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domingo, 3 de septiembre de 2017

José Donayre. Paisaje Punk. Lima: Altazor, 2017. 126 pp.





José Donayre. Paisaje Punk. Lima: Altazor, 2017. 126 pp.

            José Donayre (Lima, 1966) es el escritor fantástico peruano que viene publicando con mayor regularidad en los últimos años. Estos libros han sido El ovni de los pantanos, la novela gráfica La tenebrosa historia de Sarah Ellen (en colaboración con la ilustradora Miriam Montaño) y Paisaje punk. El libro se presentó en el congreso de escritores realizado en febrero de este 2017, con palabras del fallecido Moisés Sánchez Franco. Pero aún no hay reseña del libro en redes.
            Como libro, Paisaje punk plantea a través de escenas oníricas, elegancia del lenguaje y la metarreflexión, una lectura barroca de la realidad. Lo fantástico y lo barroco son formas complementarias que se contaminan entre sí, y sobre todo, no se niegan. Si hay un elemento en común en Paisaje punk, es la presencia de voces fantasmales y las siempre mujeres evanescentes donayreanas, que aparecen y desaparecen al igual que en otros libros del autor.
            El primer cuento titulado “Puñalero” es una suerte de arte poética. Se trata no solo de una defensa del buen uso del castellano –sobre la base de la conciencia del escritor- sino que incluso, el acto más violento no puede dejar de tener un “estilo”, como rasgo singular. Los “puñaleros” bien a ser aquellos que usan el lenguaje de los best-sellers, de masas, sin ninguna marca de singularidad. En otros cuentos aparecen la duplicaciones en la fase del umbral, o incluso irrumpen autores del futuro como Jul Vinaci, Joes Qüish-R o Karll Verasmone, que acaso sean los reales Julio Viccina (alias “Daniel Salvo”, José Güich Rodríguez o Carlos Vera Scamarone). Más allá de la anécdota o del propio juego borgeano, resulta interesante pensar en: ¿A quién se dirige el narrador real? Es decir, acaso Donayre ha aceptado ya que sus lectores sean solo un grupo muy reducido de escritores, que pueden entender el juego.
De encuentros ambiguos pasamos a voces fantasmales, luego del mundo andino-onírico se pasa otra vez a los fantasmas y soldados del III Reich para llegar a la última narración: “Proyecto Progeniem”. Un texto con escenas que se sobreponen, que mezcla lo extraño con la ciencia ficción. Es el más extenso del libro y el más ambicioso y por momentos –sospecho- autorreferencial.
Son once cuentos en total. Decir que el libro está bien escrito no es agregar mérito alguno a Donayre. Es un autor que nunca se repite, lo cual es también un riesgo bastante alto. Hasta ahora el saldo ha sido estupendo: libros brillantes (como La fabulosa máquina del sueño o La trama de las moiras, por poner solo dos ejemplos) que no se agotan, que esperan a un lector atento, no de esos que leen en las combis, sino en una montaña sagrada.

Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

lunes, 20 de febrero de 2017

José Donayre. El ovni de los pantanos. México: Pearson, 2016. 120 pp. Ilustraciones de Marco Enciso.





José Donayre. El ovni de los pantanos. México: Pearson, 2016. 120 pp. Ilustraciones de Marco Enciso.
El rara avis de la literatura peruana José Donayre (Lima, 1966) vuelve a incursionar en eso en que los especialistas han dado por denominar “literatura infantil y juvenil” (ignoro qué es eso: si se trata de presentar una ambientación con personajes menores de edad; o si el autor asume la “voz” del menor, ya que este no puede hablar por sí mismo, subalternizándolo; o de si debe tratar sobre ciertos temas y poner énfasis en los valores colectivos y en la “moraleja” o “enseñanza”). “Paco Yunque”, texto clásico del vate Vallejo, por ejemplo, puede contener todo lo mencionado anteriormente, pero a la vez tiene un efecto pragmático: generar malestar para realizar acciones concretas en el mundo y lograr una mejor y mayor justicia social. Pero, ¿ese es el fin en sí mismo de la literatura?
El otro problema serio que veo es que a veces los autores tratan a sus lectores potenciales como seres “angelicales”, que desconocen la maldad del mundo y que hay que ponerles una venda en los ojos para no ver el horror. En realidad puede ser todo lo contrario (pensemos sino en las películas de terror, en la que los menores pueden ser agentes del mal). Tampoco se trata de pensar estos lectores sean seres demoníacos, sino que hay que tratar de buscar algún tipo de equilibrio: saber que no son ángeles ni demonios, sino seres humanos, pequeños adultos.
En ese sentido, Donayre logra equilibrar en su novela, el relato de aventuras con la psicología propia del púber cuasi adolescente, que despierta al amor. El personaje de la novela de Donayre  es un coleccionista obsesivo, soñador y que piensa como adulto. Pero, a la vez, posee todo el imaginario adolescente. Una curiosidad: suele mirar hacia arriba, a  diferencia de los otros (o sea nosotros) que miramos hacia abajo, hacia la realidad. Arriba es entonces lo ideal, la fantasía, el deseo y los sueños; abajo es la corrupción, Odebrecht, los presidentes fantoches, al abuso de las autoridades, el racismo, el clasismo, la idiotez de los aprendices, el fútbol… mejor mirar hacia arriba… Pero mirar hacia arriba también puede ser peligroso, puede dejarte ciego, distorsionar la nitidez de tu visión y volverte miope. Para su padre, las luces del OVNI no pueden ser reales sino una alucinación, un error, una distorsión que debe ser tratada por la ciencia, por la racionalidad. Pero lo único concreto en la novela es que efectivamente hay un OVNI, es decir, no estamos solos, es decir, hay vida inteligente (no como la nuestra, claro).
Estas luces transmiten un mensaje en clave morse (se trata aquí de una licencia propia de la CF, pues las equivalencias lingüísticas entre lo humano y lo alienígena plantearían más problemas de comunicación de lo que uno imagina). Lo que llama la atención es que se forman palabras de 11 letras que se inician con la letra “p”. Esto nos lleva a un título anterior del autor, Horno de reverbero, en el que se hacía gala de un repertorio de palabras extrañas, en desuso, que servían para ficcionalizar pequeños textos. El misterio que encierra el descifrar el sentido de la serie de palabras remite también a “Silvio en el Rosedal” de Ribeyro, pero se trata más de un McGuffin.
Estas luces emiten un  nuevo mensaje: una serie de números, que resulta ser, gracias a la ayuda de un GPS, un lugar –recurso usado también en Presagio de Proyas. Ese lugar resulta ser los Pantanos de Villa, de ahí el título del libro. En un momento, Camila, la compañera de aventuras del personaje central se pregunta: “Y sí solo fuéramos los personajes de un creador que nos hace pensar que somos personas de…”. A estas alturas, ambas personalidades ya están lo bastante independizadas del autor real, sin embargo, llama la atención ese juego metatextual que se plantea al lector: si al final todo está ya determinado por algún demiurgo o entidad superior a nosotros; o el entrar en la imaginación del autor que ha creado toda esta historia, no es sino un artificio que nunca jamás debe tomarse por verdadero y fáctico como creen mal e ingenuamente, algunos.
Donayre se sirve de la retórica lovecraftniana para describir lo indescriptible de lo monstruoso o de lo otro: “Era como un cuerpo transparente, ligeramente vibrante, que formaba pequeñas ondas concéntricas sobre el agua. No llegó o salió del agua. Es difícil explicarlo. Había estado ahí, frente a nosotros, hasta que comenzó a ser menos invisible, pero sin llegar a tener un color definido […]” (73).  El viaje hacia la Luna y luego hacia el denominado “objeto Messier 45”, resulta más una especie de viaje medio astral y con cierto aire a Interstellar.
El desdoblamiento físico de Camila durante el viaje, permite una atención médica oportuna en la realidad terrestre. Al igual que en otros textos de Donayre, lo femenino aparece como evanescente, como una entidad inasible e intangible, etérea. En el epílogo, el personaje sostiene que “viajar es dejar de ser y hasta cierto punto una manera de morir” (110). Entonces, aquí encontramos no la moraleja, sino una visión de mundo: la vida es un tránsito es un viaje que va de la vida hacia la muerte (y la resurrección para quienes creen en esta). El personaje nunca pierde su capacidad de asombro, lo que le permite su carácter reflexivo. Quizás ese sea el objetivo encriptado: nunca tomar las cosas por naturales, sino mirar siempre hacia un más allá o realidad utópica. La “pulsión cuántica del grafeno” es solo un pretexto para la aventura. El niño “encanecido” que regresa a la tierra luego de la aventura, es -además de prueba irrefutable-, una forma metafórica de decirnos que en algunos, el tiempo pasa mientras siguen siendo niños y mantienen algo valioso: su capacidad de asombro frente al mundo.

Elton Honores
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

lunes, 6 de febrero de 2012

Mesa 2: Heterodoxos. 18:45 – 20:00. Participan: Harry Belevan, Katya Adaui, José Donayre & Enrique Prochazka


II CONGRESO NACIONAL DE
ESCRITORES DE LITERATURA FANTÁSTICA
Y CIENCIA FICCIÓN PERUANA

23, 24 & 25 DE FEBRERO DE 2012

SALA DE CONFERENCIAS DE LA
CASA DE LA LITERATURA PERUANA

Programa

Jueves 23 de febrero


Mesa 2: Heterodoxos
18:45 – 20:00
Participan: Harry Belevan, Katya Adaui, José Donayre & Enrique Prochazka



Enrique Prochazka



José Donayre



Katya Adaui



Harry Belevan