viernes, 25 de septiembre de 2015

Carlos Rengifo (Comp.) ¡Bienvenido, Armagedón! Lima: Altazor, 2013. 134 pp.




Carlos Rengifo (Comp.) ¡Bienvenido, Armagedón! Lima: Altazor, 2013. 134 pp.

            Esta compilación de Carlos Rengifo reúne doce narraciones sobre el fin del mundo y sus variantes subjetivas. El fin del mundo no es solo el apocalipsis global sino la muerte de la humanidad, a través del individuo y su disolución como ser humano absorbido por la tecnología, tal como se desprende del prólogo. Destacan “Arabella: serie B” de José Güich, que rinde homenaje al cine norteamericano de serie B de los años 50, a The Twilight Zone. El anuncio de un colapso global se sigue desde un mundo rural en el que una familia sobrevive junto a una singular “mascota” que cobrará dimensiones extraordinarias. En este caso, lo monstruoso está integrado a lo familiar e incluso puede servir de protección física, con lo cual quiebra el paradigma de lo “normal”. Es un relato soberbio que reafirma a Güich como uno de los narradores más sólidos en esta orientación imaginativa. “Un nuevo inicio” de Pedro Novoa es un texto breve y contundente. Nuevamente sobre la base de la devastación, un par de sobrevivientes buscan prolongarse en un nuevo ser, que tendrá dimensiones monstruosas, como parte de ese nuevo mundo en destrucción. Hay un guiño al cuento “El día trágico” de Clemente Palma, de similar situación. “Un quizá definitivo” de Carlos Saldívar propone la desmaterialización de dos sujetos místicos (maestro y discípulo) frente al horror del Armagedón lo que los lleva a otro nivel de existencia post-catástrofe y “La máscara del fin del mundo” de Daniel Salvo, con un diálogo intertextual propone la visita de seres primordiales fundadores cuyo discurso no es tomado como verdad por los humanos y se convierten en fuente de diversas ficciones. Al final deciden que el único camino es destruir la tierra. Son también ángeles exterminadores. El relato está en la onda del film Knowing (Presagio, 2009) de Alex Proyas. Completan el libro textos de Ronal Arquíñigo, María Alzira, Grecia Cáceres, Víctor Coral, Rafael Juárez, Juan Carlos Méndez, Antonio Moretti y Jorge Ureta. Sin duda, el libro es de lectura recomendable para los amantes de las catástrofes y narrativa apocalíptica, en estos (supuestos) últimos días del planeta tierra.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

viernes, 11 de septiembre de 2015

El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 (Víctor Ruiz Velazco, ant.). Lima: Santuario, 2015. 358 pp.




El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 (Víctor Ruiz Velazco, ant.). Lima: Santuario, 2015. 358 pp.

Toda antología responde a la sensibilidad del antologador que escoge de entre una serie de libros o autores, los cuentos más significativos o modélicos, no solo desde el punto de vista estético-ideológico sino que reafirmen su hipótesis de trabajo. Las principales antologías editadas en Lima en los últimos años son temáticas (cfr. los trabajos de José Donayre como Horrendos y fascinantes, Ultraviolentos, Se vende marcianos) o generacionales (cfr. las antologías Disidentes de Gabriel Ruiz Ortega o Selección peruana 2000-2015 de Ricardo Sumalavia). La antología de Víctor Ruiz Velazco (Lima, 1982) se sitúa dentro de las generacionales. Se elige 2001 por eventos dramáticos como la Marcha de los 4 Suyos (y la posterior recuperación de la “democracia”) y el Atentado contra las Torres Gemelas, pero podríamos añadir que 2001 es también el año emblemático que plantea la Kubrick-Clarke para pensar en el futuro de la humanidad.

            Los criterios de selección de esta antología son: a) tener un libro publicado (es decir, se deja de lado a autores inéditos); y b) haber publicado entre 2001 y 2015. El tercer factor que no se indica y que es generacional es que se trata de autores nacidos entre 1969 y 1986,  intervalo que obvia a otra serie de autores que publican en ese mismo intervalo (2001-2015) que relativamente serían menos cercanos como grupo generacional (Ricardo Sumalavia, 1968; Daniel Salvo, 1967; Gonzalo Málaga, 1967; José Donayre, 1966;[…]). Si se observa que son 3 los autores incluidos nacidos en 1969: Ulises González (Huancavelica), Karina Pacheco (Cuzco) y Yeniva Fernandez (Lima) y que solo uno corresponde a 1986 (Cristhian Briceño), son quince los autores que nacen entre 1970 y 1979, y que los son dominantes en el libro.

El título puede resultar engañoso si pensamos esta producción en términos de ruptura con la anterior (“El fin de algo”), pues se observa más bien una continuidad con la tradición urbano-limeña, sobre todo en la línea de Ribeyro (cfr. “Tantas veces la reunión” de Juan Manuel Chávez) y menos con la línea de Arguedas. Esto plantea un problema: ¿es esto en estricto lo dominante en la narrativa peruana contemporánea o responde a lo que mencionábamos al inicio, a la sensibilidad del antologador? Ya David Miklos en Estática doméstica. Tres generaciones de cuentistas peruanos (1951-1981) (México, 2005) sostenía que los dos grandes paradigmas en la narrativa breve peruana eran: Ribeyro o Vargas Llosa, con lo cual el proyecto arguediano había sido ya borrado. La orientación de Miklos está implícita en este libro.

En el cuento peruano es difícil ver la ruptura con la tradición. A nivel formal, el cuento tiene una estructura, una construcción propia del género, que es menos experimental que en la novela. Lo nuevo del cuento peruano podría –es una hipótesis- encontrarse en el contenido, en específico en los géneros representados. El realismo se supone dominante en nuestra tradición, pero el uso de la ciencia ficción termina no solo por extrañar la realidad del mundo representado en la ficción sino que dentro del panorama tradicional, se constituye en una anomalía, en lo raro en sí. Por ello, si tuviera que ejemplificar el fin de ese “algo”, los casos emblemáticos serían Alexis Iparraguirre con “Proximidad del Huracán” (cfr. Narrativas del caos, 2012) y Pedro Novoa con “Los funerales de Mr. Green”. A diferencia de la ciencia ficción, lo fantástico está siendo aceptado y forma parte ya de la tradición local y tiene en Yeniva Fernández con “Rutka” (cfr. http://eltonhonores.blogspot.pe/2015/03/yeniva-fernandez-siete-paseos-por-la.HTML [y]http://eltonhonores.blogspot.pe/2015/06/yeniva-fernandez-siete-paseos-por-la.html)y “Maldita sea” de Julie de Trazegnies, con esa atmósfera enrarecida propia del cuento extraño y desde el tópico de la “casa maldita”, a sus representantes en este libro.

            Otros autores importantes de la antología son Pedro Llosa Velez con “La niña de Onetti”, cuento de orientación policial cercana a los universos onettianos del autor de La vida breve, “The cure en Huancayo” de Ulises González y “El valle de los mutilados” de Sandro Bossio, cuentos de gran poder metafórico ligados al ciclo de la violencia política. Asimismo destacan los textos de Karina Pacheco, Carlos Yushimito, Daniel Alarcón y Dante Trujillo. Si algo hay que destacar de los 19 antologados es la madurez de sus narraciones. En este punto, Ruiz Velasco ha cumplido con seleccionar textos sólidos.

            Un factor que aglutina a gran parte de los autores es la temática ligada a la familia, al espacio de lo íntimo y en algunos casos la autorreferencialidad. La reiteración a la exploración de los lazos familiares, los afectos, o la disfuncionalidad de las relaciones humanas más que un nuevo interés (un tema “nuevo”) suponen la refracción de su crisis en la sociedad moderna. Es decir, si en el siglo XIX la imposibilidad de la unión matrimonial entre los jóvenes amantes aludía a la dificultad de las recientes naciones para configurarse como tal (como sostiene Doris Sommer en Ficciones fundacionales), en el siglo XXI asistimos a su crisis: la nación ha sido “demócrata”, pero es una institución que no funciona, por ello los ideales colectivos (la justicia social) han decaído para dar paso a los deseos individuales y al hedonismo. La familia es metonimia de la nación y su crisis “afectiva” solo devela la crisis por la que atraviesa el Estado-nación.

Es un lugar común afirmar que no hay pues antología perfecta, pero coincidimos con Jorge Valenzuela, cuando sostiene que en esta hay un trabajo serio de lectura (en ese sentido, el prólogo “Breve paso por la distancia corta en el Perú” da cuenta de los criterios de selección y el contexto en el que sitúa el cuento peruano contemporáneo). El fin de algo ofrece un panorama del cuento contemporáneo y recoge los cambios de sensibilidad al que asistimos en el siglo XXI. Es un trabajo de lectura recomendable para entender lo que el maestro Jorge Basadre denominó “literatura penúltima”.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

viernes, 4 de septiembre de 2015

Julio Isla Jíménez. El sueño de Noé. Alastor Editores, 2015.


Noé, el humano.

 

Julio Isla Jíménez. El sueño de Noé. Alastor Editores, 2015.

 

En nuestro país, el género dramático no ha sido explorado de manera adecuada hasta el momento, pese a que existen varios autores del canon peruano que han sabido compartir su escritura en diferentes manifestaciones literarias; verbigracia, tenemos a Vallejo, Valdelomar, Salazar Bondy, Vargas Llosa, entre otros. No obstante, frente a esta práctica que parece desarrollarse de manera sinuosa, marginal, existen escritores que optan por crear mundos a través de los diálogos y las descripciones, pues el teatro sigue siendo la literatura en carne viva, es decir, la que cobra vida a través de sus actores, en el que la objetividad y la subjetividad se entremezclan para brindarnos un panorama de drama, tragedia, y comedia en cada acto que se produce en las páginas y en el escenario. Por ello, es saludable que para inaugurar su sello, Alastor Editores, publique una obra teatral, pues abre una brecha atosigada en el mercado editorial de novela, cuento y poesía. Y este debut ha sido auspicioso, ya que El sueño de Noé, de Julio Isla Jiménez, representa la calidad de los textos que piensan publicar.

            Ahora bien, al leer El sueño de Noé nos hallamos ante una obra dramática que nos presenta el mito bíblico del diluvio universal y la construcción del arca por parte de Noé para su salvación. La referencia es muy tangible a la narración que nos brinda el Génesis sobre la destrucción del mundo por parte de Yavé, el dios judío, debido a la perdición de la humanidad. Sin embargo, lo que nos brinda Isla Jiménez no solo es una relectura de este pasaje bíblico, sino un cuestionamiento sobre la creencia y obediencia de Noé respectos a los designios divinos. A través de una prosa espléndidamente cuidada, con las formas de hablar y conjugación de los verbos de manera castiza, sin caer, por supuesto, en los anacronismos lingüísticos, el lector no revive un episodio antiguo con personajes anquilosados en la memoria, sino que asiste ante la modernidad de sus pensamientos, el drama vivencial, el conflicto de cumplir el deber o no de la misión sagrada, y, sobre todo, la humanidad impregnada en Noé, así como la de algunos hombres escépticos que cuestionan su labor de construir la embarcación en una época en el que la Palabra era autoridad y la sumisión, irresistible.

            Asimismo, lo que ha logrado Julio Isla en su obra dramática es desmitificar esa somnolencia y panorama litúrgico mediante un humor fino y sutil; por ejemplo, cuando dialogan los hijos de Noé, Jafet y Cam, respecto a lo que hace su hermano Sem y su esposa en uno de los compartimentos del arca:

Jafet: (…) ¿Y Sem?

Cam: Con su mujer, asegurando la continuidad del género humano.

Jafet: ¿Con estos ruidos horribles?

Cam: Peores harán ellos. Gracias a él no nos extinguimos (46-47).

 

Notamos la ironía, también, en estos parlamentos, pues lo que el dramaturgo trata de hacer es soterrar el aspecto mítico del diluvio universal mostrando la humanidad de los personajes, pues ellos también piensan, gozan, comen, critican, etc. Incluso, la aparición de “otra arca” en medio de las aguas revierte el mito fundamental, así como otorga la explicación del surgimiento del mal luego de la erradicación de la perfidia, idolatría y perdición en el mundo:

Voz de Yavé: Mientras la tierra se inundaba y el espectáculo de tanta desolación me había persuadido de hacer descender al fin la marea, ¡no vais a creer, Noé, lo que mi ángel encontró flotando sobre las aguas! Un arca, un arca tan grande como la vuestra, repleta de hombres, mujeres y niños. ¿Increible, no es así? (60)

 

Sin embargo, la historia no acabará aquí su explicación sobre la aparición de la maldad nuevamente, sino que aparecerán tres escenas siguientes que sorprenderán al lector al sumergirlo en la ironía y omnipotencia de un Dios sabelotodo como es presentado Yavé. Con ello, se logra la anagnórisis no solo en los personajes como Noé y sus hijos, sino en el mismo Receptor, pues termina escéptico de lo que realmente ocurrió en los hechos bíblicos; o sea, si solo fue un sueño, como el mismo título del drama lo dice, o si efectivamente ocurrió como afirma la tradición judaica.

            Entonces, lo que ha logrado el autor es presentar de manera arriesgada, pero con acierto, un episodio conocido, aunque no cerrado, para las interpretaciones y narraciones posteriores del mismo tópico, pues con ello nos está diciendo que cualquier historia es una obra abierta, con lo cual, las diferentes versiones apócrifas no solo amplían el conocimiento que tenemos de este Noé judío, sino que nos permite ver otra versión más humana de él, de carne y hueso, dudas y traiciones, escepticismo y pecado, elementos propios de una modernidad que ya se encontraba en ciernes en el nuevo Adán, como se expresa en el texto.

            De este modo, El sueño de Noé, de Julio Isla Jiménez, se presenta como una obra promisoria que muestra mucho oficio de crear un mundo dialogante con la tradición, pero con una mirada renovada y perspicaz que hacen de su primer libro una piedra de toque en el mundo editorial, así como del teatro en nuestro canon contemporáneo.   

 

Jhonny Pacheco

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 23 de agosto de 2015

Daniel Mella. Derretimiento. Lima: Santuario, 2015. 103 pp.





Daniel Mella. Derretimiento. Lima: Santuario, 2015. 103 pp.

            Daniel Mella (Montevideo, 1976) es autor de Derretimiento, novela de culto estructurada en tres movimientos. La primera idea que tiene el lector es que se enfrenta a un autor con notables influencias de Franz Kafka, con su estado de excepción y metamorfosis; los films de David Cronenberg que inciden en la corporalidad del cuerpo como algo matérico, a la vez que supone la oscilación dentro/fuera; y el horror de La zona muerta de Stephen King. A diferencia de los autores antes mencionados, Mella prefiere el registro realista para narrar una historia de horror.

            El primer movimiento abarca la infancia del protagonista sumergido en un estado de parálisis e inutilidad, aislado del entorno familiar por no encajar dentro, debido a su a-normalidad. En ese entorno familiar está inscrito el amor-odio del personaje central, así como la idea del suicidio. Cuando recobra el control de su cuerpo la experiencia traumática de la violencia quedará marcada en él.

            A partir de la página 32 el mismo personaje es ya adulto, han transcurrido treinta años después de los eventos iniciales. El acontecimiento principal es el asesinato de toda una familia por parte del personaje central, como un modo de exorcizar sus traumas iniciales, aunque en realidad ni siquiera eso: no hay motivación para el “mal”.

            El último movimiento ocurre luego del crimen, a partir de la página 64, en la que una nueva elipsis presenta al personaje ya viejo, en el que él es solo una parodia del serial-killer adulto, con ecos a La masacre de Texas de Tobe Hooper, con una escena de persecución imaginada por Tarantino. En este se revela la descomposición del cuerpo. Las últimas imágenes son las de un sujeto que se sumerge en la nada y el vacío, que se derrite: “Mi piel adquiere brillo, como si hubiera chupado litros de aceite y los poros de abren y se hacen grandes agujeros, como cráteres donde nunca hubo vida, hasta que ya no parecen míos y comienzan a tragarse a la piel, o la piel empieza a derretirse dentro de esos pozos magnéticos” (103).

            Hay un paso natural de estos tres movimientos, de la infancia a la adultez, y de esta a la vejez. Desde el punto de la estructura moral, el autor recoge la noción de la maldad humana como gratuita, así como sentimientos “negativos”, que solo afirman el sinsentido de la vida comunitaria, de la sociedad, o del universo. La novela deja un malestar por cuanto no hay motivación para los crímenes, no por ello esta deja de ser verosímil, excepto en el momento delirante de la muerte de la vecina en la última parte.

            Como en las historias de Lovecraft hay ecos cosmológicos sobre la existencia humana en el planeta. La muerte del personaje no da certezas de haberse controlado el mal o eliminado, pues este no recibe sanción alguna. La vida se trata más bien de un proceso biológico. Por ello, es posible pensar que lo que denominamos como “mal” retorne en otras formas humanas o en clave fantástica, monstruosas.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

miércoles, 5 de agosto de 2015

Harry Belevan. Escuchando tras la puerta. Lima: Animal de iniverno, 2015. 183 pp.




Harry Belevan. Escuchando tras la puerta. Lima: Animal de iniverno, 2015. 183 pp.

            Quisiera empezar agradeciendo la invitación de Lucho Zúñiga para presentar esta tarde histórica, luego de cuarenta años de espera, Escuchando tras la puerta de mi amigo y maestro Harry Belevan. El mago Lucho Zúñiga y Animal de Invierno han llevado a buen puerto la edición de este excelente libro de relatos fantásticos que es ya un clásico contemporáneo. Celebro también estar acompañado de otro amigo entrañable como lo es José Güich. Me he entusiasmado mucho con estas relecturas y he escrito un texto bastante largo, que he recortado significativamente para esta presentación*.

Que Beatriz de Moura, editora de Tusquets, incluyera en el número 59 de su colección “cuadernos ínfimos” a Escuchando tras la puerta de Harry Belevan supuso integrarlo dentro de las características de la serie: vanguardismo, texto refractario que se opone a las tendencias literarias vigentes (incluso el propio “boom”) y ser parte de la nueva narrativa latinoamericana. El tiraje fue de 2 000 ejemplares.

Solo uno de los cuentos “Vindicación de los diccionarios” había sido publicado un año antes en Palabra de escándalo, antología de Julio Ortega; colección “Textos en el Aire”, en Tusquets, en la Barcelona de 1974. Como señala Ortega (2012): “La historia de Tusquets también me pertenece, como lector puntual, y hasta como contribuidor ocasional”. Fueron entonces Vargas Llosa y Ortega son los que apoyaron la publicación en la editorial barcelonesa. Algunos otros fueron leídos previamente por escritores como Julio Cortázar, Alfredo Bryce Echenique, Julio Ramón Ribeyro, Augusto Tamayo Vargas, Carlos Barral y José Donoso (BELEVAN 2015). Es decir, Belevan se inicia formalmente como autor en 1975, pero estos cuentos fueron escritos entre 1968 y 1975. Si tenemos en cuenta que en 1969 se publica La nueva novela hispanoamericana de Carlos Fuentes y solo en 1972, Historia personal del boom de Donoso, es lícito situar a Belevan dentro de este fenómeno, y en particular, del posboom latinoamericano.

El libro tuvo algunos problemas, tanto a nivel físico (dificultad de conseguir ejemplares en Lima) como de contenido (por sus rasgos posmodernos). En los años 70s se vivía una dictadura militar en el Perú, y había serias dificultades para la importación de libros; por otro lado, cierto sector de la crítica local–salvo excepciones notables- no sintieron empatía o no comprendieron el proyecto de Harry, que se adelantaba a su tiempo y anunciaba algo nuevo.

El paradigma de Escuchando tras la puerta es posmoderno. Belevan niega el proyecto de la “novela total” y opone su revés: la fragmentación. Se opone al registro realista mimético verosímil decimonónico mediante el registro de expresión fantástica; al lenguaje como transmisor de la realidad opone un lenguaje que construye otra realidad (la llamada tercera realidad del prólogo vargasllosiano). A ello se suma el humor, la parodia, la presencia de lo que hoy se conoce como lo metarreal y la fantasía. E incluso puede entenderse como su proyecto como una versión culta de lo que se denomina fanfiction. La idea de escritores que reescriben, aumentan, corrigen o continúan la historia de otros es tan antigua (para citar: solo El Quijote de Avellaneda) que se prolonga hasta el siglo XX, con quizás la más grande mitología creada: Los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft, por su círculo de amistades. Belevan propone una escritura global, una escritura en la cual ya no son necesarios los referentes inmediatos porque estos son “universales” (palabra que sé, detesta). Y si es “universal” quizás por lógica sea también popular. Entonces las reescrituras de Belevan apuntan a una masa ideal que conozcan a Borges y compañía. Parafraseando al maestro Juan Rivera Saavedra: que el lector no conozca a Borges no es un problema que deba resolver el escritor, sino el Estado mediante mejores programas culturales. Entonces, en potencia, la obra de Belevan no necesariamente se dirige a los iniciados o a una élite sino a todos los lectores.

Propongo hacer un ejercicio imaginario: al reescribir yo “La otra cara de la moneda” de Harry (cuento que como recordarán continúa la narración de La metamorfosis de Kafka) y plantear una continuación de la historia de Belevan –si esto es posible-, ya no aludo tanto a Kafka sino más bien al propio Belevan; entonces podemos concluir que Belevan sí es un autor con un estilo aunque suene paradójico, su estilo consiste en no tener estilo o tener el de todos, porque todos los escritores son Harry Belevan y a la vez Harry Belevan es todos los escritores. Belevan se burla del estilo como algo que singulariza a un autor, porque todo estilo es artificial, falso, impostado.

            Insisto en que la clave de Belevan está en el estilo que él entiende como un artificio, por lo tanto, un escritor puede ser a la vez todos los escritores. Este ejercicio ya lo hizo otro marginado de la narrativa peruana, José B. Adolph en una serie de textos paródicos publicados en la prensa limeña en los años 70s, en el que imita el estilo de otros autores en clave paródica. Su obra está pues “contaminada” de otros libros, de otras referencias, lo cual se convierte en su propio estilo. La preocupación de Belevan es tanto por las forma literaria (el estilo “contaminado”), como la literatura entendida como algo que añade un saber a la realidad real (o primera) da cuenta de una orientación social (no escapista, ni extranjerizante como se desliza en el prólogo) y sobre todo humanista.

            Escuchar tras la puerta, además de ser una mala costumbre supone una distorsión del mensaje oído lo que supone volver a contar el mensaje con otras palabras. Esto es parte de la poética de Belevan: distorsionar las historias, volver a contarlas, hacerlas suyas, porque son historias universales de la infamia, como la traición en “Las opciones de Judas”, los amores imposibles en “La posibilidad de los milagros” o incluso la identidad en varios otros, que si bien no es un problema para Harry, que como dijimos es un cosmopolita desde que nació, quizás si lo sea para muchos otros.

Traigo al presente a Harry que en 2007 prometió el libro Ficciones y otras mentiras (obra narrativa completa) a una editorial universitaria, y que esperamos que no sea otra “mentira” más del autor y que más bien se concrete algún día, ya sea en aquella o en otra editorial, además como anteriormente hizo la promesa de publicar otras novelas, como las aún inéditas: Cuando nieve en Lima o Los amantes de la ventana (novela erótica), que tanta falta hace a los lectores posmodernos e –intuyo- de erotismo elegante y cosmopolita o los Cuentos malhonestos de los años 70s.

Harry tiene aún mucho que ofrecer a sus lectores. Nos sumerge en sus fantasías, que son reflejos, movimientos circulares de una piedra en el agua que terminan por diluirse en lo real (a estas alturas de mi presentación dudo de si Harry es real y no un reflejo de otro Harry que escribe en Teremetere o un holograma de un Harry de CF allá en el futuro desde donde escribe, pues como saben su novela La piedra en el agua era inclasificable para 1977 y solo varios años después se creó una teoría que dio cuenta de estas propuestas narrativas de vanguardia). Leer a Harry es entrar en otra dimensión, en un juego de espejos. Como señala Lucho Zuñiga, Harry, crea “[…] su propio juego metaliterario, se aleja de un patrón y se identifica con una desconfianza radical en el aparato de la realidad”. La realidad no existe, la realidad es una construcción, la realidad es una ilusión y las ficciones se vuelven reales, como este libro, como en esta tarde. El propio Harry se encarga de darnos una anécdota sacada casi de su propio universo, pero real, cito: “una vez en una librería de Miraflores, vi un libro mío ubicado en la sección de autores extranjeros” (BELEVAN 1998: 87). Ese fue uno de los instantes en los que Harry dejó de ser él mismo para ser otro y verse a sí mismo en una dislocación infinita. Hoy Animal de Invierno corrige se error, esa omisión histórica y por ello la reedición de Escuchando tras la puerta es el acontecimiento más importante de este año para la literatura fantástica peruana: el cuentista más joven del Perú, que presenta hoy, luego de cuarenta años, su primer y extraordinario libro de cuentos.

 

* Texto leído en la presentación del libro Escuchando tras la puerta, el sábado 1 de agosto en la FIL.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

lunes, 27 de julio de 2015

Mariana Enríquez. LOS PELIGROS DE FUMAR EN LA CAMA. Lima: Santuario Editorial, 2015. 163 páginas.




Mariana Enríquez. LOS PELIGROS DE FUMAR EN LA CAMA. Lima: Santuario Editorial, 2015. 163 páginas.

 

            El libro de Mariana Enríquez es un conjunto de cuentos de terror de estilo clásico, que se nutre tanto de la tradición argentina como de la cultura e imaginario popular, pero que expresa, además, una herencia del cine de David Cronenberg o Atom Egoyan. El principal eje de libro es su aproximación a lo real que muchas veces lleva a los personajes a situaciones en las que lo siniestro y el horror cobran vida en espacios vacíos o en  presencias fantasmales que retornan porque –como afirma Slavoj Žižek– “no están adecuadamente enterrados” (como ocurre en “El desentierro de la Angelita”, “El mirador”, “Chicos que faltan” y “Cuando hablábamos con los muertos”). Esa cosa real que se siente próxima es la generadora del efecto del miedo. En varios cuentos el terror se hace presente en espacios periféricos de la urbe, lejos del caos cotidiano, y más próximos a la naturaleza. Los miedos de la infancia cobran vida, así como la esfera de lo sexual y los ritos de iniciación relacionados a este construyen un universo en el que son reales las brujas, los maleficios, pero también lo anormal y las parafilias. La mujer monstruo adquiere potencia en los relatos como ser marginal y transgresivo: como un ser otro.

            El libro es un conjunto perfecto de relatos de terror físico, que bajo las formas de lo natural encubre una dimensión sobrenatural, es decir, a pesar del carácter realista de muchos cuentos la ambigüedad  y la vacilación potencian aún más el terror. Enríquez muestra un gran dominio de las técnicas, estructuras y códigos del género. A la vez, esto le permite trastocar relatos clásicos como “El corazón delator” de E. A. Poe en “Dónde estás corazón”; “Los niños del maíz” de S. King en “Chicos que faltan”; o ecos lovecraftnianos en “Carne”, en todos con gran originalidad. Si bien hay una causa-efecto en todos los cuentos  que explican la irrupción posible de lo fantástico (por ejemplo, el maleficio, o el milagro siniestro), solo en “Chicos que faltan” no se llega a tener una explicación que se ajuste a la experiencia de la realidad como algo compartido. El libro de Enríquez es un libro recoge lo mejor de la tradición y lleva al lector a finales insospechados y perfectos.

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 26 de julio de 2015

David Roas. Bienvenidos a Incaland®. Madrid: Páginas de espuma, 2014. 138 pp.




David Roas. Bienvenidos a Incaland®. Madrid: Páginas de espuma, 2014. 138 pp.

 

Bienvenidos a Incaland ® el nuevo libro de David Roas (Barcelona, 1965),  es la versión fílmica de Indiana Jones y la calavera de cristal pero escrita por los Monty Python. Al igual que el film que representa al Perú, es un libro delirante en el sentido literal de la palabra. Si Colón al llegar a América creyó llegar al edén, el alter-ego de David (a quien llamaremos por comodidad Roas) cree haber llegado al infierno, a una especie de Wayward Pines andino. Al igual que en la historia que protagoniza Matt Dillon, el único modo de salir del infierno es por el aire. Lima es una ciudad cercada, semejante al universo planteado en la serie del canal Fox, producida por Night Shyamalan. El Roas-turista se ve pronto en una ciudad cercada de monstruos (los abbies, traducción local: las llamas) rodeado de seres humanos raros y costumbres  extrañas y sobre todo, en donde no hay salida, es decir, entrar al Perú es ingresar a The Twilight zone, la dimensión desconocida en la que nada es lo que parece y terminamos por descubrir zonas insólitas, abyectas, excluidas, no reconocidas por el sujeto aristotélico-cartesiano.

En una entrevista, David nos da una clave de lectura para entender el libro, dice: “[…] lo que traté no es tanto contar lo que es Perú, sino qué sentía yo en Perú” (VERA 2015, énfasis míos). Esto nos deja mucho más que tranquilos porque sentir no es exactamente lo mismo que pensar o ser. Se supone que el sentir es subjetivo, así que el libro es un puro sentir, una visión personal y singular, un sentir distorsionado por el lente de Roas. Por ello al alter-ego de David no le interesa comprender sino sentir esta (nuestra) realidad desquiciada, alucinante o “cutre”, cuyo principal atractivo turístico (Macchu Picchu) está lleno de visitantes “gilipollas”.

La principal operación mental y retórica es la “analogía” o “comparación”. Esta misma operación la habían hecho ya los primeros cronistas al llegar al Nuevo Mundo hace ya varios siglos atrás o incluso los viajeros de los siglos pasados, pero no con el espíritu de los románticos del XIX que idealizaron el espacio americano, sino el de los positivistas del XVIII, que creían descubrir una novedad. Positivista posmoderno –si cabe el sampleo entre ambos- y como viajero, Roas no es ajeno a esto. Desde el punto de vista epistemológico, el alter-ego de Roas es un observador externo que ignora nuestras claves culturales nativas y más bien utiliza unos parámetros de referencia ligados a la cultura de masas o serie B o Z para sentirnos. Durante su itinerario el alter-ego Roas-turista va comparando lo que ve con lo que él conoce. Su idea de realidad normal se opone a la idea de realidad anormal (la nuestra). En este punto el alter-ego Roas da fe de su completa salud mental pues demuestra que es más racional que un ilustrado francés del siglo XVIII, pues todo tiene una explicación (incluso este mundo desquiciado). Por ello, las analogías que establece el Roas-turista entre nuestra realidad y lo que él conoce se basan tanto en The Twilight Zone como en los zombis o los oscuros universos de Lovecraft, Pulp fiction de Tarantino, la maquina parlante de Burroughs de El almuerzo desnudo, Mad Max, o El padrino de Francis Ford Coppola.

Ya en otra entrevista había confesado que [cito] “[…] quería lograr algo parecido a lo que solía ocurrir en la Dimensión desconocida” (E.H. 2015). Roas es un turista así lo niegue o se metamorfosee en llama (tal como en la foto del libro). Como afirma Luis Artigue (2015), Roas es “[…] un turista ciberpunk algo naïf o, por lo menos, poco ducho en la cotidianidad postincaica…”, con una voz narrativa entre erudita e ingenua (ARTIGUE, Ibid). Así, Roas es tan erudito como Cervantes e inocente como el inicial Lazarillo de Tormes. Y es que gran parte del humor roasiano es efecto de un costumbrismo medio parroquial que recuerda en algún pasaje a los primeros migrantes que llegan a Lima de los años 50, fenómeno que está representado en el humor gráfico de la prensa limeña del periodo (cfr. “Serrucho” de David Málaga).

La otra estrategia será la aliteración o repetición de estados de ánimo (miedos infantiles para ser más exactos) que irrumpen como fantasmas a lo largo del libro-novela-viaje de costumbres-horror sobrenatural-autoficción-diario de viajes. Punto en el que todos los críticos-lectores han coincidido y por ello solo cito a Javier Menéndez Llamazares quien señala el “mestizaje” de géneros en este libro como un aporte. Y suscribimos tal afirmación pues más allá de lo posmoderno de la perspectiva de Roas, podríamos afirmar que el mestizaje cultural experimentado en Lima lleva al autor a mezclar géneros (novela, libro de cuentos, literatura de viajes, autoficción) para dar cuenta de una realidad que no es estable y que tiene evidentes resonancias histórico-coloniales.

Pero vayamos a la portada de Fernando Vicente, que rinde homenaje al film El secreto de los incas: Vemos a una pareja fundacional de rasgos anglosajones que miran hacia el cielo en distintas direcciones ¿acaso el terror caerá del cielo como en la novela de Lovecraft? Pues parece que sí. El miedo es provocado por un monstruo, que no es otro que la llama (aunque más parece una vicuña la de la portada, cuestión que será reiterativa en el libro). El héroe aventurero con un sombrero a lo Indiana Jones coge de la cintura a la dama ¿Podrán salir indemnes del acoso de sus fantasías? Quién sabe. Lo cierto es que el escenario, el telón de fondo la ciudadela de Macchu Picchu parece ser el escenario perfecto para que cobren vida los monstruos lovecraftnianos y el “Llamagedón”. Al volver a la realidad, al mundo posmoderno, descubrimos que no hay épica, no hay aventura, entonces, el sujeto tiene que ir inventándolo todo. La insatisfacción me hace pensar que: “Si nada es como uno quiere entonces uno termina imponiendo a la realidad cómo quiera que sea esta”. Así, el registro del libro se mueve entre el costumbrismo duro y lo fantástico-extraño, entre el carnaval y lo grotesco, el humor absurdo y la hipérbole.

Como señala Fernando Iwasaki en el prólogo al libro: “Menos mal que el viajero de Bienvenidos a Incaland se pasa todo el día comiendo, porque si encima le llega a hacer ascos a la estupendísima gastronomía peruana, en su próximo viaje le obsequiábamos a Roas un tour a una aldea jíbara sin cristianizar” (12). Bienvenidos a Incaland no es una guía turística, es una ucronía, una realidad alterna inventada por este Quijote afiebrado de lecturas, series de tv. y fantasías. Los invito a sumergirse en este viaje insólito. Usted estará viajando hacia otra dimensión, una dimensión no solo de combis y de llamas, sino de la mente, un viaje hacia un mundo fantástico cuyo límite es el de los “gilipollas”. Esta es la señal. Su próxima parada. Incaland ®…

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos