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lunes, 19 de noviembre de 2018

Alberto Benza González. Hojas de otoño. Buenos Aires: Macedonia, 2017. 105 p.




Alberto Benza González. Hojas de otoño. Buenos Aires: Macedonia, 2017. 105 p.



Alberto “Beto” Benza (Lima, 1972) es uno de los principales impulsores del microrrelato peruano y latinoamericano, a través del trabajo editorial de “Micrópolis”, especializada en el género hiperbreve. Además de editor, es autor de varios libros como A la luz de la luna (2011), Señales de humo (2012), Entre vivos y muertos (2015), y la micronovela Sarah Ellen (2016), y ha sido recientemente incluido en la antología Extrañas criaturas (2018), ya comentada en este blog.

Hojas de otoño, bien puede remitir a la obra de Whitman, pero en el caso de Benza, alude a la estancia temporal del ser humano, ya sacudida de la juventud, es decir, en tránsito de la adultez (otoño) hacia la vejez (invierno). Es por ello que hay una cierta visión pesimista de la vida, por ejemplo, en aquellos textos en los que se hablan de relaciones de pareja que no funcionan o de la presencia del “amante” que quiebra la relación convencionalmente aceptada, o en la presencia de la muerte, como acontecimiento que da sentido a la vida de los personajes.

Otros temas frecuentes, además de la muerte, son la presencia constante de fantasmas o de personajes en situaciones en el “umbral”, e incluso, el narrar desde el otro lado (el más allá), es decir, desde una dimensión que no corresponde al de la realidad.

Asimismo, los recursos literarios de los que se vale Benza para generar la sorpresa final o “golpe”, son: la intertextualidad, la hipérbole, el uso de la frase literal que muta en su segundo sentido o acepción, y la metatextualidad (al modo de los cuentos cortazarianos), en los que la ficción invade la realidad de los mundos representados.

Estamos pues frente a un libro de madurez del autor y que permite confirmar que el lugar de lo fantástico en general (y el microrrelato en particular) en el Perú ya no es una quimera o ilusión, sino una realidad tangible, y que es un género que aún no ha agotado sus posibilidades ficcionales.



Elton Honores

martes, 21 de agosto de 2012

Alberto Benza: A la luz de la luna / Señales de humo (2011- 2012)



Obra maestra ****
Muy buena ***
Buena**
Regular *

Alberto Benza. A la luz de la luna. Lima: Micrópolis, 2011. 122 pp.

A la luz de la luna (2011) es la opera prima de Alberto Benza (Lima, 1972) en donde se confunden los límites entre lo real y lo ilusorio, la razón y la locura. En las cinco secciones en que está dividido el libro se observa los conflictos sobre lo religioso y su imaginario (el infierno, el diablo), la dinámica en la relación entre padres e hijos, guiños al comic y la cultura de masas e incluso la presencia del terror y de la ciencia ficción. Destacan del libro las secciones “Escritos en el muro del sueño” (III) y “Fantasmas entre nosotros” (IV). Se trata de microrrelatos en donde el humor está presente al igual que los juegos de palabras. Es vital también la relación entre los títulos y las breves tramas que se narran. El carácter fragmentario permite establecer intertextualidades como por ejemplo “La cena” con un film de Rosa von Praunheim. A la luz de la luna es una opera prima altamente recomendable. Es un conjunto de estupendos microrrelatos que mantienen una relación lúdica constante con el lector.



Obra maestra ****
Muy buena ***
Buena**
Regular *

Alberto Benza. Señales de humo. Huancayo: Acerva, 2012.78 pp.

Señales de Humo (2012) de Alberto Benza supone un ejercicio estilìstico más extremo: reducir al mínimo la anécdota en beneficio de la polisemia. Reducir la palabra al mínimo para concentrarse en el clímax narrativo. En ocasiones lo consigue plenamente, en otras, casi. Textos hiperbreves -en algunos casos de apenas ocho palabras- que exige del autor la elección correcta de las palabras y del lector, el completar el sentido. El texto que abre el libro es sintomático: “Adán y Eva rieron juntos, entonces empezó todo” (11). Podemos desprender muchas ideas: la risa como generadora de felicidad humana, la idea del pecado que se abre en la vida de los seres humanos, la risa asociada al conocimiento sobre las cosas e incluso el inicio de lo que atisbamos como amor (una mirada negativa del amor, por cierto). Pero en muchas de estas microficciones encontramos entre líneas, el deseo de que Dios exista. La religión no solo es un campo fértil para la imaginación sino que se constituye un tópico fuerte del libro (Dios, el Infierno) y ciertos guiños a lo fantástico a través del terror, como en “Acecho” y “Sesión”, en donde Benza demuestra un mayor control sobre las presencias siniestras y que podría dar pie para una línea propia dentro de su producción.

Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos