José Donayre. En la garganta del
diablo. Lima: Maquinaciones, 2026. 117 p.
En la garganta del diablo es el
nuevo libro de José Donayre (1966). Por momentos, es un libro blasfemo, descreído
e iconoclasta; en otros, se ajusta al relato de horror gótico, en el que el pasado
es siempre amenazante; asimismo, el tono de leyenda sirve para envolver la verosimilitud
de sus narraciones, ubicando sus acciones en un tiempo anterior al presente, en
espacios lejanos no urbanos (en su mayoría), como la sierra, o incluso en la
Europa de siglos atrás. Todo ello provoca un conjunto de textos eclécticos. También
llama la atención sus cierres, que tienden hacia el final abierto y sin
moraleja (a diferencia de los cuentos tradicionales). En los cuentos de Donayre
el mal es gratuito, no hay razón que justifique su presencia: simplemente
existe como existe el mundo desde hace siglos. También hay una recurrencia
espacial por el subsuelo, lo que está debajo (muy gótico, por cierto), por lo
cavernoso. Hay momentos de estética grotesca que remite a lo corporal y lo físico,
pero que no se sobreexpone, sino que sugiere e inquieta.
Pero también hay cuentos urbanos,
que no desentonan del conjunto, sino que extienden ese horror ancestral, eso
imposible sin explicación, pero que inevitablemente ocurre. Son los casos de “La
otra mano”, “La lengua de las sombras” (sobre un cuadro de Tilsa Tsuchiya, “Tristán
e Isolda”), o el que da cierre al libro, “La garganta del diablo”, relatos en
los que el lector, ya advertido desde el prólogo, sabe que va a ocurrir algo anómalo,
aunque no sabe cómo. Así, si bien la tradición del gótico que va desde Clemente
Palma a Stephen King, queda referida, el autor se las ingenia para incluir
hálitos borgianos, como en “Entre los muros del tiempo”.
También hay otro eje temático que atraviesa
varias narraciones: los hijos-monstruos. En el cine, el miedo a la deformidad
física como producto del uso de píldoras anticonceptivas viene alegorizada desde El
bebé de Rosmery (1968) de Polanski
(aunque esta se inserta de modo explícito en lo demoníaco), y muchas otras
narraciones que vinieron después (desde Eraserhead de Lynch a Alien
de Scott, o The brood de Cronenberg), miedo que luego se extiende hacia
la sobrepoblación (demasiados humanos en la tierra acabaran con todos los
recursos), pero ¿cómo entender socialmente este nuevo miedo de hijos-monstruos
en el s. XXI? Hoy, las nuevas generaciones son más asexuadas, furry, con
identidades fluidas, asumen identidades de “cosas”, “objetos”. Entonces, este
miedo donayreano no parece ser miedo al simple embarazo de la mujer de
nacimiento (a estas alturas hay que aclararlo), sino a “aquello” que vendrá
después: “cosas”, “objetos”, “furries” encarnados, ya vivos. El presente es ya
horrible y amorfo, y el futuro será mucho peor. Están avisados.
Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San
Marcos
