada y plagiada” (11). Así, los autores invitados disponen de un amplio campo de acción para intervenir, en el sentido de “entrometerse” o de “injerir” las fuentes.

Es curioso el hecho que no se haya elegido el término “parodiar” a Poe, no solo porque esta acción podría orientar los textos finales hacia lo cómico, pero recordemos también que existe una parodia seria, más cercana a la ironía, que practicó de manera solitaria y pionera el maestro José B. Adolph en la prensa limeña de los años 70, y que puso en práctica estilos disímiles de autores latinoamericanos, norteamericanos y europeos. El caso de XIII Exhumaciones… es opuesto: es la intervención a Poe desde códigos trágicos, enfatizando el terror, el horror y lo gótico serio.

Si bien todos los textos destacan por su calidad, dado que son autores con experiencia dentro de lo que se denomina en el prólogo como “escritura creativa”, creo que también ocurre una sensación parecida -en otro ámbito- al ocurrido en el año 2014 con Nirvana y su ingreso al salón de la fama del rock and roll, quienes sorprendieron al público con cuatro voces femeninas que “intervenían” las canciones del fallecido Cobain. En XIII Exhumaciones… ocurre algo similar: las voces femeninas son las más singulares, sus variaciones dejan una huella más profunda en el lector. Sin caer en juicios extraliterarios, la imaginación romántica y el desarrollo de lo macabro y lo lúgubre de Poe es mejor asimilado en las autoras de XIII Exhumaciones

La poética de Poe podemos sintetizarla en “la muerte de una mujer joven y bella”, como tema clásico de varios de sus relatos más famosos, y su variante de la mujer mórbida o enferma, y acaso con algunos tintes de locura. Estas variaciones a estos temas incluidos en XIII Exhumaciones… son manifiestos. Jorge Casilla (1982) agrega tintes de “La granja blanca” de Clemente Palma -heredero de Poe- en su relato variante de “Morella”. Raúl Quiroz (1973) y Juan Carlos Townsend (1964) prefieren la fidelidad a los originales “El tonel del amontillado” y “El retrato ovalado”, respectivamente. Notables son también los textos de Patricia Colchado (1981) por su incorporación de la figura de la bruja en su versión de “El gato negro”, Alina Gadea (1966) por el vuelo poético y las resonancias apocalípticas en su versión de “Berenice”, Valeria Montes (1999) al incluir elementos de lo grotesco y lo weird (raro) en la versión de “El escarabajo de oro”, o Mariangela Ugarelli (1993) por la intensidad del gótico en su variante de “Ligeia”, entre otros.

Quizás la gran admiración que profesan al escritor de Baltimore, y el hecho de hacer variantes a las obras maestras del relato corto haya sido una barrera difícil de superar, XIII Exhumaciones… demuestra que sí es posible “intervenir” a Poe, con resultados más que apreciables.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


domingo, 10 de marzo de 2024

Poldark Mego (Comp.). Visiones del Bicentenario. Lima: Maquinaciones, 2024. 95 p.

 

Poldark Mego (Comp.). Visiones del Bicentenario. Lima: Maquinaciones, 2024. 95 p.


 

2024 supone el fin de las celebraciones por el denominado “bicentenario” de la independencia del Perú, iniciados en el 2021. La corrupción reinante, los pésimos gobiernos de turno, y las instancias correspondientes del aparato estatal hicieron poco o nada para celebrar dignamente este momento. ¿o acaso no hay nada que celebrar? Algunos culpan a la pandemia de lo poco realizado, pero la sociedad civil, los proyectos individuales menguaron en algo este silencio. En esta línea es notable destacar el trabajo editorial de José Donayre (1966) tanto en como editor independiente o a través de su sello Maquinaciones, que ofreció títulos relativos a la celebración.

Uno de estos ejemplos es Visiones del bicentenario, compilación de Poldark Mego (1985), que incluye once narraciones ubicadas tanto en el registro fantástico como el de la ciencia ficción con el objeto de repensar estas fechas. En general los textos son bastante parejos en cuanto a su calidad. Quisiera detenerme en sus características transversales dominantes en el conjunto: a) figuras o espacios vinculados a las fuerzas militares; b) la burocracia estatal; c) pretensión alegórica o simbólica de los textos; d) feminismo o reivindicación de la mujer.

Resulta curioso que cuando se piensa en lo nacional, los autores de modo casi automático lo vinculen a los militares, acaso como un remanente o miedo a un golpe de Estado próximo (o porque son ellos los que realmente tienen el poder), que dadas las constantes crisis se vuelven amenazas permanentes. Hay una ausencia de figuras civiles que puedan erigirse como modelos colectivos, salvo los ya mencionados. De otro lado, junto a la noción de Estado, este viene acompañado de todo un aparato burocrático, que como sabemos en la práctica, funciona mal o cada vez peor. En tercer lugar, la alegoría es usada en función a servir de ejemplo, como enseñanza, es decir, en la mayoría de textos, hay un afán pedagógico de instruir, de enseñar al “pueblo” lector.   Finalmente, un rasgo de época: un tipo de feminismo que el propio lector será capaz de juzgar.

El más “realista” es “El jardín de las delicias” de Rocío Qespi (1962), que a pesar de su carácter grotesco, su tono ribeyriano, y la visualidad heredera del pintor flamenco “El Bosco”, de quien toma el título, nos resulta el más oportuno para estas fechas, en donde, a través de la visión alucinada, vemos los entretelones de la celebración, lo obsceno de los políticos y gobernantes.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 3 de marzo de 2024

José Donayre Hoefken. Siete mitos peruanos. Lima: Maquinaciones, 2023. 89 p. Ilustraciones de Luis Plazolles Valdivia.

 

José Donayre Hoefken. Siete mitos peruanos. Lima: Maquinaciones, 2023. 89 p. Ilustraciones de Luis Plazolles Valdivia.


 

 

José Donayre Hoefken (1966) es un narrador insólito no solo por los temas que trata en su producción, que van desde la novela de ciencia ficción experimental y surreal en La fabulosa máquina del sueño (1999; 2024), el existencialismo filosófico en Doble de vampiro (2012), el simbolismo y la autoficción en La descarnación del verbo (2011), entre otras formas híbridas; sino que es insólito porque parece haberse trazado una meta: que cada libro sea distinto al anterior. Como estilo personal resulta pues anticomercial (acaso punk), ya que el lector de masas estandarizado prefiere el lugar común, lo conocido, lo más digerible o lo que está de moda. No ocurre así con la obra de Donayre. Pero a pesar de la intención de ser diferente de manera permanente en cada entrega, hay algunos rasgos comunes que -grosso modo- en otro trabajo denominamos como estilo “lírico-digresivo”, y que tiene a Carlos Calderón Fajardo a uno de sus referentes claves.

En ese camino, Donayre nos entrega este libro que explora la mitología local -el tema mítico puede rastrearse en La trama de las moiras (2003), acaso su libro más legible-, titulado Siete mitos peruanos. Si bien el propio autor comenta en entrevista con Sarko Medina que el proyecto inicial eran 10 mitos y que al final se lograran concluir solo siete, el número podría dialogar con el viejo Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, es decir, se trata acá de mera casualidad.

Con fina sensibilidad, Donayre va articulando los mitos peruanos -en la línea de Hesíodo con la Teogonía-, cuyos rasgos panteístas, así como las pasiones de los dioses que resultan humanas, sobresalen. Asimismo, destaca el uso de la poesía, un registro que el autor transitó con mayor fervor en los lejanos años 90 del siglo pasado, no solo con la intención de darle una aureola más antigua o legendaria a los mitos, sino para enfatizar la belleza del imaginario andino.

El contexto en el que se inscribe el libro es el del bicentenario de la independencia (2021-2024), celebración bastante deslucida tanto por los efectos de la pandemia, como por la gestión de los actuales líderes políticos. Así, el libro plantea un retorno a lo propio en un contexto “global” que es importante destacar, no solo por el tema en sí mismo, sino por los méritos literarios y la búsqueda de una conciencia ancestral de lo peruano.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos