jueves, 19 de febrero de 2026

¿Cuál debate?

 


¿Cuál debate?

En las últimas semanas, días previos y horas, pequeñas pullas circulan en redes y plataformas de youtube, acerca del devenir de la literatura peruana, o de su estado actual. Quizás habría que plantear la pregunta central ¿Cuál es el debate? O mejor dicho ¿Sobre qué? Porque, vamos, hay muchas maneras de enfocar este permanente conflicto. Tratemos de formularlas y de responderlas:

a)¿La pelea es entre clásicos y modernos? A estas alturas ya está claro que nuestro “canon” va desde Arguedas, Ribeyro, Vargas Llosa, y Gutiérrez; a Vallejo en la poesía, et al. Pero ¿Quiénes serían nuestros “modernos”? ¿O todos imitan a los clásicos? ¿Hay “modernos” en la literatura peruana? Es claro que nadie ha pensado en estos términos y por lo tanto, habría que descartarlo, al menos inicialmente.

b) ¿Autores regionales versus autores de Lima (otra forma de actualizar la vieja polémica entre andinos y criollos)? A raíz de la reciente lista de escritores invitados a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de 2026 se está viendo ciertas “contradicciones”, como escritores que nacieron en regiones, pero radican y “producen” en Lima; autores regionales cuyos pares locales declaran no conocerlos (es gracioso este punto, porque si el aparato cultural no hace lo suficiente para que grosso modo tengan mayor exposición en sus propias regiones, o en Lima, ¿es justa y necesaria esta mayor exposición a nivel internacional? ¿No sería una acción hasta cierto punto vacía? ¿un gesto que niega su condición de “representativo”?) No dudo de su posible calidad artística, pero ni siquiera parecen ser “representativos” en sus propias regiones, al menos así leo en algunos comentarios. También está la diáspora, los que viven fuera del país quienes también reclaman su lugar en la muestra. Entonces, el locus no debería ser definitorio para establecer una lista. Es un criterio medio telúrico, eso de apelar sensu stricto, a la tierra, a la raíz. Porque en muchos casos nacer en una región es también un mero accidente.

c) ¿Y no podría ser el debate entre escritores independientes y escritores del mainstream? Es decir, su lugar en la literatura actual se define por la editorial en la que publican. Sería triste si ese fuera uno de los criterios, porque en la mayoría de casos, son pocos los que publican en editoriales transnacionales o “prestigiosas” y poseen verdadero talento (ya se sabe que hay mucho de redes, argollas y campañas de marketing en el éxito o “exposición” de un autor), mientras que al contrario, y grosso modo, tienen mayor calidad los que publican en las independientes, aunque tampoco es una regla a rajatabla. Se entiende que es una visión general.

d) ¿O también podría agregarse la variable generacional y la de género? En el primer caso están los seniors, los de gran experiencia en estas lides y de trayectoria, probablemente los que bordean los setenta años o están por encima, y de los que, en principio nadie dudaría de su lugar (¿o sí?) Tendría que hacerse un estudio más a profundidad de si son los mismos de siempre o no. Porque si son los invitados de siempre, tendríamos otro problema: la falta de renovación, de recambio generacional, por decir algo. En cuanto a la cuota de género con la intención de equilibrar la lista es un criterio rancio y extra-artístico, porque pueden haberse elegido a mujeres por el solo hecho de serlo y excluir a hombres, lo cual es otro tipo de discriminación (Tampoco conozco los criterios ni el jurado evaluador, o de si también son ellos los mismos de siempre).

e) ¿Y sería posible agregar otra variable final como el conflicto entre realistas y fantásticos? Este debate tampoco se ha planteado, pero es claro que de la muestra se ha excluido lo fantástico en su totalidad (o casi). Y la narrativa fantástica peruana contemporánea es la gran renovadora de la tradición literaria en el siglo XXI. Esto podría conectarse con el primer punto descartado para pensar en lo fantástico ya no como una tradición aceptada por la historia literaria local y la crítica (cosa que no ocurrió jamás), sino como una verdadera propuesta moderna, y sin creer tampoco que es lo único que existe en el panorama actual (hay otras propuestas válidas, valiosas y legítimas), pero ¿borrarla? ¿desaparecerla? ¿clausurarla? Esa actitud de desprecio, “ninguneo” y decisión final de los “técnicos” del Ministerio de Cultura es cuanto menos una torpeza y una decisión de pocas luces.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos