Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Faverón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Faverón. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2026

Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 


Gustavo Faverón Patriau. Vivir abajo. Lima: Peisa, 2018. 649 p.

 

Sin duda, Vivir abajo (2018) es una novela más ambiciosa y mejor lograda que su opera prima El anticuario (2010) de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966). En su página oficial solo aparece una solitaria y breve entrevista (parafraseada) de Ernesto Carlin, como única prueba del interés de la crítica cultural local (la de Félix Reátegui se publica en México y la de Enrique Prochazka en Colombia). La historia se centra en la biografía de George, un ciudadano norteamericano aparentemente con doble ocupación: cineasta de vanguardia y espía cazador de nazis. La novela se divide en cuatro secciones. Las secciones I y IV (La piedra de la locura; Las reparaciones) tratan esta línea central desde un presente; mientras que las II y III (La salud de Mr. Richards; Puentes frágilmente construidos) reconstruyen la vida del personaje antes de los acontecimientos criminales ocurridos en Lima a inicios de los años 90, y ofrece una mirada a algunas dictaduras latinoamericanas de los 60.

La mirada del narrador es cercana a la de un viajero europeo del siglo XIX, alguien que mira con distancia la propia ciudad de Lima, con excepción de Miraflores como su locus central. Por ello, su aproximación a la compleja realidad del centro de Lima de los 90 (y sobre todo de lo popular) es superficial, aunque no es lo medular de la narración, solo el inicio de la trama. Por momentos, las referencias a la violencia terrorista es lejana, quizás porque comercialmente (sobre todo, pensando en un mercado internacional) no sea conveniente lo mimético; más bien, esa violencia engendrada por ideas radicales del pensamiento de izquierda se conecta con otras formas de violencia extrema (fascismo, nazismo) remanentes que aun sobreviven en América Latina (quizás ello explique eso de “Vivir abajo", como signo de una condición de los países del tercer mundo, en el que estos discursos aún perviven). George es la ficción, un justiciero, más allá que tenga que romper las reglas jurídicas, al torturar y asesinar a otros extorturadores y asesinos.

La novela tiene también una estructura claramente barroca, en el que no solo aparecen referencias explícitas al cine, sino ideas. Argumentos de películas de avantgarde; lo mismo ocurre con las novelas e historias que se sintetizan en pocas líneas. Esta estructura le permite al autor un discurrir discursivo, por momentos excesivo o disperso (porque puede ocurrir potencialmente todo y nada a la vez), pero que también ofrece algunas páginas brillantes. En este juego barroco los límites entre lo real y la ficción se difuminan.

A su modo, es una novela moral porque los pecados de los padres son heredados por sus hijos (en este caso, terminar por ejercer el mismo oficio). De otro, los hombres más cultos son los más criminales (George como cineasta de avantgarde, o el propio exnazi quien fungó de profesor de Historia del arte). Vivir abajo es una novela ambiciosa que moderniza el abordaje a las novelas de dictadores tradicional, insertando citas culturales del cine, la literatura y del arte, en donde pesa más la estructura y el artificio, que la historia real a secas.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 18 de febrero de 2026

Gustavo Faverón Patriau. El anticuario. Lima: Peisa, 2019. 233 p.

 


Gustavo Faverón Patriau. El anticuario. Lima: Peisa, 2019. 233 p.

Esta es la opera prima de Gustavo Faverón (Lima, 1966), quien estudió literatura en la PUCP y doctorado en Cornell, además de ejercer la crítica literaria, y cuyas obras se han traducido a otros idiomas. La novela envuelve su trama sobre códigos del gótico (la muerta, la locura, el espacio cerrado del manicomio, los secretos de familia) y del policial (la investigación acerca de un extraño crimen pasional), pero que se alejan de sus modelos para ofrecer un registro de “alta” literatura.  Por momentos llega a un estilo lírico-digresivo y descripciones lujosas.

En cuanto a la estructura, (breves narraciones del “anticuario” que acompañan al relato central), se acerca a la figura de Scheherezade de Las mil y una noches, pero también a dos modelos locales: El avaro (1955) de Luis Loayza y Caballos de medianoche (1984) de Guillermo Niño de Guzmán. Incluso, la imagen del loco que cuenta su historia parece haber sido tomada de El gabinete del doctor Caligari (1920), film expresionista de Robert Wiene; y la casa en llamas final, tanto de E.A.Poe como de “La granja blanca” de Clemente Palma.

Las referencias espaciales a Lima o al Perú están recubiertas de tal modo, que no se distinguen del todo (se habla de la masacre de Uchuraccay, del diario El Comercio), pero de forma medio borrosa, porque la novela se dirige a un público más global. Los localismos son escasos o nulos. Puede ser el Perú o cualquier otro lado. En sí mismo esto no es ni bueno ni malo.

Poniendo un poco en perspectiva esta novela (publicada originalmente en 2010, y reeditada en Lima en 2019) diremos que se distancia del registro mimético convencional, de la temática social explícita, para ofrecer una novela llena de modismos borgianos, un libro acerca de otros libros (o narraciones contadas por otros personajes), pero el crimen en sí resulta más un artificio, y casi sin vida, o fría. No hay revelación final.

Por otro lado, también llama la atención (siguiendo su propia página oficial) que la crítica periodística local lo haya prácticamente borrado (se cuentan a Alonso Cueto en Hueso Húmero; a Luis Hernán Castañeda, en Moleskine literario, blog de Iván Thays; Mónica Belevan, en The Barcelona Review; y otros breves comentarios de Peter Elmore y Rosella Di Paolo). Una digresión al margen: en el mundillo literario es inevitable que se formen redes de contactos (o “alianzas estratégicas”, como dicen en el mundo corporativo), pero también hay que distinguir entre estas redes: a) la cordialidad, b) la simpatía, c) la admiración sincera, y d) la amistad más íntima. Siempre he creído que el verdadero crítico es más bien un ser solitario.

No se puede negar que El anticuario está bien escrita (pero ¿No es lo mínimo que se esperaría de un escritor en un sistema literario “industrial”?) que se aleja de la regularidad que ofrecía (¿y sigue ofreciendo?) el mercado local en la década del 2010.

Digresión final, Borges y lo metaliterario es ya un modelo canónico dentro de la literatura latinoamericana, y sus temas o tropos alcanzaron su mayor punto local con Un único desierto (1997) de Enrique Prochazka, que abre un nuevo horizonte para lo fantástico, pero que aún sigue siendo una figura marginal.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos