sábado, 17 de noviembre de 2018

Gloria Ramírez Fermín. Las musas perpetúan lo efímero. Antología de microrrelatistas mexicanas. Lima: Micrópolis, 2017. 153 p.





Gloria Ramírez Fermín. Las musas perpetúan lo efímero. Antología de microrrelatistas mexicanas. Lima: Micrópolis, 2017. 153 p.



Gloria Ramírez (México, 1984) es la responsable de la antología sobre microrrelatos mexicanos escritos por mujeres, editado por Micrópolis, dirigida por Beto Benza. En el prólogo, Ramírez ofrece algunas características generales sobre el género, como el tiempo de lectura, y la “unidad” mínima narrativa que deben poseer este tipo de textos para ser considerados como tales.

            A diferencia del caso argentino, tradición que posee figuras continentales como Ana María Shua o Luisa Valenzuela, en México, esta producción es mucho menos difundida, fenómeno que se puede extrapolar a otros países latinoamericanos. Aunque hay autoras que han logrado alguna difusión fuera de su país de origen como Cecilia Eudave, Cristina Rivera Garza, Liliana Pedroza o Adriana Azucena Rodríguez, es una producción aún por conocer. Dentro del grupo de autoras, destacamos a cuatro: Mónica Gameros, Diana Raquel Hernández, Marcia Ramos y Paola Tena.

            En el caso de Gameros, sus textos remiten a diversos tipos de violencia y fantasías, una violencia urbana ejercida y marcada por diversas fuerzas enfrentadas (“Rebelión de los perros”), por la cosificación (“Incoherente”) o por el deseo perverso de desaparecer zonas que contienen el mal social (“Divino”). Los textos de Hernández transgreden los tabúes sociales (“Bodegón”), sorprenden con una violencia no contemplada y menos controlada (“¡Buenos días, señor Tolstoi!”), y aluden al cuerpo y lo sexual (“Engaño”). Los textos de Ramos discuten la condición de la mujer en la sociedad y los roles que debe de asumir (“La niña que soñaba con el viento”), habla de amores que funcionan porque son prohibidos (“La amante”), u ofrece un futuro apocalíptico, distópico, marcado por una tecnología bastante cercano al presente (“A veces el sol se entristece”). Y el de Tena, en permiten imaginar la utopía (“Roma”), o voces fantasmales que narran desde el otro lado (“Hija única”), con reminiscencias a Poe (“Un chico normal”).

            Al igual que el trabajo de la argentina Cortalezzi, Ramírez Fermín ofrece nuevos nombres de autoras, para que el lector continúe con la lectura de otros textos de las seleccionadas; y búsquedas de esta tradición del microrrelato latinoamericano.



Elton Honores

Claudia Cortalezzi. Escritos entre mate y mate. Antología de microrrelatistas argentinas. Lima: Micrópolis, 2017. 141 p.



Claudia Cortalezzi. Escritos entre mate y mate. Antología de microrrelatistas argentinas. Lima: Micrópolis, 2017. 141 p.



            La editorial Micrópolis, dirigida por Beto Benza, ofrece esta nueva antología del género en Argentina, a cargo de Claudia Cortalezzi (Buenos Aires, 1965). La antologadora, en su presentación, establece de modo sumario algunas características del microrrelato como el tratamiento particular del lenguaje (dada la brevedad), la sugerencia, la importancia del título, la concentración en el “nudo” de la historia que a veces es el clímax de la historia, o la necesidad de un lector activo para completar el sentido. Asimismo sostiene que por lo dicho, el microrrelato es uno de los géneros más difíciles (¿?), lo que parece más un prejuicio “a favor” del microrrelato, ya que esta idea se puede extrapolar a todos los géneros de la literatura.

            Dada la tradición argentina del microrrelato en general, Cortalezzi selecciona a diversas autoras del género, destacando como “puntas de lanza” a Ana María Shua y Luisa Valenzuela, presencias indiscutibles en una antología, a las que agregaríamos a Rosalba Campra y Sylvia Iparraguirre. Pero quisiera centrarme en cuatro autoras quizás menos difundidas: Norah Scarpa, Ildiko Nassr, Gilda Manso y Caro Fernández.

            En el caso de Scarpa, trata los temas del ser y la identidad, ya sea desde el plano amatorio, como en “Noche de bodas”, en el que el ser solo es posible de alcanzar a través de la desnudez “metafísica” que libera al individuo del receptáculo o envoltorio físico, es decir, del cuerpo. De igual modo, en “La vida” el deseo de ser libre solo es posible en la vida “carcelaria”, paradoja inevitable. Y en “Los nudos”, nos habla de un más allá (cielo o infierno) y de un destino post-mortem inevitable.

            Nassr, remite a una condición “borgiana” del hombre inmortal que transita por varias vidas y concluye en ser al final de su vida todos los hombres. En “Tumberos” (en jerga, “tumba” alude a la cárcel) trata sobre la vida carcelaria, pero más aún, de cómo se van perdiendo los significados, reduciéndose el lenguaje humano a generalidades. Y en “Hija”, en el que el nuevo ser se metamorfosea en un monstruo, al cual la madre se ha habituado, como en alguna película de terror.

            Manso, en “El joven aprendiz”, discute la noción de libertad a partir de la figura de un joven mago. Un mago que pretendiera sacar un conejo de un sombrero y terminara sacando un elefante, sería considerado –para el maestro- como un fracaso, por más que esto sea más espectacular o asombroso. Pero la ironía no está en las dimensiones del objeto sino en la resolución: el verdadero mago ofrecería libertad absoluta al animal. En “El increíble talento de Martín” asistimos a un enamorado capaz de transformarse en objetos (floreros, billeteras, etc.) para saciar sus celos enfermizos, que lo llevan al final a convertirse en arma y matar a la amada. El texto concluye: “Martín transmutó en aire. Y el aire, como se sabe es libre. Al menos, hasta que alguien lo respire”. Esta condición recuerda mucho a un texto del peruano Juan Rivera Saavedra, titulado “Coqueta” de 1976, en el que  el aire, enamorado de Rosaura, ante su desprecio, termina por quitarle la vida, ya que “nadie puede vivir sin el aire”, dato que solo se revela al final. Y en “Todos los cuerpos se parecen”, Manso parte de la idea que en la desnudez todos somos iguales, pero añade un elemento de extrañeza, ya que hay indicios de una anormalidad, una animalización en cada uno de nosotros.

            Y Caro Fernandez, que juega con la sorpresa de sus relatos. En “Mirada”, a través del cambio de condición de la voz narrativa (de humano a animal); en “Desasosiego”, el deseo de ver muerto en sueños al otro. Y en “si vos lo decís…”, que otorga un poder a la voz femenina capaz de destruir y hacer explotar literalmente la cabeza masculina (al modo de Scanners de Cronenberg).

            Se trata de un buen panorama contemporáneo del microrrelato escrito por mujeres en Argentina, e invita a seguir indagando sobre la obra de las autoras seleccionadas, en diálogo necesario con otras tradiciones de Latinoamérica para establecer mayores vasos comunicantes.



Elton Honores

jueves, 15 de noviembre de 2018

José Güich, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti. Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Lima: Universidad de Lima, 2018. 444 p.




José Güich, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti. Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Lima: Universidad de Lima, 2018. 444 p.


La banda integrada por José Güich, Carlos López Degregori y Alejandro Susti acaba de publicar Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Se trata de un trabajo exquisito (según la RAE, “de singular y extraordinaria calidad”) que busca proponer un canon del microrrelato peruano. A diferencia de las dos últimas publicadas Circo de pulgas (2012), de Rony Vásquez, monumental trabajo que muestra gran parte del corpus o el de Óscar Gallegos con Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50 (2014), centrada en la década señalada en el título, Extrañas criaturas opta por autores del canon y trabajos “canonizables” (sobre todo para autores del siglo XXI).

La sección inicial más extensa es la de Alejandro Susti, quien ofrece una buena síntesis de las reflexiones teóricas sobre el microrrelato, apoyándose durante su exposición en diversos autores como Lagmanovich, Siles, Calvo Revilla o Friedman. Susti destaca cinco elementos: a) la ficcionalidad, entendida como la creación de una realidad autónoma; b) la brevedad, que se apoya necesariamente en la elipsis y la omisión de información; c) la narratividad, es decir, secuencia de acciones; d) la hibridación, que permite incluso  asociar al microrrelato a géneros extraliterarios, propios del horizonte posmoderno; y e) la unidad, es decir a la totalidad en sí misma del texto.

Siguiendo a López Degregori tendríamos un primer grupo de narradores del 50 (Salazar Bondy, Mejía Valera, Zavaleta, Meneses, Rivera Saavedra, Gálvez Ronceros, Adolph, Loayza y Oviedo); autores nacidos en los años 40 (Díaz Herrera, Ortega y Belevan); autores de los años 80 (Susti, Prochazka, Herrera e Iwasaki); y autores del siglo XXI (Donayre, Salvo, Sumalavia, Benza González, Zúñiga y Saldívar).

El único reparo que se puede señalar es la brevedad de las presentaciones (sobre todo en “introducción” y “breve panorama”) que bien pudieran haber sido más amplias dada la calidad del corpus y trabajos previos sobre el microrrelato; y agregar que se nota la ausencia de algunos otros miembros de la Generación del 50. En compensación los autores incluyen trabajos de José B. Adolph y José Miguel Oviedo y algunos inéditos de Sebastián Salazar Bondy.

Como sostiene Güich en la introducción, hoy “asistimos a una progresiva emergencia y establecimiento […]” de estos géneros (el microrrelato, lo fantástico, la ciencia ficción y el policial), considerados en el pasado como “menores” o “curiosidades” (15). Trabajos como los de este trío de investigadores ofrecen la oportunidad de poner en circulación textos, autores y sobre todo, asentar esta tradición como patrimonio nuestro.



Elton Honores

domingo, 11 de noviembre de 2018

Fantasmas del futuro. Teoría e historia de la ciencia ficción (1821-1980). Por José Donayre




Elton Honores nos sorprende, por quinta vez, con Fantasmas del futuro. Teoría e historia de la ciencia ficción (1821-1980)*, nuevo título que se suma a anteriores entregas que dan parte de una producción literaria nacional que se ha producido al margen de un canon marcadamente realista. Las casi quinientas páginas de este flamante volumen son difícil de resumir, reseñar o comentar sin sacrificar información valiosa, sin dejar de lado explicaciones minuciosamente desarrolladas, son soslayar análisis de precisa arquitectura, sin obviar comparaciones de extenso y didáctico desarrollo. El trabajo académico de Honores, visible por medio de publicaciones desde 2010, da cuenta de un crítico con un enfoque claro, que sabe controlar los ímpetus de su pasión. Sus libros decantan el trabajo de un investigador que sabe tomar la distancia necesaria para lograr objetividad, y contrastar sus hallazgos con la certeza que exige la ciencia en su constante revisión, replanteamiento y reformulación. Esto tampoco significa que Honores no tome riesgos. Los asume, sin ninguna duda, pero todo queda suficientemente sustentado para un buen desarrollo de la lógica de su discurso. De modo que la ruta desde la observación hasta las conclusiones es un recorrido que ilumina, entusiasma e inspira.

Una rápida revisión de Fantasmas del futuro deja una grata impresión por el nivel de detalle que ha logrado su autor. Los descubrimientos de Honores tienen un aspecto crucial: la pronta puesta en valor de autores bajo gruesas capas de polvo y títulos hallados tras un paciente y largo trabajo en archivos, bibliotecas y demás repositorios, tarea de mucho sacrificio, que supone aplazar otros proyectos y metas igual de importantes. Un más atento acercamiento a Fantasmas del futuro permite ahondar en los aportes teóricos de un especialista que sabe dosificar y sopesar sus valiosos descubrimientos. En este sentido, estamos ante un libro de doble función, es decir, Honores pone a nuestro alcance una obra cuya meta es brindar un amplio panorama que abarca más de ciento cincuenta años de producción literaria a partir de la fecha formal como nación independiente, y por otro lado, nos brinda una sistematización teórica que nos permite comprender los vasos comunicantes que explican diferentes manifestaciones estéticas, momentos muy puntuales de eclosión, y las diversas motivaciones que subyacen a la formulación de sus hipótesis, es decir, las ideas que explican lo observado y expuesto por Honores.

En vista de la gran complejidad de Fantasmas del futuro, se cree oportuno desarrollar cinco aspectos con cierto desempeño transversal, con lo cual se podrá ofrecer, a manera de muestra, una idea más o menos certera de los alcances de esta nueva entrega de Honores.

1) La delimitación temporal del género. Honores organiza su volumen desde una idea fuerza crucial para la conveniente fluidez de su teoría e historia de la ciencia ficción entre 1821 y 1980. Como bien refiere el autor, la ciencia ficción es un género con apenas dos siglos de producción, integrado por un corpus de textos fundacionales de la tradición europea, en el siglo XIX y estadounidense en el siglo XX. Las discusiones teóricas logran arribar a un consenso solo hacia fines de la década de 1970. En América Latina, sostiene Honores, las incursiones al género se dieron desde autores del mainstream, aunque fueron más que incursiones aisladas —salvo excepciones como Clemente Palma, para el caso peruano—. Para este investigador, los procesos de modernización de la primera mitad del siglo XX en América Latina ayudan a asentar el género, en tanto que los discursos ficcionales se inscriben en problemáticas globales (como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría), por ello recogen y refractan tensiones históricas, fantasías y deseos sobre el futuro. Honores deduce que, en otras latitudes, la irrupción de la ciencia ficción como discurso ficcional es tardía.

2) El lugar de enunciación para la delimitación conceptual del género (ficción fantástica versus ciencia ficción). De acuerdo con Honores, eI factor político tanto de lo fantástico como de la ciencia ficción dependerá siempre del lugar de enunciación, es decir, desde qué espacio sociopolítico se percibe y asume cada tipo de registro. El autor de Fantasmas del futuro considera que la condición del monstruo depende más de dónde estemos ubicados, ya que este es siempre el otro, pero considera que es también nuestro reverso, y se constituyen procesos de transformación de “lo normal”, que da pie a lo diferente y lo distinto. Honores refiere que podemos establecer un diálogo entre “identidad” y “diferencia”, donde la identidad es lo propio, mientras que lo diferente es lo foráneo y desigual, o sea, lo que sale de la norma. En la literatura fantástica se da esta lucha dialéctica y se busca acabar con la diferencia. En la ciencia ficción también se da también este proceso dialéctico entre “identidad” y “diferencia”. La diferencia se produce en aquellos que no se reconocen como parte del sistema y constituyen serias amenazas para el orden social. Son también presencias monstruosas, en la medida que manifiestan una agencia distinta a las aceptadas.

3) Ciencia ficción de sabor nacional. Honores sostiene que la ciencia ficción peruana —de la posguerra y la estética modernista hasta 1945 (adelantos científicos en medio de desastres bélicos), entre 1945 y 1968 (crítica social y miedo latente a la amenaza nuclear), y de 1968 a 1980 (motivada en un comienzo por la carrera espacial)— refracta las tensiones sociales y políticas del momento histórico en el que se inscriben, a la vez que, en términos políticos, oscilan en proyectos utópicos, o en visiones distópicas sobre el futuro inmediato de la nación. Para este investigador, la principal estrategia es la extrapolación temporal, es decir, la proyección hacia un tiempo futuro, en ese “entonces” hay un miedo a las sociedades totalitarias socialistas imaginadas desde el capitalismo estadounidense, con las taras del presente —racismo, discriminación, lucha de clases—. Honores precisa que este progreso no ha sido igualitario, lo que explica la reivindicación de las provincias que imaginan un desarrollo superior al de la capital. Hay también una preocupación por la pérdida de los sentimientos humanos. Estos textos reflejan también la condición del artista marginal que no encaja en el sistema. Asimismo, hay un interés por mostrar la tensión entre el progreso y el fracaso científico. Elton Honres asevera que la ciencia es inútil y provoca desconfianza e insatisfacción, y que, en este contexto, el miedo a la amenaza de una guerra nuclear de connotaciones catastróficas es más que latente.

4) Apocalipsis made in Peru. Honores, a partir de planteamientos teóricos de Frank Kermode, David Ketterer, Lois Parkinson Zamora, Malcom Bull, Geneviève Fabry, Ilse Logie y Lucero de Vivanco, traza un consistente marco para ubicar y analizar las particularidades de lo apocalíptico en los relatos peruanos que no se hallen en la dimensión e intención mimética verosímil propia del realismo. De este modo, Honores nos lleva a “Apocalíptica” (1883) de Ricardo Palma, “Febri-morbo” (1898) de Enrique López Albújar, “El día trágico” (1910) de Clemente Palma, “El fin de la raza” (1910) de Eduardo Herrera, “¡El bólido!” (1943) de Sebastián Salazar Bondy, “La bomba J” (1958) de Héctor Velarde y “El tiempo del fin” (1966) de Juan Mejía Valera. Para Honores, la diferenciación de las causas de lo apocalíptico resulta iluminadora. Así, queda claro que en los cuentos peruanos hay un predominio del futuro catastrófico (López Albújar, Clemente Palma, Herrera, Salazar Bondy y Mejía Valera). Solo dos relatos, precisa Honores, el futuro apocalíptico es dominante (Ricardo Palma y Valdelomar). Y solo uno plantea el futuro posnuclear (Velarde). Más allá de estas diferencias, en general, plantea Honores, los relatos muestran una desconfianza en la ciencia como promotora de progreso y privilegian a Lima —ciudad periférica— como centro de la catástrofe. Asimismo, Honores, subraya lo planteado por De Vivanco en cuanto a la relación entre lo apocalíptico y la crisis. Para De Vivanco, arguye Honores, lo apocalíptico es un rasgo identitario de la nación peruana.

5) La poética de J.B. Adolph. Cierta posición, no del todo superada sobre todo en el Perú, es la de considerar a la ciencia ficción como un producto asociado a la literatura de evasión e infantil, como señala Honores en las primeras páginas de Fantasmas del futuro. En gran medida, la obra de Adolph contribuye a repensar en el alcance y aporte de este género. Honores hace un exhaustivo análisis de la obra de Adolph, centrándose tanto en su arte poética como en sus primeros cinco libros de cuentos. En resumen, de acuerdo con Honores, Adolph se inserta en un periodo de transición de la narrativa moderna hacia la narrativa contemporánea. Su producción tardía a la emergencia de lo fantástico en la década de 1950, sostiene Honores, puede explicar hasta cierto punto su posición marginal ante otros autores de fantásticos, pero esta condición periférica se debe también a su cercanía con la dictadura de Juan Velasco. Adolph utiliza los códigos de la literatura de masas, como bien observa Honores, no para producir obras en serie sino para introducir cuestiones de orden metafísico. Honores anota que este autor utiliza la extrapolación temporal para ubicar las acciones en un futuro, y que en ese entonces por ocurrir se revelan las contradicciones y vacíos del presente.

Fantasmas del futuro no es una respuesta al reciente título publicado por José Güich (Universos en expansión. Antología crítica de la ciencia ficción peruana: siglos XIX-XXI), pues ambos han aparecido casi simultáneamente. Entre uno y otro hay hondas coincidencias, pero también notables diferencias... y también insondables silencios que comunican. Ambos se complementan y retraen, uno y otro incentivan al lector a seguir hurgando en las cuerdas espaciales, y en los misterios del universo y las posibilidades del futuro. La antología de ciencia ficción que ya está bien avanzada por Honores se basará sin duda en los presupuestos expuestos tan ampliamente en Fantasmas del futuro. Teoría e historia de la ciencia ficción (1821-1980). Solo título (Noticias del futuro) ya remece el escenario literario nacional. Esta es una obra que se complementa a su antología de ficción fantástica Más allá de lo real. Como testigo de estos maravillosos hechos, e incluso cómplice en algunas de las conspiraciones académicas eltonianas, además de persona natural de algún modo vinculada con estas inquietudes, solo me queda esperar las respuestas de los nuevos investigadores. Quieran los apus que algunos de estos fantasmas del futuro estén aquí, escuchándome, en este recinto académico.

*Texto de presentación de José Donayre, leído el martes 6 de noviembre en el marco del X Coloquio de estudiantes de Literatura, Caelit-UNFV.

martes, 18 de septiembre de 2018

5 clásicos de José B. Adolph

5 clásicos de José B. Adolph

José B. Adolph es sin duda, uno de los más importantes autores de la literatura fantástica y de ciencia ficción peruana y latinoamericana de la segunda mitad del s. XX. A diez años de su partida recomiendo su obra completa y de ella selecciono cinco títulos imprescindibles.

1. Hasta que la muerte (1971)


2. Mañana, las ratas (1984)


3. El retorno de Aladino (1968) 


4. Mañana fuimos felices (1974)

5. Los fines del mundo (2003) 




lunes, 17 de septiembre de 2018

5 mejores películas de superhéroes

5 mejores películas de superhéroes


1.  The dark knight


2.  Wonder Woman


3. Doctor Strange


4. Captain America. The winter soldier


5. Thor. Ragnarok


jueves, 16 de agosto de 2018

VV.AA. Horror Queer (Antología). Lima: Cthulhu, 2018. 150 p. Selección de Marcia Morales Montesinos.




VV.AA. Horror Queer (Antología). Lima: Cthulhu, 2018. 150 p.  Selección de Marcia Morales Montesinos.



            Esta antología invita a explorar nuevos mundos narrativos. A partir de la relación entre el horror fantástico y lo queer (o “cuir”), que alude a la comunidad LGBT, es que los autores antologados enmarcan sus ficciones. Desde el principio supone un ejercicio políticamente incorrecto, ya que si repasamos la larga tradición de ficciones de horror, los personajes centrales han sido dominantemente heterosexuales. En este caso, dado el auge de los movimientos de reivindicación sexual y de género (y quizás cierto nicho editorial) es que se propone posicionar como centrales a personajes ubicados socialmente en el margen. De otro lado, el título en sí mismo supone un juego ambiguo: se puede sentir “horror” hacia lo queer, es decir, lo queer provoca horror (como en algunos relatos). En ese caso, detrás de ese juego políticamente incorrecto se esconde una visión muy conservadora sobre el género LGBT, ya que estos serían los nuevos monstruos del siglo XXI.

            Y es que si nos centramos en los relatos (en este caso, me comentaré solo a los autores peruanos), solo dos (Carrillo y Huerta) escapan a ciertos estereotipos creados y aceptados socialmente. En la mayoría, ser “queer” significa ser máquinas sexuales, dedicarse a la prostitución, o poseer una alta promiscuidad sexual. En el caso de Carlos Saldívar, el personaje central se dedica a la prostitución y es violentado por una pandilla de jóvenes homofóbicos. Frente a la muerte inminente se entrega en su fe a una deidad maligna, “Nuestra señora de la noche”, que da título al cuento. Esta “diosa” se describe como “[…] alta, atlética, con amplios senos y caderas curvilíneas, tenía un traje de apariencia metálica, negruzco, ceñido. Piel trigueña y una cabellera marrón […] la entidad llevaba unos tacos negros, enormes” (17-18). La diosa parece una encarnación de “Catwoman”. ¿Podría esta figura claramente femenina ser la liberadora del sujeto queer?

En “La chica más honrada” de Gonzalo del Rosario intenta recrear el habla popular de un sujeto queer en amoríos con un joven sicario. Al descubrir que ella es él, sufre la violación. Se supone que este recuerdo es el inicio de su actividad sexual. Tal como está construido el relato, pareciese que el sujeto central “gusta” (no diremos que “goza”) de lo sexual, a pesar de la violencia. Si el horror es el acto violento, también podría ser “horroroso” esa forma de aceptar los hechos.

“El sireno al revés” de Julio Meza, parte de una anécdota que el propio autor narró en algún congreso de escritores en Lima, acerca de noticias sensacionalistas durante los años 90. En ese caso, distorsiona la anécdota para ajustarse a los requerimientos del libro. Por momentos es absurdo y provoca humor y de otro es escabroso y vinculado a la serie de seres fantásticos.

“El íncubo” de Hernest Tarek es conservador desde el punto de vista ideológico ya que refiere a la mujer como agente del mal. “la mujer […] siempre los ha llevado [a los hombres] a traspasar el límite de la locura, los convierte en potenciales transgresores de sus propias leyes a cambio de favores. Muchas de ellas, también, son presas de la lujuria y la excitación […] (101). Hay una vuelta de tuerca porque el íncubo sucumbe ante el poder de un singular súcubo que gusta de las mujeres.

“Crónicas de la ninfa y el fauno –duelistas en North Town” sitúa las acciones en el año 3069. En este mundo futuro, el sexo se vuelve vital para la vida (¿?), ya que “el sexo producía ahora en los organismos vivos hormonas y agentes necesarios para la generación de energía y reconstrucción celular” (120). Se muestran espectáculos sexuales en los que el exceso y la hipérbole son la distinción.

“El hijo de Dirty” trata sobre una hipotética pareja de mujeres asesinas, cuya particularidad (osea, el carácter psicópata pasa a segundo plano) es que de una de ellas emana un ser asqueroso como larva.

Dos cuentos escapan a los estereotipos sexuales ya comentados al inicio y llegan a un nivel alegórico. En “El pelado Jairo” de Tania Huerta, nuevamente aparece el sujeto queer, que es en el fondo, un psicópata. Él busca ser ella (una mujer pelirroja), desea ser otro (en este caso, otra). Es un cuento macabro que tiene como referente a Hannibal Lecter o Norman Bates. Y sin duda, “No me gusta el terror visceral ni el gore” de Carlos Carrillo, el mejor de todos los referidos, no solo porque lo queer es aquí un pretexto para contar una buena historia, en el que mezcla el imaginario local y el horror gótico del cual es un importante cultor. Un relato potente y de gran imaginación, con una estupenda vuelta de tuerca.

Así que están avisados. Horror queer pretende ser un libro alterno a la corriente mainstream (y hasta cierto punto lo es), pero en el fondo no puede dejar de estar dentro de los paradigmas sociales- sexuales, dominantes. Es un libro visceral, no recomendable para los amantes del estilo “García Márquez”, ya que exige del lector otro tipo de sensibilidad.



Elton Honores