domingo, 6 de diciembre de 2020

La narrativa fantástica como fantasma

 

La narrativa fantástica como fantasma

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

En este artículo analizaré grosso modo la situación de la producción de literatura fantástica (a la que puede incluirse sus variantes como el horror y la ciencia ficción) dentro del sistema literario peruano y que podría extrapolarse a otros ámbitos del continente americano, dado que existen obvias similitudes. En este caso solo hacemos referencia a los textos narrativos que forman parte del sistema culto (de carácter urbano y escrito en español) y dejaremos de lado la literatura popular (mitos, leyendas)  y la indígena (de corte oral y en quechua).

Hay que considerar que el sistema literario tiene 3 ejes: a) la producción; b) la distribución y circulación; y c) la recepción y el consumo. Estos tres ejes forman una unidad y forman lazos y relaciones visibles.

Decimos que lo fantástico es marginal y lo es no por la escasez de producción –dado que en la última década la producción (a) ha ido en aumento de modo significativo- sino porque (b) aún no tiene un canal de circulación adecuado y porque en el ámbito de la difusión (c) los espacios oficiales e institucionales aún son pocos y no están en relación con lo que representa el fenómeno de lo fantástico dentro del cambio de paradigma del realismo como forma dominante.

Así pues lo fantástico como fantasma solo alude tanto a su condición de “presencia ausente” (o “ausencia presente”) dentro de las historiografías o revisiones críticas dominantes. Es decir: está y a la vez no, es visible y a la vez invisible. Habita en el corpus literario pero no está integrado al canon. Veamos algunos aspectos del sistema.


1. La máquina de producir libros


 

En este primer eje, la mayor producción de libros del género fantástico pertenece al universo de las editoriales independientes (a las que se añaden las ediciones de autor). Estas empresas tienen dos objetivos fundamentales: mantener viva la “bibliodiversidad”, que ofrece tanto contenidos como títulos distintos dentro de la “oferta” común del mercado del libro. Y de otro lado, la rentabilidad, porque toda empresa editorial (así sea independiente) debe de garantizar su propio auto-sostenimiento, para permitirse continuar editando libros. Solo la provincia de Lima, capital del país, tiene una población aproximada de 8 millones 500 mil habitantes. Para ese universo potencial, el tiraje de las editoriales independientes oscila entre 300 a 500 ejemplares por cada título. Demás está decir que estos tirajes no tienen correspondencia con la cantidad de habitantes y que, a pesar de ese pequeño número tardan años en agotar sus ediciones. De ello se puede desprender que la lectoría en Lima es baja, que no hay una circulación adecuada o que los pocos lectores no gustan de este tipo de libros o que simplemente no tienen dinero para consumirlos.

En el otro ámbito se encuentran los grupos editoriales transnacionales que acaparan casi todo el mercado del libro. Tenemos  a los españoles del Grupo Planeta, fundado en 1949, cuya expansión se radicalizó hacia los años 80 del siglo pasado y que cuenta en su catálogo sellos como Seix-Barral, Emecé, Minotauro, entre varios otros. Y de la fusión de capitales norteamericanos y alemanes surge en 2013 Penguin Random House, que cuenta con sellos como Alfaguara, Ediciones B y Debolsillo, entre otros. Al igual que el Grupo Planeta, posee una línea en castellano y sucursales en cada país con el propósito de explotar (como se suelen hacer con los yacimientos petroleros o metales preciosos) los recursos literarios nacionales de cada país. Si bien incorporan a algunos autores locales a su catálogo, a diferencia de las editoriales independientes, su principal objetivo es la rentabilidad, es decir, ganar dinero. Y para ello, se apoyan en la publicidad y su difusión positiva en los grandes medios de comunicación (prensa y TV.). Tienen públicos objetivos hacia quienes orientan sus publicaciones.

En este último ámbito tiene similitudes con otras industrias culturales como el cine o la música. Se trata de acaparar un solo estreno en todas las salas de cine posibles durante todo el día (o semanas), sin dejar espacio a otro tipo de cinematografías (menos aún el proveniente de países latinoamericanos, ausente en las carteleras “comerciales”); o lanzar un “hit” musical que dure unas cuantas semanas en el ranking, para luego lanzar otro nuevo y mantener así vivo el mercado. Se trata de consumir y desechar.

 

2. Invasores del espacio exterior


 

Al igual que en la producción hay dos circuitos. El primero es de tipo independiente a través de pequeñas librerías, con un solo local, en donde es posible encontrar una mayor variedad de títulos provenientes de las editoriales independientes. A este circuito puede agregarse las ferias de libro, los festivales de literatura, los congresos, coloquios, y las presentaciones propiamente (inevitable ritual para presentar en sociedad la nueva publicación). Pero este circuito tiene limitaciones ya que la obra solo estará disponible en las  fechas (u horas)  que dure la actividad. En última instancia queda tratar directamente con el autor de la publicación, lo cual es bastante frecuente, pero no es parte de un sistema moderno de circulación del libro.

De otro lado, se ubican las grandes cadenas de librerías que dan prioridad a las producciones de los grupos editoriales transnacionales, no solamente  a través de las pilas de libros, su ubicación estratégica dentro del espacio de la librería, la rotación (cada cierto tiempo los libros en exhibición que no se venden pasan a ser devueltos a los distribuidores para que ingresen nuevos títulos), sino en la saturación visual de la publicidad sobre el libro a venderse. Se privilegian los best-sellers internacionales, ya que la literatura es entendida como entretenimiento evasivo. Así, por ejemplo, la obra de Stephen King es mainstream y goza de gran lectoría (en este punto no podemos afirmar que el terror gótico no sea popular), pero no ocurre lo mismo con autores locales del género (¿Falta de publicidad o “alienación” del lector que prefiere lo foráneo?). Esta narrativa anglosajona que se consume está basada en los modelos de la cultura estadounidense (cine y TV) que va desde Netflix (que algunos toman erróneamente como repositorio de la cultura independiente), hasta Disney y Star Wars (lo más mainstream).

Hay un concepto de base que es el nacionalismo (el apego a la propia cultura) y a mayor escala el latinoamericanismo, que hoy están ausentes debido a la falsa idea de la globalización y la “internacionalización” de la cultura, y que en el fondo es solo la expansión de la cultura estadounidense a escala planetaria y que borra las identidades locales y las tradiciones literarias, privilegiando aquellas que se parecen a sus propios formatos. Así, se desprecia lo propio y se privilegia lo foráneo. Pero hay algunos países que protegen a su propia industria cultural, como Argentina que recientemente ha puesto freno a la importación de libros españoles, para fomentar el consumo de aquellos producidos por su propia industria local. Recordemos que Argentina representa para España el 35,2% de sus exportaciones [cfr. https://elpais.com/cultura/2020-10-04/argentina-frena-la-importacion-de-libros-espanoles-por-su-mala-tinta.html ]

Los canales de distribución y circulación oficial se dan principalmente a través de las librerías. De la cifra del Previo de venta al público (PVP), las librerías se quedan con el 40%. Es decir, por ejemplo, si el libro se vende a 50 soles (unos 14 dólares), la librería se queda con 20 soles ($ 5.5) y los 30 ($ 8.5) restantes irán al distribuidor (que puede ser la propia editorial que cumple la función de almacenar y distribuir los libros, además de hacer el seguimiento de las ventas para el cobro respectivo). Generalmente no hay contratos firmados entre autor y editorial que incorporen las regalías, así que la distribución en librerías es un tema aparte. Para tener una idea del PVP, en Perú el sueldo mínimo es de 930 soles (aproximadamente unos 260 dólares; aunque es claro que dada la informalidad laboral existente y la explotación, los sueldos reales son en muchos casos, más bajos que el sueldo mínimo oficial), así que los libros de ficción de autores independientes o de nuevos autores (que oscilan entre los 30 y 40 soles, unos 9 y 11 dólares) o de los publicados por los grupos transnacionales (que oscilan entre los 60 y 70 soles, unos 17 y 19 dólares) es prácticamente un objeto inalcanzable para los sectores medios y bajos. Las leyes actuales mantienen al libro como un bien de lujo.

Adicionalmente, como en muchos países existe también el mercado de libros de segunda mano o usados, de costo mucho más bajo que el de las librerías formales. Aunque es frecuente ubicar títulos con una antigüedad a partir de tres a cinco años hacia atrás, a veces pueden conseguirse libros recién publicados, pero no es lo habitual.


3. Tiempo de leer a las transnacionales


 

En este último eje tenemos tres ámbitos: el “lector en general” (aceptemos con convención que existe un lector de clase media dispuesto a comprar un libro, pero sin mayor criterio que aquel que es dado por los medios de comunicación), muy diferente al lector universitario de humanidades o afines (más especializado, aunque no necesariamente con mayores recursos); y las lecturas hechas por el mundo periodístico y el mundo académico-universitario.

En cuanto al lector en general que “descubre” el libro veremos que está alienado tanto por considerar que lo extranjero anglosajón es mucho mejor que lo local-nacional (una operación que viene desde la escuela, el entorno familiar y que se refuerza a través de los medios de comunicación y del propio mundo académico-burocrático) y acaso porque sus modelos de ficción están moldeados según los ya anotados líneas atrás (la cultura estadounidense asumida como universal). Este lector se inserta en esta tendencia de valorar más lo nuevo, lo novedoso, lo último, que justamente es lo que el mercado dominante le ofrece.

En cuanto al mundo periodístico, su influencia es central, y da mayor cobertura a las publicaciones extranjeras y provenientes de las editoriales transnacionales. La presencia de la producción independiente local es casi nula, así que el periodismo se encarga de mostrar un panorama errado de la bibliodiversidad existente en el país. No sé si sea un fenómeno peruano, pero mi impresión es que en Argentina –a diferencia del Perú- hay una mayor presencia de sus autores locales en sus propios medios. En líneas generales la crítica periodística tiende a ser políticamente correcta (asistimos frecuentemente a la lectura de “clásicos contemporáneos”, “imperdibles”, “imprescindibles”, de “lectura obligatoria”, etc.) porque su fin no es tanto explicar o analizar necesariamente las estructuras temáticas o formales, sino vender el libro al lector y fomentar el consumo. Esto operación se conecta con difundir casi exclusivamente los libros editados por las transnacionales. Si bien algunas contratapas tienen textos ambiguos que no hacen explícito la condición de texto fantástico (porque existe un claro prejuicio de denominarlos de ese modo), algunas sinopsis escritas también pueden ser engañosas. Estos medios periodísticos construyen así un “canon” que va moldeando el mercado, apoyado muchas veces en el ranking o la lista de los libros más vendidos, que resulta también engañosa dada la baja lectoría y al hecho que solo recoge datos de las cadenas de librerías.

Finalmente, el mundo académico-universitario es marginal en cuanto a que su influencia en la sociedad real es casi nula y las valoraciones apenas salen de los claustros. Como toda institución se rige por la tradición. La academia ha construido el canon narrativo con base en el realismo, así que todo lo que no sea en estricto realismo social se ve excluido a los márgenes o periferias de los estudios literarios. Pero la academia  también es subalterna en cuanto a que sigue en muchos casos, no solo una teoría literaria foránea, sino también las agendas que promueve la academia estadounidense, que pone énfasis en el estudio de la violencia, la memoria, la novela histórica, o  la diáspora en la literatura latinoamericana, que acá se replica y reverbera sin mayor discusión. Somos lo que los otros dicen que somos. En ese punto lo fantástico es marginal.

Estas son pues algunas ideas generales sobre el sistema literario, que en realidad es mucho más complejo. A ellos quisiera agregar dentro de la circulación el enorme desfase existente respecto de obras publicadas que tardan años en conseguirse debido a una mala o nula distribución en librerías, que se agrava aún más cuando se trata de autores regionales (fuera de Lima) cuya presencia es también casi nula. Y de otro lado, el colonialismo que aún pervive en Latinoamérica ya que si bien ha habido un auge de la escritura fantástica a nivel continental, para que estas obras tengan circulación dentro del propio continente, primero deben de salir de sus países, pasar por las editoriales españolas (como la madrileña Páginas de espuma o la barcelonesa Candaya) y retornar al continente con el prestigio de haber sido editado afuera (y con el significativo aumento del PVP) para que puedan circular, cuando lo lógico es que este proceso sea directo, sin la intermediación europea, que sería más rápido y menos costoso.

No creo que el libro digital sea una alternativa a mediano plazo para mejorar la circulación de los libros en esta parte del continente (o incluso su valoración dentro del ámbito académico): ese formato ya existe y aún no pueden conseguirse los libros. Si bien, dadas las condiciones en las que nos encontramos la venta de libros en formato digital parecería ser una buena opción, los lectores aún prefieren los libros en papel. Quizás el paradigma cambie en los próximos años, pero recordemos que varias las editoriales peruanas, por ejemplo, no tienen muchos de sus libros en ese formato, y que desde acá, tampoco se pueden conseguir todos los títulos extranjeros. Los proyectos colaborativos entre varios editores independientes internacionales, que en simultáneo pudieran organizar un catálogo en común podría acaso ser una buena alternativa. Mientras tanto lo fantástico seguirá habitando como fantasma esa “casa embrujada” sin posibilidad de hacerse visible, o de encarnarse en un cuerpo propio, y tener un espacio para sí mismo.

sábado, 22 de agosto de 2020

José Vásquez Peña. Antología del cuento fantástico iqueño. Ica: El conde plebeyo, 2019. 254 p.

 

 

 

José Vásquez Peña. Antología del cuento fantástico iqueño. Ica: El conde plebeyo, 2019. 254 p.

 

José Vásquez Peña (Ica, 1946) es escritor y ensayista. Tiene una amplia producción narrativa que abarca libros como La soledad del viejo huarango (1988) a Mundo mago (2019), además de su obra ensayística Las huellas del Hipocampo de Oro. Nueva travesía por los predios de la literatura iqueña (2016) y varias obras de ficción aún inéditas. En Ica es referente cultural, además de representante de lo fantástico,  y ha desarrollado durante varias décadas un trabajo sostenido dentro del estudio de la narrativa en Ica. En un acto de por sí insólito o maravilloso para los ojos limeños, acaba de publicar con la editorial El conde Plebeyo (dirigida por el escritor y editor iqueño César Panduro Astorga y Alberto Benavidez Ganoza) un florilegio titulado Antología del cuento fantástico iqueño.

Lo primero que llama la atención es el título. Queda claro que su trabajo está en la línea del libro pionero de Harry Belevan Antología del cuento fantástico peruano de 1977, editado por la UNMSM. Lo segundo es el acto de remarcar su carácter de regional, lo que puede leerse de dos maneras: como una ola (o desborde) de un género que siempre estuvo allí como práctica escritural de los narradores y que gozó de gran aceptación entre lectores (tal como ocurre actualmente en otras latitudes del país como Arequipa, Cusco, Piura, o la región amazónica); y de otro lado, como reclamo indirecto a una tradición centralista y colonial de la cultura, que solo existe a partir de Lima. Es también un acto subversivo, en el sentido que vuelve a desestabilizar el panorama limeño tan cómodo y aburguesado en traumas con el padre, o conflictos de familia o el feminismo virulento de la “dictadura del pensamiento único”. Vásquez Peña lo hace ahora desde una producción acaso casi desconocida y desatendida por la crítica. Si nuestro sistema literario artesanal impide muchas veces la circulación de obras de editoriales independientes producidas en Lima –más allá del registro literario o generacional-, menos fortuna tienen las obras editadas en las regiones. Por ello, se hace necesario impulsar lo regional para tener un mejor panorama de lo que está ocurriendo en la narrativa peruana contemporánea. Aunque también es probable que el interés de los académicos sea acaso mínimo, ya que es más cómodo estudiar lo ya asentado dentro de la historia y que prácticamente se cierra con la obra de nuestro premio Nobel y lo que gira alrededor de este como satélites.

El libro de Vásquez Peña tiene un prólogo titulado “El otro rostro de la narrativa iqueña”, en el que el autor se apoya en la teoría clásica de lo fantástico –desde Tzvetan Todorov, a Roger Caillois, pasando por Julio Cortázar, Alejo Carpentier y Harry Belevan- para establecer qué se debe de entender por fantástico. Si bien las ideas expuestas son correctas, el sentido que le da el antologador a lo fantástico es mucho más amplio y general –apoyándose en esta noción de lo fantástico como “síntoma”, propuesto por Belevan. Así, hay varios cuentos incluidos que pueden considerarse como realistas o extraños (es decir, de apariencia fantástica o sobrenatural, pero con una explicación razonable al final del relato) y que pueden ser motivo de discusión –desde el punto de vista teórico u ontológico sobre qué es lo fantástico.

El libro inicia con cuentos de Abraham Valdelomar –autor del canon nacional- y se cierra con Leydy Loayza, representante de la nueva hornada de autores iqueños contemporáneos. Hay elementos transversales que recorren la mayoría de los cuentos. En primer lugar la presencia de lo demoníaco, a través de figuras malignas del panteón infernal, con sus aquelarres o de ambiente brujeril. En ese caso la mujer es representada como agente del mal (una ayudante del diablo), lo que remarca una visión tradicional de la mujer dentro de estos mundos representados. Lo demoníaco es un síntoma de que el mal existe; pero a la vez, el reverso del bien, por lo que puede entenderse que al referir directamente al mal, se alude de modo implícito a la existencia del bien. Es decir, hay un trasfondo ideológico cristiano que da sentido a varios de los textos. En segundo lugar, hay un trabajo con la oralidad, a partir del recurso del relato enmarcado (una historia contada por otro y asumida como verdadera o cierta) que grafica el recurso de la oralidad puesta al servicio de la reconstrucción no solo del habla popular, sino también de la activación de una memoria social compartida que hace posible y verosímil aquello que transgrede las nociones de lo real, estable o lo cotidiano. Finalmente, el paisaje iqueño que es más que un marco, o una ambientación, es un locus, un lugar de ensueño, de maravilla, en el que lo real-maravilloso es cosa común.

Sobre los autores antologados quisiera destacar –además de Abraham Valdelomar- los casos de Luis Enrique Moreno Thellesen y Anaximandro Lucero. Moreno Thellesen murió en 1929 sin ver la luz su anunciado libro El jardín de las lámparas con prólogo de Clemente Palma, que nosotros logramos rescatar, reconstruir y publicar en 2017 (con la agencia de José Donayre y la editorial Altazor de Willy del Pozo) a partir del prólogo del autor de Cuentos malévolos más algunos otros posteriores a la fecha de publicación fallida –sobre a cual no hay mayor registro. Moreno Thellesen demuestra en sus cuentos una madurez al transitar por lo fantástico, el relato policial y atisbos a la ciencia ficción, con un manejo del lenguaje de herencia modernista, pero también con ficciones autónomas de gran imaginación. El otro caso es el de Anaximandro Lucero, que amerita una revisión de su libro de 1923 titulado El dolor de los otros, del que se extraen dos cuentos “La leyenda del esqueleto” y “El misterio de la bodega vieja”, de ambiente musical, con ecos góticos a los aquelarres y al mundo de la brujería.

La aparición de un libro es ya un motivo celebratorio. La antología de José Vásquez propone un corpus de textos vinculados a la tradición fantástica que escapan de la territorialidad limeña para adentrarse en lo regional, un ejercicio que esperamos pueda tener continuadores en otras regiones del país, porque los caminos se bifurcan hacia nuevos horizontes. En un tiempo de permanente alienación cultural es saludable regresar a las raíces, a lo propio, en suma, regresar al Perú.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

sábado, 25 de julio de 2020

Poldark Mego Ramírez. Pandemia Z: Supervivientes. Lima: Torre de Papel, 2019. 204 p.



Poldark Mego Ramírez. Pandemia Z: Supervivientes. Lima: Torre de Papel, 2019. 204 p.

El Perú parece ser el escenario zombi por excelencia. Un gobierno ineficiente y un estado de caos permanente no nos hacen inmunes a los contagios virales –como piensan algunos distraídos-, pero sí devela nuestras miserias cotidianas que van en múltiples direcciones. Poldark Mego (Lima, 1985) publicó en 2019 Pandemia Z: Sobrevivientes, la primera entrega de una ambiciosa pentalogía, saga que incluirá los títulos: Cuarentena, Asedio, Resistencia y La caída. Llama la atención que proyectara un escenario bastante realista y sobre todo cercano a realidad:

[…] el mensaje del presidente peruano iba y venía. Igual no importaba lo que dijera aquel sujeto de la televisión –un tipo sudoroso y desgreñado-, nadie lo conocía y había legado a ese puesto de casualidad. Durante la evacuación del presidente, ministros y otras autoridades, la cantidad de histéricos fue tal que medio mundo murió. Aquel sujeto de la pantalla se convirtió en mandatario por sucesión, estuvo el cargo de viceministro o secretario de algún ministerio y, de pronto, quedó al frente de la nación (14, énfasis míos).

Más adelante hay una falsa esperanza en la frase de uno de los personajes: “Aún queda Gobierno, ellos te protegerán” (171). Si el Estado es incapaz de asegurar una atención de salud universal y de calidad, si el Estado está al servicio de las grandes corporaciones y consorcios empresariales, si el Estado es corrupto y endogámico y ofrece cargos a un círculo de poder, si por el contrario el Estado ofrece un sueldo de jubilación paupérrimo a la mayoría, si el Estado… ¿Podemos tener algún tipo de esperanza real de cambio? Sabemos que hemos llegado al límite y la pandemia Z no hace sino agravar esta situación de podredumbre.

Como mucha narrativa de temática zombi, suele presentar por un lado un gobierno acéfalo o sin capacidad de reacción (que solo busca ocultarse en refugios seguros, despreocupándose de la población civil), una fuerza militar que intenta mantener el orden, pero que puede terminar excediéndose en sus funciones, la amenaza del uso de bombas atómicas en espacios focalizados para acabar con la pandemia, y mucha acción corporal de los personajes  sobrevivientes que huyen de la horda zombi, además de enfrentamientos físicos en el que la sangre y la materialidad del cuerpo (y su corrupción física) son metáforas de la corrupción externa del orden social que se ha roto de modo irremediable.

Mego presenta al inicio de la novela a un grupo de sádicos que retiene a un grupo de mujeres, alineándose parcialmente dentro de una “narrativa de explotación”. Y quizás ese aspecto que luego va desarrollándose dentro de la trama sea lo más original (dado el modelo The Walking Dead que es mainstream en este tipo de relatos). Las mujeres van adquiriendo el protagonismo y se convierten en centrales. Elsa y Miriam vienen a ser figuras distintas. Si Elsa encarna a la inocencia y esperanza de una humanidad que aún tiene una pequeña esperanza de sobrevivir y termina por aferrarse a la vida; Miriam es la fuerza sexual femenina negativa, que al convertirse en zombi busca vengarse de la humanidad en pleno. Podríamos decir que encarna la fuerza “feminista” destructora, que en una escena arrebata a un recién nacido de su madre, para dejarla morir a ella. Pero no con un sentido maternal. Más digno sería que la madre muriese con su hijo devorados por la horda zombi, pero al quitársela, no solo no puede evitar el “destino” del recién nacido (ya que finalmente muere en manos de Miriam) sino que grafica esta actitud radical sobre el aborto, es decir, la acción de quitar al hijo a la madre es un símil del aborto, en el que el embrión es solo un desecho; y una forma de anular y clausurar la función materna. Mego entonces presenta situaciones complejas de la dimensión humana y problemáticas de actualidad.

La novela tiene influencia tanto del cine como del videojuego, y con escenas de horror al estilo de Poe. Una novela de zombis es también una reflexión sobre la muerte. Si la dimensión política del zombi se mantiene en la saga porvenir, así como ese carácter metafísico de la muerte habremos superado ya el puro entretenimiento del zombi de acción.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

jueves, 16 de julio de 2020

10 películas sobre viajes en el tiempo


10 películas sobre viajes en el tiempo

Así como la industria del cine norteamericano encontró un nicho bastante rentable en la temática de los superhéroes, el tópico de los “viajes en el tiempo” (en adelante VET) está siendo revisitado en una amplia producción tanto en el cine como en las series de TV. El viaje en el tiempo se formalizó en la novela La máquina del tiempo (The time machine, 1895) de H.G. Wells, cuya influencia ha sido notoria en el género de CF.
Según la codificación del tópico del VET en el cine, las premisas básicas son: 1) No se puede cambiar el presente histórico; 2) Cualquier modificación del pasado puede traer consecuencias negativas de alcance global en el futuro inmediato; 3) Los cambios temporales pueden producir paradojas que deben de eliminarse. Es decir, se trata de una narrativa bastante conservadora del orden social dominante, ya que impone la advertencia de no alterar los hechos del pasado (no se puede evitar, por ejemplo, el asesinato de JFK ni tampoco detener la guerra mundial, ya que son males “necesarios” para que la historia continúe) porque los efectos podrían ser peores en la línea de tiempo a la que pertenecen los protagonistas. Entonces, el tópico se convierte en un mero juego retórico, porque si no se puede cambiar la historia, si todo está escrito y dicho, ¿para qué el viaje? Los viajes se convierten más en una prohibición e instalan una visión premoderna de la vida del ser humano, que debe cumplir con su destino.
En esta lista propongo algunas películas –varias del mainstream, otras menos conocidas- que abordan el tópico con singulares efectos estéticos, ya que el VET ha sido revisitado desde la CF propiamente, la comedia, el drama y el terror.

1.        Predestinación (Predestination, 2014)

Basada en el relato corto “All You Zombies” de Robert A. Heinlein y dirigida por los hermanos Michael y Peter Spierig, Predestinación es, sin duda, la mejor película sobre VET, que adquiere por momentos dimensiones bizarras, y que conectan al personaje con la temática queer.

2.      Interestelar (Interstellar, 2014)


Dirigida por Christopher Nolan y estrenada el mismo año que Predestination, es una película que se apoya en las ideas del físico teórico Kip Thorne, con la intención de presentar de forma creíble y científica los VET, y asume un discurso filosófico en la línea del clásico 2001: A Space Odyssey de Kubrick.

3.      12 monos (Twelve Monkeys, 1995)


Dirigida por Terry Gilliam,  12 monos está inspirada en La Jetée (1962), de Chris Marker. 12 monos aborda la temática apocalíptica y el VET busca evitar la propagación de un virus de contaminó el planeta haciéndolo casi inhabitable.

4.     Los cronocrímenes (2007)

Dirigida por Nacho Vigalondo, Los cronocrímenes, es una historia de suspenso permanente que trata sobre un evento casual que provoca singulares efectos y una dramática toma de decisiones en el personaje central.

5. Volver al futuro (Back to the Future, 1985)

Dirigida por Robert Zemeckis y producida por Steven Spielberg, La primera entrega de Volver al futuro es la cinta de referencia obligada para el tópico del VET, que ofrece una versión edulcorada y nostálgica de la norteamérica de la posguerra, durante los años 50.

6. En algún lugar del tiempo (Somewhere in Time, 1980)

Dirigida por Jeannot Szwarc, y guión de Richard Matheson, el drama En algún lugar del tiempo es una historia romántica que muestra que el paso del tiempo no es impedimento para el verdadero amor.

7. Peggy Sue, su pasado la espera (Peggy Sue Got Married, 1986)

Dirigida por Francis Ford Coppola, y estrenada al poco tiempo de Volver al futuro, trata una historia similar –en este caso, el viaje a los años 60-, pero con una dimensión más humana y menos caricaturesca que el film de Zemeckis.

8. Time freak (2018)

Dirigida por Andrew Bowler, la película mezcla comedia juvenil, drama y CF, mostrando las dificultades de encontrar la relación perfecta y el valor del libre albedrío.

9. Parallels (2015)

Dirigida por Christopher Leone, Parallels es una película de bajo presupuesto que mezcla la idea de los mundos paralelos y escenarios post-apocalípticos, con un final abierto, y que no se ha convertido aún en serie de TV, como era la idea original.

10. Triángulo (Triangle, 2009)

Dirigida por Christopher Smith, Triángulo es una película de suspenso, en la línea de Los cronocrímenes, pero más en el registro slasher o gore norteamericano, que reitera los códigos del tópico del VET en relación con el terror. 


Adicional 

Dark (2017)



Dark es una serie alemana creada por Baran bo Odar y Jantje Friese. Solo la primera temporada puede considerarse como una auténtica obra maestra de relojería (salvo el final que desmereció en algo la calidad de la primera temporada). La franquicia de Volver al futuro comprobó que si las segundas partes son meras repeticiones de la primera, las terceras son un verdadero tedio. Igual situación ocurre con las temporadas 2 y 3 de la serie Dark.

Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos