lunes, 27 de julio de 2015

Mariana Enríquez. LOS PELIGROS DE FUMAR EN LA CAMA. Lima: Santuario Editorial, 2015. 163 páginas.




Mariana Enríquez. LOS PELIGROS DE FUMAR EN LA CAMA. Lima: Santuario Editorial, 2015. 163 páginas.

 

            El libro de Mariana Enríquez es un conjunto de cuentos de terror de estilo clásico, que se nutre tanto de la tradición argentina como de la cultura e imaginario popular, pero que expresa, además, una herencia del cine de David Cronenberg o Atom Egoyan. El principal eje de libro es su aproximación a lo real que muchas veces lleva a los personajes a situaciones en las que lo siniestro y el horror cobran vida en espacios vacíos o en  presencias fantasmales que retornan porque –como afirma Slavoj Žižek– “no están adecuadamente enterrados” (como ocurre en “El desentierro de la Angelita”, “El mirador”, “Chicos que faltan” y “Cuando hablábamos con los muertos”). Esa cosa real que se siente próxima es la generadora del efecto del miedo. En varios cuentos el terror se hace presente en espacios periféricos de la urbe, lejos del caos cotidiano, y más próximos a la naturaleza. Los miedos de la infancia cobran vida, así como la esfera de lo sexual y los ritos de iniciación relacionados a este construyen un universo en el que son reales las brujas, los maleficios, pero también lo anormal y las parafilias. La mujer monstruo adquiere potencia en los relatos como ser marginal y transgresivo: como un ser otro.

            El libro es un conjunto perfecto de relatos de terror físico, que bajo las formas de lo natural encubre una dimensión sobrenatural, es decir, a pesar del carácter realista de muchos cuentos la ambigüedad  y la vacilación potencian aún más el terror. Enríquez muestra un gran dominio de las técnicas, estructuras y códigos del género. A la vez, esto le permite trastocar relatos clásicos como “El corazón delator” de E. A. Poe en “Dónde estás corazón”; “Los niños del maíz” de S. King en “Chicos que faltan”; o ecos lovecraftnianos en “Carne”, en todos con gran originalidad. Si bien hay una causa-efecto en todos los cuentos  que explican la irrupción posible de lo fantástico (por ejemplo, el maleficio, o el milagro siniestro), solo en “Chicos que faltan” no se llega a tener una explicación que se ajuste a la experiencia de la realidad como algo compartido. El libro de Enríquez es un libro recoge lo mejor de la tradición y lleva al lector a finales insospechados y perfectos.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 26 de julio de 2015

David Roas. Bienvenidos a Incaland®. Madrid: Páginas de espuma, 2014. 138 pp.




David Roas. Bienvenidos a Incaland®. Madrid: Páginas de espuma, 2014. 138 pp.

 

Bienvenidos a Incaland ® el nuevo libro de David Roas (Barcelona, 1965),  es la versión fílmica de Indiana Jones y la calavera de cristal pero escrita por los Monty Python. Al igual que el film que representa al Perú, es un libro delirante en el sentido literal de la palabra. Si Colón al llegar a América creyó llegar al edén, el alter-ego de David (a quien llamaremos por comodidad Roas) cree haber llegado al infierno, a una especie de Wayward Pines andino. Al igual que en la historia que protagoniza Matt Dillon, el único modo de salir del infierno es por el aire. Lima es una ciudad cercada, semejante al universo planteado en la serie del canal Fox, producida por Night Shyamalan. El Roas-turista se ve pronto en una ciudad cercada de monstruos (los abbies, traducción local: las llamas) rodeado de seres humanos raros y costumbres  extrañas y sobre todo, en donde no hay salida, es decir, entrar al Perú es ingresar a The Twilight zone, la dimensión desconocida en la que nada es lo que parece y terminamos por descubrir zonas insólitas, abyectas, excluidas, no reconocidas por el sujeto aristotélico-cartesiano.

En una entrevista, David nos da una clave de lectura para entender el libro, dice: “[…] lo que traté no es tanto contar lo que es Perú, sino qué sentía yo en Perú” (VERA 2015, énfasis míos). Esto nos deja mucho más que tranquilos porque sentir no es exactamente lo mismo que pensar o ser. Se supone que el sentir es subjetivo, así que el libro es un puro sentir, una visión personal y singular, un sentir distorsionado por el lente de Roas. Por ello al alter-ego de David no le interesa comprender sino sentir esta (nuestra) realidad desquiciada, alucinante o “cutre”, cuyo principal atractivo turístico (Macchu Picchu) está lleno de visitantes “gilipollas”.

La principal operación mental y retórica es la “analogía” o “comparación”. Esta misma operación la habían hecho ya los primeros cronistas al llegar al Nuevo Mundo hace ya varios siglos atrás o incluso los viajeros de los siglos pasados, pero no con el espíritu de los románticos del XIX que idealizaron el espacio americano, sino el de los positivistas del XVIII, que creían descubrir una novedad. Positivista posmoderno –si cabe el sampleo entre ambos- y como viajero, Roas no es ajeno a esto. Desde el punto de vista epistemológico, el alter-ego de Roas es un observador externo que ignora nuestras claves culturales nativas y más bien utiliza unos parámetros de referencia ligados a la cultura de masas o serie B o Z para sentirnos. Durante su itinerario el alter-ego Roas-turista va comparando lo que ve con lo que él conoce. Su idea de realidad normal se opone a la idea de realidad anormal (la nuestra). En este punto el alter-ego Roas da fe de su completa salud mental pues demuestra que es más racional que un ilustrado francés del siglo XVIII, pues todo tiene una explicación (incluso este mundo desquiciado). Por ello, las analogías que establece el Roas-turista entre nuestra realidad y lo que él conoce se basan tanto en The Twilight Zone como en los zombis o los oscuros universos de Lovecraft, Pulp fiction de Tarantino, la maquina parlante de Burroughs de El almuerzo desnudo, Mad Max, o El padrino de Francis Ford Coppola.

Ya en otra entrevista había confesado que [cito] “[…] quería lograr algo parecido a lo que solía ocurrir en la Dimensión desconocida” (E.H. 2015). Roas es un turista así lo niegue o se metamorfosee en llama (tal como en la foto del libro). Como afirma Luis Artigue (2015), Roas es “[…] un turista ciberpunk algo naïf o, por lo menos, poco ducho en la cotidianidad postincaica…”, con una voz narrativa entre erudita e ingenua (ARTIGUE, Ibid). Así, Roas es tan erudito como Cervantes e inocente como el inicial Lazarillo de Tormes. Y es que gran parte del humor roasiano es efecto de un costumbrismo medio parroquial que recuerda en algún pasaje a los primeros migrantes que llegan a Lima de los años 50, fenómeno que está representado en el humor gráfico de la prensa limeña del periodo (cfr. “Serrucho” de David Málaga).

La otra estrategia será la aliteración o repetición de estados de ánimo (miedos infantiles para ser más exactos) que irrumpen como fantasmas a lo largo del libro-novela-viaje de costumbres-horror sobrenatural-autoficción-diario de viajes. Punto en el que todos los críticos-lectores han coincidido y por ello solo cito a Javier Menéndez Llamazares quien señala el “mestizaje” de géneros en este libro como un aporte. Y suscribimos tal afirmación pues más allá de lo posmoderno de la perspectiva de Roas, podríamos afirmar que el mestizaje cultural experimentado en Lima lleva al autor a mezclar géneros (novela, libro de cuentos, literatura de viajes, autoficción) para dar cuenta de una realidad que no es estable y que tiene evidentes resonancias histórico-coloniales.

Pero vayamos a la portada de Fernando Vicente, que rinde homenaje al film El secreto de los incas: Vemos a una pareja fundacional de rasgos anglosajones que miran hacia el cielo en distintas direcciones ¿acaso el terror caerá del cielo como en la novela de Lovecraft? Pues parece que sí. El miedo es provocado por un monstruo, que no es otro que la llama (aunque más parece una vicuña la de la portada, cuestión que será reiterativa en el libro). El héroe aventurero con un sombrero a lo Indiana Jones coge de la cintura a la dama ¿Podrán salir indemnes del acoso de sus fantasías? Quién sabe. Lo cierto es que el escenario, el telón de fondo la ciudadela de Macchu Picchu parece ser el escenario perfecto para que cobren vida los monstruos lovecraftnianos y el “Llamagedón”. Al volver a la realidad, al mundo posmoderno, descubrimos que no hay épica, no hay aventura, entonces, el sujeto tiene que ir inventándolo todo. La insatisfacción me hace pensar que: “Si nada es como uno quiere entonces uno termina imponiendo a la realidad cómo quiera que sea esta”. Así, el registro del libro se mueve entre el costumbrismo duro y lo fantástico-extraño, entre el carnaval y lo grotesco, el humor absurdo y la hipérbole.

Como señala Fernando Iwasaki en el prólogo al libro: “Menos mal que el viajero de Bienvenidos a Incaland se pasa todo el día comiendo, porque si encima le llega a hacer ascos a la estupendísima gastronomía peruana, en su próximo viaje le obsequiábamos a Roas un tour a una aldea jíbara sin cristianizar” (12). Bienvenidos a Incaland no es una guía turística, es una ucronía, una realidad alterna inventada por este Quijote afiebrado de lecturas, series de tv. y fantasías. Los invito a sumergirse en este viaje insólito. Usted estará viajando hacia otra dimensión, una dimensión no solo de combis y de llamas, sino de la mente, un viaje hacia un mundo fantástico cuyo límite es el de los “gilipollas”. Esta es la señal. Su próxima parada. Incaland ®…

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

viernes, 24 de julio de 2015

Carlos de la Torres Paredes. Herederos del cosmos - Los viejos salvajes. Lima: La nave, 2015. 154 pp.




Carlos de la Torres Paredes. Herederos del cosmos - Los viejos salvajes. Lima: La nave, 2015. 154 pp.

Los viejos salvajes de Carlos de la torre irrumpe en el panorama local en el año 2012 al ser finalista del IV Premio de la CPL. Su presencia resultó insólita teniendo en cuenta que la corriente principal o “mainstream” nunca estuvo interesada en la CF, menos aún la narrativa de aventuras. Las aventuras o bien se instalaron en el medio local a través de las historietas y comics en los años 50 o bien surgió desde una narrativa épica ligada a las reivindicaciones de los movimientos campesinos (casi siempre condenadas al fracaso), pero no desde códigos de la CF o de lo fantástico. Excepciones son los casos de José Estremadoyro en Glasskán o José Adolph en la magistral Mañana, las ratas. Lo que hoy acontece es, sin duda, un fenómeno generacional y a la vez global. Una generación de escritores que influenciados por el mundo del cine, los juegos de rol y videojuegos, producen sus ficciones desde estos paradigmas. Esto nos lleva a reflexionar sobre una cuestión previa: el carácter de la literatura como entretenimiento. Para muchos, la literatura no debe entretener, es una función menor, secundaria de la literatura como arte, pues hace de aquella algo evasivo. Pero nada se construye ex nihilo, es decir, nada se crea de la nada, menos aún en literatura.

Es difícil saber cuál será el futuro de un escritor novel, con una opera prima, aunque el autor ha publicado ya dos textos más que forman otra saga: Campos de batalla (2013) y Cuando la sangre importa (2015). Sin embargo, Los viejos salvajes obtuvo críticas positivas. Por ejemplo. Benjamín Roman (2013) sostiene que es una novela de “[…] ciencia ficción-terror-aventura […] [con personajes] Humanos con reacciones psicológicas extremas, posesos cuyas mentes no diferencian su realidad con la realidad, canibalismo, parafilias. Implacables ataques organizados de una especie alienígena contra los humanos”. El gurú de la CF peruana, el faraón Daniel Salvo (2013), sostiene que en la novela “[…] la humanidad galáctica ya no está integrada solamente por descendientes de anglosajones, sino por representantes de un mundo que en realidad es más diverso de lo que se pensaba. Tanto es así, que no existe una sola entidad política que represente a los humanos, sino varias, una de ellas, descendiente de nuestra propia cultura latina. Y es justamente este eterno intercambio/choque entre culturas el origen de varias de las subtramas del libro, Parece que los seres humanos siempre nos estaremos enfrentando a los peligros de lo desconocido, y también, entre nosotros mismos”.

Igualmente, Tanya Tynjälä (2015), establece relaciones con dos clásicos de la CF: “Solaris de Stanislaw Lem o Alguien Mora en el Viento, del chileno Hugo Correa. En efecto al igual que en las novelas nombradas los personajes de los Viejos Salvajes se enfrentan con una entidad que les hace toma conciencia de sus limitaciones antropomórficas y que lleva al lector a cuestionarse el significado de la naturaleza humana, de la solidaridad, de la fidelidad de las relaciones y más profundos sentimientos del hombre. Pero si en Solaris la “entidad” enfrenta a los personajes con sus culpas y en “Alguien Mora en el Viento” le hace entender su absurda soberbia, en la obra de Carlos de la Torre Paredes, esta entidad toma la forma de los más oscuros sentimientos del alma humana para así llevarla a su propia aniquilación”.

Hasta aquí observamos que la recepción de la novela es básicamente producida por narradores. No existe aún un aparato crítico permanente que procese esta variada producción que cada año aumenta. A lo ya dicho en una reseña anterior (ver blog “Iluminaciones”) solo agregaré un par de reflexiones que surgen de esta nueva lectura, al modo de glosa: hay un futuro implícito en la novela. En ese futuro todavía pervive el conflicto entre la civilización y la barbarie. Ser civilizado significa estar dentro del sistema, estar integrado al orden; mientras que lo bárbaro supone vivir fuera del sistema, al margen, en la anarquía. Evidentemente los personajes, los “viejos salvajes” viven des-integrados al sistema. Solo viven para la aventura militar-violenta. Las únicas fantasías que aparecen como flashes son las de dejar esa vida para formar una familia con alguna mujer latina. Y aquí encontramos un problema: la mujer. Las mujeres no aparecen en la novela ¿pero, tendrían que hacerlo? Desde el presente extratextual, esos cambios (mayor participación de la mujer en las esferas de lo público) son necesarios. Pero en este futuro, estas demandas se suspenden (no hay lucha de clases, ni racismo). La realidad se uniformiza, se homologa. Todos están conectados en una globalidad, que mantiene la tradición. Cuando es mencionada la mujer o es un objeto sexual, o debe cumplir la función de madre o incluso es objeto alimenticio por un rito caníbal (algo muy real y que algunas personas todavía piensan así, por ejemplo, los golpeadores que adornan los programas de tv. de entretenimiento local). El narrador no ha inventado nada. Lo fundamental en las narrativas populares es que recoge un imaginario vigente. Pero el lector discute ese mismo imaginario. La conclusión es que desde el punto de vista tradicional, la aventura está ligada al universo masculino, en ella no intervienen las mujeres o en su defecto, acompañan al héroe, son objetos de deseo, pero no sujetos que buscan.

A nivel formal la novela se construye sobre la base de la estética del videojuego, con sus victorias que se van acumulando y contando, como puntos o créditos para seguir subsistiendo, y los seres monstruosos alteridad-oponente a los que hay que vencer. La vida es entendida como un videojuego en el que hay que matar para sobrevivir. Y a nivel ideológico, hay una añoranza en estos “viejos salvajes” que puede sintetizarse en la frase: “todo tiempo pasado fue mejor”. Entonces, ¿podemos afirmar que la novela es más conservadora y menos subversiva? Sí. ¿Eso la hace mejor o peor que otras narrativas? Eso depende de para quién. Son distintos los intereses tanto del lector ideal promedio como de la minoría selecta que escribe la historia del género.

 El futuro que se representa en la novela es entonces engañoso, pues se suspenden las contradicciones del presente o se mantienen solo algunas de sus claves: el imperio y la colonialidad, el control de los cuerpos, el castigo a los que transgreden el orden de cosas. Los viejos salvajes es una opera spacial que cumple su función de entretener al lector, llevarlo no tanto a un futuro sino a un escenario-espacio cerrado, a una nave perdida en el cosmos. Como aventura cumple con las expectativas del género, pero deja también en suspenso un final. Se anuncia una saga, una continuación, una serie, un universo, un mundo posible. Su complejidad dependerá de lo que el narrador desee mostrar-representar, jamás del lector, menos aún del crítico.

La principal virtud del autor es la facilidad para contarnos una historia. Coincidimos con Óscar Cochado (2012) cuando sostiene que: “Los viejos salvajes es un buen relato de ciencia ficción. El interés se mantiene en todo momento. Hay un gran conocimiento de las interioridades de las naves espaciales y de su desplazamiento en el cosmos. La prosa, muy bien manejada, da como resultado una narración fluida, de fácil lectura”. La novela cumple así con los requisitos del relato de aventuras de CF y de la literatura de entretenimiento. La excelente edición de Los viejos salvajes se complementa con las soberbias ilustraciones de Jhosep Abarca Gómez y Carlos Yáñez Gil que recogen algunas secuencias de la trama.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

miércoles, 17 de junio de 2015

Álvaro Bisama. Taxidermia. Santiago de Chile: Alquimia, 2014. 239 pp.





Álvaro Bisama. Taxidermia. Santiago de Chile: Alquimia, 2014. 239 pp.

 

Taxidermia es la historia de un artista que sigue a otro artista (en este caso uno del comic). En su defecto, aquel lo “diseca”, pero en un doble sentido: disecar al sujeto para que entre al museo del arte, con lo cual se convertirá en objeto de culto; y disecar en el sentido de entrar en piel, tratar de asirlo y aprehenderlo a partir de la memoria. Esta memoria engañosa, distorsionada por el recuerdo, está también diferida por medios tecnológicos, lo cual no solo genera interferencias, sino también falsas percepciones o focalizaciones subjetivas. La novela de Álvaro Bisama (Valparaíso, 1975) es la exploración por el mundo de cultura underground, subterránea de un país imaginario, de obras inconclusas, sin ver, sin terminar, los residuos del artista antes de la última explosión nuclear.

La poética de este artista marginal busca “erosionar lo real” (35) lo que puede entenderse como corromper la noción de realidad y de lo real, desgastar sus significados, con lo cual el arte mantiene su carácter subversivo; a la vez, el arte es la única forma de sentir el tiempo (54). En este caso, el tiempo nuestro es un tiempo de horror. Ya Danto en El abuso de la belleza, señalaba que en el arte contemporáneo aparecerá la repulsión, la abyección, el horror y el asco como formas propias al arte. El artista “under” de la novela se mueve en esos códigos y hace de su propia vida sexual, una “obra”, como si perteneciese al “accionismo vienés”. Es aquí que su cuerpo se convierte en el lienzo, el papel, en el que el artista lleva su cuerpo al extremo. Su fin es llegar a lo real, lo que esconde la piel, lo que hay debajo de la realidad.

Taxidermia es un paseo por el infierno que va de la estética del horror a la presencia virtual de diversos  monstruos (con guiños a la serie B), la locura humana en un esplendor triste y frío. La principal virtud de Bisama en este libro es la extrañar la realidad, el presente, el aquí y el ahora. Este es un libro que solo Bisama podría haber escrito. Y el único mensaje parece ser: vivir es desaparecer, hacerse luz. Y un modo de hacerlo es a través del arte. Taxidermia es una novela visual, perversa. Es David Lynch llevado al papel. Una luz no al final del túnel sino en el túnel terrestre.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 7 de junio de 2015

Yeniva Fernández. Siete paseos por la niebla. Lima: Campo letrado, 2015. 153 pp.




Yeniva Fernández. Siete paseos por la niebla. Lima: Campo letrado, 2015. 153 pp.

Agradezco la invitación para presentar esta noche el libro de Yeniva Fernandez*. Tuve la suerte de leer el manuscrito hace unos meses y lo encontré extraordinario. Sobre esa lectura escribe un texto que está disponible en internet, pero tras la invitación para presentar esta noche el libro he preferido volver a leer el manuscrito y escribir otro texto más el coda anterior. Encontré otras pistas que ayudarán al lector a una mejor comprensión del universo del libro de Yeniva, Siete paseos por la niebla, un libro “bello” si cabe usar este adjetivo para calificarlo como unidad.

En “Rutka…” se pone énfasis en las cosas y objetos antiguos hechos a mano, objetos artesanales que pierden utilidad no solo en el mundo adulto sino en la sociedad industrial que fabrica juguetes en serie. La singularidad de lo artesanal, la procedencia mágica de los juguetes instala al lector en un mundo de fantasía. A la vez se representa a una sociedad racista que termina por tomar lo extranjero, lo foráneo como lo otro, lo intruso dentro del sistema, más aún porque Rutka no cumple físicamente con el genotipo de su país natal, Polonia, sino que es una mestiza. Esto da pie a diversas especulaciones sobre el temor a la mezcla, tan presente en los relatos de Clemente Palma o en mucha de la ciencia ficción tradicional en el que el alienígena es el otro. Lo cierto es que el racismo parece configurar a otros de los personajes del libro.

¿Cómo irrumpe lo fantástico en el libro? A través de la vacilación entre el terror y lo insólito, es decir, sigue el modelo clásico de Todorov respecto de la literatura fantástica. La narradora de “Rutka…” tiene una alta tendencia a la fantasía, entonces esto da pie a pensar de si se trata de un error de percepción, de un deja vu (un falso recuerdo) o de si en realidad ha ocurrido el encuentro con la misteriosa Rutka, muchos años después. La historia de “Rutka…” es una historia de la amistad entre mujeres, que parece ser mucho más fuerte e íntima que en los hombres (salvo que alguna propaganda publicitaria para beber cerveza los “Jueves de patas” nos ordene a hacerlo), por ello, la mención final  a las mujeres como “… flores extrañas y hermosas que nunca se marchitan y que solo crecen al borde del abismo”. Esta imagen será protagonista de otro relato “Con Yolanda en el acantilado” en el que nuevamente aparece la imaginación femenina que llena la realidad de “…barcos fantasmas poblados de piratas […] o sapos disfrazados de palomas…”. La mujer queda asociada a la magia y al misterio ¿Quién narra este relato? una especie de dama de blanco, brumosa e inasible como las mujeres. Se repite la imagen de la niña que se lanza al mar en donde esta “hada” la recogerá y será feliz. Por oposición el mundo masculino es ultraviolento (llenos de “sicarios”, “marcas”,  “extorsionadores”, traficantes de drogas) frente a esta imagen del edén. Mirar el abismo tiene también sus conflictos: el que mira el borde del abismo debe temer que sea mirado por el abismo, que sea atraído por este, por la muerte.

“Una noche en las Dalias” trata sobre el deseo de construir un espacio idílico, amoroso. El personaje femenino se ve desbordado por la agresividad femenina hacia la mujer soltera, quien se ve en la necesidad de crear una fantasía femenina: inventarse un “novio” que pasa de ser solo imaginario a real. El personaje femenino se asemeja al del film La rusa púrpura del Cairo de Woody Allen. El cine será otra entrada al libro y a los otros cuentos. Las ficciones del cine se apropian de nuestras vidas y van enajenando al ser humano no solo en las búsquedas de su objeto de deseo sino como modo de ver la realidad. Llama la atención que en este caso sea el hombre, el fantasma (y no la mujer, lo que ocurre de modo más frecuente, recordemos a Susan Storm de “Los 4 fantásticos”, personajes creados por Stan Lee, y cuyo poder es hacerse invisible). Esta inversión de valores posiciona a la mujer y al hombre lo vuelve mero espectro, mera fantasía de la mujer: el hombre es una fantasía de la mujer (invirtiendo los postulados de Lacan). El amor es un espectro, algo invisible, inasible e inexistente. Al igual que el film de Cronenberg, Cromosoma 3 (The brood) en el que la histeria femenina logra materializar a hijos no nacidos, en el cuento de Yeniva, la mujer materializa al amante fantasmal, lo que plantea a la vez una nueva secuencia que ocurre fuera de escena y que el lector no disfruta por ser obscena: el horror de lo sexual.

En “Persona desaparecida” aparece de nuevo el tema del amor. Lo monstruoso aparece bajo la forma de metamorfosis la mujer-gata que demanda un amor absoluto y termina por anular la existencia del hombre, por devorarlo, por desaparecerlo. Dicen que una mujer engañada es capaz de todo: de ahí emana su horror y su violencia. En potencia hay una violencia contenida que puede llevar a la mujer a perder la razón por amor y llegar al crimen.

“La pequeña compañía” instala al lector en un edén, en un espacio idílico. El conejo siniestro que acecha a la hija de uno de los personajes, no tiene la amabilidad del personaje de Carroll en Alicia en el país de las maravillas sino un carácter siniestro: al ser “[…] una especie de mono negro, alado,  y con orejas puntiagudas…” que como presencia está más próximo al de Donnie Darko de Richard Kelly. La desaparición de la niña se intuye como una forma de pago al diablo, una ofrenda del pasado que se actualiza en el tiempo de la narración. Se devela que no hay edén pues la felicidad es una apariencia, un estado pasajero en el que el horror regresa, retorna constantemente para recordarnos que hay un algo más allá de toda lógica y comprensión humana.

En “Antes que caiga la noche” volvemos a la metamorfosis y al edén. El edén –con todas sus connotaciones bíblicas- está contaminado por las fuerzas violentas de los hombres que destruyen todo lo que está a su alrededor. Son quienes expulsan a los seres de bondad como la narradora mutada a gata del edén. La metamorfosis se inscribe bajo el paradigma de “Axolotl” de Cortázar.

“En memoria de Evelina” asistimos a un amor imposible, un amor que viene del pasado. La mujer reencarnada (la mujer que nunca muere de modo físico) puede llevar al amante al horror.  Si es doloroso asistir a la muerte de un ser querido, lo es más que ese mismo ser regrese de la muerte. Es transgredir las leyes naturales, la estancia pasajera de cada uno de nosotros.

La presencia del éden solo sirve para recordarnos el lugar del cual hemos sido expulsados, una utopía innacesible. La fantasía desbordante de la mujer puede materializar a un amante fantasmal. Muchos de los personajes femeninos del libro de Yeniva son lectoras. La lectura las evade de una realidad insoportable, les hace construir e imaginar un mundo más amable. El mundo infantil al que se alude a través de los niños o los juguetes implican la presencia de un último reducto, la última esperanza de recuperar la inocencia. En los relatos de Yeniva la naturaleza y la mujer quedan asociadas. Se trata de una relación inmanente, esto explica las metamorfosis y la presencia de lo animal, asociados a la mujer. Yeniva recurre a estrategias narrativas como las “cajas chinas” o relatos enmarcados para desarrollar sus propuestas, y lo hace de modo consistente.

El fantástico que propone Yeniva en este libro no es el horror (aunque se intuye su presencia u ocurre fuera de escena) sino que es más sutil. Se concentra en enmarcar lo fantástico dentro de la esfera de lo íntimo (las relaciones de amistad, los recuerdos infantiles, y sobre todo el amor). A nivel temporal hay un tiempo pasado, un recuerdo que se instala en el presente temporal de los personajes. Es el pasado el que termina por desestructurar la vida.

Podemos concluir que en los cuentos de Siete paseos por la niebla (cuya influencia de Edgardo Rivera Martínez es notable) lo siniestro es algo que se intuye y se espera; que lo maravilloso coexiste con la realidad; que los personajes que habitan este libro son singulares, pues se sienten extraños, desarraigados, como no pertenecientes a este mundo; que el amor es el eje del libro, pero no es amor transparente sino un amor en la bruma, en las tinieblas (un amor que implica la idea de familia o las relaciones interpersonales, es decir, el mundo de lo privado); y que la presencia de lo femenino mantiene su vinculación con el mundo de la naturaleza y lo irracional. Situaciones imprevisibles confluyen en lo fantástico, en el que el mundo infantil roza lo siniestro, lo imposible y el caos. Para aquellos que dudan de la existencia de una tradición femenina de lo fantástico, este libro es una prueba irrefutable de una de sus principales exponentes y como unidad es simplemente extraordinario.

 Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

*Texto de presentación realizado el día viernes 5 de Junio, a las 7:00 pm., en la librería Ibero (Óvalo Gutiérrez), en Miraflores.

miércoles, 29 de abril de 2015

carta póstuma a carlos calderón fajardo




carta póstuma a carlos calderón fajardo


Querido Carlos:

¡Qué injusta es la vida! Recuerdo tus palabras en la presentación de tu última novela Doctor Sangre, a la que me invitaste a participar generosamente. Hacías tuyo el sentimiento de José María Arguedas al decir expresamente: “siento que he vivido en vano”. Más aún, esa noche, algunos de aquellos autores que tú habías presentado sus libros no se encontraban en la pequeña sala de la feria (otro mal síntoma de la desidia cultural oficial), quizás te miraban ya como un fantasma, y el que sería tu último gran libro se despedía así por la puerta falsa de la escena limeña. Quizás tú sabías ya algo más que nosotros, tus lectores ignorábamos, pues recuerdo que insististe en que ese era tu último libro varias veces. Preferí pensar lo contrario, animarte a seguir escribiendo. Fue una noche lúgubre, entre sombras, densa. La recuerdo perfectamente.

Por eso es que hoy, en medio de la rutina laboral, la noticia de tu muerte me ha sorprendido y dejado una pena. Ahora me encuentro en la disyuntiva de enterrarte adecuadamente, con lo cual seguirás “vivo” en la memoria (con la posibilidad de caer en el olvido progresivo) o hacer de ti un fantasma retorna porque tiene aún algo que decir. Sé que gustaba definirte como un escritor fantasma (dentro del canon local) así que mientras te lean serás el fantasma gótico que retorna de ultratumba a charlar con sus amigos. Gracias por los libros que escribiste (y guardo con cariño tus palabras de aprecio hacia mi trabajo). “Lo que bien amas, permanece/ el resto es escoria”. Descansa en paz, maestro.

 

Lima, la horrible 29 de abril de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

Salvador Luis. Shogun inflamable. Lima: Casatomada, 2015. 86 pp.



Salvador Luis. Shogun inflamable. Lima: Casatomada, 2015. 86 pp.

            Slavoj Žižek afirma que “en nuestro inconsciente, en lo real de nuestro deseo, todos somos asesinos” (Mirando al sesgo, 36). Este es uno de los ejes en el que se sostiene el libro de Salvador Luis, una suerte de incursión en lo real. Así como el asesinato aparece una y otra vez a lo largo del libro, los límites entre lo real y la ficción se difuminan. En Shogun inflamable se conjugan los actos perversos con lo anómalo, lo grotesco y las imágenes surrealistas, lo pop y lo afterpop. En uno de los cuentos se afirma “No existe el uno sin el otro” (73) y es que el libro de Luis es el reverso de lo cotidiano que mediante una escritura del delirio muestra el goce excedente, que convierte las cosas (objetos de placer) en sus opuestos (Žižek, Op. Cit. 30-31).

            Ahora bien, ¿dónde insertar la obra del autor dentro del panorama contemporáneo? Sin duda es un autor atípico, raro, dentro del cuento local, más pegado a lo tradicional y convencional; cuando el autor está más cerca de la experimentación y del ludismo iconoclasta, y se nutre más de la cultura pop (el cine, el rock, el comic), el arte de vanguardia, que de la propia literatura, por lo que cuesta afiliarlo a alguna tradición o ciclo narrativo. Decir que posee una escritura fantástica sería impreciso porque Salvador Luis opera hacia otro ámbito: sus textos no se dirigen hacia lo sobrenatural (en el que el efecto fantástico se consigue mediante el terror) sino hacia lo metarreal; es decir, mediante las intertextualidades que se tejen, llega al mismo efecto de lo fantástico: transgredir las leyes del universo homólogo al nuestro. Un universo en el que el orden y lo bello tiene su reverso: ese es el lado que le interesa a Luis como proyecto estético, en el que los fragmentos tienen más valor que la unidad o el todo, porque no hay un solo mundo sino infinitos mundos posibles.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos