miércoles, 7 de enero de 2026

Ultraviolentos. Antología del cuento sádico en el Perú. Lima: Altazor, 2014. 419 p.

 


Ultraviolentos. Antología del cuento sádico en el Perú. Lima: Altazor, 2014. 419 p.

            Además de notable escritor de su generación, José Donayre (Lima, 1966) es también editor y agente cultural. Como editor viene realizando una serie de muestras narrativas. Una de ellas es Ultraviolentos, que en conjunto es uno de los mejores libros antológicos temáticos editados en el s. XXI.  Y el más arriesgado. El propio editor declaraba sobre el libro: “El ser humano todavía es un ser intolerante. Este libro es simplemente una evidencia estética de que el mundo sigue siendo un lugar difícil” (Prado, 2015). O también: “Si uno lee las crónicas sobre el Perú, va a encontrar páginas de violencia, ultraviolencia y sadismo, obviamente con fines políticos. Se podría decir que el Perú se funda sobre textos muy sanguinarios. Yo creo que somos herederos de esa cultura de lo sádico, lo violento y que está en nuestro imaginario” (Palacios, 2015). Y Fernando Honorio (2015) escribía sobre la antología que: “Cada uno de los relatos explora el lado más oscuro e insano del ser humano, pero, a la vez, el más real. No se trata de una apología a la violencia sino de una mirada reflexiva sobre la naturaleza humana dentro de un contexto hostil como el que se vive en el Perú”.

              En América Latina, el término se popularizó gracias al clásico de 1985 “Uno, dos, ultraviolento” del grupo punk Los violadores, que también estaba inspirado en La naranja mecánica de Kubrick, basada en la novela homónima de Anthony Burgess de 1962, quien crea el término original de la “ultraviolencia”, entendida como acciones de agresión física sin finalidad o remordimiento, en un escenario distópico.

En el prólogo de Donayre define la ultraviolencia no como respuesta inmediata (un momento de ira o de furia pasajera), sino más bien como un “deseo empozado de maltratar, violentar, vejar y eliminar, entra otras maniobras que buscan ejercer el poder de manera desbordante, con una dinámica en la que no vale el respeto por el otro ni, mucho menos, la misericordia, el perdón, la solidaridad o la empatía” (13). Es decir, sin ninguna señal de humanidad. En el Perú, se ejerce el poder de muchas formas arbitrarias, y no solamente mediante la coacción física, o la amenaza. Se humilla y se maltrata de muchas formas, como el cobrar una pensión miserable luego de haber aportado por muchos años, o que te programen una cita médica en el seguro social para dos o tres meses después. Eso también es ultraviolento. Y nos hemos acostumbrado a que eso es lo normal: la corrupción, la argolla.

Uno de los principales rasgos del psicópata es que no respeta las reglas ni las leyes. Al contrario, ejercer la violencia (en sus diversos grados y matices) les provoca placer. Ahora bien, hay diversos ejemplos de psicopatías. Desde los que hacen rugir sus motos maniobrándolas sobre una sola rueda, o subiéndose por las aceras, pasándose el alto de las luces del semáforo; o los taxicholos que incorporan monstruosos parlantes para ir ensordeciendo a todo el que se les cruza. Estos son los más “inofensivos” dentro de la fauna urbana (los más “elegantes” serían los de saco y corbata como los políticos, los que dan un golpe de Estado anunciando la disolución de las instituciones, y luego niegan los hechos; los estafadores, los falsos, los hipócritas, etc. etc.). En Perú, el uso del término “pendejo” se define como aquel que abusa de los otros, el más “vivo” y aprovechador (a diferencia del uso en México que es todo lo contrario). Entonces, estos personajes sádicos de la muestra han sido adaptados al entorno local, convirtiéndose en una mezcla de “psicópatas pendejos peruvianos” (PPP).

Ahora bien, comprendiendo las múltiples posibilidades ficcionales de tratar a este tipo de personajes llama la atención la restricción de los autores a concentrarse en algunos pocos motivos. Estos son: a) la agresión física sexual, en donde obviamente el cuerpo es el locus de la violencia; b) el canibalismo grotesco; o c) la tortura sádica, casi siempre en entornos urbanos, algunos en clave noir, criminal o del hampa. Es decir, “ultraviolencia”, en sentido literal, el ir “más allá” de la violencia es la agresión sexual. O al menos es lo primero que grosso modo se imaginan los autores. La violencia verbal no sería ya ultraviolencia (como podría entenderse hoy en plena decadencia de lo woke). Tampoco la ultraviolencia está asociada a la guerra, a las dictaduras socialistas, a incursiones militares, a escenarios tipo Auschwitz o fosas comunes; o a guerras planetarias entre civilizaciones, o narrativa zombi (esto último más en clave de CF, aunque sí hay una minoría que transita por acá).

Lo otro es el registro. A nivel general hay una paradoja en el hecho de usar códigos de la literatura para representar la ultraviolencia. Es decir, esta es obscena por naturaleza y representarla supone no solo un desafío técnico literario, sino también moral. Y dentro de la antología están aquellos que la ultraviolencia es un pretexto, dado que escriben estupenda literatura (como Carlos Calderón Fajardo, Antonio Gazís, Raúl Quiroz Andía, Cesar Sánchez Torrealba, Rodolfo Ybarra); otros que, además, logran captar esa esencia ultraviolenta del prólogo (como Víctor Coral, o Harol Gastelú). Y también los hay aquellos que, adicionalmente, se decantan por lo fantástico y la CF (como Jorge Montoya, Jorge Ureta, o Miguel Ángel Vallejo Sameshima). El texto de Ureta es weird y distópico acerca de un futuro enrarecido, semejante a The running man (1982) de King; el de Vallejo Sameshima, una distopía zombi; y el de Montoya, de estirpe lovecraftniano con sus ruinas y sus accesos a la locura.

La ultraviolencia es un escenario inestable, maleable, que no solo se reduce a los PPP, asesinos en serie o criminales. Puede extenderse mucho más, representar la ultraviolencia en la política; o desde escenarios y paisajes fantásticos. Tal como progresa actualmente el mundo, estos textos de Ultraviolentos pueden leerse también como anticipaciones del futuro porvenir, o de un presente ya en ruinas.

 

Referencias

Honorio, F. (2015). Ultraviolentos [reseña] Espinela 3: 58.

Palacios, M.  (2015) “FIL 2015: José Donayre presenta ‘Ultraviolentos’, una antología del cuento sádico en el Perú”. https://peru21.pe/cultura/fil-2015-jose-donayre-presenta-ultraviolentos-antologia-cuento-sadico-peru-190023-noticia/

Prado, M. (2015). “Hoy: Presentación de 'Ultraviolentos. Antología del Cuento Sádico en el Perú”. https://redaccion.lamula.pe/2015/07/21/hoy-presentacion-de-ultraviolentos-antologia-del-cuento-sadico-en-el-peru/manuelangeloprado/

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos