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miércoles, 1 de julio de 2026

Harry Belevan. Prosas. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2025. T. I y II

 


Harry Belevan. Prosas. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2025. T. I y II

              En un panorama literario sobrepoblado de ofertas (todos publican libros, de toda temática, mayormente en editoriales independientes o autoedición, en Lima y en regiones; desde niños a jóvenes, adultos; con mucha o nula formación literaria, o aspiraciones artísticas), los libros realmente imprescindibles corren el riesgo de perderse entre esta bruma de publicaciones que sobrepasa a cualquier lector. Todos demandan lectores, atención, un tiempo, en suma, reconocimiento (¿o fama? ¿o ventas?). Y si pensamos que el mercado se interesa siempre por la novedad, lo último (o penúltimo, según Basadre), nuestros autores clásicos pueden pasar a un segundo plano.

              Esperemos que este no sea el caso de Harry Belevan (Lima, 1945), quien desde hace cincuenta años viene publicando libros claves dentro de la narrativa fantástica, y es referente obligado para las generaciones posteriores de los años 80 y siguientes, no solo en el ámbito local, sino latinoamericano y global. La Universidad Ricardo Palma ha tenido la excelente iniciativa de reunir toda su obra. Lo hizo anteriormente en 2022 con sus ensayos y crónicas titulado Textos (en dos volúmenes), y ahora vuelve a entregarnos Prosas, impreso en diciembre de 2025, pero que aún no ha sido presentado oficialmente en lo que va del año.

              Prosas no es solo una reunión de su obra narrativa o de ficción, sino, una selección del propio Belevan de lo ya publicado en medio siglo. Es decir, el autor decide elegir aquellas prosas con las que aún se identifica, y por lo tanto, le atribuye un peso singular al revisar su propia producción. Así, Prosas, no es solo una reunión, sino, un ejercicio de curaduría del propio autor. El primer tomo incluye los relatos breves, agrupados en secciones que retitulan sus clásicos: “Un incidente fatal y otros cuentos” agrupa textos originales de Escuchando tras la puerta y Fuegos artificiales, más alguno nuevo; “El retrato de Dora Gris y otros cuentos de bolsillo”, sus piezas cercanas al cuento breve y la minificción; “Sucedió en navidad y otros cuentos juveniles” parte de El titiritero que pasó al olvido; y cierra con dos piezas teatrales: Una diversión nocturna y nada más, y ¿Hoy es 8 o 9? El volumen dos incluye su novela Una muerte sin medida retitulada como Instrucciones para un asesinato (una historia que alude a la toma de la Embajada de Japón por parte del grupo terrorista del MRTA, y que entremezcla erotismo, política y ficción), y el clásico metatextual La piedra en el agua. También viene acompañado de un acertado prólogo de José Güich, otro referente clave de la generación inmediata, y un epílogo del propio Belevan, que esperamos no sea el cierre o reflexión final del maestro, sino la puerta que permite entrever una nueva producción suya.

Sin duda, la obra de Belevan amerita mayores estudios. Por ahora me detendré en lo nuevo, o relativamente reciente de sus “prosas”. “Un incidente fatal” es un cuento de tipo cortazariano que narra el encuentro fortuito con una mujer desconocida, quien despierta el interés erótico en el personaje. Lo singular es la presencia de la misteriosa mujer adherida a una prenda, cuyo olor no puede dejar de olvidar y se convierte en algo obsesivo, al punto de llevar al personaje central a un rito erótico mortal. Es decir, es el objeto (la prenda) la que contiene a esa presencia femenina subyugante. El aparente suicidio (el hombre ha quedado estrangulado por la prenda) viene a confirmar esa ambigüedad de lo fantástico en la que se mueve el autor en esta sección. Pero, lo más importante está en la insistencia ficcional del sentido del olfato, del olor, tan desprestigiado en relación a la vista o el oído, sentidos mucho más racionales o cerebrales. Hay más instinto en el cuento de lo que se muestra, que conecta con otro tipo de fantasías, menos exploradas en sus primeros libros, como lo popular.

Así, en “Sucedió en navidad” el ambiente festivo, con la recurrente imagen del regalo se trastoca en milagro, cuando un grupo de niños de un barrio popular reciben regalos del propio Papa Noel. Si bien el relato es tierno y se ajusta a las convenciones de este tipo de narraciones, el uso de la jerga callejera infantil permite atisbar un registro poco explorado por Belevan en sus primeras entregas. Y demás está decir, que en la propia figura de Papa Noel hay también cierta ambigüedad, dado que no hay certeza absoluta de su existencia real. En “Diagnóstico reservado” nuevamente el lenguaje es el centro, dado que cuenta la historia de un rígido profesor de medicina, de jerga muy especializada, que en sus clases se considera superior a los futuros médicos, exigiéndoles la terminología usada por él, y no sus equivalentes (que también son otra jerga). El giro se produce cuando inexplicablemente el profesor comienza a reducirse de tamaño (al modo de El hombre menguante de Matheson), descubriendo que al final, su jerga no servía para nada, ni para explicar su situación, ni para ofrecer un diagnóstico acertado, de allí el título del cuento. Pero más allá de la situación fantástica, Belevan pone en discusión el propio lenguaje como generador de lo fantástico, cuando el interlocutor apenas puede entrever el significado de las palabras, volviéndolas más oscuras, o crípticas, para explicar acaso situaciones que podrían ser referidas con términos más sencillo o de uso común. Es decir, el lenguaje en sí mismo ya tiene una potencia de fantasticidad.

En cuanto a las piezas teatrales, asistimos a un registro policial, ya explorado en La piedra en el agua. Es el caso de Una diversión nocturna y nada más, en el que un misterio criminal da pie para la irrupción de lo popular y del humor (otro aspecto que si bien no es nuevo en Belevan, se enfatiza aún más). La confusión de escenarios y situaciones da pie a una pieza claramente barroca, que recoge la situación de enredos y la ambigüedad entre realidad e ilusión (confusa). Los diversos puntos de vista del aparente crimen que se busca aclarar remiten también tanto al clásico Rashomon (1950) de Akira Kurosawa, como a Ghost Story (1981) de John Irvin, basada en el libro de Peter Straub, aunque esta última es narrada en clave de terror. En cuanto a ¿Hoy es 8 o 9? , es clara su filiación con el teatro del absurdo, lo metatextual, la clara conciencia de lo teatral, en el que el lenguaje en sí es el centro de la trama (en el que las palabras son deconstruidas), así como su ambigüedad, que hace regresar a Belevan por los caminos de lo fantástico.

              Prosas es una reunión antológica imprescindible para los lectores de literatura, que en Lima cada vez son menos, y que reúne las prosas de uno de nuestros autores más contemporáneos, en el que el lenguaje, el ingenio, los juegos de palabras, resultan más vitales que nunca.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


viernes, 23 de febrero de 2018

“Presentación de La racionalidad deshumanizante de Elton Honores”. Por Camilo Fernández Cozman




“Presentación de La racionalidad deshumanizante de Elton Honores”
Por Camilo Fernández Cozman
En: https://camilofernande.blogspot.pe/2018/02/presentacion-de-la-racionalidad.html
Febrero 21, 2018


La investigación literaria en el Perú ha privilegiado el estudio de la novela y el cuento de cuño realista y ha dejado de lado el relato de ciencia ficción. Autores como José María Arguedas, Mario Vargas Llosa y Ciro Alegría, entre otros, se enmarcan en el ámbito de la tradición realista. Dicha perspectiva de la investigación literaria ha olvidado el relato fantástico que tiene cultores como Luis Loayza, José Adolph o Harry Belevan en el Perú. Sin duda, hemos asumido una falacia sin darnos cuenta: creer que un cuento realista es superior a un relato fantástico. Asimismo, pensamos también equivocadamente que el primero puede hacer una mejor crítica política que el segundo. La investigación de Elton Honores intenta, con éxito, develar ese error y superarlo merced a un trabajo impresionante con las fuentes bibliográficas. Ha publicado libros tan importantes como Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (2010) y La civilización del horror. El relato del terror en el Perú (2014). Honores navega a contracorriente, pues la investigación especializada ha dejado fuera del canon a ciertos autores de relato fantástico que él desea revalorar y estudiar rigurosamente. El rigor filológico de Honores es digno de mención. Primero, busca los textos literarios olvidados injustamente por los críticos literarios oficiales. Segundo, revisa la bibliografía secundaria hasta agotarla. Tercero, indaga por las fuentes teóricas sobre la literatura fantástica.
 El libro que hoy nos convoca --La racionalidad deshumanizante. El teatro político y la ciencia ficción (1886-1989) — es un sesudo estudio sobre el teatro peruano que abarca más de un siglo y consigna una bibliografía de más de 30 páginas al final del volumen. Sabemos que el género teatral ha sido casi olvidado en el Perú. Hay investigadores peruanos expertos en narrativa como Antonio Cornejo Polar o José Miguel Oviedo o Tomás Escajadillo; o en poesía, como Estuardo Núñez o Alberto Escobar o Américo Ferrari. No sucede así con el teatro que espera un análisis más minucioso y provisto de un marco teórico riguroso. El ensayo de Honores contribuye en llenar ese vacío y se encuentra dividido en cinco capítulos.
 En el primero, el autor se sitúa en una perspectiva diacrónica, es decir, intentar dar cuenta del proceso del teatro latinoamericano. Sin lugar a dudas, un análisis de las obras teatrales no debería dejar de lado la ubicación de estas en el panorama de la literatura peruana. Honores, en este caso, se sustenta en Beatriz Risk, quien distingue tres generaciones: la realista, que abarca desde 1890 a 1920 y se caracteriza por el funcionamiento de códigos naturalistas y costumbristas; la vanguardista, que comprende desde 1920 a 1950 e implica la exploración onírica y de una realidad múltiple; y, por último, la del nuevo teatro, que empieza desde 1950 y llega hasta 1980. En lo que concierne al Perú, el investigador plantea cinco períodos: el del teatro costumbrista (desde el siglo XIX hasta 1945) con autores como Manuel Ascensio Segura, Felipe Pardo y Aliaga, Leonidas Yeroví, entre otros; la etapa del teatro poético (1945-1960) que se halla representado por Jorge Eduardo Eielson, Felipe Buendía, Sebastián Salazar Bondy, Juan Ríos, por ejemplo; el período del teatro arte (1956-1968) donde se sitúan Julio Ramón Ribeyro, Enrique Solary Swayne, Juan Rivera Saavedra, verbigracia; la etapa del teatro político (1968-1980), representado por Alonso Alegría, Alberto Mego, José Adolph, entre otros; y, por último, el período del teatro de violencia política y de conflicto armado (1980-2000), momento donde aparecen grupos como Cuatrotablas o Yuyachkani y autores como  Rodolfo Hinostroza o Roberto Sánchez Piérola. Después de ese panorama histórico, Honores emprende el estudio del teatro de ciencia ficción. Lo primero que constata es que este último ha sido muy poco estudiado en Latinoamérica.
 Ahora me gustaría centrarse en la obra del poeta, cuentista, ensayista y dramaturgo Rodolfo Hinostroza, figura imprescindible de la llamada generación del sesenta. Como sabemos, Hinostroza publicó dos poemarios capitales: Consejero del lobo (1965) y Contra Natura (1971). Asimiló los aportes de Saint-John Perse, Ezra Pound y Charles Olson para pergeñar una obra neovanguardista de gran experimentación en la página en blanco, a la manera del simbolista Stéphane Mallarmé. Asimismo, produjo relatos de ciencia ficción como “La memorias de Drácula” y un ensayo dedicado a Mallarmé. Sin embargo, escribió Apocalipsis de una noche de verano (1987), una obra teatral (basada en Sueño de una noche de verano de William Shakespeare) que es analizada minuciosamente por Honores y que se sitúa en el ámbito del peligro nuclear en el contexto de la Guerra Fría entre la ex Unión Soviética y los Estados Unidos. Honores afirma: “Hinostroza confronta  el mundo de las hadas con el de los humanos, ambos en dos planos distintos de realidad. Como seres mitológicos, aquellos pueden intervenir en las acciones humanas, o confundirlos, pero sus objetivos son distintos: los seres élficos son lascivos y buscan la plena satisfacción sexual, mientras que los humanos, la destrucción. Así, Eros y Thanatos dominan ambas realidades” (p. 158). En tal sentido, como señala Fernando de Diego Pérez, se formulan dos realidades en Apocalipsis de una noche de verano: el teatro isabelino y la realidad latinoamericana, sometida a los intereses del imperialismo estadounidense.
 El libro de Honores permite reflexionar sobre algunos aspectos metodológicos de la investigación literaria. El investigador intenta, como dice Antonio Cornejo Polar en otro contexto, “historizar la sincronía”, es decir, analizar el proceso de las obras teatrales de ciencia ficción sin olvidar el abordaje de los mecanismos textuales de cada texto. Asimismo, Honores hace una revisión puntillosa de la bibliografía secundaria que examina cada obra teatral y su vínculo con la tradición literaria. No se ciñe a un solo método, sin que manifiesta una pluralidad metodológica y un acercamiento interdisciplinario muy valiosos e innovadores. Por todo lo expuesto, felicito a Elton Honores por esta nueva entrega, así como invito al público receptor a  leer este ensayo que ilumina el estudio del teatro en el Perú.

"Mundos distópicos". Por Pedro Novoa. En Expreso, 17 de febrero de 2018, p. 23.


"Mundos distópicos". Por Pedro Novoa. En Expreso, 17 de febrero de 2018, p. 23.



La racionalidad deshumanizante. El teatro político y la ciencia ficción (1886-1989) editada por el Instituto Raúl Porras Barrenechea (2017) de Elton Honores es un lúcido y sugerente repaso por la dramaturgia peruana que ha abordado contenidos entroncados con la ciencia ficción. Dividido en cuatro capítulos, en el primero aborda la realidad del teatro en el ámbito peruano y latinoamericano, especula una periodización y aborda la CF dentro de él. En el segundo, trata algunas obras donde la figura del sujeto se cuestiona y disuelve debido al miedo a un futuro incierto. En el tercero, el capítulo que da título al libro, analiza obras donde precisamente el teatro ausculta el rol enajenante de la ciencia coludida con lo irracional, en esa carrera descabellada y ruin de quitarnos la condición humana y degradarnos a cosa, a poco menos que objetos descartables o solo virtuales. En el último, se enfoca en obras que se orientan a un tono apocalíptico. Quizá el preponderante de la gran mayoría de expresiones teatrales. En general, todo el libro recorre el eje temático de una pulsión fuertemente tanática y pesimista con cierto halo moralizador, que por momentos, busca en el espectador darse de narices con lo absurdo de lo lógico, con lo irracional de la razón. De golpe, la modernización, el llamado desarrollo tecnológico o científico se ve cuestionado desde sus raíces, ya que ha perdido el horizonte de humanidad. Ha prescindido cínica e involuntariamente de esta ruta para continuar deshumanizándose, fingiendo ser mejor hombre. Por ello es que predomina una modernidad distópica, que incluso por negación con su versión utópica, se puede inferir un sacudón moral e ideológico donde lo político se presenta en las obras estudiadas a veces como excusa, como propaganda, como desatino, pero siempre como ese espíritu que invisible o no, está allí animando las grandes obras o las más pérfidas miserias del hombre.