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martes, 4 de marzo de 2025

José Donayre (curador). XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe. Lima: Maquinaciones, 2024. 139 p.

 

José Donayre (curador). XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe. Lima: Maquinaciones, 2024. 139 p.

              Edgar Allan Poe (1809-1849) es uno de los autores más importantes de la literatura global. Su estilo y tropos han sido imitados hasta la saciedad tanto en las artes literarias como en el cine, lo que no solo confirma su sitial inamovible como modelo dentro de géneros como el terror, el horror y el gótico. Un libro que invita a reescribir los textos clásicos de Poe es, en principio, una empresa afortunada e infalible. Este es el caso de XIII Exhumaciones extraordinarias a Poe, bajo la curaduría de José Donayre (1966). Como sostiene en el prólogo, la idea es no solo la traducción a Poe, sino que esta obra sea “interpretada, transformada, reescrita, replanteada, intervenida, traicionada y plagiada” (11). Así, los autores invitados disponen de un amplio campo de acción para intervenir, en el sentido de “entrometerse” o de “injerir” las fuentes.

Es curioso el hecho que no se haya elegido el término “parodiar” a Poe, no solo porque esta acción podría orientar los textos finales hacia lo cómico, pero recordemos también que existe una parodia seria, más cercana a la ironía, que practicó de manera solitaria y pionera el maestro José B. Adolph en la prensa limeña de los años 70, y que puso en práctica estilos disímiles de autores latinoamericanos, norteamericanos y europeos. El caso de XIII Exhumaciones… es opuesto: es la intervención a Poe desde códigos trágicos, enfatizando el terror, el horror y lo gótico serio.

Si bien todos los textos destacan por su calidad, dado que son autores con experiencia dentro de lo que se denomina en el prólogo como “escritura creativa”, creo que también ocurre una sensación parecida -en otro ámbito- al ocurrido en el año 2014 con Nirvana y su ingreso al salón de la fama del rock and roll, quienes sorprendieron al público con cuatro voces femeninas que “intervenían” las canciones del fallecido Cobain. En XIII Exhumaciones… ocurre algo similar: las voces femeninas son las más singulares, sus variaciones dejan una huella más profunda en el lector. Sin caer en juicios extraliterarios, la imaginación romántica y el desarrollo de lo macabro y lo lúgubre de Poe es mejor asimilado en las autoras de XIII Exhumaciones

La poética de Poe podemos sintetizarla en “la muerte de una mujer joven y bella”, como tema clásico de varios de sus relatos más famosos, y su variante de la mujer mórbida o enferma, y acaso con algunos tintes de locura. Estas variaciones a estos temas incluidos en XIII Exhumaciones… son manifiestos. Jorge Casilla (1982) agrega tintes de “La granja blanca” de Clemente Palma -heredero de Poe- en su relato variante de “Morella”. Raúl Quiroz (1973) y Juan Carlos Townsend (1964) prefieren la fidelidad a los originales “El tonel del amontillado” y “El retrato ovalado”, respectivamente. Notables son también los textos de Patricia Colchado (1981) por su incorporación de la figura de la bruja en su versión de “El gato negro”, Alina Gadea (1966) por el vuelo poético y las resonancias apocalípticas en su versión de “Berenice”, Valeria Montes (1999) al incluir elementos de lo grotesco y lo weird (raro) en la versión de “El escarabajo de oro”, o Mariangela Ugarelli (1993) por la intensidad del gótico en su variante de “Ligeia”, entre otros.

Quizás la gran admiración que profesan al escritor de Baltimore, y el hecho de hacer variantes a las obras maestras del relato corto haya sido una barrera difícil de superar, XIII Exhumaciones… demuestra que sí es posible “intervenir” a Poe, con resultados más que apreciables.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


miércoles, 7 de agosto de 2024

Randolph Markowsky. El porquero del infierno y otros relatos. Lima: El gato descalzo, 2023. 143 p.

 

Randolph Markowsky. El porquero del infierno y otros relatos. Lima: El gato descalzo, 2023. 143 p.

              Ingeniero informático de profesión, Randolph Markowsky (Lima, 1972) ha participado en varias antologías del género fantástico y de horror y tiene un primer libro de cuentos publicado, Memorias del Supay (2021). El porquero del infierno y otros relatos es su segundo libro de cuentos.

              Si bien podemos decir que -desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- “El horror está de moda”, es importante estudiar las singularidades del horror, es decir, el estilo. Y en el caso de Markowsky muchos de sus textos son escenas, viñetas de una situación, es decir, no hay drama en sí, sino presencias monstruosas amenazantes (natural o sobrenatural), aquelarres y rituales de estirpe medieval, y un claro impulso tanático. Es claro que sus influencias son sobre todo norteamericanas, esa triada Poe-Lovecraft-King, pero además del cine giallo y slasher, el gore, el heavy metal, etc.

              El cuento “El porquero del infierno” es quizás la mejor muestra de su estilo, en el que se dan lugar tanto lo grotesco como la locura humana, y algún guiño a “Los gallinazos sin plumas” de Ribeyro. Markowsky está en la búsqueda de un estilo propio -que en algunos casos introduce referentes andinos.

              Otro añadido del libro son las ilustraciones del artista plástico Raúl Ostos (Chimbote, 1988) con un registro medio naif que no necesariamente ayudan a ampliar el simbolismo de los textos, sino que se remiten a lo literal. Es claro que el detalle en el horror (visual o textual) es clave. De Ostos hemos apreciado mejores trabajos en historieta y humor gráfico, muchos más cuidados, con una clara influencia de Robert Crumb.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


 

lunes, 29 de julio de 2024

Falco Rivera. Nunca más madre y otros relatos de horror. Lima: Acuedi, 2023. 185 p.

 

 


Falco Rivera. Nunca más madre y otros relatos de horror. Lima: Acuedi, 2023. 185 p.

              Falco Rivera (Lima, 1969) es fotógrafo y docente de artes visuales. En esta opera prima ofrece 5 relatos de género adscritos al horror. El horror en la literatura peruana se puso de moda en el s. XXI, quizás como remanente de lo que fue el horror real durante los años del terrorismo (1980-2000). Esta sería una posible explicación. Algunas editoriales en Lima se especializan en publicaciones de este tipo de registro. Para algunos puede resultar chocante (cuanto más chocante, repulsivo o transgresor, mejor. Basta con recordar la última ceremonia en las olimpiadas parisinas, para recordarnos la decadencia europea, o de buena parte de sus elites culturales). Debemos imaginar que si existen es porque hay un público lector interesado. Ninguna empresa editorial es un acto de bondad o se realiza por “amor al arte”, sino que debe de rentabilizar esos productos, ser autosostenible, en suma: no perder dinero para subsistir en la propia edición.

En el caso de Rivera no se trata de un horror extremo, sino que es una mezcla de dos vertientes: los relatos orales de nuestra sierra y la narrativa de Stephen King. Es decir, hay un substrato oral en alguna de sus historias de fantasmas, propia de los andes, a la que se suma cierta artificialidad de King en cuanto a la representación del horror. El  horror está en relación con la exacerbación de la materialidad del cuerpo, y algunos relatos tienen esa impronta, sobre todo el que da título al libro.

El primer relato “El accidente” puede considerase como CF y tiene claros vínculos con “Tesis” (1968) de José B. Adolph en la que se plantea una relectura de la historia bíblica, en la que unos viajeros espaciales se constituyen finalmente en la voz divina que anuncia a los fieles la construcción del arca de Noé, en un giro muy posmoderno, digno de cualquier capítulo “histórico” de “Alienígenas ancestrales” (cfr. Fantasmas del futuro: 395-396). En el texto de Falco ocurre algo similar dado que el discurso religioso propuesto en el cuento es leído desde códigos de la CF: un error en el viaje en el tiempo que permite que los astronautas del futuro reemplacen a Dios.

“La batalla de Santahua” y “El viaje del Maestrito” son los dos relatos más extensos y son también relatos de fantasmas. El primero narra una lucha alegórica entre el bien y el mal; el segundo recoge un extraño viaje envuelto en una niebla mala. En ambos casos King es el modelo central, con sus elementos grotescos que están dosificados.

En “El rolfie” se produce un trastocamiento espaciotemporal al modo de los cuentos de Cortázar, o de la serie The Twilight Zone de Rod Serling. Con tintes lovecraftnianos, la imaginación infantil puede resultar mucho más poderosa de lo que uno puede pensar.

Finalmente, en “Nunca más madre” hay una violencia extrema explícita, en consonancia con el horror (que remite al cine de género o al propio Tarantino). El personaje central muestra un odio inhumano hacia su propia madre a la que asesina y acusa de bruja. Pero la narración da un giro cuando desde el más allá, esa figura grotesca se cobre su propia venganza.

King plantea en su poética tres momentos: el terror, el horror y el asco (o lo abyecto). Cada uno va in crescendo. El terror es elegante, psicológico; el horror es físico, corporal; y el asco es el horror exacerbado. Quizás el tiempo que nos tocó vivir sea el de horror: del terror ya se encargan nuestros políticos.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos