miércoles, 18 de febrero de 2026

Gustavo Faverón Patriau. El anticuario. Lima: Peisa, 2019. 233 p.

 


Gustavo Faverón Patriau. El anticuario. Lima: Peisa, 2019. 233 p.

Esta es la opera prima de Gustavo Faverón (Lima, 1966), quien estudió literatura en la PUCP y doctorado en Cornell, además de ejercer la crítica literaria, y cuyas obras se han traducido a otros idiomas. La novela envuelve su trama sobre códigos del gótico (la muerta, la locura, el espacio cerrado del manicomio, los secretos de familia) y del policial (la investigación acerca de un extraño crimen pasional), pero que se alejan de sus modelos para ofrecer un registro de “alta” literatura.  Por momentos llega a un estilo lírico-digresivo y descripciones lujosas.

En cuanto a la estructura, (breves narraciones del “anticuario” que acompañan al relato central), se acerca a la figura de Scheherezade de Las mil y una noches, pero también a dos modelos locales: El avaro (1955) de Luis Loayza y Caballos de medianoche (1984) de Guillermo Niño de Guzmán. Incluso, la imagen del loco que cuenta su historia parece haber sido tomada de El gabinete del doctor Caligari (1920), film expresionista de Robert Wiene; y la casa en llamas final, tanto de E.A.Poe como de “La granja blanca” de Clemente Palma.

Las referencias espaciales a Lima o al Perú están recubiertas de tal modo, que no se distinguen del todo (se habla de la masacre de Uchuraccay, del diario El Comercio), pero de forma medio borrosa, porque la novela se dirige a un público más global. Los localismos son escasos o nulos. Puede ser el Perú o cualquier otro lado. En sí mismo esto no es ni bueno ni malo.

Poniendo un poco en perspectiva esta novela (publicada originalmente en 2010, y reeditada en Lima en 2019) diremos que se distancia del registro mimético convencional, de la temática social explícita, para ofrecer una novela llena de modismos borgianos, un libro acerca de otros libros (o narraciones contadas por otros personajes), pero el crimen en sí resulta más un artificio, y casi sin vida, o fría. No hay revelación final.

Por otro lado, también llama la atención (siguiendo su propia página oficial) que la crítica periodística local lo haya prácticamente borrado (se cuentan a Alonso Cueto en Hueso Húmero; a Luis Hernán Castañeda, en Moleskine literario, blog de Iván Thays; Mónica Belevan, en The Barcelona Review; y otros breves comentarios de Peter Elmore y Rosella Di Paolo). Una digresión al margen: en el mundillo literario es inevitable que se formen redes de contactos (o “alianzas estratégicas”, como dicen en el mundo corporativo), pero también hay que distinguir entre estas redes: a) la cordialidad, b) la simpatía, c) la admiración sincera, y d) la amistad más íntima. Siempre he creído que el verdadero crítico es más bien un ser solitario.

No se puede negar que El anticuario está bien escrita (pero ¿No es lo mínimo que se esperaría de un escritor en un sistema literario “industrial”?) que se aleja de la regularidad que ofrecía (¿y sigue ofreciendo?) el mercado local en la década del 2010.

Digresión final, Borges y lo metaliterario es ya un modelo canónico dentro de la literatura latinoamericana, y sus temas o tropos alcanzaron su mayor punto local con Un único desierto (1997) de Enrique Prochazka, que abre un nuevo horizonte para lo fantástico, pero que aún sigue siendo una figura marginal.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos