Gustavo Faverón Patriau. Vivir
abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.
Sin duda,
Vivir abajo (2018) es una novela más ambiciosa y mejor lograda que su
opera prima El anticuario (2010) de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966).
En su página oficial solo aparece una solitaria y breve entrevista (parafraseada)
de Ernesto Carlin, como única prueba del interés de la crítica cultural local
(la de Félix Reátegui se publica en México y la de Enrique Prochazka en
Colombia). La historia se centra en la biografía de George, un ciudadano
norteamericano aparentemente con doble ocupación: cineasta de vanguardia y
espía cazador de nazis. La novela se divide en cuatro secciones. Las secciones
I y IV (La piedra de la locura; Las reparaciones) tratan esta línea central
desde un presente; mientras que las II y III (La salud de Mr. Richards; Puentes
frágilmente construidos) reconstruyen la vida del personaje antes de los acontecimientos
criminales ocurridos en Lima a inicios de los años 90, y ofrece una mirada a
algunas dictaduras latinoamericanas de los 60.
La mirada
del narrador es cercana a la de un viajero europeo del siglo XIX, alguien que
mira con distancia la propia ciudad de Lima, con excepción de Miraflores como
su locus central. Por ello, su aproximación a la compleja realidad del centro
de Lima de los 90 (y sobre todo de lo popular) es superficial, aunque no es lo
medular de la narración, solo el inicio de la trama. Por momentos, las
referencias a la violencia terrorista es lejana, quizás porque comercialmente
(sobre todo, pensando en un mercado internacional) no sea conveniente lo
mimético; más bien, esa violencia engendrada por ideas radicales del
pensamiento de izquierda se conecta con otras formas de violencia extrema
(fascismo, nazismo) remanentes que aun sobreviven en América Latina (quizás
ello explique eso de “Vivir abajo", como signo de una condición de los
países del tercer mundo, en el que estos discursos aún perviven). George es la
ficción, un justiciero, más allá que tenga que romper las reglas jurídicas, al torturar
y asesinar a otros extorturadores y asesinos.
La novela
tiene también una estructura claramente barroca, en el que no solo aparecen
referencias explícitas al cine, sino ideas. Argumentos de películas de avantgarde;
lo mismo ocurre con las novelas e historias que se sintetizan en pocas líneas. Esta
estructura le permite al autor un discurrir discursivo, por momentos excesivo o
disperso (porque puede ocurrir potencialmente todo y nada a la vez), pero que
también ofrece algunas páginas brillantes. En este juego barroco los límites
entre lo real y la ficción se difuminan.
A su
modo, es una novela moral porque los pecados de los padres son heredados por
sus hijos (en este caso, terminar por ejercer el mismo oficio). De otro, los
hombres más cultos son los más criminales (George como cineasta de avantgarde,
o el propio exnazi quien fungó de profesor de Historia del arte). Vivir
abajo es una novela ambiciosa que moderniza el abordaje a las novelas de
dictadores tradicional, insertando citas culturales del cine, la literatura y
del arte, en donde pesa más la estructura y el artificio, que la historia real a
secas.
Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de
San Marcos
