miércoles, 17 de junio de 2026

Gonzalo del Rosario. Restos humanos. Lima: Maquinaciones, 2026. 103 p.

 


Gonzalo del Rosario. Restos humanos. Lima: Maquinaciones, 2026. 103 p.

              Gonzalo del Rosario (Trujillo, 1986) pertenece a lo que en otro trabajo denomino como los “hijos de la cultura globalizada”, nacidos aproximadamente entre 1981 y 1992 (Honores 2024). Otro modo de abordar esta misma producción es en relación a la narrativa weird, en el que los géneros están tan mezclados, y ya no hay posibilidad de establecer un discurso fantástico “puro” o clásico, sino, al contrario, atraviesa otros registros como lo extraño, lo raro y lo insólito. En ese horizonte Del Rosario inscribe sus ficciones -que pueden ser incómodos al tratar ciertos temas, como la sexualidad- desde el humor o la violencia. Es una narrativa posmoderna mezclando la literatura con la cultura popular y de masas, y en este libro en particular destacan los personajes sicalípticos, las escenas sexuales, lo grotesco, la violencia escatológica y los mundos distópicos en colapso, en algunos casos, en la línea de la narrativa Z.

              Sobre el tema de la violencia, Del Rosario no inventa nada que no esté ocurriendo, lamentablemente, en la realidad. Acaso la discusión podría ser si representarla es moral o no, y esto nos llevaría a debatir otros temas como la libertad en la creación artística, ahora puesta en discusión con la reciente creación del “Colegio de Artistas”. Nadie es artista porque tenga un título de artista y menos aún porque un gremio de unos pocos políticos de turno lo decidan o no.

              Para entender la propuesta detengámonos en dos textos. En “Zombie love” un casting de películas para adultos nos descubre a Angélica, una estudiante de arte quien decide ingresar a este negocio. Pero lo extraño no es necesariamente el ingreso a este mundo semi clandestino, sino el marco futurista: la pandemia zombi que ha creado “nuevas” oportunidades, como los encuentros entre humanos y zombis. Si bien este elemento es ya anómalo, el narrador introduce un giro adicional: Angélica se enamora del zombi Fido, estrella del negocio, y decide infectarse para vivir eternamente con él, es decir, lo sexual se convierte acá en una animalización sin fin (o infinita) que degrada lo humano, y que solo se justifica porque Angélica se aliena a ese punto de buscar solo el goce y el placer, que incluso ni siquiera es humano. Es una máquina. El cuento es grotesco y critica el exceso de la sexualidad que se impone desde la publicidad, el cine y la vida misma. De otro lado, como subtexto, discute el estatuto de arte de los productos de serie B o Z, es decir, ¿Puede también ser arte este tipo de cine, que se aleja de los paradigmas de la belleza clásica?

              En “La rica Vicky la robot”, el narrador hace alusión a personajes de populares series de TV de los años 80 y 90 transmitidas en Lima. El texto se inscribe desde un marco posthumanista, por ello, se discute la naturaleza de los robots, utilizados como objetos y que carecen de los derechos. Las leyes a favor que se emiten para reconocerlos como humanos son ambiguas desde la perspectiva del narrador, dado que puede leerse como hechos absurdos (tratar a un robot como humano). Así, puede interpretarse como una reacción de rechazo a este tipo de acciones de defensa, antes que un alegato en favor de.

              El libro es atravesado por pandemias y visiones apocalípticas de un mundo en colapso permanente. Si bien es pesimista (el último relato “Todos vamos a desparecer” habla de una invasión alienígena, y que ningún arte humano, por más noble que sea, impedirá los sucesos contenidos en el propio título), hay que leerlo desde una clave humorística, para poder sobrevivir a sus efectos.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


lunes, 15 de junio de 2026

Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 


Luis Freire Sarria. El abominable hombre de los desagües. Lima: Maquinaciones, 2026. 124 p.

 

              Luis Freire Sarria (Lima, 1945) es uno de los escritores fantásticos más importantes de la segunda mitad del pasado siglo y del siglo XXI, junto a otras figuras emblemáticas como Harry Belevan, Carlos Calderón Fajardo y José B. Adolph. El estilo freiriano mezcla un humor corrosivo, transgresor (y acaso iconoclasta) que puede ser tanto político como nonsense, que produce textos que huyen del canon realista y del registro mimético al uso. Es por ello que varios de sus libros escapan a las posibles taxonomías de los taxidermistas y críticos disecadores de la literatura viva. Con gran acierto, Maquinaciones de José Donayre publica este nuevo libro de Freire (dejo constancia que Freire tiene en sus archivos varios otros libros raros que esperan el favor de los editores) titulado El abominable hombre de los desagües, titulo que alude a esa figura popular del “yeti”, también conocido como “el abominable hombre de las nieves”. Pero si el yeti es un animal mítico que vive en las blancas cordilleras del Himalaya y el Tibet, el monstruo de Freire es mucho más urbano y realista, alejado de esa fría blancura, y rodeado del calor de los desechos humanos que corren clandestinos tras el asfalto urbano.

El libro se divide en dos secciones: “Primeras monstruosidades” y “Segundas monstruosidades”. Figuras del imaginario popular, como el pistaco (“Se comienza por la mantequilla”) o un gato crítico de novedades literarias (“Burdel bonsái”) se dan cita en esta sección, es decir, monstruosidades populares y otras que se las inventa el propio Freire para pleno disfrute de sus lectores. En esa línea quisiera comentar “Hombre lobo, hombre coyote, hombre”, en el que aparece una versión latinoamericana del hombre lobo, degradado por las carencias propias de la región y convertido justamente en eso: en un hombre coyote que confiesa su condición sobrenatural a un académico (el “doctor Honores”, en el cuento), en una referencia paródica, quien descree en la posibilidad real de la existencia de seres sobrenaturales como el mencionado ser.

Otro relato en el que Freire pone toda su sensibilidad literaria es “Una obra de arte”, en la que se discute acerca de la belleza en el arte contemporáneo. Es una pieza magistral al tratar la naturaleza y estatus de lo bello desde coordenadas del absurdo y el vacío en el que se ha convertido ese juego llamado arte. Por cierto, también Alejandro Neyra ha tratado el tema en “Attaché”, desde el personaje del curador estafador. No es casual la preocupación de Freire por la belleza, que es finalmente a lo que aspira el verdadero artista.

“Mi Borges inflable” es otro cuento descabellado sobre la idolatría excesiva de un miembro de la academia sueca por Borges, al punto que guarda entre sus objetos preciados a su Borges personal en forma de muñeco inflable, casi como un secreto prohibido para todos sus conocidos, y con el que realiza actos mentales de corte erótico, prohibidos por el sentido común y la razón cartesiana.

En la segunda sección, estas monstruosidades continuaran desfilando por sus páginas, como jarjachas, momias, o un Frankenstein mendigo, es decir, tradiciones locales y globales. “Nocturno del descabezado” es uno de los más inquietantes, porque también Freire se las ingenia para orientar los textos no solo hacia el humor, sino hacia el terror psicológico. Lo mismo ocurre con “El maniquí rabioso”, otra genialidad de Freire que se apropia de los elementos del paisaje urbano para generar una situación fantástica. O también “El wetiko, ninfómano del amor”, en el que esta figura sobrenatural aparece para desenamorar. Aunque el wetiko es una especie de virus mental para los indígenas americanos, al wetiko de Freire “lo atraen las baladas melosas, los poemas baratos, las frases dulzonas que escucha mientras se desliza por las calles anochecidas, porque sabe que alumbran a los enamorados” (102).

              En este nuevo libro de Freire se unen ejes como lo urbano, las escenas de pobreza, y el horror, todo bajo la estructura del bestiario, del que Freire ha venido trabajando en otras publicaciones. Son cuentos breves de gran factura técnica, y muy alejados de las actuales escrituras de best seller que predomina en el panorama comercial literario. En suma, es literatura en su mejor expresión, y, sin duda, uno de los mejores libros de este año 2026.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


martes, 9 de junio de 2026

Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

 


Alejandro Neyra. Cultura peruana. Lima: Academia antártica, 2025. 182 p.

              Con más de quince libros publicados, Alejandro Neyra (Lima, 1974) es uno de los actuales referentes de la narrativa fantástica peruana. Diplomático de carrera, Neyra estudió también Literatura en San Marcos. Cultura peruana es un conjunto de relatos en los que Neyra, a partir de su experiencia como Ministro de cultura, en tres oportunidades, ficciona situaciones como buscando la esencia de lo nacional, es decir, lo que nos hace peruanos. Y uno de esos ejes es la propia cultura.

              A nivel estructural, la mayoría de cuentos de inscriben en ciertas constantes: el espacio suele ser ajeno a la capital, es decir, transcurre en zonas alejadas de la urbe. De otro lado, está la presencia de un observador (en este caso, un funcionario ligado al ministerio o el ministro mismo) de hechos y eventos que pueden filiarse a lo fantástico. El marco es la reciente pandemia global del Covid-19. También un impronta entre la crónica y el testimonio (ficticio), que en los textos se grafica por diversos subtítulos, como unidades temáticas. Finalmente, la constante autorreferencialidad al Perú es uno de los rasgos más claros del libro. Neyra utiliza el humor y la ironía para tratar estas “crónicas-testimoniales” con visos fantásticos.

              Así, el viaje de los funcionarios del gobierno a una zona de la selva ve envuelta en conflicto da pie para deslizar la presencia del chullachaqui (“El asesorcillo valiente (o la tierra prometida”); las ruinas de Sechín conectan con el pasado lovecraftniano (“Guerreros”); otro funcionario que logra ocupar el espacio simbólico del inca (“Inca por (un día) una vida”), con ciertos aires cortazarianos; o referencias a la película El secreto de los incas, en los que se diluye los límites entre ficción y realidad (“El secreto de los incas”) son algunos casos de lo afirmado líneas atrás.

              “Caliagnosia” es un caso aparte. Se trata de un cuento de ciencia ficción utópica en el que un descubrimiento casual al filmar una película (una especie de “cuarto oscuro”) permite a quien transita por ese espacio no distinguir la belleza física del otro, y por lo tanto, la posibilidad de eliminar la discriminación racial, étnica o física. Si bien el racismo y la discriminación han disminuido sustancialmente en este siglo, con respeto a lo que fue el siglo XX, aún sigue siendo un tema transversal a la sociedad peruana. Otro texto notable es “Attaché”. Acerca de la impostura en el arte contemporáneo peruano que desmitifica muchas de sus premisas y estatus.

              Neyra continúa así en Cultura peruana su búsqueda sobre la peruanidad y lo peruano, ejercicio que no resulta simple, sino al contrario, problemático y a la vez, necesario.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos