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jueves, 15 de noviembre de 2018

José Güich, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti. Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Lima: Universidad de Lima, 2018. 444 p.




José Güich, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti. Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Lima: Universidad de Lima, 2018. 444 p.


La banda integrada por José Güich, Carlos López Degregori y Alejandro Susti acaba de publicar Extrañas criaturas. Antología del microrrelato peruano moderno. Se trata de un trabajo exquisito (según la RAE, “de singular y extraordinaria calidad”) que busca proponer un canon del microrrelato peruano. A diferencia de las dos últimas publicadas Circo de pulgas (2012), de Rony Vásquez, monumental trabajo que muestra gran parte del corpus o el de Óscar Gallegos con Cincuenta microrrelatos de la Generación del 50 (2014), centrada en la década señalada en el título, Extrañas criaturas opta por autores del canon y trabajos “canonizables” (sobre todo para autores del siglo XXI).

La sección inicial más extensa es la de Alejandro Susti, quien ofrece una buena síntesis de las reflexiones teóricas sobre el microrrelato, apoyándose durante su exposición en diversos autores como Lagmanovich, Siles, Calvo Revilla o Friedman. Susti destaca cinco elementos: a) la ficcionalidad, entendida como la creación de una realidad autónoma; b) la brevedad, que se apoya necesariamente en la elipsis y la omisión de información; c) la narratividad, es decir, secuencia de acciones; d) la hibridación, que permite incluso  asociar al microrrelato a géneros extraliterarios, propios del horizonte posmoderno; y e) la unidad, es decir a la totalidad en sí misma del texto.

Siguiendo a López Degregori tendríamos un primer grupo de narradores del 50 (Salazar Bondy, Mejía Valera, Zavaleta, Meneses, Rivera Saavedra, Gálvez Ronceros, Adolph, Loayza y Oviedo); autores nacidos en los años 40 (Díaz Herrera, Ortega y Belevan); autores de los años 80 (Susti, Prochazka, Herrera e Iwasaki); y autores del siglo XXI (Donayre, Salvo, Sumalavia, Benza González, Zúñiga y Saldívar).

El único reparo que se puede señalar es la brevedad de las presentaciones (sobre todo en “introducción” y “breve panorama”) que bien pudieran haber sido más amplias dada la calidad del corpus y trabajos previos sobre el microrrelato; y agregar que se nota la ausencia de algunos otros miembros de la Generación del 50. En compensación los autores incluyen trabajos de José B. Adolph y José Miguel Oviedo y algunos inéditos de Sebastián Salazar Bondy.

Como sostiene Güich en la introducción, hoy “asistimos a una progresiva emergencia y establecimiento […]” de estos géneros (el microrrelato, lo fantástico, la ciencia ficción y el policial), considerados en el pasado como “menores” o “curiosidades” (15). Trabajos como los de este trío de investigadores ofrecen la oportunidad de poner en circulación textos, autores y sobre todo, asentar esta tradición como patrimonio nuestro.



Elton Honores

lunes, 2 de enero de 2017

Alejandro Susti. Aspavientos. Lima: Borrador, 2016. III Vol.





Alejandro Susti. Aspavientos. Lima: Borrador, 2016. III Vol.

            Alejandro Susti (1959), es autor de Aspavientos, libro de relatos breves, dividido en tres volúmenes. La RAE define “Aspaviento” como la “Demostración excesiva o afectada de espanto, admiración o sentimiento”. Es decir, el libro de Susti contiene hipérboles grotescas, absurdas, fantásticas y eróticas de una realidad muy particular. José Güich (El Comercio, 19 de diciembre) sostiene que en el primer volumen: “Desfilan el submundo de la burocracia judicial, la retórica insufrible de las celebraciones patrióticas, el consumo que idiotiza o hasta la mezquindad, cuando no medianía, de los propios escritores”; en el segundo “habita una orientación a lo fantástico, pero teñida de una suerte de humor negro o tragicómico […] Y también se zahiere la insensibilidad o inoperancia del sistema educativo”; en el tercero hay: “una combinación particular entre lo insólito y extraño. La mayor parte de los trabajos gira en torno de la sexualidad y el erotismo”. Giancarla Di Laura (Exitosa, 14 de diciembre) agrega que “hilo en común [del libro] es la mirada irónica, hu­morística y desacralizadora del narrador”. Para nosotros el autor se vale de dos estrategias principales: lo grotesco (la mezcla de dos órdenes de realidad; lo visceral, corporal y escatológico) y el absurdo (la ruptura de las leyes de causalidad), con estas categorías construye sus textos.
            El primer volumen, contiene, según nuestro criterio, los relatos más sólidos de la propuesta. Por ejemplo, la perspectiva con la que es contada la “Historia de un sello” supone la animación de un objeto. Esto puede hacernos pensar en el absurdo, pero lo que está detrás es la reflexión sobre el paso del tiempo, el envejecimiento y la inutilidad de los objetos (que en términos alegóricos son también los propios seres humanos), que son desechados por las leyes o nuevos cambios tecnológicos, que los hace improductivos. En “Un empujoncito” nuevamente la burocracia limeña adquiere un tono kafkiano, en el que los funcionarios de segundo rango son como pequeños reyezuelos al interior de la administración pública, pues son quienes en realidad “mueven los hilos” y agilizan los trámites. En ambos casos podemos pensar en una estructura administrativa de estructura colonial que el autor ironiza. Aquí, otra vez, el tiempo limeño se diluye, se alarga en el pago que debe realizarse. El tiempo será nuevamente motivo en “Mandato judicial” que reafirma la tesis de Einstein respecto a que el tiempo es relativo.
            En el segundo volumen, se concentran los textos fantásticos –aunque algunos del primer y tercer volumen poseen también tales condiciones- como “Película muda”, un claro homenaje a 2001 de Kubrick en el que el transvase de lo real a lo fantástico es sutil y permite que los la violencia nómade del segmento inicial del film traspase la pantalla para cobrar vida en el mundo de los personajes. En “Película muda” el alunizaje terrestre se produce sobre un objeto similar al de Méliès. Lo grotesco no está tanto en que el astronauta sea devorado por la luna sino en la publicidad que viene a continuación. Es también grotesca la situación de “Una mañana cualquiera”, en el que un sujeto de exagerados fluidos nasales y la ayuda de alguien que le empuje sobre un inodoro pueden provocar su disolución en este.
            El tercer volumen toma como motivo a la “femme fatale”, por ello, la imagen construida es la más estereotípica. La mujer es objeto del deseo sexual masculino y a la vez es víctima de su agresión (que se formaliza a través de la figura del cuchillo). “Lirios” es un ejemplo del absurdo, pues el ramo de lirios que lleva el amante a su amada provoca en ella el rechazo. Quizás el texto que sale de este esquema sea “El hombre amaestrado”, en el que una mujer abandona a su familia para vivir con una especie de máquina sexual. Es el reverso del cuento “Muñequita linda” de Ninapayta. Pero sigue reduciendo a la mujer a una figura sexual.
            Dentro del corpus del microrrelato o cuento breve peruano, Aspavientos sale del promedio por su búsqueda en contar algo duradero, antes que sintetizar la anécdota en un par de frases geniales. Creemos que los relatos más extensos son los más logrados y el tono lírico potencian sus ficciones.

Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 24 de julio de 2016

José Güich Rodríguez, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti Gonzales. Del otro lado del espejo. La narrativa fantástica peruana. Lima: Universidad de Lima, 2016. 299 p.




José Güich Rodríguez, Carlos López Degregori [y] Alejandro Susti Gonzales. Del otro lado del espejo. La narrativa fantástica peruana. Lima: Universidad de Lima, 2016. 299 p.

Del otro lado del espejo. La narrativa fantástica peruana, cuya autoría corresponde a José Güich, Carlos López Degregori y Alejandro Susti, es un estudio panorámico compuesto por diversos ensayos independientes que otorgan al lector una idea clara de la tradición fantástica local. El libro está dividido en tres partes: “Modernismo y Vanguardia” (Clemente Palma, César Vallejo, Abraham Valdelomar); “Cuatro autores de los cincuenta” (José Durand, Julio Ramón Ribeyro, Luis Loayza y Manuel Mejía Valera); “De los sesenta a los noventa” (José B. Adolph, Rodolfo Hinostroza, Harry Belevan, Carlos Calderón Fajardo y Enrique Prochazka). Este libro aparece en uno de los mejores momentos para los que siguen y estudian esta tradición, ahora quizás ya no tan marginal, sino más bien, menos marginal. En unos meses se anuncia también la edición del trabajo de Audrey Louyer titulado: Arbre, passages et constellation : approches de l'expression fantastique au Pérou (1960-2014) -Árbol, pasajes y constelación: enfoques de la expresión fantástica en Perú (1960-2014)- que ampliará y completará el panorama a la producción del siglo XXI.

Volviendo a nuestro libro, los autores propuestos en el conformarían un “canon” fantástico peruano del siglo XX, y no hay dudas tanto de la calidad como de la validez de su inclusión en este trabajo tricéfalo. Como en la mejor tradición clásica, este cancerbero es una digna amenaza al status quo literario. Sin duda, destaca el rescate de dos autores del 50s como Mejía Valera y Durand, a quienes se debe reeditar con urgencia, pues corren el riesgo de ser meros entes fantasmales e inasibles inventados por los autores de este libro, ya que sus libros se publicaron en México hace ya varios años y no existen ediciones locales de Desvariante, Un cuarto de conversión o El testamento del rey Midas, principalmente. Así mismo, la revaloración de la narrativa de César Vallejo desde las coordenadas de lo fantástico, a-pa-le-a-do por los “Humbertos Grieve” (los que solo idolatran su obra poética y rechazan radicalmente su narrativa). En cuanto a la tercera parte, esta es la más sugerente, pues establece una continuidad con esa gran eclosión fantástica de los años 50s y se abre a nuevas perspectivas, horizontes, sensibilidades y que resultarán más cercanos al lector del siglo XXI. Quizás lo que habría que decir es que cada autor de este trabajo posee una sensibilidad que ha orientado a elegir determinados textos, sacrificando otros más justos. La importancia del trabajo es que permite diseñar un “canon” fantástico que permitirá futuras discusiones sobre el mismo.

Hace cerca de cuarenta años, el mainstream literario tuvo la oportunidad de darle valor y legitimidad a la narrativa fantástica peruana, a través de la aparición del extraordinario Escuchando tras la puerta (1975) de Harry Belevan. Y no ocurrió así, porque en el prólogo de nuestro nobel Vargas Llosa titulado “Harry Belevan o el robo perfecto” establece una serie de prejuicios que se han venido repitiendo a lo largo de los años. Nociones como “extraterritorial”, “extranjerizante” o “literatura parasitaria” solo revelan que detrás de las palabras del nobel, hay un discurso de izquierda propio de esos años revolucionarios que mira con desconfianza todo aquello que subvierta las formas canónicas del realismo decimonónico. Qué distinto hubiese sido un prólogo realmente consagratorio, quizás los prejuicios hacia lo fantástico habrían sido mucho menores –sin embargo, esto sería ya entrar en una ucronía y no en la historia real- por ello, la relevancia de este libro, que desde la institucionalidad cobra revancha, absuelve y realiza un acto de desagravio a todos los autores fantásticos, desde el propio Belevan, a autores como Adolph o Calderón Fajardo; y muchos otros como Rivera Saavedra, Rivera Martínez…

Se piensa lo fantástico en la crítica, desde coordenadas espaciales (centro/canon vs. periferia/marginal o “realismo social” vs. “fantástico”). Si bien es cierto que el ejercicio de lo fantástico no fue bien visto por los críticos del periodo, en el fondo, esto aún ha variado muy poco. Y tampoco lo plenamente fantástico es marginal, pues hay varios espacios intermedios en los mundos de ficción (que permiten más bien “indefiniciones” de lo fantástico antes que su ubicación precisa en esta modalidad discursiva), que no gozan del beneficio de la “crítica”. Hay más marginalidad de lo que se piensa (es decir, los autores seleccionados de Del otro lado del espejo, son los menos marginales de un grupo de marginales compuesto por marginales de la marginalidad estética). Y tampoco ser marginal es sinónimo de calidad.

Sobre el título del libro: ¿Del otro lado de espejo? Tengo mis dudas de si lo fantástico en Perú o Latinoamérica es como en el texto de Lewis Carroll, solo un juego de espejos (que remite al reflejo invertido). Si lo fantástico es así (mirar desde dentro del espejo hacia el exterior-la realidad) las connotaciones marxianas de la literatura como “reflejo” son claras. Pero ¿se trata de un solo espejo o de varios? La “metáfora” del espejo funciona como “mirar” la realidad, siempre que no se deje de lado el factor ideológico. Por ejemplo, todos hemos leído 1984 de Orwell y sabemos lo que significa el Estado totalitario, pero ¿qué ocurre si el lector es un neo-fascista del siglo XXI? ¿Rechazará ese orden o lo mirará con admiración? Lo mismo ocurre con el autor, quien tampoco escapa a una perspectiva ideológica. Cada quien puede titular el texto como le parezca más justo. Esto no es en modo alguno una queja, sino más bien una defensa de la singularidad. 

En síntesis, Del otro lado del espejo continúa con la exploración de esta tradición, a la vez que demanda ya una segunda parte, una especie de lado B de los marginales, en el que se pueda incluir alguna de las voces femeninas (como Sara María Larrabure o Pilar Dughi), lo cual será una demanda para este trabajo. Del otro lado del espejo es un libro importante y de referencia para la historia y crítica literaria. Que este libro sea un espejo hechicero, que no sea cubierto por ningún velo negro ni se rompa jamás ni se pierda en las tinieblas del tiempo

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

domingo, 23 de septiembre de 2012