miércoles, 14 de enero de 2026

Gianni Biffi. Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura. Lima: Dendro, 2025. 197 p.

 


Gianni Biffi. Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura. Lima: Dendro, 2025. 197 p.

 

Este es el segundo libro de Gianni Biffi (Lima, 1977). La clave de lectura del libro es el humor, por ello quisiera detenerme en este punto que es central. Dentro de las teorías del humor existen básicamente tres: a) teoría de la superioridad, en donde el humor se produce por la humillación física hacia el otro (por ejemplo, el pastelazo que recibe un personaje, los golpes, o el tropiezo en plena calle, etc.); b) teoría de la catarsis, es decir, liberación del inconsciente (muchas veces en relación con lo sexual); teoría de la incongruencia, basado en juegos de palabras, el absurdo o el sinsentido. Esto último es lo que practica Biffi en su libro.

Ahora bien, dentro de la literatura peruana ¿hay uso del humor? O mejor dicho ¿hay una tradición del humor? Es obvio que sí. No es en estricto una presencia nueva. Pensemos en Ricardo Palma en el s. XIX, y ya en el siglo XX, el trabajo de Héctor Velarde, Luis Felipe Angell (Sofocleto), Juan Rivera Saavedra, y más adelante, la obra de José B. Adolph, Alfredo Bryce Echenique, Luis Freire Sarria, Nicolás Yerovi, Jaime Bayly, Alejandro Neyra, Daniel Salvo, Julio Meza Diaz, Daniel Gutiérrez Hijar, al que se suma Biffi. Es claro que no todos practican el mismo humor, hay muchos matices. Sofocleto distinguía la risa de la sonrisa. Decía que la risa es reírse a mandíbula abierta, a carcajadas; mientras que la sonrisa era más “intelectual”, que era lo que él practicaba. El humor de Sofocleto como el de Velarde venía más por la influencia anglosajona, también es el caso de Biffi. Ahora bien, es claro que salvo el caso de Bryce o Bayly, esta línea de humor ha sido marginal dentro de las “historias” de la literatura peruana, por considerarla caso un mero divertimento, eventual, o sobre todo, por el carácter trágico que se tiene acerca de lo que debe de ser la literatura peruana (o con modelos del realismo soviético del XIX, o la novela del boom de los años 60). Y si le sumamos a la “policía literaria” de la que hablaba Adolph, para referirse a los críticos que andan censurando todo por allí, agestando el rostro, o creyéndose superiores a los creadores, sin haber escrito nada (viejo tema que podría abrir un debate), es claro que el humor (y lo fantástico) han sido “ninguneados” (casi) siempre.

Con el humor ocurre lo mismo que lo fantástico. Se tiene una idea común, grosso modo, que lo fantástico tiene como elemento clave el miedo, y un texto que no asusta ni causa pavor o estremecimiento es, entonces, un mal texto. Y no se puede leer lo fantástico desde esas coordenadas, ignorando la tradición del propio género y su autonomía literaria. Lo mismo ocurre con el humor, si no provoca risa, entonces es un mal texto. Y aquí entramos en un terreno muy subjetivo: lo que puede darte risa a ti de repente no es risible para otro (más aún si un lector, desde el principio lee el texto a la defensiva por creerse a priori superior a todo). Lo que hay que entender es el uso del humor, medir sus intenciones dentro de ese mundo representado, y de si funciona o no como recurso estético. Ahora pasemos a comentar algunos textos del libro.

“Reconciliación nacional” abre el libro y puede leerse como un acta de principios de lo que leeremos. “Paco Yunque” de Vallejo es, sin duda, el texto más leído dentro de la escuela básica. El autor concibió el texto como la representación de una lucha de clases entre el obrero creador asalariado y el abusivo gamonal-empresario. En el cuento, Paco Yunque no se ve reivindicado ni en su creatividad ni en su condición de subalterno, sino al contrario, porque vemos el triunfo de Grieve, el triunfo de los abusivos, de los que tienen el poder, y deja un claro sinsabor en el lector. Vallejo escribió ese texto cuando era abiertamente declarado comunista. Y el texto buscaba que el lector tomará acciones concretas en la realidad: acaso la venganza desde la “revolución” contra los opresores reales. Biffi se toma la licencia de preguntarse “¿Qué pasaría sí…”, propio del impulso ucrónico, de realidad alterna, para especular sobre ese hipotético encuentro futuro, ya adultos, entre Paco y Grieve. Entonces, a la “composición ucrónica” de Biffi se une la cita cultural, la intertextualidad. Esta “composición ucrónica” tiene una base “materialista”, entendida como oposición de fuerzas y contradicción en una realidad social. ¿Es Biffi, materialista? Parece que sí. Porque vuelve a poner sobre el escenario ese mismo enfrentamiento, que une dos imposibles irreconciliables. Y si bien lleva a cabo la fantasía izquierdista de ver finalmente a Paco reivindicado, o vengándose de Grieve (como una lucha entre el bien y el mal), deja al lector en suspenso, porque en tras ese encuentro, Grieve es asesinado y se convierte luego en fantasma que sigue atormentando a Paco, y este finalmente, se suicida, lo que da pie a una continuación de la lucha entre ambas fuerzas en un plano, digamos, metafísico. Nadie gana ni pierde. La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Que sea risible o no es otra cuestión. En ese sentido, Biffi es iconoclasta, porque se burla de una tradición literaria acartonada, grave, en donde el humor ha sido prácticamente expulsado del canon, y las figuras del canon “no se tocan”.

Esta composición ucrónica (Qué pasaría sí…) y materialista (agudizar las contradicciones) está presente en los otros textos: el encuentro entre dioses nórdicos y andinos en “El duelo entre Illapa y Thor”; la relectura posmoderna de la fábula en “La tortuga y la liebre”; la unión entre un humano y una deidad lovecraftniana, con sus cuotas de absurdo, en “Kassoghta”; la unión entre la literatura romántica de Jane Austen y el barrio faite del Callao en “Barrio y prejuicio”; lo absurdo e inútil del arte moderno, el performance y arte conceptual en “Tensión lunar”, basado en un hecho real entre Eielson y la NASA; o el duelo verbal entre Cesar Vallejo y un rapero urbano, como ocurre en “MC Rapkólnikov”. Estos son algunos de los textos del libro. En otros, de corte más “realista”, irrumpe un personaje hipocondríaco o maniaco depresivo, que parece haber salido de algún guion de Woody Allen, con escenas medio cultistas tipo el cine de Wes Anderson, y cierto fracaso ribeyriano. Pero hay también clara influencia de la cultura norteamericana, de los sitcoms como Los Simpsons o South Park, de la cultura de masas en general, del cine e historietas, y cierto aire del stand up comic. Algunos “chistes” incluidos a lo largo de los cuentos podrían funcionar independientes de las narraciones.

Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura viene a clausurar una tradición realista cada vez más agónica, proponer el juego intelectual por sobre las convenciones aceptadas, la transgresión frente a lo políticamente correcto y lo woke. Es político a su modo, no tiene que ser necesariamente explícito en la violencia, porque el humor puede ser tierno, juguetón y algunas veces, hasta corrosivo.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos