martes, 27 de mayo de 2014

Ernesto Carlín. Lima Subte. Lima: Altazor, 2012. 78 pp.



Obra maestra ****
Muy buena ***
Buena**
Regular *



Ernesto Carlín. Lima Subte. Lima: Altazor, 2012. 78 pp.

Desde la nostalgia, Ernesto Carlín (Callao, 1974) refiere mediante el uso de una narración fragmentada y múltiples voces, parte del movimiento del rock subterráneo en la figura de Leonardo Bacteria, músico peruano fallecido en 2011. La novela, al modo de las narraciones juveniles, explora las vicisitudes y deseos de una generación de jóvenes que terminó por asimilarse al orden establecido, orden que era atacado y criticado en las letras de múltiples canciones. Lo “subte” aparece entonces como nostalgia, como algo perdido asociado a la juventud (por más que en la última escena se sugiera que uno de los personajes vuelve a revivir a instalarse en ese espíritu rebelde -como podría ser la violencia innata de Álex en La naranja mecánica de Kubrick- a través del “pogo”). Ese espíritu iconoclasta y parricida es parte de lo que Oswaldo Reynoso denominaba  como “servicio obligatorio”, es decir, ser rebelde como parte del proceso de madurez, para luego integrarse al establishment. La adultez implicaría entonces la pérdida de esos mismos valores de búsqueda personal, inconformismo social y cuestionamiento permanente, asociados a la juventud. No estoy seguro de si la novela demuestra que el “punk no ha muerto” o lo contrario. Lo cierto es que en la sección 7 se plantea una suerte de poética del artista (la búsqueda de expresión permanente que nunca se satisface plenamente) y su condición marginal (artistas que mueren haciendo lo que saben en el más completo olvido).  La novela es un “volver al pasado”, pero como objeto de deseo imposible, ya que el tiempo parece borrar ese pasado reciente de violencia política apenas representado, y mantiene al lector en un presente mucho más cómodo, sin riesgos, pero también, sin futuro.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

sábado, 24 de mayo de 2014

Honores, Elton: La civilización del horror. El relato de terror en el Perú. Lima: El lamparero alucinado, 2013. 165p. Por Jesús Diamantino



Honores, Elton: La civilización del horror. El relato de terror en el Perú. Lima: El lamparero alucinado, 2013. 165p.

Jesús Diamantino Valdés
Universidad Adolfo Ibáñez, Chile

En La civilización del horror. El relato de terror en el Perú, Elton Honores busca ahondar en una de las temáticas más desdeñadas por la crítica literaria peruana: el terror. Esta indiferencia (que posiblemente es sintomática en casi toda Latinoamérica) se debe al desconocimiento de los factores culturales y los mecanismos estéticos que determinan a este subgénero. En su introducción, Honores señala que: “El desinterés [por el terror] –dentro de los estudios literarios– no se debe necesariamente a la falta de producción, sino que al igual que lo fantástico, este posee, en el mejor de los casos, el estigma de considerarse como literatura de evasión, es decir, el terror como una narrativa que se aleja de los problemas reales de la sociedad (…) pero también el de ser supuestamente una literatura que es consumida por un grupo minoritario de lectores, imaginados como almas diabólicas o seres anormales” (11). Enseguida, este prejuicio es rebatido por el autor al exponer la hipótesis de su trabajo: los relatos de terror no sólo tienen una pretensión lúdica, sino que también proyectan los miedos colectivos de la sociedad peruana, configurando de esta forma una identidad histórica (una tesis que también podría extenderse a todo Occidente). Este planteamiento será el punto de partida de su investigación.

El libro de Honores se divide en tres capítulos. En el primero de ellos, titulado “Reflexiones teóricas sobre el terror”, revisa diversos autores y sus planteamientos en torno al tema. Destaca las apreciaciones de teóricos como Roger Caillois, H. P. Lovecraft y Rafael Llopis, quienes han intentado definir y categorizar “el miedo” como sustrato estético de la literatura fantástica. Asimismo, el autor hace hincapié en el carácter alegórico de la literatura de terror y su estrecha relación con la muerte, la inestabilidad del orden social y las angustias del hombre contemporáneo (las enfermedades, la ruina económica, la vejez, etc.) entre otros factores que constituyen el desarrollo de este tipo de ficciones. Una vez delimitado conceptualmente el género, Honores realiza una breve revisión histórica del relato de terror en Perú partiendo desde la época prehispánica colonial. En esa sección el autor se refiere a la presencia de elementos terroríficos en la iconografía indígena (monolitos, telas, cerámicas, etc.), en relatos orales mitológicos y en textos cronísticos; dando cuenta del “miedo” como una reafirmación cultural: un vasto escenario de sacrificios humanos, dioses, demonios e incluso el miedo frente al estruendo de las armas y la Inquisición desde la perspectiva de los incas.

Luego, en “El miedo en los siglos XIX y XX”, Honores explica los pormenores culturales que alimentaron el terror en aquel período, como por ejemplo, el miedo de la elite ante una posible insurgencia del pueblo, y ante la pérdida del poder de la Iglesia. En este contexto, la literatura manifiesta un cambio desde el costumbrismo al romanticismo, enfatizando la reconstrucción de un pasado histórico por sobre una realidad objetiva: “En relación al relato de terror, los elementos propios del género aparecen en los textos del período decimonónico orientados principalmente hacia la alegoría moral y aleccionadora” (55). Por ese motivo, en la primera mitad del s. XIX los narradores privilegian los asuntos folclóricos y la herencia de las crónicas religiosas.   

Más adelante, continuando con el mismo orden cronológico, el autor explica los paralelismos que las vanguardias literarias establecen con el cine de terror norteamericano y peruano (años 20 y 30), para después dar lugar a la literatura moderna y al desarrollo del género del terror paródico, en estrecha relación con la cultura de masas (años 50 y 60). Sin embargo, será en los años 70 cuando el género fantástico vuelva a los referentes canónicos (principalmente hacia H. P. Lovecraft) abriéndose camino hasta la actualidad. En este periplo, se destacan escritores como Lucio Colonna-Preti, Pablo Nicoli y Fernando Iwasaki. Finalmente, el autor hace una revisión de seres fantásticos y maléficos de la cultura andina (pistacos, cabezas voladoras, almas en pena, qarqachas o degollador) que los narradores han utilizado profusamente en la literatura peruana.

En el segundo capítulo, titulado “Formas temáticas locales del imaginario popular” el autor indaga en torno a las diversos elementos de la literatura de terror en base a las representaciones del mundo popular local. Comenzando con un anecdotario de historias coloniales sobre aparecidos, objetos encantados, casas embrujadas (como parte del imaginario social), Honores desglosa diversos elementos temáticos que engrosan el corpus de obras de terror peruanas: el primero de ellos es la figura delfantasma como una representación directa de la muerte y de la dualidad entre el mundo material y el espiritual. Al respecto destaca dos obras: La procesión de las ánimas (1864) de Francisco Ibáñez y Continuidad (1953) de Catalina Recavarren. La primera, un muestrario de historias espectrales y edificantes; la segunda, una novela fantasmal de gran complejidad narrativa. De la misma forma, el autor continúa analizando otros temas como los espacios insólitos, el terror al otro, el terror a lo andino, el terror a lo amazónico, la mujer monstruo y el terror a lo sexual, en este caso, sin establecer una directriz cronológica, ya que el grueso de su estudio se mantiene en el aspecto temático.

En el tercer y último capítulo, “Tópicos del terror”, el crítico se propone analizar algunos temas clásicos de la literatura de terror que han sido asimilados en la narrativa peruana, como el caso de la joven mujer muerta y de la figura del diablo. La mujer fantasmal que vuelve del mundo de los muertos para atormentar a los hombres, la mujer vampirizada, la femme fatale o demonio que busca la perdición de las almas aparece en la novela corta Morx ex vita (1923) de Clemente Palma, en donde se hace referencia a las prácticas espiritistas y al amor del protagonista por una mujer fallecida; y lo demoniaco y la figura del Diablo (El príncipe de las Tinieblas, el pacto con el maligno, la tentación y el pecado) en el cuento Trágica imitación (1957) de Eduardo Ribeyro, un relato alegórico en clave carnavalesca que presenta la perpetua dicotomía entre el bien y el mal. Luego su estudio continúa con el tema de los monstruos, como aquello que se opone a la naturaleza y la subvierte (deformaciones, vampiros, hombres-lobo, etc.) en la novela El club monsters. También considera Revelaciones de la Arequipa oculta (2007) de Pablo Nicoli Segura, un relato hiperbólico y grotesco que funciona como homenaje a cintas del género fantástico. El capítulo se cierra con un análisis de la novela La reina madre  (2007) de José Güich, desde el género de la ciencia ficción.

La civilización del horror de Elton Honores proporciona un sugerente análisis de los aspectos socio-culturales que determinaron (y continúan determinando) a la literatura de terror en Perú, y también en todo nuestro continente. Del mismo modo, expone una interesante panorámica de los principales temas y tópicos del género fantástico que han sido reapropiados por autores latinoamericanos. De esta manera, Honores devela el lenguaje simbólico detrás de este tipo de obras y nos entrega una mirada original de la narrativa peruana y su contexto de producción, haciendo hincapié en el “lenguaje del miedo” como una forma discursiva persistente en la historia de la literatura hispanoamericana: un lenguaje que define al sujeto y su idiosincrasia.  Sin duda un texto ineludible para futuras investigaciones.


En: < http://www.uai.cl/facultades-y-carreras/facultad-de-artes-liberales/master/magister-en-literatura-comparada/notas-al-margen-resenas/helton-honores-la-civilizacion-del-horror-el-relato-de-terror-en-el-peru>

martes, 6 de mayo de 2014

Los mundos paralelos de José Güich Rodríguez. Por Francisco Tumi



Los mundos paralelos de José Güich Rodríguez*
Por Francisco Tumi

Afirmar que el género fantástico no ha tenido un desarrollo sostenido en la narrativa peruana no resulta ninguna novedad. Es verdad que no han sido pocos los autores locales que han escrito cuentos fantásticos —la lista no se agota en Ribeyro, Loayza o, más recientemente, José Adolph—, pero el corpus del género es limitado entre nosotros en comparación con el que puede exhibir, por ejemplo, la literatura rioplatense, incluso más allá de las joyas elaboradas por Jorge Luis Borges o Julio Cortázar.

José Güich Rodríguez (Lima, 1963) parece ser uno de los escritores peruanos dispuestos a revertir esta situación. Profesor universitario y periodista, formado académicamente en Buenos Aires, Güich Rodríguez clavó una primera bandera en el género en 2000, con la publicación de una colección de cuentos titulada Año sabático, que fue asimismo su primer libro. Pese a esa suerte de debut literario, el conjunto resultó maduro, riguroso y sumamente personal, tanto por el lado de las historias como por el lado de los recursos expresivos.

Seis años después, este escritor reaparece con una nueva colección de relatos fantásticos, El mascarón de proa, con la que confirma las expectativas que se habían puesto en él y al mismo tiempo consolida tanto su especialización en el género como su amplio dominio del cuento. Lo ponen de manifiesto la solidez de las ocho historias reunidas en este nuevo volumen, la fuerza de la imaginación, la homogeneidad del conjunto —lo que no impide reconocer picos como “El mascarón de proa”, que le da nombre a toda la colección, “Los días verdes” o “El veterano”—, la efectividad del lenguaje, la dosificación de la información y, por supuesto, el ritmo y la fluidez de la prosa.

Convencido, como Cortázar, de que lo fantástico nace de lo cotidiano, Güich Rodríguez rastrea el lado invisible o desconocido de la realidad en las situaciones más normales o convencionales. La forma de sus cuentos, la manera en que plantea las historias para que el lector se sumerja en ellas, el tono directo y llano de la narración, sea en primera, segunda o tercera persona, todo eso alimenta la falsa impresión inicial de que se está frente a un relato realista. De pronto, sin embargo, en un giro, una frase o un episodio, lo anómalo, lo imposible o lo extraordinario asoman su cresta en la primera o la tercera página y la puerta se abre para dar paso a un mundo paralelo tan coherente y complejo como el de todos los días, solo que distinto.

El cuento que abre y que le da título al conjunto, “El mascarón de proa”, narrado en primera persona, plantea con un estilo muy sobrio, casi ribeyrano, una situación conflictiva entre el narrador y alguien que es capaz de “obstruir la puerta del departamento y secuestrarme más de veinte horas, bloqueando cualquier medio de comunicaciones con el exterior e impidiendo el cumplimiento de mis obligaciones laborales”. Más adelante, un par de palabras sugieren, como claves, una lectura distinta de lo que hasta entonces se ha contado de la historia, hasta que, en forma fluida y natural, se arriba a la explicación que pone en orden los aparentes vacíos narratológicos: la “ella” de los primeros párrafos no es una mujer de carne y hueso, sino una imagen de madera, de rasgos mediterráneos y larga cabellera, labrada para ser el mascarón de proa de una embarcación de fines del siglo XVI, y que el narrador ha recibido de regalo en el siglo XXI.

Ese es apenas el comienzo de la historia. El resto ocurre en ese mundo paralelo en el que lo extraordinario cobra vida y crece gracias exclusivamente a la capacidad verbal de Güich Rodríguez para hacer que el contrato de lectura entre él y el lector funcione sin vacilación hasta el desenlace y el punto final, y sin que lo inventado se vuelva inverosímil a los ojos de este. Es decir, todo ello ocurre gracias al dominio de las palabras, a la arquitectura de la historia y a la música de la prosa, que logran hacer que el cuento funcione suscitando la complicidad del lector.

En “Los días verdes”, relato incluido también en la antología Estática doméstica. Tres generaciones de cuentistas peruanos (1951-1981), editada por la Universidad Nacional Autónoma de México el año pasado, para ser presentada en la Feria del Libro de Guadalajara, lo extraordinario también emerge de lo cotidiano. Se trata de una parra que crece desmesuradamente en el interior de una casa de un barrio típico de Lima. La enredadera invade habitaciones, baños, sectores completos de la vivienda, mientras que sus habitantes viven habituados y acomodados a aquellas veleidades, como si se tratara de algo absolutamente natural.

La historia se lee con interés desde el comienzo. Los episodios están muy bien administrados, lo mismo que los diálogos y las intervenciones de los personajes, y nuevamente el desenlace se hace creíble gracias al control total de la historia por parte del narrador, así como a la sobriedad y a la milimétrica dosificación del humor.

Sin embargo, el estilo y la imaginación del Güich Rodríguez de El mascarón de proa, así como sus recursos de escritor, alcanzan la cima en el relato “El veterano”, en el cual se hace mucho más patente su madurez estilística y conceptual, así como su laboriosidad e inteligencia para construir paso a paso cada frase y al mismo tiempo cada tramo de la historia, con el fin de llevar de la mano al lector a través de unos pasadizos de realidad y de no-realidad que se entrecruzan según su voluntad y su estrategia narrativa, con el objetivo esencial, como ya se ha dicho, de fabricar una historia convincente.

En este relato, narrado en tercera persona y ambientado en 1930, un desganado periodista es enviado a entrevistar a un sobreviviente de la batalla de Arica, ocurrida medio siglo antes. La atmósfera del cuento está eficazmente construida y administrada y los materiales narrativos se van superponiendo para generar suspenso y crear las condiciones para el desvelamiento del sorprendente secreto, focalizado en los laberintos del tiempo y en la existencia, en la dramática historia peruana, de una vía conectora de pasado, presente y futuro.

Güich Rodríguez explora en “El veterano” las posibilidades del tiempo como tema de historias fantásticas. Si el logro es sobresaliente, la clave está, como ocurre también en otros relatos del libro, en el despliegue de un arsenal de recursos narrativos que el escritor ha ido acopiando a lo largo de años de trabajo y experimentación. Ello se percibe en la limpieza y en la sobriedad de la prosa, en el copamiento de casi todo el espacio del texto por parte del narrador, en la audacia para abordar temas, situaciones y personajes y, asimismo, en la persistencia en lo cotidiano.

Escritor del siglo XXI pero al mismo tiempo muy arraigado en el cuento peruano y latinoamericano del siglo XX, Güich Rodríguez abre con su persistencia en el género fantástico —de la que todos los que leemos cuentos debemos felicitarnos— una nueva ventana para la narrativa peruana, una ventana amplia y sólida por donde se siente el aire de la renovación y de la diversidad. Una ventana por donde se puede escapar momentáneamente de las temáticas habituales e la narrativa peruana, normalmente apegadas al realismo, para acceder a esas otras lecturas de la realidad que el género fantástico propone.

*Publicado originalmente en la revista Punto de Equilibrio, Universidad del Pacífico, 2006.

viernes, 18 de abril de 2014

CONGRESO INTERNACIONAL “POÉTICAS HISPANOAMERICANAS DE LOS SIGLOS XX Y XXI. DE LA VANGUARDIA A LA POSMODERNIDAD” HOMENAJE A ESTUARDO NÚÑEZ HAGUE. Lima, 21, 22 y 23 de abril de 2014

CONGRESO INTERNACIONAL “POÉTICAS HISPANOAMERICANAS DE LOS SIGLOS XX Y XXI. DE LA VANGUARDIA A LA POSMODERNIDAD”
HOMENAJE A ESTUARDO NÚÑEZ HAGUE
 
Lima, Perú, del 21 al 23 de abril de 2014
 
 
PROGRAMA
 
Lunes 21 de abril
Lugar: Casa Museo Ricardo Palma
10:00 a. m.
Inauguración a cargo de Marco Martos Carrera, presidente de la Academia Peruana de la Lengua
 
 
Mesa 1
10:30 a. m.
1.    «El encuentro con el Nuevo Mundo y las incitaciones poéticas de la extrañeza»
       Pedro Lastra (Academia Chilena de la Lengua)
2.    «Edición extraordinaria, a medio siglo de una polémica»
       Alberto Varillas Montenegro (Academia Peruana de la Lengua)
3.    «La generación poética de los ochenta: tradición y ruptura»
Plinio Chahín (Universidad Autónoma de Santo Domingo)
 
 
Mesa 2
Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea
4:00 p.m.
1.    «La escritura/deseo en la poesía de Violeta Barrientos»
       Judith Paredes Morales (UNFV)
2.    «Paradigmas estéticos neovanguardistas en la poesía de Juan Gonzalo Rose»
       Nora Fataccioli Rubio (UNFV)
3.    «El sentimiento gótico en Las inmensas preguntas celestes (1992) de Antonio Cisneros»
       Elton Honores (UNMSM)
 
 
Mesa 3
5:00 p. m.
1.        «Poéticas regionales: una mirada a la poesía de los 80 (Medina, García y Gavidia) en La Libertad (Perú)»
       Gonzalo Espino Relucé (UNMSM)
2.    «El epigrama como dispositivo de enunciación en la poesía de Ernesto Cardenal»
       Eduardo Lino Salvador (UNMSM)
3.    «César Vallejo: la injusticia ante la ley»
       Juan Paredes Carbonell (Universidad Nacional de Trujillo)
 
 
Mesa 4
6:00 p. m.
1.    «Una aproximación a la poética de la ficción vargasllosiana»
       Jorge Valenzuela Garcés (UNMSM)
2.        «Elogio de la danza de José Ruiz Rosas, una lectura interpretativa»
       Henry Rivas Sucari (UNSA)
3.    «Las posibilidades de la crítica literaria actual»
       Miguel Maguiño Veneros (UNMSM)
 
 
 
Martes 22 de abril
Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea
Mesa 5
4:00 p.m.
1.    «Una aproximación a la ontología de la poesía de Jorge Eduardo Eielson»
       Dennis Lazo Ramos (UNFV)
2.    «La representación del paisaje rural peruano en la poesía de César Vallejo. Una relectura de Trilce (1922)»
       Alejandro Mautino Guillén (Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo)
3.    «El hedor del mundo muerto en Arte de navegar de Juan Ojeda»
       Segundo Castro García (Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo)
 
 
Mesa 6
5:00 p. m.
1.    «Poéticas urbanas: la voz de lo diverso en la poesía de mediados del siglo XX»
       Sonia Luz Carrillo Mauriz (UNMSM)
2.    «Blanca Varela y el Zen: un encuentro inevitable»
       Milagros de Vivanco Castro-Mendivil (PUCP)
3.    «Búsqueda y hallazgos en la poesía de Roger Santibáñez»
       Sigifredo Burneo Sánchez (Universidad Nacional de Piura)
 
 
Mesa 7
6:00 p. m.
1.    «Ética estética: la poesía de Carlos Germán Belli»
       Inmaculada Lergo (Universidad de Sevilla)
2.    «Primera aproximación a la zoopoética hispanoamericana: los casos de Vallejo, Cisneros y Pacheco»
       Rita Rodriguez Rocha (UNMSM)
3.    «El marxismo gótico en los manifiestos de Xavier Abril»
       Christian Elguera Olórtegui (UNMSM)
 
 
 
Miércoles 23 de abril
Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea
Mesa 8
4:00 p. m.
1.    «Innovación y ruptura del lenguaje estético: aplicaciones de recursos vanguardistas en la poesía de Luis de Rodrigo»
       Miguel Ángel Barreto Quiche (UNFV)
2.    «Pensamiento decolonial en Choza y Vida de Efraín Miranda Luján»
       Edith Pérez Orozco (UNFV)
3.    «Posmodernidad e industrias culturales en la poesía de Oswaldo Chanove»
       Richard Leonardo (UNMSM)
 
  
Mesa 9
5:00 p. m.
1.    «Celebración de Jorge Eduardo Eielson: de la escritura visual a la escritura rítmica»
       Lorena García Pizarro (UNFV)
2.    «Romualdo, arte de la palabra o poética de la vida»
       Ricardo Falla Barreda (UNMSM)
3.        «La poliacroasis y el referente prehispánico en “Alturas de Macchu Picchu” de Pablo Neruda»
       Camilo Fernández Cozman (Academia Peruana de la Lengua)
 
 
Mesa 10
6:00 p. m.
1.         «La presencia de lo divino (Theos) en la temática de la poética hispanoamericana del siglo XX y XXI»
       Willy Palomino Castro (Universidad Peruana Unión)
2.    «La antropofagia de Oswald de Andrade como opción decolonial: utopía y vanguardia en América Latina»
       Armando Alzamora (UNFV)
3.    «Gonzalo Rojas, práctica y teoría poética»
       Marco Martos Carrera (Academia Peruana de la Lengua)
 
 
Homenaje a Estuardo Núñez Hague
7:00 p. m.
1.    «La teoría literaria contemporánea en el Perú: la labor pionera de Estuardo Núñez»
       Carlos García Bedoya Maguiña (UNMSM)
2.    «Valoración crítica del Panorama actual de la poesía peruana de Estuardo Núñez»
       Américo Mudarra Montoya (UNMSM)
3.    Intervención de Rodrigo Núñez
 
 
Ceremonia de clausura
8:00 p. m.
Marco Martos Carrera, presidente de la Academia Peruana de la Lengua
   
 
INAUGURACIÓN:
Casa Museo Ricardo Palma
Dirección: General Belisario Suárez 189, Miraflores
 
 
PONENCIAS Y CLAUSURA:
Instituto  Raúl  Porras  Barrenechea
Dirección: Colina 398, Miraflores
Teléfono: 619-7000 anexo 6102

lunes, 3 de marzo de 2014

Políticas de lo fantástico, por José Güich




POLÍTICAS DE LO FANTÁSTICO

                                                                                                          José Güich Rodríguez

Buenas tardes. Quiero agradecer al crítico e investigador Elton Honores la convocatoria para integrar esta mesa, junto a destacados representantes de la narrativa peruana contemporánea como lo son mis amigos Carlos, Pedro y Fernando. Y también lo felicito por su persistencia, rigor académico y disciplina. Gracias a Elton, sin duda este Congreso Nacional de Escritores de Narrativa Fantástica y Ciencia Ficción ya se ha consolidado como una gran central de intercambios fructíferos entre autores, especialistas, editores y público, muy conocedor y exigente. Extiendo mi gratitud a la Casa de la Literatura, entidad valiosa que cumple un papel de gran importancia en el estudio y difusión de nuestras letras.
 La atención que los medios le dispensan a esta actividad anual es otra prueba fehaciente de que dichos logros se asientan sobre un territorio firme y que la narrativa de orientación fantástica ya no puede ser pasada por alto ni sujeta al silenciamiento o al ninguneo. Se trata de una alentadora emergencia de corrientes que hasta hace unas décadas estaban relegadas a ocupar casilleros membretados con vocablos como “curioso”, “evasivo” o “periférico”.
He leído al respecto las notas aparecidas en diarios de circulación nacional con bastante satisfacción, pues los gestos de desaire casi se han extinguido, suplidos por un interés creciente de parte de la prensa, a pesar de la reducción al mínimo de las páginas culturales. Eso, con probabilidad, debe de haber sido otro impulso para la aparición de soportes alternativos que alimentaron -y continúan haciéndolo- la difusión de escritores y sus trabajos, muchos de los cuales, incluso, han apostado por formatos más rentables y eficaces como el libro electrónico o e-book, palabra que poco a poco se hace familiar y protagónica, dándole la espalda a los circuitos convencionales o relativizándolos.
 ¿Habrán entrado en ruta de colisión los modos de producción clásicos? De vez en cuando circulan las voces apocalípticas sobre la desaparición del libro  como lo conocemos.  Puede que ocurra o no: estamos en los albores de un nuevo tipo de sociedad o quizá ya estamos inmersos en ella sin percatarnos claramente de aquel hecho. No creo que reemplazar volúmenes “físicos” por “digitales” sea más traumático que la progresiva sustitución, en el siglo IV de nuestra era, del antiguo “rollo” grecorromano por el “códice”, es decir, folios cosidos a los que se les colocaba una cubierta protectora.
Se trata de un círculo virtuoso, indudablemente, que en los últimos quince años ha permitido que lo fantástico emerja, luego de un extenso período de sombras y desdenes por parte de la academia tradicional, y se haya transformado en una corriente visible y abundante en producción.  Año a año, esta se incrementa gracias al aporte de todos estos agentes y sobre todo, de los jóvenes, quienes también juegan un rol de primera magnitud a través de sus propias obras, blogs, páginas web e, incluso, redes sociales.
 El acercamiento a otros discursos artísticos ha permitido la ampliación de los horizontes estéticos. Surgen por doquier propuestas de diversa índole, que fusionan sin complejos géneros y diluyen con toda naturalidad las fronteras entre la cultura de prestigio y la cultura de masas o popular, términos tradicionales que poco a poco pierden, en el fragor de la postmodernidad,  sus sentidos originales. Y eso solo en Lima: en provincias, el movimiento es notable y creo yo, mucho más atrevido y heterogéneo en la tarea de acabar con las fronteras.
En otros tiempos, a lo fantástico se le endilgaba el sambenito de eludir responsabilidades y compromisos, es decir, las grandes urgencias de una sociedad que pedía a gritos una transformación de estructuras (aspiración legítima, por supuesto). Los críticos lanzaban estas observaciones con bastante descuido y prejuicio, sin percatarse del error ingenuo que estaban cometiendo: toda narrativa, per se, es el resultado de una deliberada evasión o distanciamiento del mundo real para fundar, mediante complejos pactos implícitos, un universo autónomo, que puede o no parecerse al nuestro. Lo único que debe exigirse, a uno u otro, es la versosimilitud y la autenticidad.
Si un escritor opta por cultivar la mímesis realista o apartarse de ella deliberadamente, guiándose por otra lógica, ninguna de estas elecciones supera a la otra en aspiraciones o metas. Tanto el realismo como la literatura fantástica son capaces de cuestionar, cada una desde su óptica y registros, el mundo o el marco de relaciones que ha hecho posible la generación de una obra literaria -indesligable de su contexto- que, como ya dijeron Barthes y Eco, es “abierta”, pues solo será completada por el lector una vez que este, proyectando los marcos de interpretación de su cultura y sus experiencias, le atribuya un sentido.
Toda ficción es “política” en el sentido de que siempre reflejará, de manera más o menos velada, una determinada ideología, una escala de valores o la creencia en algún modelo de organización del tejido social.
No es monopolio del realismo esta inevitable impregnación. La única diferencia ostensible y natural es que lo fantástico cifra o codifica las tensiones y conflictos desde la ruptura con el racionalismo y  las leyes de la causalidad. Algunos autores, como Franz Kafka, supieron dar cuenta genialmente de esta crisis. Las situaciones que viven sus personajes son alegorías de un estado de cosas: la decadencia del Imperio Austro-Húngaro y su inminente colapso, que el propio autor de El proceso presenció hace cien años: la primera carnicería bélica que utilizó máquinas y químicos.
¿La metamorfosis no es mejor prueba de lo afirmado acerca de que lo fantástico nace de un acto “político” en el sentido más universal? ¿No nace del cuestionamiento de un orden establecido y del poder que este ejerce sobre los sujetos, convirtiéndolos en simples engranajes de una ignota máquina?
Lo fantástico brota, entonces, en primera instancia, de un anhelo que cada autor sabrá manejar en la medida de su formación estética y creencias personales: quebrar el imperio de la razón, subvertirlo y transformarlo. Si utiliza o no referencias concretas, más o menos históricas o todo lo contrario, es parte de ejercer su libertad, que es, al mismo tiempo, otro acto político. Dependerá de los estímulos y las imágenes que estos van forjando en el sujeto hasta que una historia toma cuerpo.
Yo recuerdo aún, si me permiten la alusión a mi trabajo, la profunda impresión que me causó ver a una señora de la tercera edad, en la calle Prescott, cerca del cruce con la avenida Salaverry, alimentando cientos de palomas, todas congregadas alrededor de ella, y la expresión transfigurada del rostro de esta buena mujer, rodeada de ese hervidero que parecía a punto de devorarla. Este episodio, que vi fugazmente desde un taxi, sumado al inicio de la oleada constructora en Lima, me sirvió de catalizador para escribir el cuento “La reina madre”, incluido en el libro Los espectros nacionales. ¿Es una ficción fantástico-política?
Depende del ángulo de visión. En este caso, yo sí la asumo como tal, puesto que en este relato se sugiere un cuestionamiento velado acerca de la prepotencia y poder de ciertas compañías constructoras, quienes suelen cometer abusos y prácticas dolosas en contra de personas no dispuestas abandonar sus viejos hogares. En colusión con las municipalidades, sueltos en plaza, hacen lo que les viene en gana a través del miedo y diversas formas de presión.
Parece que ya me precipité en la impudicia de hablar de mis cuentos. Supongo que si se me ha dado la posibilidad de ser impúdico, y si ustedes no se incomodan, me referiré brevemente a Control terrestre, al que considero un volumen muy preocupado por el hecho de que las ficciones desarrollen un motivo guía, en este caso, la existencia de fuerzas contra las cuales los individuos emprenden batallas de resistencia feroz. Espero haberlo conseguido. Siempre me queda el margen para la duda.
Relatos como el que otorga título al libro podrían acercarse más a esa aspiración: un ingeniero desencantado y fracasado en su proyecto de colonizar la Luna, que, en una Lima del futuro (año 2061) batalla silenciosamente  contra la corrupción de quienes administran un sector de esa ciudad y, en ese acto inútil, realiza un descubrimiento accidental que cambia su existencia y recompone las piezas de su visión del mundo.
En otros relatos, como “El visitante”, la clave política está mucho más definida: un mundo alternativo inspirado en la descomposición del fujimorato, atacado por un personaje sobrenatural que precipita los acontecimientos sin ninguna voluntad altruista: lo hace solo para satisfacer sus propias necesidades, igual que el protagonista, Gándara, individualista, pero con una tenue conciencia moral. Y en “El archivo de N”, que cierra el libro -modesto homenaje al maestro Verne- Teruel, el detective de mis novelas, ahora cuarentón, redescubre una etapa de su vida gracias a la epifanía de un ser de ficción que ha entablado su lucha personal con las potencias imperiales y no ceja en tal empeño.
Aquí concluyo mi intervención. Muchas gracias por su paciencia.