Ricardo Sumalavia
(Dirección técnica). Selección peruana 2015-2021. Lima: Estruendomudo, 2021.
240 p. Diseño de portada: Grettel Montesinos.
Ricardo Sumalavia (Lima, 1968)
ofrece una nueva antología de narrativa peruana contemporánea titulada Selección
peruana 2015-2021, editada por Estruendomudo y que constituye el título
número 100, número importante para una editorial independiente. En ese sentido,
el esfuerzo editorial es digno de destacarse, ya que es claro el
profesionalismo de su trabajo a lo largo del tiempo. Para este libro, Sumalavia
antologa a autores nacidos entre 1985 y 1996 (suponemos que en unos años más la
próxima antología oscilará entre autores nacidos entre 1995 y 2006).
Sumalavia ya había entregado en 2015
Selección peruana 2000-2015, de la que afirmábamos que, en conjunto, los
autores presentaban “un manejo de las estructuras y técnicas narrativas (por
herencia del “boom”), es decir, han asimilado la forma. De eso no hay dudas. De
otro lado, en cuanto al contenido, se trata de una narrativa moderna en cuanto
a la mirada y espíritu con que ha sido escrita, es decir, es una narrativa
escrita desde el siglo XXI, que ha asimilado tanto la tecnología de uso
cotidiano, la cultura de masas, así como los efectos de la posmodernidad (el
mundo de lo privado ahora ficcionalizado). Sin embargo, no es suficiente. Y no
lo es por la sencilla razón que esto da cuenta de una crisis del realismo
tradicional que deriva en una narrativa sentimental (y de conflictos
familiares, o de las responsabilidades del ser adulto) pensada más para el
entretenimiento de un sector social específico. Se trata de escribir sobre las
crisis de la clase media, en el que lo político ni siquiera está diluido:
simplemente no aparece, ha sido borrado. Y con ello gran parte de nuestra
historia reciente” (cfr. Iluminaciones https://eltonhonores.blogspot.com/2015/11/seleccion-peruana-2000-2015-lima.html).
Ahora bien, como hemos sostenido
toda antología es perfectible (cfr. Más allá de lo real), más aún cuando
se trata de dar cuenta de la narrativa peruana contemporánea. Lo contemporáneo
puede entenderse como aquella producción publicada en un horizonte temporal
inmediato al lector (en este caso es un intervalo de 6 años respecto del
presente), que es más un dato, una cifra, una estadística. Pero lo
contemporáneo, como sostiene Giorgio Agamben (2008) “[…] es aquel que tiene
fija la mirada en su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad”,
“ver las tinieblas”. Es decir, el verdadero artista contemporáneo muestra las
zonas oscuras, el lado B de la modernidad y del progreso.
Ya Elsa Drucaroff en Los prisioneros
de la torre (2011) establecía la ruta de lectura de la Nueva Narrativa
Argentina (NNA), que aludía a la generación de la postdictadura, autores que
nacieron después de 1960 y empiezan a publicar hacia los años 90, que ponían
énfasis en el trauma “de un pasado negado y doloroso” (17). La
fase argentina oscila entre los años 1976-1983, que marca un antes y un
después. En esa línea, la Nueva Narrativa Peruana (NNP) estaría marcada por el
trauma del ciclo de la violencia política (1980-2000), que haría que todo lo
publicado en el siglo XXI sea NNP. Según el establishment en medios
periodísticos, los primeros años del siglo XXI estuvieron dominados por la
narrativa de la violencia y hacia la mitad de la década pasada esta fue
desplazada por la autoficción de la clase media-alta limeña. En ambos casos fue
la novela el género literario más relevante y prestigioso, aunque a todas luces
ha sido en el cuento en el que las innovaciones formales y temáticas se han
manifestado con mayor claridad.
Volviendo a la pregunta anterior
acerca de lo contemporáneo, la NNP ¿estaría en el catálogo de nuevos nombres o
en el tratamiento literario? ¿Es una estrategia de marketing para vender a los
nuevos autores? ¿Y que ocurre con aquellos que pasan la referencia establecida de
modo categórico por Bogota39?
El tema es complejo y no ofrece una
única solución. Sin embargo, de acuerdo a la selección de Sumalavia podemos
establecer algunos parámetros: a) el ciclo de la violencia política, en
estricto, ha desaparecido casi por completo (hay violencia pero de otro tipo);
b) la autoficción se mantiene como estrategia en algunos autores (esto tampoco
es nuevo, ya que el autor parte de experiencias personales o ajenas para
ficcionar, lo importante es poder llegar a lo literario); c) tratamiento de la
realidad desde un punto de vista fantástico (que parece que cuesta aceptar como
tal) y cinematográfico (esto último puede advertirse desde los años 90); d) la
sexualidad sin pudor se incorpora a las ficciones; e) se percibe una atmósfera
de tristeza en varios relatos; f) predominancia por personajes adolescentes o
en su primera juventud (quizás tenga que ver con el entorno inmediato y vital
de los autores, o con el punto b); y g) perspectivas clasistas y racistas (teñidos
de un humor bryceano o amparados en la ingenuidad del personaje) en un par de
relatos como expresión de una ideología conservadora.
A todo ello se suma una figura
constante en varios relatos. Y es la imagen de la casa vacía, que puede
connotar desde familias desestructuradas y disfuncionales (la familia como
metáfora de la nación), sentimiento de soledad, o un proceso de madurez sin una
guía clara. No sé si Sumalavia eligió a propósito estos relatos para crear esta
visión (sabemos que la familia es un tema que trabaja en sus propias ficciones)
o si se trata más de una casualidad. Lo cierto es que, en líneas generales, son
síntomas visibles en el grupo antologado.
Como viene ocurriendo con las
últimas antologías publicadas, podemos hablar de autores con oficio. Pero
suscribo lo que sostenía el poeta Pablo Guevara en su clase de “Taller de
teatro y guiones literarios” en San Marcos, que “más importante que la técnica
es la historia en sí. Si no tienes una historia qué contar, la técnica no vale
de mucho” (estoy parafraseando al maestro).
Así, hay pocos cuentos con una
historia y conflicto definido, en el sentido clásico (y no tan clásico). Del
grupo destaco a J.J. Maldonado, Yero Chuquicaña Saldaña, Andrea Rivera
Carrillo, Gimena Vartu y Christian Briceño. Las referencias en el cuento de
Maldonado van desde Stephen King al cine de Tarantino concluyendo con el
Marqués de Sade, en el que un asesino en serie es una especie de justiciero de
abominaciones que mezcla el fanatismo religioso con la violencia. Chuquicaña
Saldaña parte de referencias a la cultura pop del cine de serie B para mostrar
a personajes que pasan de lo cotidiano a un posible horror fantástico. Rivera
Carrillo “sugiere la presencia de un ángel torturado, un ser extraño que sufre
su condición excepcional. Si bien tiene vínculos con el personaje de Ángel de
los X-Men, también puede relacionarse al cuento de García Márquez “Un señor muy
viejo con unas alas enormes”, aunque el tono del texto de Rivera es más trágico”
(cfr. Iluminaciones http://eltonhonores.blogspot.com/2017/08/andrea-rivera-estaciones-lima-altazor.html).
Vartu ensaya un cuento alegórico acerca de una posible amistad con un ser
extraordinario y sobrenatural según las creencias populares. De todo el grupo, Briceño
es el caso más singular ya que es claro que busca desprenderse de la tradición
local para optar por una narrativa (y punto de vista) realmente novedosos, en
el que el absurdo parece ser el hilo conductor de sus ficciones, pero también
cuenta con imágenes potentes (la ciudad en tinieblas, el tirano que gobierna, los
juegos de luces artificiales que se prenden para dar cierta noción de
normalidad en un universo distópico). Tampoco puedo dejar de mencionar las
propuestas de experimentación onírica de Stuart Flores o el realismo sucio (y
literal) de Charlie Becerra, en la línea ribeyriana, pero alimentada también por
el cine.
Al igual que Esta realidad no
existe del fantastólogo Alexis Iparraguirre (también publicada por la misma
editorial), Selección peruana 2015-2021 es una buena antología, pero
también es más polémica, ya que al no ser temática intenta mostrar un panorama
del Perú contemporáneo, pero en el que predominan las voces de Lima (en estos
días se discute en redes acerca del carácter representativo de Lima frente a la
producción de provincias, a propósito de una lista fallida de autores que iban
en representación del Perú a una Feria Internacional del Libro). El texto se
completa con entrevistas a los autores antologados que ayudan a comprender el
horizonte de influencias y motivaciones.
Elton
Honores
Universidad
Nacional Mayor de San Marcos