sábado, 16 de mayo de 2026

Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

 


Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118 p.

Romina Paredes (Lima, 1987) estudió Traducción en la Universidad Ricardo Palma y una especialización en su campo en Barcelona. Monstruos es su segundo libro. El libro contiene once relatos y viñetas de extensión breve, muchos siguen una numeración en su estructura.

Así como en los últimos años hubo un “boom” de la autoficción y el conflicto con el padre, acá la entidad narradora reitera una crisis similar: el conflicto con la madre. Ello deriva en una baja autopercepción en los personajes femeninos sobre sí mismas. El entorno familiar es disfuncional. El padre es un alcohólico fumador, ausente del núcleo familiar, la madre es una figura tiránica, y la hija, una víctima, que consigue refugio en su mascota. Esta estructura se repite en varios de los cuentos como una constante. Incluso en las propias maneras del decir. En “El más blanco”, un cuento revestido de racismo, la mascota que no se adecúa al entrenamiento era, según la narradora del relato “un fracaso como yo. Una decepción en su árbol genealógico de campeones”. O “No tener hijos si sabes que te van a salir fallados. Odié ser madre desde que tu cabeza salió durante el parto” (20), le dice la madre a la hija-víctima. La frases resultan impostadas, incluso si provienen de las clases altas a las que pertenecen los personajes (se paga mil dólares por el cachorro). Por ello, resulta poco creíble que la hija haga una pollada para pagar los gastos de operación de la madre, ya que se menciona que la madre tiene una empresa de construcción (19). La aproximación al mundo popular es cuanto menos, dudoso.

Esta impronta se mantiene en otros relatos. En “Cuéntame algo bonito” un personaje afirma que su madre “Me quiso ahogar cuando nací porque no tenía plata. Ojalá me hubiera matado” (55). En “El matrimonio”, el personaje infantil sostiene que su abuela “nos hacía sentir como si nuestra existencia fuera un error en la matriz” (65). En “Hija del diablo” los recuerdos de infancia surgen en plena sustentación de tesis: “La respiración de mi madre en la habitación como la de un animal a punto de devorar a su presa” “Tú no eres mi hija […] Estás endemoniada” (99). O se trata de un mismo personaje monotemático o la escritura, en este caso, podría ser también catártica, para sanar heridas. Otros textos hablan sobre la violencia hacia la mujer e incluso intentan ser una alegoría sobre un estado de cosas (como ocurre en “Margarita”).

Quizás el único cuento que sale de esa aureola presentada como trágica sea “El matrimonio”, un cuento acerca de una familia (madre y dos hijas) no reconocida de un diputado nacional, de los deseos de matrimonio de la madre, el matriarcado de la abuela y los berrinches de las hijas durante la ceremonia. Esa premisa nos recuerda a los cuentos ribeyrianos. Aunque a diferencia de los cuentos de La palabra del mudo, no concluye en fracaso, es decir, sí se produce la unión, el cuento ofrece varias imágenes humorísticas y costumbristas de cierta mentalidad aspiracional o arribista, de la Lima del siglo XXI.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos