domingo, 23 de julio de 2023

José Donayre Hoefken (Comp.). Diecinueve relatos médicos sobre la pandemia. Lima: maquinaciones, 2020. [96 p.]

 


José Donayre Hoefken (Comp.). Diecinueve relatos médicos sobre la pandemia. Lima: maquinaciones, 2020. [96 p.]

              El escritor, editor y gestor literario José Donayre (Lima, 1966) editó una de las primeras antologías sobre la pandemia que afectó al planeta, y cuyo primer caso en el Perú fue detectado a inicios de marzo del 2020. Así que se trata de una antología pionera sobre el tema, y en segundo lugar, no apela a incluir a literatos, sino a médicos-escritores. La idea es que al estar en contacto más directo con el tema podrían dar un testimonio distinto, no desde la ficción sino a partir de los hechos reales y científicos. Si bien la antología no se restringe a los textos realistas, hay espacio para textos fantásticos y de ciencia ficción, que funcionan mejor que los realistas. Y es que la ficción y la fantasía hacen más soportable la realidad y lo real.

              En conjunto, hay ejes temáticos que se reiteran: un escenario semi “apocalíptico” (que no se explota justamente por ese tono realista predominante), la enfermedad, la trasmisión del virus, la muerte física a la vuelta de la esquina, el carácter pandémico. En su mayoría tienen la misma extensión, son como estampas breves que desarrollan más esta atmósfera anotada. De alguna manera todos hemos visto y padecido de modo directo o indirecto los efectos de la pandemia, así que mucho de lo dicho es conocido por el lector. Ello nos hace preguntar ¿para quién se escriben estos textos? La única posibilidad es para los lectores del futuro que desde ese futuro hipotético puedan reconstruir el estado de ánimo de esta época a través de estos textos. Obviamente estos también tienen limitaciones, por ejemplo, en ningún texto se habla acerca del negociado de las clínicas privadas en relación a la enfermedad y la muerte por el virus (muchos hipotecaron o vendieron su casa o bienes con la esperanza de salvar a sus parientes, sin éxito, y quedaron endeudados con cifras astronómicas); el que otros especularan con la venta de los balones de oxígeno creando mayor caos; o sobre el papel de los medios de comunicación para extender el miedo en la población; o en los suicidios provocados por el encierro; o secuelas como la ansiedad o la depresión, etc. Hay sí un leve atisbo de la crisis en la salud pública, pero no se ahonda. La pandemia reveló una crisis y carencias que no son de ahora, sino desde hace décadas. Por lo menos desde los años 80. En la línea realista solo Aland Bisso plantea un problema diferente: el de la prostituta que (más allá del tema moral) debe continuar con su oficio por necesidad a pesar de quedar expuesta al contagio. Debemos agregar que durante la pandemia fueron los médicos los verdaderos héroes (no los de DC Comics o Marvel), junto a la policía y fuerzas armadas, pero no la clase política local.

              En cuanto a los textos de ciencia ficción destacan “Andromedik” de Juan Javier Bolaños en el que las máquinas han reemplazado a los médicos humanos y se encargan de cuidar a los sobrevivientes; “Misión Covid-19” de Gloria Paredes, un texto utópico en el que la pandemia se resuelve por la agencia de seres extraterrestres. Pero es en lo fantástico en el que el tema da un mejor desarrollo. Son los casos de “Desconcertante realidad de los óleos” de Hernán Cavalié en el que una pintura europea acerca de una peste del s. XVII sirve de base para establecer un diálogo con el presente apocalíptico; y “El barco en el muelle” de Carlos Vera Scamarone en el que el personaje entra en una dimensión otra tras la muerte final. Los textos de Cavalié y de Vera Scamarone son los mejores de esta compilación.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Sarko Medina. La calle está dura. Arequipa: Aletheya, 2021. 151 p.

 

 


Sarko Medina. La calle está dura. Arequipa: Aletheya, 2021. 151 p.

              Sarko Medina (Arequipa, 1978) es uno de los escritores contemporáneos más interesantes del panorama actual, aunque la circulación de su obra sea bastante restringida ya que publica en su ciudad natal y sus libros solo circulan en ferias como La independiente, con un alcance dirigido más a estudiantes universitarios y profesores o profesionales. El “gran” público queda reservado temporalmente para la Feria Internacional del Libro a la que si bien muchos tienen la fortuna de llegar, la gran mayoría de autores queda excluida. Aunque la feria tampoco es garantía de la circulación del libro porque al igual que el cine, en el que solo una o dos películas acaparan todas las salas de los multicines con su maquinaria publicitaria (o Barbie u Oppenheimer), y el favor de los youtubers; en el caso de los libros ocurre igual: dos o tres autores mediáticos, con guardaespaldas y presencia mediática son los que al final se convierten en los “más vendidos” y promocionados en las cadenas de librerías y prensa mediática, influencers y booktubers, (que muchas veces reciben muestras para que las promocionen en sus canales digitales, y que se reduce a leer la contratapa del libro o mostrar la portada, el objeto en sí mismo, con todo el problema que supone creer que esto es hacer crítica, ya que en el mejor de los casos se hace un resumen) dirigidos a la clase media y alta, quienes son los que “consumen” libros (por cierto, no se tiene medición de los libros que se compran en Amazonas, Jirón Quilca o Jirón Camaná en el centro de Lima).

              Esta problemática viene de hace ya bastantes años atrás y comenzó a distinguirse con claridad en la década de los años 90, cuando todavía había una prensa cultural en medios periodísticos, y que sí hacía crítica de libros -y que conforme pasó el tiempo fue perdiendo no solo peso y sustancia, sino también poder simbólico entre los lectores y ahora es casi desértico (salvo los canales digitales que es una “tierra de nadie”, o mejor dicho “tierra de todos”, sumado a la cultura “woke” y a ser políticamente correcto). Claro, siempre hay excepciones de buenos booktubers, pero siguen siendo eso: excepciones a la regla.

              Volviendo al libro de Sarko Medina es necesario hacer este breve contexto, ya que sumado al hecho que el autor ha transitado por el cuento fantástico, este libro de cuentos tiene un registro hiperrealista, no en cuanto a que se exacerbe la materialidad de la pobreza social y económica de los sectores bajos o populares de la sociedad, sino que mucho del material de base de estos relatos los podemos ver en los noticieros locales, es decir, casos criminales cotidianos, pasionales. En estos relatos la conducta criminal acaba siempre en la muerte. Casos de bullying, prostitución, el aborto, hijos que asesinan a sus abusivos padres, etc. Hay una crisis moral que recoge el libro a partir de estas “microhistorias”. En ese sentido, Medina supera las limitaciones del realismo burgués, anclado en sus crisis personales, la pérdida de su mascota, o conflictos con el “padre” para adentrarse a un universo criminal con una intención periodística o documental. En esta línea, “Te esperaré” sea acaso uno de los mejores textos del libro, en el que se une lo trágico, la vaga noción de una muerte “digna” y una violencia con un único final.

              Si bien esta es la base del libro hay dos textos que escapan con claridad a este eje dominante. Se trata de “La chica que quería ser Slash” y “Ataque Techno”, ambos de ambiente musical y que probablemente se basen en experiencias personales ficcionalizadas. En el primero, se cuenta dos historias, la real y la fantasiosa acerca de un “amor imaginario” adolescente. Un adulto recuerda con nostalgia ese primer amor de adolescencia y reconstruye bastante bien esa primera sensación vaga de amor. Si bien en el presente de la narración la amada está ya muerta, eso no impide que ese recuerdo sea tratado con cierta madurez no solo para aceptar el hecho sino comprenderlo en su intimidad y cuyo secreto se revela hacia el final del cuento. En el segundo, Medina ambienta la historia hacia mediados de los años 90, en un país ya más estable de la violencia terrorista y afiebrada por la moda de la música techno. El personaje es un joven sin futuro ni esperanza (una condición atribuida a la denominada “Generación X”), solo que no vamos a encontrar en este texto ni subtes -que ahora con canónicos y museables-, ni anarquistas ni panfletarios, sino a un personaje de la clase popular (la gran mayoría del país), alienado, cuya única vía de escape a esa situación marginal o futuro incierto es el baile y la competencia. Quizás tome como modelo a Saturday Night Fever (1977) película que rendía tributo a la música disco. Lo interesante es que creo que ha pesar de haber transcurrido cerca de 30 años, este el primer cuento que trata este aspecto de la cultura juvenil de los 90. Así Medina reconstruye desde la ficción, un mundo que se fue, que es pasado, pero que el lector de 40 años a más podrá reconocer y quizás reencontrarse. Es una gran historia, que quizás merezca una versión cinematográfica.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

sábado, 22 de julio de 2023

Rocío Uchofen. La irrealidad y sus escombros. Lima: Maquinaciones, 2021. 142 p.

 


 

Rocío Uchofen. La irrealidad y sus escombros. Lima: Maquinaciones, 2021. 142 p.

              Rocío Uchofen (1972) es poeta, narradora y promotora cultural. Estudió Literatura en la PUCP y actualmente radica en EE.UU. La irrealidad y sus escombros es un libro que contiene 14 cuentos, ambientados en ese país o escenarios globales. El tema moral estará presente en sus historias como un leit motiv recurrente. Quienes transgreden las normas serán finalmente castigados. Así, se remarca el conservadurismo de esos mundos de ficción que son similares al del lector en el que lo inmoral no puede triunfar, sino que fracasa. Por ejemplo, en “La vida inconclusa de Enrico Mistral” un niño, hijo de una prostituta será “adoptado” por un hombre de buena posición económica, con el objetivo de convertirlo en un cantante popular. Pero este personaje vive siempre a la sombra del otro hermano modelo al que mata, y que finalmente muere en un accidente. Es una trama truculenta en la que la transgresión se castiga. Lo mismo ocurre con el segundo cuento “Diana cazadora” cuyo conflicto trata acerca de una mujer “amante” de un hombre casado que es expulsada de la suite cuando la esposa “legal” viaja a la misma ciudad. Nuevamente vemos el conflicto moral que es castigado por las normas, las leyes o convenciones sociales. Aquí no hay víctimas ni victimarios, todos tienen un grado de conciencia sobre sus acciones. Otro eje frecuente en otros textos es el encuentro entre dos amantes, siempre secretos, “adultos”, es decir, sin ataduras legales, etc.; y también el tema de la enfermedad.

Sobre los cuentos “irreales” en relación al título destacan “El reflejo”, en clave de ciencia ficción en el que una madre muerta en un accidente podrá ser clonada en quien causó su muerte física; o “El beso en Poblenou”, nuevamente un encuentro entre dos amantes, con giro final en el que la mujer descubre que el amante con quien pasó la noche era un “aparecido” ya que había muerto horas antes en un accidente. Este cuento, de estirpe cortazariano, quizás sea el mejor del conjunto. En otros textos hay otros elementos como fantasmas atípicos, relaciones extrañas o lo queer. En conjunto diríamos que se trata de un libro en el que lo extraño -por encima de lo fantástico- es predominante. Un libro para lectores adultos (dadas sus historias), y no necesariamente para quienes leen literatura juvenil o siguen las recomendaciones de los booktubers hispanohablantes sobre libros de tapa dura (y en inglés).

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

martes, 18 de julio de 2023

Gustavo Rodríguez. Trece mentiras cortas. Lima: Alfaguara, 2006. 172 p.

 


 

Gustavo Rodríguez. Trece mentiras cortas. Lima: Alfaguara, 2006. 172 p.

              Gustavo Rodríguez (Lima, 1968) es escritor y comunicador, estudió Publicidad en el Instituto Peruano de Publicidad, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2023. En 2006 publicó su libro de cuentos titulado Trece mentiras cortas. El libro en mención es presentado por la editorial como un conjunto de historias “irreales” y que la lingüista Martha Hildebrandt en la contra-carátula refuerza al sostener que son cuentos “de suspenso con toques de realismo mágico más bien cortazariano”. De los trece solo uno puede calificar como estrictamente fantástico (nos referimos a “Encuentro en un bar”; “El último cuento de este libro” es una fantasía). En su mayoría pueden catalogarse como cuentos extraños, y otros poseen un registro claramente realista.

              Pero antes de abordar ese cuento en particular quisiera reflexionar sobre los textos de contra-carátula y paratextos. En cuanto a la noción de “cuento irreal” ¿son irreales tanto “Demetrio” de Julio Ramón Ribeyro, como alguno de los de Los Inocentes de Oswaldo Reynoso? ¿Pueden ser catalogados ambos como irreales? Es claro que no. Se trata de una licencia editorial bastante laxa ya que en el fondo toda la literatura es irreal, pero no toda es literatura fantástica. El mundo real, la realidad es muy diferente al mundo de la ficción. Incluso el periodismo (o la publicidad) e incluso la historia siguen siendo artificiales. Pero dentro de la ficción el lector sabe qué puede ser irreal o no. El realismo es irreal por más que se base en hechos reales o tenga una pretensión documentalista, objetiva, “científica” o historicista.

El libro de Rodríguez contiene como pórtico trece epígrafes, inteligentes todos, pero uno llama más la atención: “Estos son los malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”, firmado por Cicerón (106-43, a.C). La idea es que el lector ubique el epígrafe en el cuento correspondiente, pero más allá de lo lúdico la cita de Cicerón resulta actual por cuanto habría un carácter parricida e “irrespetuoso” hacia las figuras literarias canónicas (es decir, ya no siguen a los “padres”, los nuevos escritores se están “rebelando” contra la autoridad al decidir que son ellos los que deben o pueden escribir); y de otro, el hecho que “todo el mundo escribe libros”, es decir, todos creen que tienen algo que contar, un algo, una cosa que pueda tomarse como literatura. Y agregaríamos que así como “todo el mundo escribe libros”, tampoco “ya nadie quiere leer literatura”. No es un secreto que hay algunos narradores que no leen y que consideran que su experiencia de vida es tan valiosa que merece contarse a través de la ficción (y que, salvo excepciones, también sabemos que el publicar en grandes editoriales es algunas veces un asunto de contactos, amistades, círculos, y no necesariamente de talento).

              Rodríguez es un narrador con oficio y sabe contar una historia. Entretiene, sin duda. Lo que más resalta es la ideología del narrador. Grosso modo diremos que se representa una voz perteneciente a la clase media “aspiracional”, hasta cierto punto amable que logra cierta empatía con el lector. Los espacios frecuentes son San Isidro y Miraflores (también Trujillo), se reitera las imágenes, los recuerdos de la adolescencia desde la nostalgia, no libre de cierto humor, el colegio de seminaristas, etc. Los personajes pueden viajar (y residir) en otros países, poseen propiedades (departamentos nuevos, autos). El narrador usa la nostalgia y el humor como recursos narrativos frecuentes. Las influencias reconocibles son principalmente Ribeyro, Bryce, y el melodrama telenovelesco.

              En cuanto al texto en mención (“Encuentro en un bar”)  se trata de una pequeña joya del fantástico que trabaja el tema del doble o “Doppelgänger”. Esta vez se trata de un encuentro cuádruple, es decir, el personaje central se encuentra en un mismo espacio tiempo con sus otros “yos” del pasado. Y lo hace de un modo casi perfecto. Este es el único cuento “irreal” del conjunto. Y a nuestro criterio el más sobresaliente.

             

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos