Romina Paredes. Monstruos. Lima: Tusquets, 2022. 118
p.
Romina Paredes (Lima, 1987) estudió
Traducción en la Universidad Ricardo Palma y una especialización en su campo en
Barcelona. Monstruos es su segundo libro. El libro contiene once relatos
y viñetas de extensión breve, muchos siguen una numeración en su estructura.
Así como en los últimos años hubo un
“boom” de la autoficción y el conflicto con el padre, acá la entidad narradora
reitera una crisis similar: el conflicto con la madre. Ello deriva en una baja autopercepción
en los personajes femeninos sobre sí mismas. El entorno familiar es
disfuncional. El padre es un alcohólico fumador, ausente del núcleo familiar,
la madre es una figura tiránica, y la hija, una víctima, que consigue refugio
en su mascota. Esta estructura se repite en varios de los cuentos como una
constante. Incluso en las propias maneras del decir. En “El más blanco”, un
cuento revestido de racismo, la mascota que no se adecúa al entrenamiento era,
según la narradora del relato “un fracaso como yo. Una decepción en su árbol
genealógico de campeones”. O “No tener hijos si sabes que te van a salir
fallados. Odié ser madre desde que tu cabeza salió durante el parto” (20), le
dice la madre a la hija-víctima. La frases resultan impostadas, incluso si
provienen de las clases altas a las que pertenecen los personajes (se paga mil dólares
por el cachorro). Por ello, resulta poco creíble que la hija haga una pollada
para pagar los gastos de operación de la madre, ya que se menciona que la madre
tiene una empresa de construcción (19). La aproximación al mundo popular es
cuanto menos, dudoso.
Esta impronta se mantiene en otros
relatos. En “Cuéntame algo bonito” un personaje afirma que su madre “Me quiso
ahogar cuando nací porque no tenía plata. Ojalá me hubiera matado” (55). En “El
matrimonio”, el personaje infantil sostiene que su abuela “nos hacía sentir
como si nuestra existencia fuera un error en la matriz” (65). En “Hija del
diablo” los recuerdos de infancia surgen en plena sustentación de tesis: “La
respiración de mi madre en la habitación como la de un animal a punto de
devorar a su presa” “Tú no eres mi hija […] Estás endemoniada” (99). O se trata
de un mismo personaje monotemático o la escritura, en este caso, podría ser también
catártica, para sanar heridas. Otros textos hablan sobre la violencia hacia la
mujer e incluso intentan ser una alegoría sobre un estado de cosas (como ocurre
en “Margarita”).
Quizás el único cuento que sale de
esa aureola presentada como trágica sea “El matrimonio”, un cuento acerca de una
familia (madre y dos hijas) no reconocida de un diputado nacional, de los
deseos de matrimonio de la madre, el matriarcado de la abuela y los berrinches
de las hijas durante la ceremonia. Esa premisa nos recuerda a los cuentos
ribeyrianos. Aunque a diferencia de los cuentos de La palabra del mudo,
no concluye en fracaso, es decir, sí se produce la unión, el cuento ofrece
varias imágenes humorísticas y costumbristas de cierta mentalidad aspiracional o
arribista, de la Lima del siglo XXI.
Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
